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Mensaje por Eijirou Dahl el Dom Ene 06, 2019 12:45 am

Ya habían pasado un par de días, quizás tres pues había quedado bastante despistado tras ese encuentro, de la cena que por sorpresa le reencontró con Kaela. No le había dicho nada a su amigo que provocó aquella encerrona, ni había respondido a sus llamadas ni a sus mensajes, y tampoco le abriría la puerta si acudía a su apartamento. Entendía que lo había planeado con una buena intención, pero no debía haber forzado las cosas a ese nivel, más cuando las heridas que el pelirrojo había provocado eran tan profundas en ambos miembros de aquella antaño feliz pareja. Pero si algo bueno había causado ese comportamiento de sus amigos, era que habían logrado que Eijirou confirmara lo que su corazón llevaba tiempo intentando hacerle ver, que todavía la quería con locura. Hecho que hacía entrar en un círculo autodestructivo de lamentaciones sobre el daño que le había causado, si pudiera retroceder en el tiempo hasta ese día lo haría sin pensarlo ni un instante, pero no podía hacer eso, solo quedaba asimilar que esos días nunca volverían. Algo que le costaba horrores y que sin embargo no podía cambiar.

Con esos pensamientos se metió temprano en la cama, le dolía la cabeza de estar todo el día dándole vueltas a lo mismo y necesitaba descansar un poco, aunque probablemente solamente se podría a dar vueltas de un lado a otro del colchón sin pegar ojo. Y cuando parecía que estaba conciliando el sueño, el tono de su teléfono móvil le hizo dar un brinco de la cama, era bien entrada la madrugada… ¿Quién llamaba a esas horas? Vio un número que no conocía y tras dudarlo un poco atendió la llamada. -¿Sabes qué hora es?- Claramente no le había sentado bien esa llamada a destiempo, y todavía estaba recuperando un poco la conciencia, así que era normal que fuera un poco borde. Pero rápidamente se despertó, pues decían llamar de una clínica cercana, preguntándole si conocía a Kaela.

–Si… La conozco, qué ha pasado? ¿Y por qué me llaman a mí?- Según le contó la persona al otro lado del teléfono, Kaela no tenía asignado ningún contacto al que llamar en caso de emergencia y en su teléfono había multitud de llamadas de esa misma noche a su número. ¿En serio? Pues no las había recibido, o directamente no las había escuchado… Menuda mala suerte. Como fuera, le contaron que estaba inconsciente por haber consumido alarmantes niveles de alcohol entre otras cosas, y tras un lavado de estómago necesitaban despejar las camas para gente que realmente estuviera enferma, por si podía pasar a recogerla. ¿Qué iba a hacer? ¿Dejarla tirada en la calle? Pues no, se vistió con lo primero que encontró y tras lavarse la cara en el cuarto de baño salió andando hacia ahí, no quedaba lejos de su apartamento así que estaría en el lugar tras unos pocos minutos a pie. Mientras caminaba comprobó su teléfono y vio muchas llamadas del número de Kaela. ¿Por qué no había sonado como cuando llamaron de la clínica?

Una vez llegó se presentó y tras enseñar su documento de identificación, sacaron a Kaela en silla de ruedas todavía dormida y Eijirou la cargó en brazos, llevándola a cuestas hasta su apartamento. Olía fatal, vómito seguro, mezclado con vete a saber qué cosas más. ¿Qué la había llevado a comportarse así? Si eso era un efecto directo de sus actos pasados… Sería otra losa más que cargar, y no sabía si podría con tanto a sus espaldas. Una vez dentro del apartamento, la llevó a su habitación y le quitó la repugnante ropa que llevaba puesta para lavarla, aunque pudiera sonar raro, ya había visto todo y más de Kaela, por lo que no era la primera vez que la veía desnuda, pero si la primera en mucho tiempo. Intentó que sus ojos no se perdieran de un modo siniestro en el bello cuerpo de la albina cuando la desnudaba y rápidamente la cubría con las mantas, pero antes de dejarla reposar del todo, reparó en unas marcas en sus brazos. Se acercó para verlas más de cerca, parecían pinchazos, y no de análisis de sangre… Suspiró profundamente, pues esperaba estar equivocado en lo que pensaba. O quizás eran las horas y la falta de sueño. La dejó bien arropada y se fue a dormir al sofá tras dejar las ropas de Kaela en la lavadora, cuando despertara ya se encargaría de todo. –Hace mucho que no duermo en un sofá… A ver cómo se hacía…- Comentaba en voz baja mientras intentaba encontrar una buena posición para dormir, eso le pasaba por no comprar un sofá-cama decente.
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Mensaje por Kaela L. Blackesley el Dom Ene 06, 2019 7:30 pm

Los pensamientos de cierta albina eran un no parar desde hacía unos días, concretamente tras la fatídica noche donde acabó en un peculiar e inesperado reencuentro que consiguió poner su vida patas arriba. Aquella explosión de sentimientos que sintió le seguía atormentando pese a los días que habían transcurrido, haciendo que poco a poco Kaela acabara bastante tocada. La herida que estaba cerca de cicatrizar había sido abierta de la peor manera posible, y ahora ese corte escocía más que nunca. Lo primero y único que había hecho era avasallar a su supuesta amiga a mensajes, unos mensajes que dejaban bastante que desear, pues solo eran insultos o pequeños reproches de no más de tres o cuatro palabras. Su imaginación (o más bien capacidad para agraviar a la gente) estaba por los suelos, y eso la molestaba más aún. La contraria no hacía más que disculparse o pedirle amablemente que se tranquilizara, pero Kaela era un no parar cuando estaba dolida, y al parecer la morena tenía una paciencia infinita.

En un momento de desesperación, donde no recibía contestación, ni si quiera el típico tick de leído, dejó el móvil sobre la mesa, haciendo que con pereza se levantara del sofá para dirigirse a la cocina a tomar algo. La curiosidad de saber qué demonios tenía en su propia casa la llevó a abrir un armario que despertó su interés; botellas de vodka, cerveza y vino, entre otras cosas. El control para Lauren era desconocido, y es por ello que esa tarde terminaría pensando en cualquier otra cosa menos en Eijirou. En su cabeza sonaba como el plan perfecto, lo que necesitaba desde hacía un tiempo, pero a la misma vez trataba de evitar ese tipo de cosas. Tomó aquella tarde como un día especial, donde se permitiría el despiste de tomar alguna que otra botella. Y es que por mucho que tratara de dejar esa adicción, siempre acababa cediendo por motivos "lógicos" según ella, como por ejemplo el de ese día.

Poco a poco las botellas de cristal y las latas se acumulaban tanto en el piso como en la mesa, mientras que Kaela no se sentía satisfecha aún, sintiendo como su garganta pedía más de esos asquerosos líquidos. La albina con cada trago iba perdiendo la consciencia de sus actos, consiguiendo por una parte su principal objetivo. Pero por otra parte, mientras que dejaba lo que parecía el último recipiente en la mesa y cogía el teléfono móvil, se levantaba para ir a su cuarto en busca de una jeringuilla y un par de bolsas que tenía escondidas por los cajones. Mientras, su vista se paseaba por las tantas aplicaciones que tenía, en busca de algún entretenimiento que no encontró. Una vez hallado lo que quería y entre una minúscula batalla mental con su lado cuerdo, acabó por inyectarse lo poco que le quedaba de droga.

A eso se le llamaba destrozar la noche.

Quedó tirada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared con el móvil en sus manos, esta vez con algo ya en mente. Una, dos, tres veces o más fueron las que sonó el contestador automático, pero pese a ello seguía insistiendo, apretando ese pequeño botón verde una y otra vez hasta que alguien contestara. Prosiguió con esa misión durante un buen rato, mientras seguía bebiendo las pocas latas que le quedaban y comenzaba a desesperarse. Se vistió con lo primero que vio en el armario para salir (una brillante idea por su parte) y saber porqué coño no le contestaban a las llamadas. Si bien era una tontería, en ese momento era el principal cabreo de la japonesa, y más en el estado en el que iba.

—Coge la puta llamada imbécil —dijo en voz alta mientras volvía a colgar, atrayendo la mirada de más de un transeúnte. Sus piernas temblaban y su visión se iba haciendo cada vez más borrosa, acompañado de un dolor de cabeza insoportable y una furia que aumentaba con los ojos que se posaban en la borracha de turno que iba a saber dónde mientras gritaba cosas sin sentido alguno, en este caso a su teléfono, o al menos eso era lo que creía que tenía entre sus manos. —¿Qué miras gilipollas? —preguntó en un tono borde y desafiante para luego caer desplomada ante el señor al que había insultado, y el que, para su suerte, llamó de inmediato a una ambulancia.

El resto de la noche transcurrió de manera tranquila para ella debido al haber caído inconsciente, pues si no se habría metido en cualquier lío en un fugaz momento. Sus ojos se abrieron lentamente y su cuerpo se movía con pereza, sintiendo como su piel rozaba con unas mantas que no recordaba. Pestañeó repetidas veces, aspirando un aroma familiar a la vez que sus azuladas orbes revoloteaban por la habitación. ¿De qué le sonaba? El dolor de cabeza no la dejaba pensar con claridad, hasta que poco a poco se fue disipando, dando con la respuesta a su pregunta. Sus ojos se abrieron como platos, ignorando la extraña sensación en su estómago y automáticamente sintiendo una gran sensación de culpa, de debilidad. Había sucumbido con tanta facilidad ante al alcohol y por consecuente, sin saber con certeza cómo, había llegado a parar al hogar de la persona que trataba de olvidarse. —Mierda, mierda, mierda... —susurraba en el intento de no llamar la atención del dueño.

En cuando fue levantarse de la cómoda cama en la que había reposado una cantidad de tiempo desconocida para ella, pero a la vez más que preocupante, se percató de que su ropa había desaparecido, haciendo que se cuestionara qué tipo de cosas habrían hecho allí, lo que explicaría el motivo por el cual se encontraba allí. Con cuidado abrió el armario y cogió una camisa del pelirrojo,  algo que anteriormente había tomado por costumbre, ya que amaba el olor que desprendían, además de ver como éstas le quedaban grande, casi como un traje. Con la maestría de un ninja, trató de ir a por algo de comer antes de salir por la puerta como si nada hubiera pasado, pero en el momento de tomar un pequeño paquete de galletas, otro cayó al piso, delatando enseguida su posición.


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Mensaje por Eijirou Dahl el Dom Ene 06, 2019 8:33 pm

Eijirou no paraba de dar vueltas en el sofá, intentando encontrar la posición correcta para poder dormir de un modo ligeramente aceptable, pero no había manera. Entre el incómodo sofá y su cabeza dándole vueltas a la situación de Kaela parecía que la noche iba a ser muy larga para el joven pelirrojo. ¿Estaría bien sola? Igual debería haberse quedado a dormir con ella, por si pasaba algo… No, seguro que al despertarse lo último que quería ver era su cara, y ya había dejado la puerta de la habitación abierta, iba a escuchar si algo le sucedía. A no ser que se durmiera profundamente, cosa que parecía ser poco probable viendo la situación. Pero sorprendentemente, seguro que por el cansancio acumulado, al final se quedó dormido con el rostro apuntando a la puerta de la habitación, cubierto por una buena manta que cumplía a la perfección con su función. No podría decir cuánto tiempo había pasado, seguramente más del que tenía en mente pues su idea era levantarse a una hora normal y preparar el desayuno, tanto para él como para Kaela, pero el trasnochar y todo el cansancio mental acumulado de esos días le llevó a quedar profundamente dormido, una vez fue capaz de conciliar el sueño.

Y así quedó dormido y relajado hasta que un golpe le hizo levantarse de un brinco del sofá, bastante desubicado y con un ojo medio enganchado, pero despierto. ¿Se había roto algo? Viró rápidamente la cabeza de un lado a otro hasta que se encontró con Kaela ya de pie, vestida (por decir algo) con una de sus camisas y con un paquete de galletas en las manos. –Que susto me has dado…- Pronunció ya calmándose un poco mientras se frotaba los ojos con las manos. –Buenos días, veo que ya te encuentras mejor.- Seguramente iba a necesitar algunas explicaciones de lo acontecido durante la noche, pero antes se dirigió un momento al cuarto de la lavadora para pulsar el botón de encendido. Salió de nuevo al encuentro de Kaela mientras poco a poco se iba despejando un poco, si no estaba tan nervioso como el otro día precisamente era por el sueño que tenía, pero ya se iría despertando y dándose cuenta de la situación.

–Llamaron del hospital para que te recogiera, bebiste demasiado y necesitaban las camas, así que te traje aquí para que durmieras. Tu ropa está en la lavadora, estaba asquerosa, por eso no tenías nada cuando despertaste, si esperas un rato te la puedes llevar ya…- Terminó de hablar y se cruzó de brazos, aun no le había dicho nada pero tenía toda la pinta de que pensaba salir de ahí sin decir nada. ¿De verdad pensaba en ir así vestida hasta su casa? –Voy a ir a preparar el desayuno. ¿Quieres algo además de esas galletas? Tengo rosquillas. Estaría bien que comieras antes de irte, te hicieron un lavado de estómago. Y también está mi famoso remedio casero para la resaca. –Solo era un zumo con alcachofa y manzana pasado por la batidora, aunque seguramente eso Kaela ya lo sabía. Quería preguntarle por las marcas de los brazos, pero imaginaba que preguntarle eso desencadenaría una huída rápida de la chica, ahora tenía que ser muy cuidadoso con lo que decía, y que los nervios no le jugaran una mala pasada.
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Mensaje por Kaela L. Blackesley el Dom Ene 06, 2019 9:34 pm

En el momento en el que el paquete se suicidó de una manera sorprendente para la ladrona, su corazón comenzó a latir con más fuerza mientras volvía a la realidad, llegando a creer que la detendrían por tal hurto. Ahora que no tenía nada más que perder, con relativa tranquilidad se llevó una galleta a la boca, dándole pequeños mordiscos mientras esperaba la llegada de Eijirou. En cuanto escuchó su voz se quedó paralizada nuevamente, le costaba horrores actuar con normalidad frente a él, así que optó por seguir disfrutando del redondo alimento mientras escuchaba la explicación de lo que había ocurrido. En cierto modo se alegraba de que solo hubiera sido eso, ya que de solo imaginarse la posibilidad de que, debido a su borrachera, hubieran acabado teniendo relaciones, tendría que ir de nuevo directa al hospital. Pero no quitaba la situación aún más peliaguda en la que estaba, esperaba que no hubieran preguntas con respecto a la bebida, y mucho menos si habían más cosas tras eso, ya que hasta para ella difícil recordar si había hecho algo más aparte de beber, pero de todas formas ese pequeño detalle no quitaba el que se drogara con frecuencia, y el que su dinero fuera mayormente destinado a ellas tampoco.

Terminó de comer la galleta sin quitarle ojo de encima, expectante de su reacción y deseando que la echara de su casa por algún extraordinario motivo. —Estoy bien con ésto —balbuceó para luego dar un pequeño bostezo, cogiendo otra galleta. —¿Y por qué fuiste a por mí? —preguntó ahora en un tono de voz más alto con cierta curiosidad. No podía negar que estaba agradecida de que alguien fuera a buscarla al hospital, y más sabiendo como lo había tratado aquella noche. Fue un pequeño gesto que, independientemente de si necesitaran esas camas o no, alegró a Kaela.  —En cuanto esté la ropa limpia me iré —anunció con notable seriedad, yendo ahora en busca de su móvil.

La pregunta que se hacía era el porqué le habían llamado precisamente a él y no a cualquier otro contacto de su teléfono, recordaba haber borrado su número desde la ruptura debido al enorme cabreo que había cogido, por lo que se hacía más extraño aún. —¿Por qué demonios te avisaron a ti? —se preguntaba en voz baja mientras revisaba bajo las mantas, encontrándolo al borde de una mesita de noche. Enseguida revisó sus contactos, comprobando que efectivamente su nombre no estaba en dicha lista. Lo siguiente que miró fueron los mensajes, esperando ver alguno donde le dieran el número de Eijirou, pero no hubo resultado, solo un par de mensajes de la genial planificadora de cenas. Su sorpresa fue a más cuando entró en el historial de llamada, viendo cientos de llamadas al mismo número. —No jodas —comentó dirigiéndose nuevamente con el susodicho. —Dime por favor que no cogiste ninguna de estas llamadas —dijo casi a modo de súplica, esperando un rotundo no como respuesta.  —Si es así olvida todo lo que dije, ya sabes como iba en ese momento —continuó de inmediato, mordiéndose ligeramente el labio inferior con preocupación. Podría haber dicho cualquier tontería, pero también cabía la posibilidad de que se le escapara algún sentimiento que aún estuviera vivo entre ellos dos, algo que quería ocultar a toda costa, pero que tan difícil se le estaba haciendo.





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Mensaje por Eijirou Dahl el Dom Ene 06, 2019 10:35 pm

Bueno, por lo menos Kaela no le había tirado el paquete de galletas a la cabeza y había salido corriendo medio desnuda por el edificio de apartamentos, así que por el momento las cosas no estaban saliendo del todo mal. Pero no debía confiarse, el accidentado reencuentro era precedente de sobras conocido acerca de las pocas ganas que la albina tenía de verle, y lo entendía. Lo entendía pero quería revertir la situación, no se quedaría tranquilo hasta que no fuera capaz de tener una conversación civilizada con ella acerca de lo sucedido. Tampoco era un acosador, si recibía una respuesta lo bastante contundente como para que dejara de intentarlo así lo haría, pero tenía la sensación de que ella también se quedó con ganas de hablar aquella noche. Él sin duda estaba en esa situación, pues en el último momento se acobardó y no pudo decirle que seguía amándola, pero por lo menos pudo disculparse por todo. Aunque no sirviera de nada.

Y volviendo a la situación del apartamento, Kaela seguía quieta comiendo una galleta, rechazando su ofrecimiento de otras cosas para comer y cuestionando el motivo por el que fue a buscarla. -¿Qué querías que hiciera? No podía dejarte inconsciente en medio de la calle, y tampoco sé si vives donde antes así que… Te traje aquí.- Respondió mientras se encogía de hombros al pronunciar las últimas palabras, mostrando una ligera sonrisa, pues verla de nuevo en su apartamento llevando una de sus camisas le traía buenos recuerdos. Que rápidamente se le borró cuando anunció fríamente que se iría cuando tuviera la ropa limpia, pasando por su lado en dirección a la habitación. –También va a tener que secarse… Deberías pensar qué quieres para comer.- Le contestó intentando picarla un poco cuando pasó por su lado, girándose para seguir su corto recorrido hasta que la perdió dentro de la habitación. –Joder… ¿Esperabas que te perdonara por las buenas después de lo que hiciste? Idiota. Memo.-

Se quejó para si mismo en voz baja, mientras daba vueltas alrededor de la mesa que estaba entre la televisión y el sofá donde había dormido tan sorprendentemente bien. Kaela no tardó en salir teléfono en mano, al parecer había algún problema con las llamadas que le hizo durante la noche, y lucía preocupada de que las hubiera podido escuchar. Se plantó delante de él y le conminó a olvidarlo todo mientras se mordía levemente el labio, un gesto familiar que de nuevo le llenó de buenos recuerdos. Y de remordimientos. Eijirou sonrió y se alejó de ella, volviendo a la mesa principal que se encontraba a escasos pasos de su posición, respondiéndole mientras buscaba en uno de los armarios algo para comer. –Tranquila, no se por que, pero no sonó el teléfono con esas llamadas, quizás lo tenía en silencio y no me di cuenta…- Finalmente encontró lo que buscaba, una caja de rosquillas que dejó sobre la mesa, tomando asiento a continuación y agarrando una. Menuda pinta tenían.

–Así que no escuché nada. Me llamaron del hospital al ver que habías intentado ponerte en contacto tantas veces…- Le dio un mordisco al dulce que tenía entre las manos, estaba bien rico. –Boh, estos donuts están de muerte, si no quieres ninguno por lo menos tómate un zumo.- Kaela necesitaba reponer líquidos, imaginaba que por mucho que intentara negarlo tendría una resaca brutal, pero conversaciones sobre comida al margen tenían cosas de las que hablar. Y la lavadora y posterior secadora tardaría un rato. –Y… ¿Querías decirme algo ayer por la noche o si hubiera contestado solo habrían sonado insultos?- Se la había jugado pero bien, los insultos todavía podían llegar y ahora sin achacarlos a la excusa del alcohol. Ya se estaba arrepintiendo de lo que iba a hacer, y todavía no había acabado la frase. –Quiero decir, tenemos una conversación pendiente y un rato hasta que tengas la ropa lista, pero si no quieres hablar lo entiendo, podemos quedarnos en silencio mientras coges la comida que quieras.- Esperaba que fuera la primera opción, y sobretodo tener la oportunidad de decirle lo que el otro día censuró, pero tenía que darle pie. Si lo soltaba ahí de repente sería el momento más incómodo de su vida.
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Mensaje por Kaela L. Blackesley el Lun Ene 07, 2019 12:10 am

Odiaba pero a la vez le encantaba volver a estar en esa casa, no le gustaba la manera en la que llegó, más bien a la fuerza por sus estúpidos actos, pero que al final les llevó una vez más a estar juntos. Para ella no era problema alguno, si no fuera por el engaño que le jugó tanto el pelirrojo como su hermana. Se sentía como en casa, con total tranquilidad y paz, pero no podía evitar esas que esas horrorosas imágenes pasaran una y otra vez, destrozando esa placidez que le proporcionaba estar entre esas cuatro paredes junto a Eijirou. Daría lo que fuera por volver atrás y disfrutar de cada minuto a su lado una y otra vez, un bucle del que le costaría alejarse.

El tener que comer con él como hacían anteriormente chafaba todos sus planes, tener que pasar más tiempo con él significaba que tarde o temprano buenos recuerdos acabarían por llegar, pero que serían destruidos al instantes por el dolor que aún mantenía vivo Kaela. —Me quedaré solo porque no pienso volver a por ella —negaba con totalidad el querer estar ahí, pero en el fondo añoraba aquella casa, tanto su decoración como sus muebles, y más su voz dirigirse a ella con tranquilidad y amor, no por haber acabado borracha y perdida por las calles. Suspiró con alivio al saber que las llamadas habían sido en vano. —En todo caso lamento que no hayas cogido ninguna de las llamadas —contestó indignada, devorando con la mirada aquellos donuts que había sacado. Los dulces eran su mayor debilidad, estaría comiendo día y noche ese tipo de bollería, agradeciendo que su genética no le permitiera engordar por mucho que comiera. —La única conversación pendiente que hay es la de anoche —estaba enfadada por aquel comentario, y así aprovecharía para evitar ese incómodo tema de conversación.

Atraída por el dulce aroma y los deliciosos comentarios de Eijirou, se atrevió a coger una de las azucaradas rosquillas, tomándolo como "pago" por lo que había dicho. —Eres un idiota —dijo dándole un bocado al dulce, aprovechando así para pensar lo siguiente que diría, quedando totalmente en blanco. —¿Y si aquella llamada era realmente importante? —fue el único y el peor tema que podría haber sacado. Dejó el móvil a un lado, dándole otro mordisco al donut. —Solo por ello debería quedarme con esa caja —dijo refiriéndose a la de los dulces, mientras poco a poco bajaba el tono de voz algo avergonzada, siendo por una vez en mucho tiempo la Kaela que tanta felicidad almacenaba. Para ella cualquier cosa que contuviera grandes cantidades de azúcar ya era un manjar, y el pelirrojo sabía a la perfección sus gustos.

Instintivamente se sentó junto a él, con la espalda erguida y el corazón a mil por hora. Saboreaba cada mordisco mientras comprobaba que la idea de estar en silencio era una de las peores opciones que tenía disponible en ese momento. —Anoche no sé porqué se me ocurrió la genial idea de marcar tu número como loca —admitió cruzándose de piernas. —Ni si quiera tengo tu número guardado —soltó un suspiró aún confundida, por mucho que tratara de recordar todo lo que ocurrió esa noche, no venía ni una sola imagen a su cabeza. Terminó aquel dulce, chupando dos de sus dedos en los que se habían quedado el azúcar pegado para volver a coger otro. —¿Dónde compras estas delicias? —preguntó con la boca llena, tapando la boca con su mano para mantener algo de educación. Estaba tratando de evitar la verdadera conversación que tenían pendiente como podía, sacando temas realmente absurdos si era necesario.




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Mensaje por Eijirou Dahl el Lun Ene 07, 2019 10:22 pm

Durante un instante, Eijirou temió que Kaela cogiera y se fuera de ahí. No era para menos teniendo en cuenta lo que había pasado entre ellos, y su último y accidentado encuentro. Pero parecía que ese repentino shock que sufrieron al reencontrarse en ese restaurante no les había ido del todo mal, y lo que anteriormente era incomodidad ahora parecían haber dado un paso adelante. O quizás era que Eijirou todavía no se había despertado del todo y estaba un poco confundido con la situación. Afortunadamente, Kaela decidió quedarse ahí hasta que la ropa estuviera limpia aunque implicara comer con él, y es que la albina estaba en una situación complicada. Si se iba, tendría que ir medio desnuda por la calle y perder otro día en venir a buscar la ropa, y si se quedaba, pues bueno… Tendría que quedarse con el pelirrojo durante un rato. Escuchó la excusa que dio para quedarse y sonrió, aunque ella no pudiera verlo por estar en la habitación buscando su teléfono móvil.

–Bueno, ahora que lo dices yo también lamento no haber cogido alguna de esas llamadas… Me pregunto cómo habría ido la conversación.- Comentó divertido, tanto por la indignación que mostraba Kaela como por imaginarse la retahíla de improperios que podía haberle soltado, y que luego hubiera tenido que ir a buscarla al hospital. Hubiera ido de todas formas, pues dejarla en la calle no era una opción viable, pero quizás el despertar no hubiera sido tan amable como en aquel momento. Y finalmente llegó el momento de pisar la fina capa de hielo que era intentar retomar la conversación del restaurante, ante lo que asintió frente a la respuesta de Kaela. Ya volverían a sacar ese tema, de momento, el cebo de las rosquillas había funcionado, y el pelirrojo sonreía (ahora si de un modo evidente) mientras veía cómo su acompañante empezaba a comer de esos dulces. No sin antes dirigirle un cariñoso insulto, o por lo menos él se lo tomó así. –De haber sido importante imagino que el destino hubiera intercedido para que conectara el sonido en ese preciso instante, como pasó con la del hospital. ¿No crees?- Bromeaba un poco para evitar pensar en ese escenario que planteaba Kaela, de haber sido una llamada importante suya y tras todo ese tiempo no haber podido ni coger el teléfono…  Se ponía malo solo de pensarlo, pero esos pensamientos desaparecieron al escuchar el intento de Kaela de quedarse con esa caja.

El tono de voz con el que lo había dicho le devolvió al tiempo en que vivían juntos, por lo que sonrió mientras veía cómo se acercaba a él, pero con un deje amargo en rostro. Se había cargado todo eso que tenían. Un momento, había dicho que se acercaba a él? Cuando se sentó a su lado comiendo esas rosquillas Eijirou se puso muy nervioso y se removió en el asiento, quedando en una postura parecida a la de Kaela, con la espada erguida y lejos de sus habituales codos sobre la mesa. Intentando mantener la compostura, miró de reojo cómo cruzaba esas piernas tan bonitas a la vez que escuchaba lo que le iba contando. No iba a negarlo, no le gustó escuchar que había borrado su número, pero era comprensible después de todo.

Iba a decirle algo, pero se distrajo al ver cómo agarraba otro donut tras limpiarse los dedos, había olvidado lo sorprendente que era ver comer dulces a Kaela. –Hay una tienda nueva cerca de aquí…- Tragó saliva armándose de valor.- Si quieres podemos ir cuando tengas la ropa lista.- Y de repente, el miedo a que Kaela se negara volvió a aparecer inundando a Eijirou, que rápidamente cambió de tema como si tuviera miedo a escuchar la respuesta de la albina a su proposición. –Y lo de anoche… Ya sabes, uno no controla lo que hace cuando ha bebido, así que no le des más vueltas si no lo recuerdas. Quizás más tarde te venga a la cabeza, pero lo importante es que no te pasó nada grave. –Prefería no pensar lo que podría haber sucedido de haberse cruzado con otro tipo de personas sin escrúpulos.- Hablando de eso, ya te irá bien tanto dulce? Te hicieron un lavado de estómago.  ¿Quieres que te prepare un té o… una infusión? Tengo por la cocina. –Señaló hacia atrás, que era donde quedaba la cocina, lo que fuera menos que respondiera que no, aunque implicara ir saltando de tema en tema.
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Mensaje por Kaela L. Blackesley el Mar Ene 08, 2019 6:39 pm

En un pasado hubiera seguido esos comentarios y bromas que tanto le gustaban, pero ahora lo único que conseguían era hacer que su molestia aumentara. Tomarse las cosas con un pequeño ápice de humor  era bastante característico de ella, llegando a pasarse de vez en cuando con tanta broma, pero que al fin y al cabo tanto le ayudaba. Pero lamentablemente ese toque se había ido perdiendo con el paso del tiempo, una época donde más que parecer una bella joven de veinticuatro años parecía una vieja amargada deseando que su hora llegara. Desde entonces siempre había intentado mostrar una sonrisa aunque se viera a simple vista que era forzada, pero en ese caso ni se molestó, simplemente le dedicó una mirada llena de molestia y de angustia, siendo el único toque dulce en ella el donut que mantenía entre sus manos.

Su mirada se desvió en un intento de olvidar a su acompañante, pero sus aceleradas pulsaciones no paraban de recordarle que a su lado tenía a su ex-pareja. Ambos sentados con cierta tranquilidad, aunque la albina sentía una enorme incomodidad. Decidió obviar el tema de lo ocurrido anoche, queriendo evitar cualquier posible pregunta que llegara a incomodarla más, pero las palabras de Eijirou parecían estar llenas comprensión ante su incomprensible comportamiento, cosa que de cierto modo la tranquilizó bastante. —Solo dame la dirección e iré yo sola —contestó con molestia. El que hubiera acabado en su casa había sido una mala casualidad, no quería que empezara a pensar que por ello volverían a hacer cosas juntos como lo hacían anteriormente. —No creas que volveremos a ser nada, ni si quiera amigos. —volvió su mirada al chico, colocando en mechón de su blanco cabello tras su oreja con algo de dificultad debido al azúcar del dulce.  —Cuando salga por esa puerta espero que te olvides de mi y vuelvas a la vida que tenías hace una semana —exigió con superioridad, manteniéndose firme ante su deseo de olvidar lo que habían tenido ambos en un pasado.

Su desesperación por irse poco a poco crecía más y más, empezando a balancear ligeramente su pierna. Sus ojos se fijaron en el lugar que señaló el pelirrojo, quedándose un par de segundos en silencio. —No es necesario —contestó a secas, desde que habían comenzado a charlar se había olvidado de la extraña sensación en el estómago con la que despertó, pero ahora se sentía igual que siempre. Era la primera vez que la mandaban a un hospital a hacerse un lavado, y poca idea tenía sobre ese tema, pero le era de poca importancia en ese momento. Ya se informaría en internet sobre ello, o si empezaba a sentirse mal nuevamente ya buscaría el motivo del porqué, empezando por tomar algún líquido como tantas veces había mencionado Eijirou.

—Joder, ¿por qué son tan lentos esos estúpidos trastos? —se preguntó a si misma en voz alta ante la tardanza de la lavadora. Desconocía el tiempo que había pasado desde que llegó dormida a su casa, lo que sí sabía con certeza es que los segundos pasaban como horas, y lo único que la mantenía distraída y con cierta alegría (muy bien oculta) era el donut, que por desgracia terminó con un pequeño bocado. Se levantó para dirigirse al baño a lavarse las manos, quedándose unos breves segundos con la vista en el espejo, notando como sus ojos tenían una mínima rojez. Salió de la habitación soltando un suspiro con pesadez, apoyando la espalda contra la pared. —¿Mi hermana no se molestará al saber que me has tenido en tu casa? —soltó de repente con seriedad, como si aquella fuera una pregunta inocente de poca importancia para ambos. Pero por dentro estaba ansiosa por saber si seguían o no juntos. —Espero que esta no sea otra encerrona tan famosa para que hable con ella —soltó una sonora carcajada, empezando a replantear en ser actriz y no fotógrafa ni prostituta. Le dolía pronunciar cada una de esas palabras, y más le dolía aparentar poca preocupación. Le faltaba poco para estallar en llanto, pero ahora que se había atrevido a sacar un tema tan delicado debía resistir.


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Mensaje por Eijirou Dahl el Mar Ene 08, 2019 10:26 pm

Y de repente, lo que esperaba que no llegara a suceder, sucedió. Se había dejado llevar por la emoción y no había sido realista, era de esperar que Kaela estuviera molesta a niveles casi imposibles de decir por lo que había pasado entre ellos. Pero como un idiota durante un rato pensó que eso podía quedar al margen, aunque fuera durante ese rato que se veían casi obligados a compartir juntos. Lamentablemente estaba pidiendo demasiado, por eso las palabras que le dirigió Kaela no le hicieron enfadarse con ella pues entendía bien que se las había ganado. Pero le dolieron, y mucho. Especialmente cuando por un momento parecía haber vuelto al tiempo en que ambos eran felices, aunque solo fuera un espejismo que Kaela se encargó de disipar, devolviéndole al mundo real. Aguantó como pudo con la mirada perdida en la mesa, mirando fugazmente de reojo a la albina, aunque la expresión de su rostro le hacía apartarse con rapidez. No podía soportarlo.

Pero era lo que tocaba, uno debía asumir las consecuencias de sus actos y él y solo él había desencadenado todo eso. Si no hubiera creído todas esas mentiras las cosas serían tan diferentes… Cuando le dijo que nunca volverían a ser ni amigos, cerró el ojo derecho y sus labios se torcieron durante un instante fugaz, solo hacía ese gesto cuando algo le había dolido de verdad. Joder, si hasta le temblaban las manos que mantenía ocultas bajo la mesa para que Kaela no pudiera verlas. Pero quizás ella habría podido reconocer el gesto de antes, aunque solo fuera mostrado durante un momento. Si quería hacerle daño lo había conseguido. Obviamente cuando dijo que no quería un té Eijirou ya se lo esperaba, y ni siquiera reaccionó.

Una parte de él quería gritar y sacarla a empujones de su casa, pero la mantuvo a buen recaudo en su interior y simplemente se encogió de hombros, esa fue toda respuesta a lo que Kaela le había dicho. Afortunadamente se levantó y se fue al baño mientras se quejaba, ya no podía aguantar más la tensión de estar en aquella situación a su lado, tan cerca pero tan lejos. Al escuchar el sonido del agua aprovechó para frotarse los ojos y descubrir que los tenía vidriosos a juzgar por los restos húmedos que encontró en sus dedos. –Joder…- Se quejó en voz baja e intentó recomponerse de las duras palabras de su, todavía, amada y suspiró pesadamente. Era más duro de lo que había imaginado, pues las heridas de Kaela eran peores de lo que creía.

Menudo estúpido. La deja por su hermana y se cree que puede volver como si nada… Se merecía lo que estaba pasando. Sin embargo, cuando Kaela abandonó el cuarto de baño e hizo referencia precisamente a su hermana, una chispa hasta ahora bien escondida apareció en la mirada que Eijirou dirigió a la albina. –No me hables de tu hermana.- Se podía notar por su tono de  voz y su gesticulación que ahora eso si que le molestaba. –Me engañó, durante meses estuvo intentando ponerme en tu contra y al final lo consiguió. Y yo como un maldito estúpido me creí todas esas mentiras y esas fotografías falsas… Parecían tan reales…- Finalmente levantó las manos y apoyando los codos sobre la mesa se cubrió el rostro con ellas durante un par de segundos, no iba a dejar que le viera llorar, eso lo guardaba para cuando se marchara.

–Y ahora estamos así. Tú me odias, yo me odio, y no podemos estar en la misma habitación ni cinco minutos cuando antes podíamos estar días enteros aquí.- Se cruzó de brazos y suspiró por la nariz, cansado de todo, de haber tenido más fuerzas podría haberle dicho la verdad sobre sus todavía fuertes sentimientos por ella. Pero visto cómo estaba transcurriendo todo, no tenía ganas de que su también herido corazón recibiera una estocada más. –Lo del otro día iba totalmente en serio… No pasa un día sin que me arrepienta de todo lo que hice. Lo siento.- No era la única que estaba destrozada por dentro por lo que sucedió.- La dirección de las rosquillas está en la parte trasera de la caja, puedes llevártela cuando tengas la ropa.- Tras esa última frase que pronunció apenas sin ganas para romper el incómodo silencio, se preguntó lo que harían hasta la hora de comer, iba a ser duro.
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Mensaje por Kaela L. Blackesley el Lun Ene 14, 2019 7:45 pm

Su corazón se aceleró en cuanto pronunció aquella pregunta, acompañado de un comentario cargado de rencor. Temía tanto la respuesta como su reacción, pues de alguna manera saber sobre la actual relación de ambos la aliviaría, pero no quitaba el daño que aún sentía. Odiaba esa sensación de vacío que quedó en ella desde entonces, fue eso sumado al dolor y la necesidad de olvidar lo que la había llevado al alcohol y, cuando vio que no era suficiente, llegó a un extremo que veía imposible de alcanzar. No se sentía nada orgullosa por eso; se despreciaba. Si bien nunca gozó de buena autoestima, ahora mismo era casi nula, al igual que su control. Por unos instantes comenzó a sentirse igual que cuando necesitaba tomar o meterse alguna mierda, y lo peor era que sabía a la perfección que la palabra era necesidad. Como si se tratara de respirar o pestañear, empezaba a preocuparse por ello, pero llegado a ese punto era inevitable.

Su mano derecha se situó en su pecho y dio un ligero suspiro, sintiéndose bastante más calmada. Sus ojos se cerraron escuchando la notable molestia y dolor en el tono de voz del contrario, verle de aquella manera la afectaba bastante, sentía la necesidad de ir y abrazarle; rodear su cintura y esconder su rostro en el pecho del pelirrojo, tratando de aliviar el asunto con un tono de voz tranquilo seguido de unas palabras que transmitieran paz, que todo iba a salir bien. Pero lo único que hizo fue abrir los ojos para dirigirse junto a él de nuevo, comprobando la dirección que se encontraba bajo la caja que hace un rato contenía un valioso tesoro para Kaela. —Supongo que necesitarás más de este manjar de digno de dioses —bromeó riendo con suavidad. —Además no tengo ni idea de dónde está esto —admitió releyendo una y otra vez la dirección del local, queriendo así lanzar una pequeña y poco discreta indirecta de que finalmente aceptaba pasar unos cuantos minutos más a su lado.

El semblante de la albina nuevamente se mostró serio, dirigiendo sus azuladas orbes a las rubíes de Eijirou. —Podrías haber hablado conmigo —dejó la caja en su anterior posición, dando un pequeño golpe en ésta con las uñas. —Podrías haber hablado conmigo. Al fin y al cabo la protagonista de esa loca historia que se inventó era yo —pronunció aquella última frase con algo de molestia, detestaba que mintieran sobre ella, y el no saber de aquellas fotografías le molestaba, más con la confianza que habían llegado a forjar como pareja. Se cruzó de brazos y volvió a soltar otro suspiro, no era buena con las palabras y mucho menos para expresar sus sentimientos, y temía tanto que se malinterpretaran como que quedaran cosas en el aire, con aún más dudas de las iniciales. —Me alegra al menos que te dieras cuenta del falso mundo donde te metió —dijo ahora con más serenidad, esperando que sus labios pudieran pronunciar el "no te odio" que tanto quiso decir en el instante que le escuchó.

Le era casi imposible mostrar afecto, gratitud o arrepentimiento desde que se separaron, lo veía casi innecesario, y muchas veces se arrepentía de no hacerlo, pero era algo que ya no le salía. Desvió su mirada hacia el sofá, frotando lentamente uno de sus brazos. —Hoy creo me apetece comer pizza —admitió con una pequeña sonrisa. No podía evitar que parte de la felicidad que sentía se le escapara, pensando en que quizás se estaba "dejando" demasiado. Aquel asunto aún no estaba solucionado, habían muchas cosas por aclarar para que al menos Kaela se sintiera segura y cómoda hablando con él.


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Mensaje por Eijirou Dahl el Mar Ene 15, 2019 10:59 pm

Tras esas palabras por parte de Kaela, ahora si que había tocado la fibra más sensible del pelirrojo. Comprendía perfectamente todo el rencor que le guardaba, no era para menos habida cuenta de lo que él había hecho, aunque no fuera consciente del engaño al que había estado sometido. Pero eso no era excusa, no, nada podía excusar el daño que le había causado, pero esperaba de algún modo tener la oportunidad de enmendar esas terribles acciones. Por eso le dolieron tanto aquellas palabras. ¿Iba a quedarse para siempre con ese sentimiento de culpa encima? No sabía si podría aguantarlo, pues al todavía quererla como la quería no se lo podría sacar de la cabeza. Tampoco pudo mirarla directamente cuando vio que se acercaba a su posición, comprobando la dirección que se encontraba detrás de la caja, imaginaba que para poder acudir después a por más, cuando tuviera la ropa preparada.

Pero por sorpresa, tras un comentario que no supo muy bien cómo tomarse, le pareció entender que aceptaba la propuesta de antes. Eijirou entonces sonrió y volvió a mirarla, tampoco sería sencillo para ella todo lo que estaba sucediendo, así que entendía esos cambios de humor, solo que… Dolían a veces. –No está lejos, no te quitará mucho tiempo…- Contestó en voz baja dando a entender que había captado el mensaje, levantando la vista hasta volver a encontrarse con sus preciosos ojos azules. Por cómo le miraba imaginaba que ahora venía el golpe. Y así fue, pero menos fuerte de lo que esperaba, y no estando exento de razón pues de haber hecho eso muchas cosas habrían cambiado. Si solo pudiera volver atrás en el tiempo… -Lo sé, lo sé… Pero me daba mucho miedo que fuera cierto y al final… Terminé cargándomelo todo, todo lo tuvimos.- Se le notaba herido al hablar, por mucho que hiciera lo posible para disimularlo, ella que le conocía mejor que nadie en el mundo seguro que lograba detectarlo. –Me di cuenta rápido, pero… Ya era demasiado tarde. Fui un estúpido, tú nunca habrías hecho algo así…-

Tras un tenso silencio, se fijó en el modo adorable con el que se frotaba el brazo y no pudo evitar sonreír como un bobo mirándola, escuchando cómo dejaba caer que le apetecía una pizza, pero de ese modo especial que tenía Kaela y que tanto le gustaba. No pudo evitar ponerse un poco nostálgico, recordando los momentos en los que comían pizza (o cualquier otra cosa) en ese sofá mientras veían una película, una serie o simplemente hablaban de sus cosas. Añoraba esos momentos con ella. –La pizza siempre es una buena idea.- Contestó sonriendo mientras se levantaba y pasaba a su lado, acercándose al sofá y sacando el teléfono móvil, iba a llamar a la pizzería a la que siempre acudían cuando vivían juntos. Hacía tanto tiempo ya que no sabía si tendría el número guardado. Oh, pues ahí lo tenía.

–Imagino que te sigue gustando la de siempre, con extra de piña.- Esperó unos segundos pero recordó que no estaba la cosa para bromas, no podía evitarlo, era un metepatas a tiempo completo. –Era broma, una capresse para ti y una napolitana para mi.- Esperaba haberlo recordado bien, en caso contrario, Kaela estaba a tiempo de rectificar el pedido antes de que colgara. –Tardarán un rato… ¿Quieres sentarte aquí? Creo que te vendría bien descansar… Ya te dejo espacio, iré a ver cómo va la lavadora o me sentaré donde antes.- Imaginaba que no querría estar sentado a su lado, así que se buscaría alguna cosa con la que distraerse mientras les traían la comida.
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Mensaje por Kaela L. Blackesley el Jue Ene 17, 2019 11:20 pm

Aquella sonrisa que esbozó el pelirrojo la llenó de buenos recuerdos, los cuales se disiparon al volver a escuchar su voz, dándose de golpe con la dura y fría relación que tienen actualmente. Comprendía el miedo que pudo haber sentido en aquel entonces, pero para ella era una razón más para haber sacado el tema. Aunque siempre cabía la posibilidad de la mentira, ni ella misma en esos días se atrevería a inventar tal engaño, y en cualquier caso tarde o temprano esa mentira vería la luz, como lo hizo la verdadera relación entre su hermana y su pareja. Siempre que se levantaba sentía una gran alegría al saber que era amada por el hombre que se enamoró, el hombre con el que se sentía completa cada vez que estaba a su lado; esa vida no incluía un segundo hombre. —Y pese a ello al final el que acabó siendo infiel fuiste tú —. Pero todo ello ya no existía, ahora solo era un efímero recuerdo, un sueño inalcanzable que le gustaría volver a soñar una y otra vez cuando sus ojos se cerraran cada noche. —Caíste en las redes de la araña, y acabaste siendo su mascota. Y yo detesto las arañas —musitó sintiendo verdadero asco al imaginarse un arácnido, acompañado de la imagen de su hermana mayor. Sin duda era una imagen aterradora.

Al menos tenía otra cosa de la que alegrarse y quitar toda la amargura que había vuelto con tanta rapidez. La pizza siempre había sido su primera opción ante la duda de qué comer, y algo que se había vuelto bastante especial en esa casa. En cuanto escuchó el condimento prohibido especialmente para Kaela no pudo evitar mirarle con el ceño fruncido, esperando poder matarle con la mirada, pero lamentablemente rectificó para bien, haciendo que la albina mostrara su dedo pulgar en señal de aprobación. Aunque la piña le había quitado unos cuantos puntos. —No muerdo, no al menos antes de que dijeras lo de la pizza con piña —dijo mientras hacía caso a sus palabras, sentándose en un extremo del sofá.

Verse de nuevo ahí sentada le era extraño, ya se había acostumbrado al frío y duro mueble que tenía en casa, el cual no tenía el privilegio de compartir con alguien y quejarse sobre lo incómodo que era. Aprovechó ese momento para revisar su móvil, encontrando varias notificaciones que le eran de poca importancia, además de ver que la batería ya reclamaba a su legítimo cargador. La única esperanza que tenía para que el tiempo no se le pasara con tanta pesadez había sido arruinado, pues no quería seguir hablando, pero ahora que había empezado le costaba parar. —Acuérdate de recomendarle a tu próxima dueña que te tenga bien vigilado —escapó aquel comentario de su boca, el cual hasta a ella misma le había dolido. Su cabeza se apoyó en el sofá, quedando su vista hacia el blanco techo. —Joder —susurró mientras que con las manos masajeaba sus sienes en busca de tranquilidad y algo de control. —Por esto no quería hablar del tema —sinceró suspirando, volviendo a una posición más normal.

Trataba de pensar en las cosas positivas que había sacado al estar en una casa ajena, provocado por sus estupideces y locas ideas cuando estaba borracha, pero lo único que sentía era la necesidad de liberar todo lo que una vez pensó y sigue pensando, provocando un daño en ambos que solo haría empeorar las cosas cuando trataba de calmar la tensión tan amplia que ya existía, sobre todo por parte de la albina. Pero, ¿cuál sería el tema adecuado del que hablar? ¿debería interesarse por su vida, su trabajo quizás? ¿o igual si había alguna novedad que tuviera la suficiente relevancia como para dar una extensa charla? No, cualquiera de esas cosas podrían dejar en mal lugar a Kaela excepto el trabajo de fotógrafa que ya conocía, y el cual ahora llevaba tan mal, y evidentemente no le contaría que ahora se dedica a vender su cuerpo a cualquiera que le pague, ni de coña. Lo cual hacía que aumentara su nerviosismo, aumentando así mismo la probabilidad de cualquier comentario puramente dañino hacia Eijirou, y poco a poco la culpa por ello la empezaba a inundar.



Última edición por Kaela L. Blackesley el Mar Feb 19, 2019 2:49 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Eijirou Dahl el Dom Ene 20, 2019 10:48 pm

Eijirou escuchó atentamente el comentario de Kaela acerca de su patética explicación de lo que había sucedido entre él y su hermana, y como no podía ser de otro modo terminó recordándole lo mal que se había acabado portando con ella de un modo totalmente injusto, como bien acabó descubriendo al final. Y eso era lo que más le dolía, el daño infringido de una forma tan gratuita a la persona a la que más quería del mundo. Si, y es que a pesar de todo seguía queriéndola, aunque tuviera que pasar por todo eso para darse cuenta de esa gran verdad. Bajó la mirada avergonzado por la también gran verdad que había dicho Kaela, y es que no mintió ni se salió de lo que había sucedido. Eijirou había cometido el mayor error de su vida confiando y creyendo en aquella mujer. Por lo menos la conversación acerca de la pizza y su breve conversación telefónica con los del restaurante pudieron cortar un momento la tensión entre ambos. Sabía que debía aguantar, después de todo se merecía cada una de las palabras de desprecio de Kaela.

La albina se sentó en una punta del sofá, lejos de él, y los recuerdos de ambos sentados juntos acurrucados bajo una manta viendo cualquier película en la televisión, o realizando otras actividades para adultos en el sofá, le invadieron. Ese mueble había sido testigo de lo mejor de su relación, la complicidad que tenían y el amor que se profesaron, y sin embargo todo parecía ya un lejano recuerdo. Maldito día en que lo envió todo al infierno. –No creo que tarden mucho en llegar…- Dijo para romper el silencio tenso entre ambos, pero Kaela parecía seguir muy enfadada con él (normal, por otra parte) y haciendo caso omiso de su comentario siguió con sus ataques. Ese último especialmente hiriente, pues al hablar de dueña Eijirou se lo tomó como parte de un desprecio a la raza que compartían ambos, como si solamente fueran unos animales a los que tomar como mascotas. Y además él debía ser un animal del que no debían fiarse. Le dolió, otra vez, pero debía soportarlo. Era lo menos que podía hacer, aguantar la tormenta que Kaela le lanzaba encima, pero esos golpes dolían, más que nada por la persona que los lanzaba.

De haber sido otro le hubiera dado igual, pero con el amor que sentía por aquella chica era como cien veces peor. Se incorporó apartando la espalda del respaldo del sofá y llevo su mirada al suelo intentando no derrumbarse otra vez, pero pudo escuchar a Kaela intentando tranquilizarse un poco. El pelirrojo prefería que lo soltara todo, quizás si se desfogaba y sacaba todo el rencor que tenía hacia él podría tener alguna oportunidad de empezar de cero. O por lo menos, de que él confesara sus fuertes sentimientos, ya que sabía que si lo hacía en ese instante su corazón iba a ser triturado y lanzado a la basura. Se volvieron a quedar en silencio durante un rato hasta que de nuevo, Eijirou se decidió a entablar una nueva conversación, pero esta vez sabía que el tema a tocar sería polémico. Era parte de su absurdo plan, por llamarlo de alguna manera, de que Kaela se desfogara, y es que el pelirrojo si una cosa tenía era que si podía meter la pata, lo hacía sin dudarlo. Uno de sus tantos defectos.

–Cuando te metí en la cama no pude evitar fijarme en una cosa…- Hablaba de cuando le quitó la ropa y la cubrió con las mantas de su cama, donde pudo ver marcas claramente visibles de agujas en sus brazos, una visión que le preocupó desde el primer instante. –Esas marcas de pinchazos de tus brazos no son de análisis o pruebas clínicas…- Suspiró profundamente armándose de valor y giró la cabeza, mirándola fijamente a los ojos denotando una evidente preocupación tanto en su mirada como en el tono que usaba para hablar con ella de ese tema. -¿Estás consumiendo drogas?- Fue directo al tema pues a veces no sabía muy bien cómo afrontar algunos temas y lo dar rodeos o sacar información de forma sutil era algo que se le escapaba. –Antes no eras así. Es… ¿Es por lo que pasó entre nosotros?- Aunque se moría de ganas por escuchar la respuesta y que le tranquilizara con alguna historia que no involucrase nada turbio, la verdad era que le aterraba lo que pudiera decir. Especialmente si eso venía provocado por lo que hizo.
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Mensaje por Kaela L. Blackesley el Vie Ene 25, 2019 8:39 pm

Fue capaz al menos de contener sus labios, pero su cabeza seguía maquinando en contra del pelirrojo. Si bien siempre había estado esperando volver a encontrarse con él, jamás imaginó que acabaría de aquella manera. Obviando la absurda forma en la que se reencontraron; una pequeña jugarreta por parte de una pareja con la que solían salir, la cual por desgracia les había salido bien, lo último que quería, por muy irrealista que pareciera después de ver el trato que estaba teniendo hacia Eijirou, era acabar discutiendo o más bien, soltando cosas sin sentido alguno solo para hacer daño. Era como una niña pequeña con una rabieta por la negación de sus padres ha comprarle cualquier tontería que hubiera visto, pero la diferencia es que ella no se acercaba ni si quiera a esas edades, pues estaba en un mundo donde sus decisiones decidirían si vive en una casa o por cualquier rincón en las calles. Este caso quizá no era tan grave, pero Kaela se estaba montando todo un drama digno de telenovela ella sola.

Algo más relajada, se disponía a hacer alguna pregunta sobre su vida, pero se le adelantaron en ello, haciendo que sus preocupaciones emergieran de la nada. Ese pequeño detalle no se le había pasado por la cabeza, ya que ni ella misma se había molestado en mirar su propios brazos en busca de alguna pista que llevara a tal conclusión. Sí, había dado de lleno en un diana que la albina creía minúscula, y a partir de ahí se abría un inmenso mundo muy diferente al que hace algunos años estaba metida. Nuevamente el nerviosismo llegó a ella, esta vez de una manera aterradora. ¿Qué excusa pondría ahora? No se le ocurría nada lo suficientemente creíble para ocultar esa gran y horrible verdad.

No tardó ni dos meses desde su ruptura desde que empezó a "explorar" nuevas cosas, unos submundos bastante oscuros de los que ahora no podía salir. Primero empezó por lo típico, ahogar las penas en alcohol en cualquier bar cutre donde derrochar dinero, pero cuando ya lo haces con frecuencia empiezas a aburrirte, y eso mismo fue lo que pasó con Kaela. No le parecía lo suficientemente divertido hacer tonterías, soltar burradas y vomitar cada tres frases, además de la terrible resaca del día siguiente, los cuales se convertían en una tortura para ella. Pero igualmente seguía. Si bien en un principio tampoco le hacía mucha gracia tratar el tema de las drogas, en cuanto las probó acabó enganchada, ya no solo por querer olvidar el dolor de aquellos días, si no por el placer y la diversión que le causaba estar en ese estado. ¿Que nuevamente acababa hecha mierda por eso mismo? Le daba completamente igual eso. Si bien en un principio pensaba que tenía que dejarlo, su determinación no era suficientes para vencer a la adicción.

Se quedó unos segundos en silencio, comprobando la existencia de las marcas mencionadas, mientras que su mano se paseaba con delicadeza por todo su brazo. Los nervios no podían con el sentimiento de culpabilidad, pues se veía patética al haber acabado en esa situación. ¿Ganaría algo ocultando lo evidente? Quizás él fuera la ayuda que siempre había estado esperando, pero tampoco iba a rogar por ello. —¿Y qué si de vez en cuando tomo alguna? —mintió, pero cierta parte era verdad; consumía. Dirigió la mirada al contrario, la cual no pudo mantener por la vergüenza que sentía. —De alguna manera me tenía que olvidar de ustedes dos —volvió la vista a su blanca piel, notando como esas pequeñas marcas desentonaban bastante. Ahora aquel cuerpo "perfecto" que creía tener se había arruinado por culpa de sus alocadas ideas.

—No necesito la charla de padres y profesores sobre lo malas que son las drogas, me las sé de memoria, además de que fue por cuenta propia que me metí en ello —continuó, acompañado de un suspiro. Mostraba una actitud serena pese a la molestia que aquella pregunta y el rápido palpitar de su corazón, como si fueran las primeras veces que quedaba con él, cuando estaba enamorada de él y aún no se había atrevido a confesar sus sentimientos. Pero algo no había cambiado pese al pasar del tiempo, y era ese pequeño amor bien escondido entre el dolor. —Tampoco necesito tu lástima o ayuda. Ya viste como llegué a tu casa, no sería tan extraño después de haberme visto así —se encogió de hombros, mostrando algo de molestia en su rostro, esta vez dispuesta a mantener sus ojos fijos en los de él. Ahora que se había quitado un peso de encima, solo esperaba que su actual trabajo no fuera conocido por Eijirou.


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Mensaje por Eijirou Dahl el Dom Feb 17, 2019 11:09 pm

Eijirou aguardó con tensión la respuesta de Kaela, pues sabía que había tocado un tema peliagudo, pero teniendo en cuenta los antecedentes que había entre ellos, probablemente cualquier tema lo fuera. Por un lado tenía la esperanza de que contestara que solo eran pinchazos propios de algunas pruebas médicas (nada grave, esperaba), pero en el fondo de su ser sabía que esa respuesta era una utopía que nunca vería. Las ventajas y desventajas de conocerse al grado que ellos dos se conocían se traducía en que el más mínimo gesto o ademán del cuerpo era interpretado correctamente por el contrario. Por eso, cuando vio cómo Kaela se pasaba las manos por el brazo, supo que estaba nerviosa.

Y al fin, llegó el momento de la revelación, confirmando que si, que como era evidente ella consumía drogas. Eijirou suspiró preocupado, pero rápidamente pasó de la preocupación a la tristeza al escuchar que tuvo que empezar a consumir para olvidarse de lo que había hecho. Para olvidarse de él. Si ya estaba consumido por la culpa, eso fue una aguja más al corazón del pelirrojo, y no sabía cuántas sería capaz de aguantar. Siguió escuchando lo que decía y se alegró no haber abierto la boca todavía, pues iba a soltarle la charla de padres y profesores sobre lo malas que eran las drogas, así que evitó un enfrentamiento con ella a causa de esa prudencia que por primera vez en bastante rato había mostrado. Pero tampoco podía hacer como si aquello no le importara una mierda. –Yo… Lo siento mucho. -¿Cuántas veces había repetido ya esas palabras desde que la había vuelto a ver? – No voy a darte la charla, pero si alguna vez necesitas alguna cosa…- Levantó la mirada del suelo y se encontró con sus ojos, no creía poder aguantarle demasiado la mirada así que sería rápido con sus palabras. –Puedes contar conmigo, no te volveré a fallar.-

Sonrió de medio lado, mostrando un trasfondo amargo en sus amables palabras pues era demasiado consciente de que todo lo que había sucedido era su culpa. Y necesitaba hacer algo para enmendarlo. Justo cuando iba a seguir hablando, probablemente para meter la pata, sonó el timbre de la puerta. Seguramente serían las pizzas. -¿Tan pronto?- Preguntó mientras se levantaba y atendía, resultaron ser el par de pizzas que habían pedido, no tardando en pagar lo adeudado al repartidor y acercándose al sofá junto a Kaela para poder empezar a comer. –Bueno… Pues ya las tenemos aquí.- Dejó las cajas en la mesilla frente al sofá y abrió la suya, el olor era delicioso. –Ya casi había olvidado lo buenas que estaban estas pizzas. No las probaba desde que… Bueno, desde que tú pasabas tanto rato aquí…- Se levantó rápidamente al ver que volvía a meterse en un jardín y fue a la cocina a por algo para cortarlas, volviendo con un par de cortadores y unos cuchillos por si acaso. Dejó esos utensilios frente a la chica y se preparó para empezar a comer. –En fin, buen provecho Kaela.- Intentó que no sonara muy triste, pero le apenaba que una vez acabaran de comer seguramente marcharía y haría lo que fuera para no volver a cruzarse con él. Pero… Todavía tenían pendiente la visita a la tienda de rosquillas. ¿O no? Estuvo tentado de llamarla Lauren, pero sabía que no era el momento.
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Mensaje por Kaela L. Blackesley el Lun Feb 18, 2019 7:48 pm

Esa carga que se había quitado de encima la había aliviado, pero no quitaba la molestia y la preocupación de habérselo dicho concretamente en su anterior pareja. Se alegraba de oír que contaba con su ayuda, pero estaba claro que no permitiría que alguien más se metiera en temas tan delicados como ese, lo cual podría usar como pequeña excusa, dado que su orgullo no permitiría recibir ayuda de nadie. Ese sería su último, no descartaba la idea por todas las veces que se ha propuesto volver a llevar una vida normal y habían acabado en una fatídica e inevitable derrota. Su consuelo y con lo único que acababa sintiéndose satisfecha era el simple hecho de haberlo intentado, el cual siempre acababa en culpa y más preocupación aún. Pero pese a todas esas malas sensaciones que acababan en un bucle que empeoraban su situación. —Gracias, supongo... —balbuceó entre agradecida y preocupada. Pese al tiempo que habían pasado distanciados, la albina no conseguía olvidar la confianza que se había formado entre ambos, y aún sentía que podía contarle cualquier cosa sin preocupación alguna. Pero ahora sí habían dudas, miedos... El terror de volver a vivir la misma historia siempre estaba presente, y si ocurría una segunda vez acabaría mucho peor que la primera.

El escuchar el timbre fue como una pequeña esperanza para ella, podrían centrarse en saciar su hambre y con algo de suerte cambiar a un tema totalmente diferente para olvidar la incómoda conversación anterior. Su mirada se centraba en las pizzas, viendo de reojo como el pelirrojo se dirigía a la cocina, sin poder evitar que la nostalgia la invadiera. Recuerdos actualmente agrios con una pizca de dulzura que apenas seguía viva. En cuanto trajo lo necesario para poder cortar las pizzas volvió a centrarse en la comida, pues no podía negar que todavía disfrutaba viendo la figura de Eijirou o escuchando simplemente su voz, algo que a estas altura le daba bastante vergüenza admitir. —Igualmente Eijirou —quiso sonar amable, devolviéndole el gesto y añadiendo una pequeña sonrisa, pero su tono de voz mas bien fue serio y pesado, denotando cierto asco que esperaba que arreglara ese gesto.

El aroma hizo que se le abriera más el apetito y que la espera de tener que cortar un cacho fuera un sufrimiento. Hacía relativamente poco que habían estado comiendo rosquillas, pero para ese tipo de comida Kaela no tenía límites, y su cuerpo tampoco parecía ponerlos manteniendo la buena figura que ya poseía. —No las recordaba tan buenas —admitió llevándose un dando un segundo mordisco al pedazo. —Yo tampoco había comido comida desde ese entonces... Supongo que se hizo como una tradición —admitió algo más animada por el delicioso sabor de éstas pero a la vez algo apenada por perder, como bien había dicho, esa costumbre. —Sinceramente lo echaba de menos —continuó, acabando el primer trozo de su pizza, y es que por muy enfadada que estuviera con él, aquellos momentos donde en los que acababan juntos en ese mismo sofá, comiendo pizza y viendo cualquier cosa en la televisión eran uno de los tantos favoritos de la kitsune, y quiera o no siempre acabaría añorándolos.


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