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Mensaje por Alan Duskwatch el Mar Ene 15, 2019 3:25 am

when the party’s over




Faniahh/Lala/Cyalana




 

Entre aquellas paredes y techos el ruido se volvía casi sordo. Los susurros se nublaban y los gritos en las habitaciones eran calmados por la mano de un insonorizador en los muros de cristal que se erguían por todas partes. Alan no era un hombre que fuese a estos sitios a pagar por acostarse con una mujer, tampoco por golpearlas como muchos harían o por humillarlas, o buscar un arma que disparase el gatillo por él. Él sólo llegaba a éste lugar por una vaga promesa a una de las empleadas, y tal como entrase a cumplirla, se marcharía. No tenía ninguna otra intención más que esa.

Dejó los billetes sobre el mostrador y dio el nombre de la chica. El muchacho tras aquél mueble protagónico en la recepción señaló una sala al fondo, supuestamente, la de presentación. Él entró allí con calma, con una mano dentro del bolsillo de la chaqueta y la otra cargando con una bolsita de tono plata y logotipo en blanco grabado con elegancia. No le costó demasiado encontrarla tras ignorar los bonitos rostros del lugar, acercándose por detrás y clavando la fría mirada cián en su nuca. Arrojó con desgana el regalo al regazo ajeno, golpeando al hacerlo el libro que sostenía en sus manos sacándola de la lectura. No tenía habilidad para tratar con las mujeres, y eso se le notaba nada más en el porte desgarbado y la forma de ignorar a la mayoría si es que no andaba en una de esas noches de desfogue que pocas veces le ocurría. ¿Qué experiencia iba a tener, si lo máximo que estuvo con una chica fue con borrachas en locales donde se le lanzaban al cuello o con una chica que descubrió llevar su misma sangre?

Eh, petarda— la llamó con la voz ronca por los cigarros, carraspeando y apoyando la mano completamente herida con tatuajes tratando de tapar los cortes y la carne quemada. —Tu vestido— informó desganado. En ese simple regalo se había ido la mitad de su sueldo, y en pagar por verla, más de éste. —Hoy me siento generoso— soltó con una sonrisa burlona, casi riéndose de ella en un bufido sonoro. Se llevó la mano libre a la nuca para rascarla, alborotando los mechones apenas peinados por culpa del viento y mirándola por encima de sus hombros, arqueando ambas cejas. —Al menos espero que así dejes de robar ropa a mi hermana— se rió, moviéndose con pereza para dejarse caer en el sillón frente a ella, con las piernas ligeramente separadas, una mano en su propia rodilla y el codo del brazo izquierdo contra el reposabrazos del asiento. La zurda la dirigió a su barbilla, sujetándola y observándola con curiosidad de arriba abajo. —Ojalá sea de tu talla, no entiendo mucho sobre ropas de mujer— porque si tenía que tener en cuenta el contorno de un pecho que no sabía, el de unas caderas que no había tocado y la altura de una mujer que casi rozaba la suya, tendría que ir a una modista más que a una boutique.

La observó en silencio, alzando el mentón con altanería y repasándola de arriba abajo sin disimulo alguno. Sin duda alguna, aquella mujer estaba sacada del mismo molde que la cría de pelo azul que era capaz de volarle la cabeza con el simple movimiento de sus caderas al andar. —¿Y bien? ¿Te lo vas a probar o lo devuelvo?— mencionó con falsa desgana, como si no ardiese en deseos de verla entubada en aquella prenda. Algunos lo llamarían fetichista, pero él tenía más preferencia por la lencería que por ropas que cubriesen ésta, aunque no se negaba a observar a una mujer en un vestido entallado y echar a volar su lado más ardiente de sus pensamientos. —No aquí, obviamente, no quiero tener que romperme la mandíbula con los guardias— se burló sin ganas, arqueando una ceja sin apartarle la mirada. —Cass, he pagado para pasar todo un día contigo. Incluida la noche. No tienes que volver a dormir.
 




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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Miér Ene 16, 2019 3:50 pm

La vida en una prisión no era complicada, el problema era que todo se volvía demasiado simple. Habian horas de luz natura contadas, solo un par por la tarde en el salón central de aquella enorme edificación y era la planta más baja a la que un indebter podia bajar, según sus permisos claro, antes de bajar a la recepcion y de ahi a la zona más externa del recinto amurallado. Su vida diaria consistia en estar encerrada en la habitacion, a veces ir al gimnasio para intentar desestresarse aunque la idea le motivaba cada dia menos pues siempre habian guardias atentos a como funcionaba la gravedad en el cuerpo femenino o una sesion tras otra tras otra de lectura o de ver una televisión en lo alto de una paredque siempre estaba en el mismo canal pues era un guardia el que permitia que se ve, cuando y a veces sin volumen pues ya creía que lo hacia simple y llanamente por joderla a ella y a cualquiera que quisiera evadirse de aquella prisión aunque fuera loque duraba una pelicula o un reportaje sobre algo que pasaba en el mundo exterior.

Ensimismada en un mismo libro que habia leido ya tres veces y que por más que pidiera nuevos libros que poder devorar no iban a traerselo. Oculta bajo aquellas letras que se encadenaban en palabras entrelazadas en frases de prosa que casí parecían poesía y cuando cayó aquella caja soltó un brinco que le hizo mirar a la espalda sorprendida por no ser capaz de esperar aquello. El paquete no era muy pesado claro, era grande, de mas o menos la extensión de su espalda, retiró el libro por debajo antes de tomar aquel paquete entre sus brazos, ya le habia visto pero sino, habría reconocido su voz sin duda alguna porque su tono era diferente, no raro, sino común pero con rasgos que distinguía al instante. -¿Qué? -pensó realmente que aquello era una broma, que en realidad no iba a volver y mucho menos para comprarle un vestido que a saber lo que le habia costado y ¡para ella! Quien no merecía lo mas mínimo aunque sí, se alegraba demasiao de verle aunque habian pasado un par de dias pensó que jamas volvería y se alegraba demasiado, un contato mas allá de esos muros.

Se levantó antes de mirarle. -¿Me has comprado esto para mi? No era necesario -soltó casi sintiendose mal consigo misma, porque ella pensaba que valía mucho si, pero no valía un rgalo por no haber hecho nada. -pero muchas gracias, Alan. -se abrazó con fuerza a aquella caja bajo el que se ocultaba su vestido. Se aferró como una niña pequeña al que le habian dado su primer cachorro y no podria soltarlo aunque le cortaran las manos. -Por el tamaño de la caja ya es mas grande que el otro. -reconocería casi sin importarle si le quedaba pequeño, aunque no pudiera ponerselo seguiria queriendo tenerlo solo para que hubiera algo en ese armario que pudiera decir 'era para mi'. -Sabes, no creí que fueras a volver, y mucho menos para traerme esto pero aunque se vuelva mi favorito espero que no te hayas llegado a gastar demasiado. -de otra persona podria haber dicho que simplemente le jodieran pero el no habia sido malo con ella asi que no se merecia gastarse nada en alguien como ella que no merecía nada.

En otras ocasiones no se habria dejado tocar, aunque fuera siquiera el rostro pero no se movió, le miró a los ojos quedandose perdida un poco en aquel brillo antes de escuchar que habia dicho. -Claro, claro, sí, ven, te llevo a la habitaion, no quiero que me vean aqui tampoco desnudarme, bastantes shows tienen los guardias ya como para darles uno más gratis. -le tomó del brazo y al estilo mas infantil casi posible tiró de él para ir directamente a su lado. Fueron hasta la planta intermedia, la doceava para guiarle de nuevo en aquel laberinto de habitaciones tras habitaciones hasta llegar a la suya. -Lamento no tener unos zapatos a juego -murmurará entrando de forma apresurada, quitandoselos con rapidez antes de dejar caer sus ropas como si estas hubieran crecido en tamaño. Llevaba ropa interior negra, sin encaje realmente porque para qué iban a comprarle nada bonito y mas allá de la funcionalidad, lo mismo pasaba con el sujetador, retiró la parte superior de la caja sacando el vestido, contemplandolo con una mirada brillante antes de comenzar a subirlo por su cuerpo, pasandose los tirantes por los hombros y se apartó el cabello una vez lo subio del todo y fue hacia él. -¿Me ayudas de nuevo con la cremallera? -porque no podia subirsela por si misma mas alla de la mitad de la espalda.

Giró con elegancia cuando notó el vestido cerrarse por su espalda antes de mirarla. -¿Que tal estoy? -preguntó inclinandose hacia adelante en una postura sutilmente seductora, algo que ella realmente no tenia de no ser porque el vestido dejaba ver un buen escote, porque lo que ella era no llevaba ni tacones ni nada, su pelo no estaba precisamente recogido ni bien peinado y de su maquillaje...mejor no hablar. -Cualquier cliente tendria que hablar conmigo antes que quiere hacer conmigo y aclarar que permito y que no -porque ella sí podia decir nada de esto ni de lo otro aunque no podía rechazar un trabajo porque fuera algo que le disgustara, seguia siendo una esclava prostituta pero que no aceptaba por ejemplo que la golpearan. -pero confio en ti y...te has gastado cosas en mi que se que no has robado. -no lo sabia propiamente pero no habia ido pretendiendo que fuera otra persona ni demostraba obsesión enfermiza por nadie. -Asi que no me lo tomaré como que has pagado para estar conmigo sino que te podré acompañar yo a ti todo este dia. -y eso lo cambiaba todo porque era la primera vez que estaria libremente con alguien. -¿Y que pensaste para este dia entero? -quedaba la tarde, la noche y la mañana del dia siguiente, para hacer cualuier cosa que le apeteciera pues ella alli seria una turista que quería estar con el allá donde le llevara.

Y en espera de que propnía o de que decia recordó que quizas estaba alli tambien por aquello que le habia dicho antes de irse la vez que se despidieron. -Dime que no mataste a ese desgraciado de la otra noche. -casi queria escuchar ella misma un 'no' porque no queria que él se metiera en problemas por su culpa o por haberle rebelado información. -¿Tu hermana se puso como un basilisco por que le robaran el vestido y eso? -imaginaba que si, ella se habria enfurecido si alguien hubiera tocado su unica prenda claro que ahora eralo unico que llevaba puesto.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Miér Ene 16, 2019 6:31 pm

when the party’s over




Faniahh/Lala/Cyalana




 

El varón la acompañó, siendo prácticamente arrastrado por la fuerza de la mujer hacia las habitaciones que anteriormente vio, aquél día que la acompañó hasta el ERO para conseguir el vestido de su hermana. —No te confundas, Cass— espetó, apartándole la mano del brazo. —No hago esto porque te quiera o porque te lo merezcas. Lo hago porque me ha obligado mi hermana pequeña— aclaró. Cuando la pequeña Kaida  se enteró de que conoció a una mujer sin dinero, esclava y que apenas tenía tiempo para salir o compañía del exterior, ella prácticamente le obligó a ir a aquella boutique y regalarle el mismo vestido que a la mayor, porque en realidad él ni pensaba volver a comprárselo después de todo lo malo que se llevó consigo por sólo conocerla.

No los necesitas— respondió encogiendo los hombros tras ayudarla con la cremallera, ésta vez con menos sutileza que la primera vez. Alzó ésta con rapidez, apoyando una de las manos en el vientre de la chica para sujetarla y, tras lograr ceñir la prenda, soltarla. —No estoy pidiéndote que lo uses conmigo, sólo que te lo pruebes— puntualizó, sentándose en la cama con las piernas ligeramente separadas y los codos apoyados en las rodillas, mirándola moverse por la habitación. Contuvo una risa burlona, apartándole la vista de encima en dirección a la cristalera que daba a la ciudad de tonos blancos y grises. —Si te lavases la cara, te peinases y usases zapatos limpios, quizás parecieras una señorita de bien— bromeó, ladeando un poco la cabeza y delineándola con la mirada, con descaro. —Pero no te queda mal, Cass— se levantó de aquella cama para ir hacia ella, encarándola y acorralándola contra la pared de cristal a su espalda. Su pulgar zurdo repasó los labios de la mujer, y su mano diestra la aferró de la cintura para pegarla a su cuerpo, acortando distancias de un brusco tirón de su costado.

Le maté, Cass. Me aseguré de que no volviese a tocar a ninguna mujer, ni que volviese a acosar a mi hermana— confesó en voz baja, entornando la mirada sin retirar los ojos aqua de los oliva de la chica. —No me dirás ahora que te da lástima el hombre que casi te viola en ese local, vamos— siseó, apartando el rostro de ella y quitándole las manos de encima tras sacar el tema de su hermana. Le dejó espacio tras dar unos pasos atrás y liberarla, emanando un bufido y cruzando los brazos bajo el pecho. —Ni siquiera me habla ahora— fue lo único que dijo, encogiendo ambos hombros. Desde que se hizo famosa, aquella joven calmada y tímida perdió la cabeza hasta volverse una niña malcriada y caprichosa, irascible y chillona. Ya estaba acostumbrado a que no le dirigiese la palabra por cualquier tontería, pero no significaba que no le doliese.

Emanó un suspiro y señaló el armario con el mentón, apoyando el costado en la cómoda frente a la cama. —Cámbiate, voy a llevarte a cenar, y a comprarte ropa— se rió de forma irónica, casi sin creerse que eso le estuviese ocurriendo. —Créete ahora Vivian Ward si quieres. No me queda otra que ser tu Richard Gere cada vez que estemos juntos— porque después de todo no lo hacía por ella. Era egoísta, y si le veían por la calle con una mujer, no quería que le relacionaran con un putero que se gastaba el dinero en una esclava, quería que pensasen que, ya que estaban por la calle juntos, que era su pareja,y no una muerta de hambre que se humillaba por dinero. —Si nos ven juntos, no eres una prostituta. Eres mi pareja— aclaró de forma fría, curvando una sonrisa burlona. —Y si nos ve una chica de pelo azul bastante largo, bésame, sólo por darle por culo.





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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Vie Ene 18, 2019 10:08 pm

Le sorprendió aquella forma de confesar que no quería nada con ella, no se habia hecho unas ilusiones que no tenía, no le conocía, lo único que sabia de él era lo que le habia dicho por lo que podía creer que era todo cierto o todo falso pero se notaba que no sabía como funcionaba aquello del ERO o que la tenia en demasiada estima a ella como para tener que aclarar que un vestido no significaba nada mas que eso, un vestido, un regalo, sin más pretensiones. Algo que hacian los amigos en ocasiones especiales y aunque ni eran amigos ni era una ocasión de esas asintió aceptando los términos y condiciones de aquel regalo que evidentemente no merecía. -Claro, no pasa nada, ya es suficiente sorpresa el que hayas cumplido tu palabra, creo que los dos sabiamos que era solo una broma -una excusa para que volviera a pasarse por aquellas cuatro paredes frías y muertas y pudiera charlar con un ser humano. Asintió suavemente mirandose los pies, puede que no tuviera el mejor calzado pero al menos a él no le importaba y quería sacarla de alli, estaba agradecida por supuesto aunque aquella broma si que le hizo reir, asintiendo suavemente. -Es una pena que lo que son los modales y la forma de comportarse no se cambien con un simple lavado y maquillaje del bueno, pero se hace lo que se puede.

Sintió preocupación, quizás pena casi cuando le dijo aquello pero no por ese hombre. Negó con la cabeza para mirarle directamente. -No por el, por ti, tu me has ayudado no quiero que la unica persona que se preocupó por mi acabe en una carcel, siendo asesinado por jueces porque ese capullo podría haber trabajado para una megacorp -eso era improbable y mas sabiendo que era un carnicero de poca monta -o que terminaras aqui si te pillaban. -y era pura y desinteresada preocupación aunque quizás fuese demasiado tarde para reconocerlo de voz abierta. -Siento lo de tu hermana, si...alguna vez la veo, le diré que es todo culpa mia, prefiero que me odie a mi que te odie a ti -porque ella no era nada suyo y Cassiopea queria intentar librar de problemas al unico que se habia dijado en ella para ayudarle. -Espera, no hace falta que seas mi Richard Gere, quiero decir, no tengo ropa demasiado bonita y eso pero no tienes porque gastarte tanto en mi, yo no merezco tanto Alan. -y se sentia casi en deuda sin que se gastara nada material en ella pues el hecho de que quisiera sacarla dea lli, una noche, demostraba que se habia gastado mas aún.

Asintió suavemente cediendo a lo que el quisiera, no es como si tuviera elección aunque no le veía como uno de sus clientes normales a los que no pudiera intentar hacerles cambiar de parecer. -Me encantaria cenar contigo donde sea. ¿Voy bien arreglada o prefieres que me ponga mi ropa de siempre? -ella le miro a los ojos cuando dijo eso. -Lo se, nadie quiere que le vean con una prostituta, aunque no lo soy, no literalmente. -era una esclava que era casi peor. -Si me preguntan soy una estudiante de literatura y llevamos saliendo unas maravillosas semanas juntos. -no le hacía ni el mas minimo desagrado el hecho de fingir ser alguien que no era, le parecía hasta gracioso y se notaba en su expresion animada y divertida. -Sera la primera vez que deba de usar mis habilidades como actriz. -confesó con sinceridad para posteriormente fruncir el ceño. -¿Una mujer como tu hermana, fisicamente? -porque eso era lo unico que sabia de ella: bajita, sin mucho pero si trasero y con el pelo azul, y lo ultimo encajaba. -A tus ordenes entonces, basta con que me las señales para ponerme en modo novia inocentemente feliz si lo necesitas.

Ella no creyó que dijera eso por ser exactamente su hermana y porque tenian algun tipo de relación en la que buscar sus celos, sino porque simplemente era la primera y unica mujer que conocía y tenía el pelo azul segun Alan y si podía echarle un cable entonces se lo echaría. Se puso los zapatos y tras varios saltitos le miró. -Y se que te has gastdo suficiente como para poder sacarme de aqui -aunque fueran unas horas, ya era suficiente para ver mundo, el mundo exterior era suficiente. -pero...si vuelves, te daré lo que tenga para intentar recompensartelo, tu no te has aprovechado de mi y se que no será suficiente pero sera suficiente para intentar compensartelo. -ella apenas ganaria un decimo en todo un mes lo necesario para autopagarse a si misma un dia entero libre y si podia devolverle algo a él se sentiría en menos deuda. -¿Y a donde iremos primero? ¿Alguna tienda que te guste especialmente? -porque a ella le daba igual si le compraba lo que fuera, como si no queria comprarle nada aunque entonces no irian a una tienda. -Yo no se muy bien vestir como puedes ver pero si has conseguido un vestido como este me fio mucho mas de ti que de mi. Y en lo del restaurante, no te preocupes, soy una maquina de devorar -luego se dio cuenta de lo horrible que sonaba eso -comida, digo, bueno, no lo digas en alto, que lo que sirven aqui no es precisamente comida.

No tuvo problemas en salir con aquellas prendas de su habitacion y caminar hacia el exterior, tomandose quizas la primera ve en todo lo que llevaba alli la molestia de abrazarse al brazo ajeno casi tirando de él para que le sacase de alli, hablando de cualquier cosa, de como habian sido sus dias, de si su otra hermana le habia dicho algo, porque aunque no la conocia si le habia comentado a Agnes lo sucedido quizas alguien, quien fuera, preguntaba por primera vez por ella. -Aqui no han habido muchas novedades -murmuraría mirando de refilon el ERO tras haber salido de alli. -al menos no tuve muchos clientes, llegaron unas crias y bueno, ahora son el centro de atención, no duraran mucho. -porque la gente estaba dispuesta a comprarlas del todo para tenerlas para ellos de forma exclusiva y al estar tan poco tiempo apenas tenian una deuda grande. -Espero que no lleves aun esa pistola encima porque igual pita el detector de metales de la tienda. -porque eso creia ella era que era lo que habian en la entrada de las tiendas y no simplemente detector de alarmas.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Dom Ene 20, 2019 5:34 am

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Para él todo era demasiado extraño. Él jamás fue caballeroso, ni lo sería en su vida. Si estaba haciendo todo eso y comportándose así era porque su preciada hermana se lo había pedido, porque le había estado comiendo la cabeza con llantos lastimeros y regañinas por haber dejado tirada a la única persona que necesitaba de su ayuda. Por no oírla más, tuvo que acceder, pero nada más. Alan ni sentía atracción por ella, tampoco una pizca de lástima. Después de todo lo vivido en la vida, el impío sólo sentiría compasión por sí mismo y por sus dos hermanas, o por su madre que en paz descansase.

No empieces a calentarme tú también la cabeza...— pidió ante tantos comentarios y preguntas, casi sintiendo aquellas palabras rebotar en el interior de su cráneo con aquella voz aguda e infantil que parecía poner la esclava por la emoción. —Da igual, Cassiopea, vas a comprarte puta ropa y te vas a cambiar luego en mi casa, como si quieres ir con una sábana encima— espetó, pellizcándose el puente de la nariz y frunciendo el ceño. Rió sin ganas ante aquello de “maravillosas habilidades como actriz”, rodando la mirada. —Como seas actuando igual que tocándome los huevos, te van a dar un Goya— siseó, saliendo de aquella habitación y subiéndose al ascensor para bajar a la recepción con ella a su lado. —No lo sé, Cass, cállate un rato. Te voy a llevar a una galería de tiendas de aquí y tú te metes en la que te dé la gana. Yo no voy a elegir nada por ti, ya eres mayorcita. Tú limítate a pedirme el dinero y a cerrar la boca— respondió, mirándola de reojo, riendo un poco por aquél comentario que tuvo que corregir y negando con la cabeza. “Maldita niña...”.

Se sobresaltó un poco al sentir sus brazos rodeando el suyo con tantas ganas, arqueando una ceja, casi pensando que se había tomado demasiado en serio aquello de fingir ser una pareja. Él, cuando salía con Agnes, era un hombre de pocas palabras, que ni siquiera la agarraba por la calle o buscaba afecto en el exterior. Si ella le daba la mano, la soltaba con un zarandeo de ésta. Si le abrazaba, la apartaba. Nunca le gustaron aquellas muestras de cariño en público, al menos, de día y estando sobrio, porque ebrio, Alan era capaz de hacer eso y más de forma posesiva, o como intento de poner a tono a la chica que estuviese con él. Caminó tranquilo con las manos en los bolsillos, sin dignarse a mirarla siquiera de soslayo o buscar su mano con la suya. La dejó aferrarse a su brazo, sí, pero no podía evitar sentirse incómodo por ello. La falta de contacto físico y cariño durante tantos años pasaron factura.

Qué hijos de puta...— susurró, arrugando la nariz. —¿De verdad prostituís a niñas? Estáis enfermos— escupió con rabia. Se imaginaba a una pequeña Kaida allí metida, abusada por hombres adultos y se le volvía lava la sangre, no podía evitar apretar los puños dentro de los bolsillos de aquella chaqueta y morderse la lengua sin llegar a abrir la boca, intentando contenerse. —No seas idiota, sé comportarme en público. No voy dando tiros por ahí ni yendo armado— aclaró, rodando la mirada y parando en seco al ver una cabellera azulada con la cabeza baja andando frente a ellos, a unos cuantos metros, mirando lo que parecía ser un móvil y tambaleándose de un lado a otro por falta de equilibrio por no andar con la vista puesta en la calle. Unas bolsas de una tienda conocida de lencería colgaban de su brazo derecho, y aunque no era capaz de reconocer si era Agnes o no, se detuvo alerta. Cuando la chica se volteó un segundo a mirar un mapa de autobuses, Alan tomó de la barbilla a la indebter y cerró los ojos, buscando sus labios con lascivia y sacando las manos de los bolsillos para llevarlas a las nalgas de la trigueña. Las apretó con posesividad, con el único sonido en su cabeza de su lengua buscando la ajena y rozándola o los chasquidos que le daba al apartarse por unos segundos para volver a ella, mordiéndole el labio inferior y tirando de él. Miró de reojo a la chica de pelo cielo, gruñendo y apartándose del rostro de la castaña. —Joder, no era ella— espetó, pasándose el antebrazo por los labios en un intento de retirarse de ellos el sabor de la muchacha, que por suerte o desgracia, se quedó grabado en sus papilas gustativas, y se hizo adicto a aquella boca sin saberlo.

Acelera el paso, vamos— pidió de forma fría, volviendo a llevar las manos a los bolsillos y parando frente a un centro comercial, entrando y caminando por entre los pasillos plagados de tiendas. La miró de soslayo, arqueando una ceja. —Cuando te interese entrar en una, dímelo— informó, reduciendo la velocidad de sus pasos para que la chica ojease los escaparates.





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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Lun Ene 21, 2019 4:07 pm

Decidió mantener la boca cerrada porque sabía que si le contestaba iban a discutir o algo asi y eso que ella sólo quería tener un poco de cercanía y si se le habian cruzado los claves ella no diría nada hasta que recapacitara o simple y llanamente hasta que decidiera que ella podía decir algo. No iba a mentir el hecho de que aceptaran comprarle ropa le gustaba era como acercarse a un vagabundo y esperar que no se emocionara porque quisieran regalarle algo que le ayudaria a sobrevivir y la ropa para ella era quizas el lujo mas simple que no podía permitirse por si misma. Se sentía, igual, en parte mal porque no queria que él que parecia buena persona se gastara nada en ella, que literalmente no valía nada y era solo eso, una esclava sexual y mercenaria que no valia mas que lo que tenia en los bolsillos que a lo sumo serian ochocientos o novecientos creditos, el equivalente a nueve euros.

-No hables de mi como si fuera yo quien lo hiciera -contestó devolviendole aquellas pullas que le lanzó con ese tono seco y cortante, como si ella le hubiese hecho algo que evidentemente no había hecho. -pero sí. Se nos vende, prostituye y alquilan, para cualquier actividad salvo alguna que reduzca nuestro valor...monetario. -nada de amputar piernas y brazos por placer, podian ir desde gente que acababa limpiando una casa a gente que se prostituía. -Y te sorprendería saber que algunas de esas se enganchan y creen que lo hacen porque quieren. -ella nunca habia perdido esa distorsión con la realidad, pero si habia pasado de querer huir con todas sus fuerzas y buscar ayuda a reconocer que ya no tenia nada pero imaginaba que en otras condiciones no se comportarian de esa forma, pero no era su madre, bastante tenia con intentar sobrevivir con una deuda cada vez mas asfixiante y unos fondos nulos que apenas le permitirian tres comidas calientes, al mes.

Se detuvo en seco cuando el giró y le elevó el rostro por la barbilla. Frunció el ceño sin saber que pasaba para cuando percibió sus intenciones, pero incluso si hubiera querido negarse no podría en realidad sus labios se abrieron, sus manos se apoyaron en el pecho masculino arañandolo suavemente, sujetando sus ropas y atrayendole a él para besarlo, quizas era el primer beso de su historia pues se negaba a besar a nadie que pagara por follar con ella, igual que no follaba con gente que no pagaba por ella para eso, si querias trabajo tendrias ese trabajo, no mas, ni otra cosa, aunque quizás esa sería otra norma que incumpliria posteriormente, muy probablemente. Disfrutó de aquel contacto, de esos chasquidos y sobretodo del mordisco final que le dio y le hizo gruñir suspirando.

Se separó con un fino de saliva quebrandose entre ambos labios mientras un suspiro caliente escapaba de su boca entreabierta, no pudo evitar relamerse mirandole confusa antes de buscar con la mirada lo que decía, vio a una mujer, mas o menos fisicamente a Agnes, pues era la unica referencia que tenia de como la habia descrito porque literalmente la habia comparado a su hermana. Y ni despues de aquel beso le habló mejor lo que hizo que simplemente fuera a su paso para mirarla. -¿Cuanto tienes pensado en gastarte en mi? -porque no tenia pensado gastarse nada en lenceria de diseño ni en una sudadera de marca, mas bien comprarse cosas esenciales, un abrigo que no tenia y que no le vendría mal, junto a alguna prenda mas de ropa interior, calcecitines y un sueter, con eso ella se daba por satisfecha.

Señaló con la cabeza una de las tiendas, cualquiera, para entrar y caminar entre los diferentes estantes mirando la ropa. Se detuvo ante un sueter blanco de lo que parecia ser lana aunque no se fiaba que no fuera algo sintetico, mangas largas pero en cuanto la cogió y se la puso sobre la ropa notó que realmente era muy corta, muy corta, hasta el punto que apenas le cubriria las tetas. -¿Por que la gente se compra ropa que no sirve para lo que se ha diseñado? -y miró la etiqueta y un gesto de sorpresa e incredulidad al ver aquel precio. -Y encima es super caro, pero si han cortado un sueter por la mitad. -soltó como si aquello no tuviera sentido en su mundo. Y fue a otro estante donde cogió una sudadera bastante gruesa y caliente que le habia gustado aunque sus mangas parecian cortadas se unian por un par de hebillas de metal y sabia que estaria muy caliente con ella. -¿Tenias algo pensado que comprarme? -le pregunto mirandole de reojo mientras sus pasos le llevaban a la zona de lenceria y terminó sin saber a donde ir por la de gente que habia frente a un conjunto de color rojo pasion. Era bonito pero casi palidecio al ver el precio, podia comprarse siete camisas y ropa interior y calcetines que eran cosas que le hacian mas falta que una prenda que gritara a sus clientes que ella estaba mas que dispuesta a acostarse con ellos cuando eran realmente unas obligaciones que ella odiaba. Siguió arrastrando aquel pequeño carrito de plastico que habia visto llevar a un par de personas


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Mensaje por Alan Duskwatch el Lun Ene 21, 2019 6:11 pm

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Unos veinticuatro mil créditos— especificó. Ni la tocaría para guiarla, ni acariciaría su rostro ni halagaría todo lo que se pusiera. No quería agobiarla, tampoco romper el código que habían impuesto las megacorps sobre los indebters y los ciudadanos. No podías hacer prácticamente nada sin el permiso de la esclava, y aún así, ni pagando podrías. Igualmente, no quería gastar dinero por hacer algo que él querría pero ella no e iría con la cara larga. Prefería dejarla a ella a sus aires y él mantenerse al margen, respetándola pese a todo. Encogió los hombros ante su pregunta, apoyando la mano sobre el derecho de la mujer y clavando la mirada en la prenda, ladeando el rostro. —No lo sé, petarda. Supongo que es cuestión de gustos y modas— o estilos callejeros, él qué sabía. Él siempre iba de negro y blanco por torpe al vestir.

Se apartó de ella cuando la vio corretear de estantería en estantería, sonriendo ligeramente por verla feliz, metida en sus propios mundos. Probablemente se sintiese como una niña, y aquello le gustaba. Estaba cumpliendo los deseos de su hermana de hacer feliz a quien más lo necesitaba, era lo único que él quería. —Pues, estamos en NeoArghia, pequeña. Aquí hace frío, y no se aún cómo no estás enferma y en cama con bronquitis o fiebre fuerte— por cómo se vestía, se refería. Frotó los brazos de la chica para hacerla entrar en calor, clavando las orbes en sus ojos. —Pensé en regalarte un abrigo caliente y ropa que te sirviese para el frío. No quiero comprarte algo que disfruten otros— aclaró, por ver cómo la chica observaba aquella lencería. —Además, necesito que elijas unos tacones para esta noche— aclaró, pellizcándole el moflete con cariño. —Y maquillaje, aunque no sepas usarlo. Ya te ayudará alguna de mis hermanas— añadió.

La dejó seguir investigando aquella tienda, apoyándose en una columna cercana a ella para vigilarla con los brazos cruzados y los pies a la altura de los tobillos, siguiéndola con la mirada y aferrándola del hombro cuando la vio pasar junto a él metida en su mundo. —Eh, Cass, necesito que respondas algo con sinceridad— pidió, girándola para que se pusiera frente a él. —Tengo una persona interesada en pagar por tu libertad, pero me ha pedido permanecer en el anónimato— añadió, entornando ligeramente la mirada. —¿Cuánto hay que pagar por tu deuda?





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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Jue Ene 24, 2019 12:30 am

-Suena la mejor decisión. -pero no podia evitar mirar ese tipo de prendas porque en una realzaban la hermosura, la belleza, la capacidad de arrebatar el aliento y por muy vanal y superficial pero era lo unico que a ella le quedaba, el saber que no habia ser vivo en Neoarghia que igualara a su belleza, y los que no lo estaban y creían competir con ella (los androides) siempre serían fríos al tacto no como ella. -Tampoco seria la ropa que mas me sirviera -seria una que podria llevar pero para el dia a dia no parecía lo mas comodo, asi que se movió con el hacia la seccion de ropa de abrigo mas grueso, donde debia de buscar al menos una sudadera ancha para tener otra de repuesto y que realmente la abrigara, un abrigo y si conseguia una o dos camisas se daria con un canto en los dientes. Se probó uno de los abrigos que encontró de ofertas, no seria muy femenino pero no podia ponerse exquisita, era mas una gabardina que un abrigo y se sentía tan caliente y suave que frotó contra el perfil de su mejilla, oliendo aquel aroma a nuevo, a ropa que no habia usado lo cual no era demasiado dificil en una tienda de ropa.

-He cogido pulmonias, de más joven sobretodo, pero me he acostumbrado ya, ademas no son las ropas mas elegantes ni las mas calidas pero al menos hacen que no tiriten de frío. -se quitó la gabardina antes de ponersela al brazo y caminar de forma acelerada hacia las zonas de las sudaderas pues habia visto una con la serigrafía de un dragón que llamó su atencion de inmediato, como una niña caprichosa. La cogió, se la probó sin ponersela, solo apoyandola contra la ropa pero al ver el rpecio fruncio el ceño y la dejó donde estaba, no iba a gastarse el resto del dinero en una cosa, antes que caprichosa era lista y la gente lista valora numero sobre calidad, sobretodo la gente pobre. Se detuvo al instante mirandole y frunciendo el ceño. -¿Tacones? ¿Y maquillaje? Sabes que yo no sé usar ninguna de esas cosas, ¿verdad? -le advirtió por si se decepcionaba de que no supiera que comprar o si lo compraba que no supiera usarlo ni hacerle justicia. Pero cuando entendió el porque lo dijo sus ojos se iluminaron y fue hacia el casi como una niña pequeña antes de mirarle al contrario a los ojos. -¿Me llevarás a algun lado esta noche? -ella se sentia halagada y al mismo tiempo mal, porque sabia que no merecia tanto esfuerzo aparentemente desinteresado por alguien como ella, que no valía una mierda.

Fue a por el resto de la ropa antes de detenerse cuando dijo aquello. Su mirada se iluminó y no sabia si se estaba quedando con ella. ¿Sabes cual es el problema de la esperanza? Que es un cuchillo caliente, al principio solo sientes el calor pero mas pronto que tarde se convertia en ese objeto que te arrancaba el corazón. Y supo que no estaba hablando de otra persona, o eso creyó, pues hablaba de él. -Bueno, me sentiria afortunada de que alguien se interesara por mi sabiendo que tu lo recomiendas -aunque le sonaba eso de hablar de Alan en tercera persona pero decididio seguirle el juego antes de mirarle y sonreir, casi con tristeza.-Dos millones, quinientos setenta mil ochocientos trece créditos. -para ser exactos, eso era lo que ella ahora valía, pero antes fueron mas de cinco millones. -Asi que 'ese amigo tuyo' -casi hizo las comillas. -deberia de saber que no soy precisamente barata. -Y conocía de otra persona que tenia casi mas deudas que ella, claro que no sabia si, como Cassiopea, habia dedicado años a intentar que esa deuda no subiera, y de haberla dejado crecer llegaria a los doce millones, fácilmente. -Pero yo no valgo tanto, yo no valgo nada. Y la ultima vez que me prometieron eso...bueno, da...da igual. -murmuró casi aceptando la realidad de lo imposible: nadie pagaria por basura mas de lo que tuviera en la cartera salvo que fuera un niña joven y muy manipulable.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Jue Ene 24, 2019 12:54 am

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Ella había tomado una prenda que parecía haberle encantado, y en seguida la devolvió al montón de ropa. Suspiró de forma pesada, caminando hacia aquella estantería y tomando de la balda aquella chaqueta, mirándola por encima y dirigiéndose a ella para dejarla sobre su brazo, junto a la gabardina. —No sé quién te ha dicho que la sueltes, Cass— habló, palmeándole el hombro. —Te he dicho que te iba a comprar ropa que te fueses a poner y te abrigase. Si te gusta y piensas usarlo, es tuyo— aclaró, apoyando el brazo sobre los hombros de la chica y conduciéndola con disimulo hacia los zapatos de aquella tienda, dándole un pequeño empujoncito para que escogiese unos. Esperó con paciencia, cruzando los brazos sin apartar la mirada de ella. —Ya te he dicho que volvías mañana por la mañana al ERO. ¿Por qué iba a tenerte hasta tan tarde si no es para sacarte de allí y llevarte a algún sitio que jamás hayas ido?— tomó los tacones que ella puso en su mano, señalando un pequeño diván con el mentón. —Siéntate ahí— ordenó, clavando una rodilla frente a ella y tomando su pie para descalzarlo con cuidado, acariciando su tobillo y sosteniéndolo para meter aquél tacón y observarlo.

Si te gustan, son tuyos— le tendió la mano, poniéndose de pie y moviendo los dedos para que se apoyase en ella. —Ponte de pie y anda, no quiero que estés incómoda con ellos— añadió, apartándose un poco de ella para dejarla ir de un lado a otro y acostumbrarse al tacón, echando las manos a su cintura para evitar que tropezase o perdiese el equilibrio. —Da igual, te he visto sin maquillaje, Cass. Sigues siendo preciosa aunque no lo uses. Me da igual si no te tocas la cara para ir a cenar— aclaró, dejándola calzarse de nuevo y escucharla. Encogió suavemente los hombros, metiendo las manos en los bolsillos y observarla con monotonía. —Me dijo que tenía alrededor de cinco millones. Con eso le da de sobra para comprarte— cómo lo había conseguido le daba igual. Supuso que sería parte de la herencia de su padre, desconocía qué cojones estaba haciendo para llenarse los bolsillos en tan poco tiempo. —Es de fiar, Cass, le conozco. Me dijo que quería ayudarte y darte la vida que mereces, fuera— añadió para tranquilizarla, sonriendo un poco. —Si fuese a hacerte daño o fuese un fraude, ni siquiera te lo habría dicho. No me gusta mentir a la gente—.

Suspiró de forma pesada, sacando la cartera y tendiéndole el dinero suficiente para pagar toda la ropa que ella había escogido. —Puedes ir a por esa lencería que estuviste mirando si quieres. Pero no la malgastes en meros clientes que no merezcan tu compañía. Úsala cuando de verdad sepas que andas con un buen hombre, o para recordarte todos los días lo mucho que vales y lo bonita que sigues siendo, aunque nunca la muestres—. Siempre había visto a Agnes mirarse al espejo cuando usaba lencería, observarse de espaldas, acariciándose a sí misma y subiéndose el ego de aquella forma, aunque jamás llegase a usarla con un hombre,ni siquiera con él. Supuso que igual aquello a Cass le vendría bien, porque no dejaba de repetir que ella no servía para nada más que el entregarse a cualquiera o que no valía nada. —Te espero en la puerta, recogeremos tu vestido del ERO y te prepararás en mi casa. Yo mientras te vistes reservaré la mesa.





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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Dom Ene 27, 2019 5:59 pm

-Es demasiado para mi Alan -murmuró casi costandole el aceptar el mero hecho de que él le compraria lo que quisiera, le gustara a ella o no, o fuera demasiado caro o no para él. Y tenía que aceptar un regalo de forma forzada y, como era un regalo, no lo haría ningún asco y mas cuando era él quién insistia. Consecuentemente, tras salir de aquella tienda y básicamente ser instada sin elección alguna a buscar unos zapatos. Como no sabía combinar los colores, ni realmente habia llevado nunca nada que no fueran deportivas holgadas y bastante maltrechas despues de varios años llevándolas. -Bueno eh... -murmuraría yendo entre las diferentes filas, pero luego pensó que él había hecho el esfuerzo titánico de sacarla y decidir pagarle todo lo que quisiera, se lo mereciera ella o no, asi que decidió hacer el esfuezo y cogió unos zapatos de tacón de aguja de un color rojo brillante, tendría que ver cómo iba a ser capaz de aguantar el equilibrio más de dos segundos de pie y, además, ser capaz de aguantar horas moviéndose.

Dejo que se los pusiera y al instante sintió como su pie parecía estilizarse y casi que sentía que realzaba su figura. -Te mentiría si te dijera que no es lo más bonito que he tenido en toda mi vida. -le garantizó antes de levantarse, insegura. Puso su mano en el hombro ajeno y le obligó a permanecer cerca de ella para que pudiera ayudarla y aún así le costaría varios intentos el no empezara tropezarse siquiera. -Ya te dije que no funcionaría tán facilmente -murmuró antes de seguir intentando estabilizarse, no es que no supiera mantener el equilibrio pero ni había llevado zancos antes ni mucho menos un tacón de aguja. Su mirada se iluminó cuando dijo aquello, aunque sí, sabía de sobra (aunque estaba equivocada) de que Alan estaba hablando de si mismo. -Quizás si tenga que pagar la deuda entera y no la mitad, pero con cinco millones debería de ser suficiente. -tampoco le ahorraba el hecho de que realmente le sentaba mal que alguien tuviera que pagarse la fortuna de una vida en ella (o en su caso de diez vidas y media).

Tomó el dinero, recelosa, recelosa de que confiara en ella para algo así porque aunque Cassiopea no le robaría ni el más pequeño de los billetes porque ella no era una ladrona, podría ser muchas cosas pero ladrona era de las pocas que no. Negó con la cabeza no obstante antes de quitarse los zapatos y cogerlos junto al resto de la ropa. -Si me la compro será cuando no tenga que mantenerla en secreto, para la persona que se lo merezca de verdad. -y estaba dejando entrever que solo se la pondría cuando estuviera fuera como una señal de agradecimiento, por más bien que le hiciera tener una prenda como esa preferia reservarla ante todo el mundo, hasta que Alan le sacara de alli, pues no iba a mentir: desde que se habian vuelto a reencontrar y desde que le estuvo esperando se sentía demasiado...interesada por él.

Asintió a lo que dijo antes de cambiarse de ropa para dejar la prenda que se había puesto encima para pobarsela sobre su ropa, regresando a los probadores para confirmar que efectivamente la talla que ponían las prendas era efectivamente la suya y tras diez minutos salió y fue a pagar, espero pacientemente en la cola, dejo que le cobraran las prendas y finalmente fue al exterior. Le buscó y fue a su lado cargada con aquellas bolsas y lo miró. -¿Y que puedes decirme de ese misterioso comprador? ¿Tiene tu edad? ¿Y cómo es? -porque ella quería saber más de esa misteriosa figura que ella creía que se trataba de la propia persona que tenia a su lado pero preferia no decirle que le había pillado y que sabía que era él su misterioso comprador. -¿Vives muy lejos de aqui? -le preguntó curiosa. -Porque me pregunto como debe de ser tu casa, y como está decorada.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Mar Ene 29, 2019 8:23 pm

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Úsala con quien te de la gana, Cass, yo no soy quién para decirte— respondió, señalando la puerta con el mentón. —Estaré fuera fumándome un cigarro, por si no me encuentras en la salida— añadió, sacándose la cajetilla de Black Devil del bolsillo y tomando un mal vicio para llevarlo a los labios, saliendo a la calle antes de prenderlo y dar una profunda calada. La vio llegar a los minutos, retirándolo tras sostenerlo entre dos dedos y arquear las cejas. —¿Lo llevas todo?— preguntó, extendiendo una mano a un par de bolsas y tomándola para aligerar su carga. Encogió los hombros, mirándola de soslayo y expulsando el humo de los pulmones para hablar. —No puedo darte ninguna información sobre tu comprador, Cassio, me pidió anonimato absoluto. Ya lo conocerás en el ERO cuando aparezca para pagar tu deuda— fue lo único que respondió, dando una calada más larga. —Evita meterte en problemas y engordar tu deuda, es lo único que puedo decirte. No sé si seguirá teniendo todo ese dinero, pero si la deuda aumenta, seguirás ahí metida— advirtió.

Echó a andar, rodando la mirada al oírla y revolviendo sus hebras con la mano libre tras soltar el pitillo y dejarlo colgando de sus labios. —Lo decoraron todo mis hermanas, yo no tengo ni idea de Feng-Shui ni esas mierdas. Sólo puedo decirte que es blanca, y roja— y de suelo negro, pero eso ya no lo decidió él. —Y que apenas hay decoración, porque es un coñazo de limpiar y prefiero quitar el polvo y limpiar el suelo a pegarme días ordenando todo— continuó, sacando las llaves y haciéndolas sonar al mover el manojo entre sus dedos, deteniéndose a los diez minutos frente a una pequeña casa de exterior típico japonés. —Es aquí— aviso, metiendo la llave y abriéndola, dejándole paso ante él. —La habitación está arriba, en la primera y única puerta del testero derecho. Al fondo de la primera planta el baño. Puedes darte una ducha o cambiarte ya si quieres.

Fue en dirección a su habitación a coger ropa limpia y más formal, aunque no pasaba de un vaquero ajustado negro, una camisa blanca de botones y una chaqueta. —Maquillaje.. bueno, Agnes se dejó varias cosas en su habitación, junto a la mía. Por si quieres hacerte algo mas— añadió retirándose el abrigo y la camiseta para empezar a vestirse, dándole la espalda a la puerta y a ella. —Ya lo que te apetezca.
 




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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Miér Ene 30, 2019 1:01 am

-Da igual cuanto trabaje, la deuda siempre crece. -ese era un secreto a voces, podías vender tu cuerpo todo el día, todo el mes, que al final los intereses siempre superaban el beneficio. -Pero debería de poder permitirselo si paga por mi pronto. -De camino a su casa tuvo la pequeña idea de que, quizás, se había equivocado con sus suposiciones. Una gran parte de ella quería creer que efectivamente, la única persona que se había podido interesar por ella sin que esperara nada sexual a cambio fuera quien quisiera comprarla y por otra había algo que quizás le indicaba que ella estaba en una terrible y desafortunada confesión: pero un error más grave sería no confiar en su instinto aunque ella no supiera que no podía andar mas desatinada. Cuando contemplo aquella casa lo que decía le hizo asentir suavemente. -Pero es espaciosa y...bueno, parece una casa de verdad. -caminó temerosa, no de encontrar un cadaver sino de no querer perturbar lo que era para Alan la zona más intima del mundo que tenía, su casa, con la que convivía con sus hermanas (o eso pensaba ella).

-No rechazaré esa ducha -se sintió culpable de tener que depender de él hasta el punto de que lo que ella necesitaba requería tambien de sus hermanas, la habitacion que le dijo muy probablemente era de Agnes o de Kaida y eso significaba que por ayudarle quizás la otra hermana que no conocía iba a causarle molestias por culpa de querer echarle una mano a Cassiopea. -y espero que tus hermanas no se molesten porque me tengas aqui, intentaré...intentaré dejarlo todo como me lo encuentre. -murmuraría caminando a paso lento.

La casa desprendia un cierto olor afrutado, no sabía si era por algo que habría preparado con anterioridad pero era un hecho que percibía el olor de cierto cítrico. Subió con él hacia la habitacion superior, sin saber que encontraria al otro lado de su puerta y solo se detuvo brevemente para mirarle, observando como se cambiaba a través de un pequeño hueco en la propia puerta semicerrada antes de dejar de mirar cuando notó cierto calor sobre su propio rostro. -No te preocupes, ya le causé demasiadas molestias a Agnes con lo de su vestido, probablemente, no creo que me quiera hurgandole entre ninguna otra cosa.

Se dirigió al baño de forma inexorable, casi atraida de mas por la idea de una ducha caliente que no terminara a los veintisiete segundos de reloj, pensando que, quizás, esa iba a ser la vez que más libre se sintiera, con algo tan simple como una ducha. Mas al ver el interior amplio del baño no pudo evitar la tentación inevitable de llenar la bañera y desbodecendole cerró la puerta del baño entamente e intentó llenar la cerámica de la manera mas silenciosa que pudo. Se desnudó, dejando la unica bolsa que iba a ponerse a un lado, dondetenia el vestido y la ropa interior, no esa que habia vito colgada, hasta que él no la liberara no usaría algo tan íntimo y valioso como su primer regalo. Se quitó las prendas que casi parecian mas envejecidas y desgastadas de lo que debian de aparentar cuando las compraron, dejó caer su lenceria simplona en el suelo y antes de que el apareciera, habiendo hechado esos productos que vio a un lado de su bañera y se sumergió de lleno, soltando un sonoro gemido de placer al darse lo que era con franqueza, el primer baño en mas de decada y media. Hasta ese punto su vida carecía de simplezas para los demás en comparación a lo que significaba para ella.

Con el cabello empapado, el agua hasta sus pechos, se deslizó lentamente contra la cerámica blanca, dejando que sus poros se abrieran y sus musculos demasiado cansados se desestresaran hasta que casi se quedara dormida. Cassiopea miró al baño desde aquella perspectiva, imaginandose que realmente viviria alli, que ese baño que ahora parecida lo más importante del mundo dejaría de tener importancia, que sería igual de irrelevante para una persona normal y corriente y no para la indebter que ella era. Ella sabía que esos pensamientos te ataban aún más, que era una soga que te podía asfixiar y aún así no queria deshacerse de esa ilusión.

-Alan -le llamó alzando la voz, inclinándose contra una de las paredes de aquella bañera, sintiendo el frío de la porcelana contra sus curvas, asomando uno de los brazos contra los azulejos en el suelo frente a la bañera. Esperó a que abriera la puerta o simplemente supiera que estaba escuchandole. -¿Me puedes traer una toalla? -murmuró llenando su pecho de aquel aire caliente. -Espero que no te importara que me bañara -murmuró elevando su espalda lentamente apoyando los antebrazos en el filo de la misma. -no creerías cuando fue la última vez desde que he podido estar en una bañera. -se recogió el cabello empapado como pudo antes de mirarle. -¿Por qué haces todo esto por mi? -inquirió sin ser capaz de mirarle a los ojos. -Sabes que en el fondo no me debías nada, y aunque dices que alguien va a comprarme -algo que ya dudaba en su subconsciente, como una duda perpétua que siempre estaria alli -y, sin embargo, me compras ropa, me pides que me arregle para ti y me llevas incluso a un restaurante. ¿Por que? Yo no...yo no merezco ni este baño siquiera.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Jue Ene 31, 2019 9:30 pm

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Pese a estar en habitaciones distintas, estaba demasiado cerca de ella como para no oírla. Dejó de buscar el cinturón en el cajón para pegar la oreja tras la puerta del baño, arqueando una ceja y volviendo al dormitorio a por un set de lencería limpio a estrenar y una toalla. Entró allí evitando mirarla lo máximo posible, dejando lo primero sobre el lavamanos y lo segundo en su mano.  —Ponte esa, te la compró la persona que quiere pagar por tu libertad, no le hagas ese feo —siseó, observándola desde arriba y abrochándose el cinturón. —Lo hago porque soy un mandado, Cass— aclaró, apartándole la mirada. —Sólo te estoy dando y ofreciendo todo lo que me pide esa persona que te de a ti, no porque quiera hacerlo. Toda la ropa que va a vestirte y la comida que te vas a comer corre a sus gastos. De ser por mí, ni siquiera habría podido pagar una segunda visita ni ese vestido— aclaró.

Preguntale a él cuando le conozcas, él responderá mejor que yo a todo eso. Diría que es porque eres una persona talentosa o preciosa, pero quizás me equivoque. Igual sólo lo haga porque tenga otros planes para ti, o porque esté enamorado— continuó, sentándose en el filo de la bañera junto a ella, acariciándole la espalda desnuda y humedecida, siguiendo los trazos de las gotas de agua. —Yo no puedo mirarte de más, tocarte, invitarte a algo o besarte si no ha sido a placer de éste. Yo estoy totalmente al margen y mordiéndome la lengua, o tratando de cortarme la mano si me apetece agarrarte o abrazarte— inclinó la cabeza para aproximarse a ella, arqueando una ceja. —Son órdenes de un superior, y no querría que mi cabeza rodase por seguir los instintos de un hombre, Cass.

Siseó volviendo a recaer su mirada en ella, negando con la cabeza y emanando una risa suave, pellizcándose el puente de la nariz tras apartar la mano de su cuerpo. —Haces que desee arrancarme los ojos para no caer en la tentación, petarda— confesó en un susurro, entornando la mirada y levantándose de allí para ir a la puerta. —No sé si quiero matarte o ponerte contra los azulejos, pero joder Cass, a este paso preferiría hundir tu cabeza en el agua y esperar a que dejes de respirar, no quiero poner mi pescuezo en juego por una mujer— bromeó, tamborileando los dedos en la puerta y arqueando las cejas. —Lo dicho. Te pones esa lencería bajo el vestido, no la vieja que siempre llevas. Tu ropa está sobre la cama de Agnes, y puedes usar su maquillaje. Los tacones andan sobre su alfombra.

La miró una última vez de arriba abajo, moviendo las manos en una señal de que se alzara desnuda del agua y saliera a secarse. —Aunque no pueda tocarte, déjame al menos verte, petarda.





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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Vie Feb 01, 2019 12:41 am

Cuando entró no pudo evitar sonreir de forma suave, casi como si hubiera conseguido, en cierta parte, conseguir algo que quería -cosa que para ella era una imposibilidad- lo que significaba que podría tener al alcance de su mano algo que nunca pensó que querría: a una persona. Sin importar géneros, ni ningun reloj que corriera hacia atrás marcando una inevitable separación, simple y llanamente su presencia y compañía. Y cuando se reincorporó un poco, pegando sus curvas a la fria cerámica antes de deslizarse poco a poco hacia atrás, sintiendo como el mundo se le caía a los pies, como si cuando más se aferraba a lo unico que tenia le azotaran la mano y tiraran de aquello para que se desprendiese.

-¿No eres tú ese comprador? -aquello era evidente cuando lo habia dicho y pese a todo lo que menos le importaba eran los vestidos o la cena. -Yo jamás te pedi vestidos o una cena. No necesitaba nada de eso. -murmuró casi dolida como si él intentara echarle en cara algo que jamás le habia pedido como condición inamovible. -Te dije lo del vestido solo para que tuvieras una excusa para venir, ya viste que ni pensé que serías capaz de algo así. -porque quien no valía nada, no merecía nada. Se abrazó a si misma, inclinandose hacia adelante, rodeando sus rodillas con los brazos y pegando el pecho a su regazo, Cassiopea siseó al escuchar aquello. -Yo no estoy al servicio de ese...quien sea bastante tengo ya con complacer a una megacorp a la que pertenezco como para que otra persona se interponga en mis deseos. -espetó aquello con rabia, casi como si le doliera que otra persona más intentara controlar su vida o lo poco que ella podía elegir. Ya no sabía si queria que la sacaran de ahí, no si eso significaba volver a estar bajo las órdenes de una persona a la que no conocía y que no se preocupaba por ella mas que para darle órdenes y no preguntar siquiera que deseaba.

¿Y que podía hacer? Ya había pagado por ella y por alguna absurda razón lo que su comprador queria era que ese jóven fuera quién la llevara de compras, la vistiera y disfrutara de ella con una cena. Tampoco podía negarse, no tras salir las puertas del ERO habiendole dicho él que deseaba hacer. Esas últimas palabras fueron casi como un acto de rebeldía, nadie podria tenerla amarrada siempre, nadie la mantendría presa sin que pudiera intentar escapar, una dos, o doce veces pues ella era un animal salvaje y nunca podrían domesticarla. Cassiopea tomó aire antes de elevarse, dejando que el agua cayera por sus piernas y brazos, el sonido del agua chocando contra el fondo de la bañera y emergió desnuda para él. Sus manos apartaron sus hebras empapadas, echándolas a un lado, sus manos recorrerian sus propios hombros, secándolos lentamente antes de llevarlos a sus pechos. Sus palmas bajaron por sus redondos y tersos pechos antes de arañarse el vientre lentamente, llegando a sisear lentamente antes de bajar hasta sus piernas, cubriendo muy brevemente su parte más pudorosa retirandola antes de tras unos segundos juntar los muslos.

-Si quieres algo mas que ver a esta petarda tendrás que esperar a cuando no este ese 'comprador' entre medias de nosotros. -le advirtió, como un recordatorio de que el bien pudiera haber podido acceder a todo pero no habia accedido a lo que pasara despúes de esa cena. Caminó descalza por aquellos azulejos, conteniendo un siseo ante el frio y se pegó a él, con su cuerpo presionando el del contrario, sus pechos contra los del contrario y sin apartarse lo mas minimo su boca describió un caliente susurro. -Y los dos sabemos la respuesta a esa pregunta, ¿o me equivoco, Alan? -le preguntó antes de inclinarse hacia la toalla para cogerla y rodearse la espalda. -Ahora si me lo permites, me vestiré y haremos too lo que tengas que hacer -cedió respirando suavemente antes de mirarle a los ojos. -y despues, ya cogeré yo lo que quiera. -al fin y al cabo era lo que él hacía.

No le importó si no queria salir, se comenzó a vestir sin quitarle ojo alguno de encima, colocándose en primer lugar la brasileña negra, separando las piernas y subiendo lentamente, sin dejar de mirarle y luego le siguieron el resto de las prendas. A regañadientes terminó por ponerse aquel vestido sin querer pedirle mas ayuda a Alan, luchando con una cremallera que debía de sostener el vestido con escote abierto y tras unos cuantos insultos ahogados, y el sonido incesante del secador de pelo, abrió la puerta para mirarle. -No quieras que me maquille, no quieres ir con un mapache a...donde quiera que me lleves. -porque ella no sabía maquillarse y no quería realmente estropear lo unico bonito que tenía con cosméticos que no sabía usar. -¿Qué tal me veo? -le preguntó porque una cosa era ver como estaba en un maniqui a llevarlo una en persona. -Me decepciona que no hayas escogido tu este vestido porque querrías ver como rellenaba el escote abierto.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Vie Feb 01, 2019 8:15 pm

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¿Te crees que soy putamente rico como para comprarte? Si apenas puedo pagar esta casa a duras penas, por Dios, qué dices— siseó, arrugando la nariz y dando un manotazo al aire al más puro estilo “pues vale”. —Pues entonces vende ese vestido o devuélvemelo si no pediste nada. Fue un bonito gesto por su parte, algo que nunca nadie habrá hecho por ti y ni has sabido agradecerlo. Parece que incluso el que la gente te ayude o te colme de regalos te duele—se quejó, negando con el rostro. —¿Pero quién coño te está diciendo a ti que vayan a comprarte para esclavizarte? ¿No crees que haya buena gente en el mundo o qué te pasa, Cass? No todos queremos hacerte daño, quitate de una puta vez esa coraza que tú misma te has hecho, porque vas a alejarnos a todos si no te dejas ayudar.

Rio sin ganas ante su advertencia, o su intento de dejarle a medias, rodando la mirada y apoyando la mano en el perfil de la puerta. —Te sorprendería saber quién es tu verdadero comprador, Cass— confesó, rodeando su cintura desnuda con los brazos, importándole poco que empapase su ropa con el agua que la cubría. Paseó la mirada por su cuerpo, alzando el rostro para besar su frente y apartar hebras húmedas de su cara. —¿Es que ahora soy tu postre?— siseó, bajando las manos de su cintura a sus nalgas para aferrarlas de forma posesiva, tirando de ellas en un arañazo sutil hacia su espalda. —No seas idiota, Cass. Estarías preciosa incluso con solo pintalabios rojo— susurró, ladeándole la cabeza tras posar su diestra en el perfil de su rostro y besar sus labios con cariño, acariciándola con el pulgar. Se retiró mordiéndole el carnoso inferior, apartándose y suspirando. —Tienes planchas del pelo en el cajón de abajo del lavamanos. No creo que a mis hermanas les importe que las uses— respondió antes de salir de allí a cambiarse, a buscar ropa seca que usar aquella noche.

Apartó la mirada de su propia camiseta cuando se cambió para mirarla de arriba abajo, mordiéndose el labio y bufando. —Para quitarme el aliento, petarda— siseó, sentándose en el filo de la cama y palmeando su muslo para que acudiese a él. —Pero créeme, me va a encantar poder verte así toda la vida— añadió, agarrando uno de sus muslos y obligándola casi a subirse sobre él a horcajadas. —Y deja de ser tan idiota, por dios. Quien va a comprarte es mi hermana, y quien se lo ha pedido he sido yo, porque quiero tenerte junto a mí mucho más tiempo del que me permite tu trabajo— añadió, acariciándole la espalda en descenso a su cadera. —Aunque el precio es que trabajes conmigo en su mafia. Hay que devolverle el préstamo de una forma u otra.




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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Sáb Feb 02, 2019 12:48 am

-No lo sé, nunca dijiste que no eras tú -habia dicho que su comprador era otra persona pero no era lo que ella esperaba si él no decía algo como que no, que no soy yo. -creí que era modestia. -porque si iba a pagar por ella una millonada, o cinco, efectivamente le sentaría mejor un no soy un millonario engreido a un el dinero me sobra y eso es algo que nunca te pasará a ti. Pero ya le habia quedado claro que ella no sería de él, que alguien iba a hacerse con ella quisiera o no, porque tampoco podía negar que alguien le comprara, ella solo podia aclarar sus servicios, no negarlos por entero.

Se mordió la lengua al escuchar aquello, una cosa era que ella simplemente creyera que todos eran malos pero otra diferente que, deseando que él fuera quien le comprara, le cortara las alas y pretendiera que no le molestara. Porque eso era lo que ella quería por mas que no quisiera reconocerlo, por mas que prefiriera ocultarlo. Por eso prefirió ceder en silencio, vistiendose como él le pidió para encontrar al menos un pequeño agujero legal en el que ella pudiera salirse con la suya por primera vez en su vida. -¿Mi postre? -preguntó pegandose más a él, sin importar si manchaba su ropa de aquel agua impregnada del aroma de las sales que habia usado sin pedir permiso. -Oh no, Alan, no -murmuraría contra su oido. -serías toda mi cena, lo otro no seria más que...el entrante.

Siseó con una sonrisa amplia ante aquellas manos marcandole el trasero humedecido y temerosa asintió. -Lo intentaré. No te quejes de como salga. -le advirtió antes de vestirse y salir de alli solo con el pelo medianamente planchado porque aunque no era una experta en eso habia visto mas de un anuncio de como debian de usarse. Optó por el pelo liso, recogido en una especie de coleta al estilo moño japones, con dos palillos de metal atravesandolo y sobresaliendo antes de acercarse al espejo y pintarse los labios como si fuera simplemente un boceto de un dibujo y mas o menos salió bastante bien, no fue ni mínimamente elegante pero fue funcional. Salió y caminó tras darse aquella vuelta elegante para mostrar una amplia sonrisa, coqueta, confiada y casi mordaz antes de acudir a su regazo sentandose en él antes de echarse un poco hacia atrás compungida y sorprendida por lo que acababa de confesar. -¿Tu hermana? ¿Qué? -murmuró casi como si aquello fuera una locura. Agnes, la misma que habia sufrido el acoso de un individuo que le habia robado la ropa y a la que ni conocía iba a pagar cinco millones porque él se lo habia pedido. -¿Y tiene una mafia? -aquello sonaba jodidamente surrealista y aun así...ni si quiera le parecía mal. Ya se dedicaba a ello, para una megacorp, ¿que diferencia podia haber?

Prefirió no pensar en eso, prefirio no saber que seria parte de una sociedad criminal y que no podía decir que no si quería ser libre, que al menos podría estar con él. Si no pensaba en ello al menos sería la Cassiopea del mañana la que tuviera que lidiar con las consecuencias de sus actos. -Sabes...no creo que quieras verme así -le dijo señalandose con el rostro, mirándose de arriba a abajo antes de rodearle el cuello con ambos brazos, aferrando sus dedos en la nuca ajena. Cassiopea acercó la boca a la ajena, jadeando lentamente mientras se contoneaba contra su regazo con las piernas abiertas. -porque ahora que lo dices -jadeó de forma ahogada contra sus labios antes de moderle el inferior y tirar de él. -creo que he tenido que pillar una gripe o algo asi, ¿sabes? Porque me noto muy muy caliente. -y no fingía cuando lo decía porque su dermis estaba casi demasiado caliente. Tomó su mano por la muñeca del contrario y lo obligó a colar sus manos entre sus muslos, para que notara que efectivamente no habia nada bajo aquel vestido en esa zona en concreto. Cassiopea movió su cintura lenta, sinuosa y alargadamente para sentir aquellos dedos acariciar sus labios íntimos, moviendo sus caderas en circulos cada vez mas rapidos. -¿Lo notas? Porque yo si me noto casi febril. -respiró de forma profunda y entrecortada antes de intentar hablar pero solo escapó de sus labios carmesis un gemido caliente antes de obligarle a meter dos de sus dedos dentro, estirando la espalda y aferrando sus uñas de la mano en su cuello con cierta fuerza.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Sáb Feb 02, 2019 2:28 am

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Por más que quisiera huir de su contacto, Cassiopea era un imán muchísimo mayor que por suerte, o desgracia, le atraía a ella con más fuerza que su intento de portarse bien con la muchacha o respetarla, o simplemente darle su espacio. Se le hacía complejo apartar las manos de su cuerpo, de no morderse el labio observándola y de contener la respiración a cada contacto de aquella víbora arrastrándose por él. La acarició con cuidado, porque su cuerpo le parecía un templo que no podía quebrar ni perturbar, sino admirar y cuidar para que siguiese en pie y luciendo de aquella forma que lo hacía, atrapando miradas sin siquiera ella saberlo. —Kaida quiso que mi felicidad estuviese por encima de la suya teniendo a mi lado a la mujer que quiero, o al menos, liberándola de su tormento— confesó de más en un susurro calmado, agitándose poco a poco con verla sobre él removiéndose con la única intención de sacarle fuera de sí, hacerle abandonar el poco control de sí mismo que le quedaba.

La miró de arriba abajo una segunda vez, clavando la vista en aquellos labios color lujuria, respirando contra éstos cuando se acercó y arrastrando un suspiro con cada movimiento de la chica sobre su regazo. Aquello estaba mal, porque se conocía en aquellos momentos, y no quería dañarla. No quería quebrar el cuerpo de la segunda mujer que más le había vuelto loco y había llegado a amar, en cierto modo. Rio un poco, negando con la cabeza y acariciando con los dígitos aquella zona que ella misma casi le había obligado a tocar sin necesidad de palabras, sin retirar la mirada de sus ojos y arqueando las cejas. —Estás muy mal de la cabeza, Cass. Me encantas— le confesó burlón, azotando una de sus nalgas en un golpe seco, marcando su piel con una forma rojiza sobre ésta y abrazando su cintura con el brazo libre. —Mi madre me dijo una vez que lo mejor para la fiebre era sudar— dejó caer, poniendo las cartas sobre la mesa como si ella no se hubiese adelantado en aquél juego.

Curvó los dígitos para adentrarse en ella, tomando aire y aferrándola con más fuerza para evitar tirarla al suelo, alzándose con ella abrazada a su cintura con ambas piernas y girando para tumbarla de espaldas sobre el colchón. —No voy a acostarme contigo por pura lujuria provocada por ti, Cass— aclaró, separándole los muslos tras apoyar allí las palmas en un movimiento rudo y rápido, casi sin dejarle tiempo a reaccionar. —Si accedo a todo esto es porque no puedo pasar ni un segundo más sin ver el rostro de placer plasmado en la persona que más quiero—. Se movió para presionar su pecho con el suyo, acorralándola en la cama y arrastrando los dedos humedecidos por la pierna de la indebter, volviendo a dirigirlos a su intimidad y acariciándola con las yemas ejerciendo presión, centrándose en el punto más placentero de su cuerpo acelerando los círculos que dibujaba con los dedos. —No me jodas Cass… He gastado mucho en esa reserva de restaurante para que me digas ahora que estás mal— se burló, acudiendo a su boca para robar un beso de ésta, rozando su nariz con la suya tras soltar sus labios. —Voy a tener que ponerte una inyección, y a castigarte por no usar la lencería que te ordené—.

Fue a su cuello para morderlo con fuerza, marcándolo con sus colmillos y aferrándola por la cintura para voltearla y dejarla contra el colchón. Se inclinó sobre su espalda, alzando lentamente el vestido, arrugandolo a la altura del cierre del sujetador y marcando con una lamida toda su columna hasta aquél límite, mordiendo allí y soplando sobre la piel húmeda. —¿Alguna vez te han hecho el amor, Cass?— ya no hablaba de puro sexo sin sentimientos. Él se refería a aquél paso más íntimo que nacía del puro deseo de una persona que amaba a otra.






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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Dom Feb 03, 2019 1:20 am

Lo que Kaida habia hecho por él alcanzaba más de lo que nadie hubiera hecho por ella y en extensión, tambien habian hecho eso por ella o para ella. ¿Como podria mirarla a los ojos sabiendo que la habia liberado de su tortura? Cassiopea no imaginaba que realmente nadie fuera a dar ni lo mas minimo si no esperaba algo a cambio, sí, Kaida no lo haria desinteresadamente y no quería estar en una mafia, ni se imaginaba mucho menos que alguien como la hermana de Alan fuera a ser una mafiosa, pero estaba dispuesta a lo que fuera con tal de salir de alli. Incluso si era seguir siendo una mercenaria ahora sin siquiera cobrar la minima parte que, a veces, le daban en el ERO. Ya se preocuparía por que le diria o como siquiera podria agradecerle lo que habia hecho por Alan.

-¿Ah si? Entonces vas a tener que hacerme sudar, muy mucho. -su tono casi sonó infantil pero pecaminoso aun así y siseó al sentir aquellos azotes en sus nalgas casi desnudas antes de mover el cuello lentamente y contoneó su cuerpo contra la mano ajena. -¿Y por qué lo harás entonces? ¿Es que no te pongo lo suficiente? -quiso discernir, aunque sabía la respuesta, Alan sí sentía el deseo que cualquier hombre sentiría por ella pero a diferencia de los demas él le hacía sentir de forma única. Con unos nervios que no podía controlar, como si tuviera que preocuparse más por él que por ella misma, algo que en general nunca habia hecho: anteponer a otro a si misma. Cassiopea gimío al sentir aquellos dedos moverse ajenos a sus movimientos de caderas, contuvo un temblor a duras penas que le hizo morderse el labio inferior mientras lo escuchaba, como si sus palabras fueran una fuerza que le transmitiera calor y mas ganas de moverse contra él.

Un chillido escapó cuando fue tumbada en la cama, su ceño se frunció y le miró a los ojos cuando dijo aquello, ella sentía lo mismo pero escuchar esas palabras cuando aún no estaba preparada para decirlas le hicieron ruborizarse, más que el hecho de tener los dedos ajenos explorando su intimidad (por más que ella fuese quien se los puso ahi). -Vamos, Alan, las reservas no cuestan dinero -al menos ese era el concepto de reservar en su mundo -y ya tienes una reserva en el mejor restaurante de la ciudad y te esta esperando para que lo devores muy a fondo joder. -soltó no exasperada sino impaciente, implorando que no se detuviera y que fuera a mas. -Castigame coño, pero hazlo de una vez. -le ordenó apoyando su mano libre en los cabellos ajenos, tirando de ellos con fuerza y casi obligandole a acudir a su escote para que se callara y que usara su lengua para unos asuntos que mejor le venian.

Cassio se dejó voltear, apoyando las manos en el colchon, bajo la cabecera y clavó las uñas en aquellas sabanas. Al sentir la lengua caliente deslizandose por su columna un audible suspiro salió de su boca. Elevó su trasero y negó con la cabeza mientras lo contoneaba de forma silenciosa. -No, pero espero que eso incluya que follemos hasta que no sea capaz de sentir las piernas. -y era inusual que ella hablara siquiera de esa forma porque cuandodebia de acostarse con un cliente, nohablaba, no fingía y no hacía practicamente nada mas que estar presente y contar los minutos. Ladeó el rostro para mirarle y mordió las sabanas. -Joder, Alan, por dios -le imploró moviendo ss caderas hacia adelante y hacia atrás, golpeando las caderas del contrario contra sus nalgas. -no te atrevas a hacerme esperar -su voz sonaba frágily a la vez desesperada -y menos cuando noto que este amigo tuyo está tan impaciente como yo. -y para afianzar sus palabras comenzó a mover su cintura de abajo a arriba, acariciando aquel bulto contra sus labios intimos al descubierto, presionandolo de forma insistente y bajando y subiendo por aquella extension. -No seas cruel o creeme que no tendré reparos en montarte. Toda la noche.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Mar Feb 05, 2019 11:53 pm

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Cuando es un restaurante tan solicitado solicitado sí, idiota— siseó, porque la excusa del mesero fue que querían asegurarse la ida de esos comensales. Bufó en una risa burlona, negando con la cabeza y retirándole la cremallera del vestido en un tirón brusco, desnudándola y posando su mano contra su baja espalda para presionarla contra el colchón y evitar que voltease. —Cállate ya, Cass, hablas demasiado— amenazó sin maldad alguna, aunque le sonaba irónico, porque aquél “restaurante” ya lo había catado media NeoArghia y no había novedad alguna, ni siquiera el plus de que estaría nuevo para él, por referirse de alguna forma a ello. —No me van las prisas, niña— espetó, moviendo los dedos con más lentitud a cada súplica de la mujer, casi deteniéndose antes de meter los dígitos en su interior. —Acostúmbrate a disfrutar del momento, porque estoy seguro que disfrutar es lo que menos haces con esos salvajes— siseó, rodando la mirada con aquellos comentarios y afianzando su mano en una de las nalgas de la joven y azotándola en un golpe seco.

Movió las caderas lentamente para frotarse contra ella, apartándose para bajar el cuerpo en una lenta lamida por su columna hasta sus muslos, mordiéndolos y besándolos en dirección a la zona más erógena e íntima de su cuerpo y frotarla con la base de la lengua. Simuló una penetración lenta con sus dedos, succionando sus labios y centrándose en su clítoris en movimientos más rápidos para causar estallidos de placer en la zona. Bajó la mano zurda al cinturón, soltando la hebilla y retirándolo de un movimiento rápido que sonó en el aire azotando el viento, desabrochando la bragueta y dando un golpe en el muslo de la mujer para que reaccionase. —Muévete, Cass— pidió en un gruñido, tumbándose junto a ella y bajándose los pantalones hacia las rodillas, mirándola a los ojos con la vista entornada. —Enséñame qué sabes hacer con esa lengua, y siéntate en mi cara— exigió, moviendo la cabeza a un lado, diciendo sin necesidad de palabras que se subiese sobre él. —No me hagas esperar ahora tú a mí, o el juego se habrá acabado antes de lo que empezó— amenazó.

Acarició el cuerpo desnudo de la mujer, repasándolo como si se tratase de una diosa en carne y hueso, recorriendo sus curvas y aferrándolas con deseo mientras se incorporaba en busca de su boca antes de que fuese demasiado tarde y le diese la espalda. Tomó sus hebras en un puño, recogiéndole una coleta a la altura de la mitad del cráneo sin ejercer demasiada presión, atrayéndola para evitar que cortase el beso antes de que sus pulmones no aguantasen más, buscando su lengua con la suya y acariciando el perfil de su rostro con el pulgar. Soltó su cabello y pellizcó una cara interna de uno de sus muslos, sonriendo y bajando la espalda al colchón, apoyando la cabeza en la almohada con uno de los brazos flexionados tras ésta para incorporarse levemente y observarla con un mordisco en el labio inferior.





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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Miér Feb 06, 2019 11:48 pm

-¿Me vas a culpar por querer disfrutar todo lo que pueda de ti y aprovechar hasta el último segundo? -le cuestionó pues por más que fuera cierto que iban a comprarla, ¿cuando iba a hacerlo? ¿Mañana? Lo dudaba, nadie podia obtener, en su mundo, cinco millones de créditos en el peor de los casos de un día para otro. ¿Una semana? ¿Y que haria si venia otra persona a reclamarla? No podría negarse al menos no mientras ella siguiera perteneciendo al ERO, nadie decía que no en esas instalaciones porque no creía que Alan quisiera verla con varios huesos partidos y un labio roto pues eso sanaría mucho más lentamente que fingir con un cliente lo que iban a hacer ahora ellos dos, de forma sincera. La espalda de la joven morena se curvó hacia adentro pegando el pecho contra el blando colchón antes de gruñir ahogadamente. Podía sentir su interior húmedo y caliente casi llamarlo de forma silenciosa pero imperiosa. Necesitaba sentirlo dentro de ella y su sexo quería que estuviera dentro con mucho más que simplemente sus dígitos.

Se removió contra la cama para darle la espalda al colchón, cuando sintió aquella boca junto a sus muslos, solo así podría haberle aferrado entre ellos para mantenerlo junto a ella. Ese chasquido en la piel, ese impacto en su brevemente tostada dermis provocó que se tiñera de rojo. Un gemido audible emanó de su garganta y asintió de forma muda, contoneando su redondo y firme trasero, moviendose hacia adelante y hacia atrás para pegarse a el, que notara cuanto lo estaba deseando. Su feminidad se frotaba contra la masculinidad hinchada a través de aquel elastico. -¿Vas a tentarme mucho más con tu polla pero no me la vas a dejar sentir de lleno? -ronroneó con la voz ronca, desesperada sin dejar de presionarse contra él, apretando con sus piernas la cintura del varón y obligandole a mirarla y que contemplara lo que debía de ser una expresión de placer incontenible.

Gimió de forma placentera al sentir aquella mano repasando su cuerpo, él no la tocaba como le tocaban los demás. El nunca había sido para nada como los demas e incluso en sus palabras se apreciaba. Se entregó a ese beso humedo y lascivo mientras su mano, habilmente se introducia en la cinturilla de esos boxers que notaba más que apretados. Su palma envolvió el tronco de aquel maravilloso y candente miembro, sintiendo el pálpito entre sus dedos mientras comenzaba a calentar el asunto con su frote tranquilo y lento, pero firme, que notara que ella era quién dirigía el encuentro por más que él creyera ser la voz cantante.

En cuanto le sujetó el cabello, tras el beso húmedo que le hizo suspirar, ella sabía que tocaba ahora. Su momento. Con suma precisión le retiró el elástico de su ropa interior, llevó su rostro al miembro que casi lo observaba, abrió la boca y arrastró su sinhueso por toda su extensión, saboreando aquel calor que calentaba boca. Cassiopea subió hasta la punta que coronaba la masculinidad de Alan, sin apartar la mirada bajó directamente y de forma sorpresiva hasta la base de aquella firme y dura varonilidad. Un gemido ahogado y audible escapó y sus movimientos con su boca y su garganta se hicieron cada vez mas y mas notorios. La indebter se bajó el vestido de forma apresurada antes de rodear aquel magnificiente miembro entre sus curvas, sintiendo lo calido y empapado de su propia saliva que estaba. -¿Alguna ves habias tenido unas tetas como estas para ti, Alan? -le preguntó, relamiendose los labios, tragando aquella mezcla de su propia boca con el sabor que desprendia el sexo masculino mientras subia y bajaba apretandolo entre sus curvas, fuerte, intensamente, bajando y recorriendo cada parte del mismo antes de querer asfixiarlo con ganas entre sus pechos.

-Dime lo jodidamente genial que soy. -le ordenó bajando de nuevo con su boca sin detener el movimiento de su cuerpo para hacer suyo aquel poderoso bulto solo con sus pechos y su boca. Y sus contoneos y atenciones se harían aun mas intensas y firmes, casi rabiosas, sin apartar la mirada ajena. Queria que ÉL supiera que ella valía mas que ninguna otra, mas que ninguna otra antes y siempre.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Jue Feb 07, 2019 2:30 am

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¿No se suponía que era él quien tenía que hacerla quedarse sin palabras y sin poder moverse? ¿Qué cojones hacía ella adueñándose de su cuerpo y del momento? Gruñó de rabia placentera, aferrándose a sus hebras con fuerza y obligando a la morena a descender su boca con más rapidez, echando la cabeza hacia atrás y mordiéndose el labio inferior para contener los jadeos. No pudo apartar la mirada de ella ni aunque quisiera, ordenándola a ir más rápida entre susurros, tensando la espalda y tragando saliva. Ladeó la mirada a la mesita de noche al oír el móvil vibrar de forma insistente, alzando la cabeza para observar de soslayo antes de girarla para mirar la pantalla, agarrándolo al leer el nombre de Kaida en ésta y descolgando sin apenas respiración, suspirando antes de oír las quejas por parte de la chica al otro lado en lo que debía ser un lugar agitado, lleno de gentío. Se incorporó, dándole un toque en el cráneo a la indebter con el índice de forma insistente hasta que parase, apartándola de encima. —Lo siento, joder. Llegaremos rápido— prometió en un intento de relajarla, levantándose de la cama intentando vestirse con prisas, escuchando más órdenes por su parte y acabando por colgar para que su cabeza no estallase entre gruñidos, quejas, chillidos y amenazas. —Vístete. Ahora— ordenó sin siquiera mirarla, abrochándose la camisa y moviendo los hombros para crujirlos en círculos, tendiéndole la ropa y girando el rostro para clavar ahora la mirada en ella y fruncir el ceño. —Totalmente. Deja tus juegos de ir desnuda bajo el vestido y todas esas gilipolleces, esto es importante— espetó, buscando la gabardina tirada sobre la cama, casi caída al suelo. La sacudió antes de ponérsela, palpando los bolsillos para asegurarse de que llevaba las llaves, el dinero y el móvil consigo.

No me vengas con mierdas y quejas ahora— advirtió, señalándola y arrugando la nariz. —Deja de mirarme con esa cara, esta llamada es importante, más para ti que para mí, así que no me jodas, sé buena chica y ponte la puta ropa rápido si no quieres acabar pudriéndote en ese ERO, porque yo tengo paciencia, pero mi hermana no— sentenció en un intento de meterle prisas y hacerle saber que aquello era grave, que de verdad tendrían que haber ido al restaurante y no haberse quedado en la habitación o tiempo de más tonteando en el baño. Resopló, tamborileando los dedos en el marco de la puerta, apoyado en ella sin dejar de mirarla y entornando los ojos antes de salir de allí, al pasillo. —Si no estás en diez minutos en la calle conmigo, me iré sin ti, y volveré con muy malas noticias, Cassiopea—.

Esperó abajo, con la moto arrancada subida en ella y de brazos cruzados, apoyado en un pie sin quitar la pata que hacía de seguro para no tumbarla y mirando a la puerta con la esperanza de que saliese y no tuviese una de sus rabietas de cría que le jodiese aún más la vida. No a él, sino a ella. Se incorporó cuando la vio salir, dando un golpe con el pie para dejar de tener asegurado aquel vehículo y moviéndolo para dejarlo recto en el suelo, dando un toque con la palma tras él para que se subiese. —Vamos a ir al ERO— movió el puño en torno al acelerador, sin dejar de apretar el freno y frunciendo el ceño. —Súbete ya, Cass, venga— insistió, tomando una de las manos de la mujer con la extremidad libre y obligándola a rodearle la cintura para que anduviese más segura. —Van a comprarte, voy a comprarte— especificó. —Me han dejado el dinero en manos de un traficante que andará cerca del edificio. Quiere hablar contigo para comunicarte algo de parte de Kaida, y dejarte en claro los términos que debes cumplir una vez te compre. Cuando escuches y aclares lo que te de la gana, soltaré la pasta por ti, recuperaremos tu identificación y serás libre. ¿Entendido?
 




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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Vie Feb 08, 2019 12:05 pm

Pocas cosas podían molestar a una mujer más que lo que haría Alan, a ella no se le ocurrió un solo motivo, en ese momento, de por qué siquiera no le seguía el juego y mucho menos de por qué iba a coger el telefono en pleno asunto. ¿es que la compañia de Cassiopea no era suficiente para él? Pero cuando la separó de él para decirle que se vistiera y se dejara de juegos llegó a dolerle casi pero cuando la expresión de Alan se volvió mas severa y agitada supo que tenía que ser algo muy importante, algo demasiado importante. Decidió, sin embargo, hacer caso omiso a eso de 'vístete del todo' porque si se había vestido asi habia sido a conciencia, en el baño, cuando supo que Alan estaba más que dispuesto a saltrse esa cena cara en un restaurante y decidir ir directamente al postre, aunque la que más había hecho en aquellos momentos era ella y con diferencia.

Tomó sus cosas, que curiosamente no eran de ella pues todas las habia comprado Alan en su lugar y eso seguía haciendolas de él no de ella. Se colocó las bragas, el sujetador, se puso bien el vestido, intentando marcar lo minimo y al mismo tiempo no dejarlo demasiado subido o lo escueto que era de falda no iba a servirle mas que para cubrir un cuarto de su trasero. Alan podría haber sido menos brusco con ella pero prefiriono hacer caso a sus advertencias por el mero hecho de que si lo hacia le habria dicho que por mas prisa que tuviera que no tenia que amenazarla para nada. Ella no se habia negado a separarse pese al evidente calentón asi que si seguia por ese camino le recordaria que las amenazas eran solo fructiferas con gente que no era capaz de alzar la mirada y Cassiopea era una esclava pero una que te arrancaría la yugular incluso despues de diez años presa.

-Nunca he montado en una de estas. -claro que tampoco en ninguna otra moto, simplemente y no iba a conducirla pero igual era una afirmación importante porque no sabria ni donde poner los pies. Se acercó a la moto y detrás de él se la vio haciendo medio acrobacias para subir y plantar sus redondas y firmes nalgas en la parte de atrás y se aferro al contrario casi con una fuerza de más, algo notorio, con sus uñas demostrando que en realidad estaba temerosa porque era algo que no había hecho antes. -Creo que ir en un vestido asi de corto hará que pille un resfriado. -y no precisamente donde debía de aparecer la gripe común claro. Esperó a que arrancara y se pusiera en marcha, abrzandose con fuerza al contrario e intentando controlar su fuerza porque en realidad podria haberle dejado una marca poco agradable solo con sus uñas en la boca del estómago. Le escuchó atentamente pero no dejó de sentir el gélido aire que le impedia pensar y hablar, se pegó a él, abrazandose a su espalda e intentando refugiarse asi del frio. Cuando llegaron no bajaría hasta que el se lo dijera. -Supongo que no es una negociación, ¿verdad? -le preguntó casi queriendo saber si seguiria con esa tosca manera de hablarle que no hacia nada para rebajar el malhumor que a ella se le había puesto, algo normal cuando te dejan con un calentón que podría haber prendido fuego a un bosque solo con mirarlo. -Tampoco tendría nada con lo que negociar -asi que no sabía para que habia dicho aquello. Murmuró con voz baja mientras miraba a todos lados esperando distinguir algo o a alguien, pero no parecía haber nadie cerca que al menos ella distinguiera. Además, ¿que clase de apariencias iba a tener un traficante? Ni que ella conociera a ese tipo de personas, ella era...bueno, una esclava a tiempo completo y ocasionalmente una merenaria, ella no conocía el mundo de los suburbios pues, en realidad, Cassiopea pertenecía a un nivel aún inferior.

-Es ese de ahi, ¿no? -le preguntó viendo como una persona ataviada en una gabardina y con un nada sospechoso sombrero que cruzó por uno de los laterales de aquel edificio. -No se porque pensé que vería a tu hermana. -porque en realidad por mas que le dijera que era un traficante aquello sonaba a la típica excusa para que nadie supiera que ella iba a aparecer.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Jue Feb 14, 2019 1:26 am

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Paró la moto lo más cerca posible del ERO, que no era más que en la carretera frente a éste y con esperanzas de que no viniese ningún coche ni una patrulla a pedirle que la quitase de doble fila, todo hasta que vio a un hombre montarse en uno mal aparcado con una de las chicas del ERO. Entonces aparcó bien, puso la pata de la moto para asegurarla y apoyó el pie en el suelo, inclinado hacia delante con los brazos cruzados sobre el salpicadero de la Harley Davidson. —Me temo que no, pequeña— respondió a su pregunta, torciendo el gesto y tamborileando los dedos sobre la chapa negra mate de ésta, mirando a la esquina del edificio en busca de la persona con la que tenía que hablar. Se incorporó al oírla, entornando la mirada para acostumbrar la vista a la oscuridad de la calle y asintiendo. —Creo que si, no estoy muy seguro— respondió, descruzando los brazos y llevando la mano hacia atrás para acariciarle el muslo y relajarla, o al menos dejar claro que ya no estaba tan enfadado, pero sí con miedo de que su hermana no hubiese hecho más que timarle y buscarle el joderle la vida con falsas promesas, o simplemente de pensar que a Cassiopea podría ocurrirle algo por su culpa, y él lo único que quería era velar por ella y protegerla.

Ella es tan cobarde que nunca da la cara—. Jamás la vio metida en trifulcas por más que se ponía la medalla de rebelde que lideraba una gran anticorp, ni la escuchó hablar de ésta y defender sus ideales con seguridad. Vagaba demasiado en sus comentarios, y a veces se le llegaba a ver el plumero. Y ambos hermanos se daban cuenta poco a poco de que Kaida o era una mentirosa, o era una mujer peligrosamente inteligente que les había engañado por años. Quitó las llaves, bajando de la moto y esperándola, tendiéndole la mano y sonriéndole para relajarla un poco. —No te va a pasar nada mientras yo esté aquí, te lo prometo— sentenció, frotándole la espalda tras verla descender del vehículo y echando a andar con paso rápido hacia el hombre, intercambiando un par de palabras para asegurarse, con cuidado, de que era quien esperaba y girarse para mirarla a ella. Extendió la mano, abriendo la gabardina para tapar el movimiento de dinero que se realizaba tras ésta y guardándose aquellos fajos dentro de los bolsillos internos, metiendo la mano dentro de uno exterior y pegando la tela contra su abdomen para disimular y esconder el bulto de aquellas cantidades de dinero.

El otro brazo lo usó para rodear la cintura de la mujer y atraerla a él en un gesto de protección, de evitar tenerla lejos y que por andar fuera de su campo de visión, le ocurriese algo malo. Aquél hombre de edad adulta se comunicó en noruego con el moreno, girando Alan el rostro para mirar a Cassiopea y centrarse en sus ojos, como un intento de que se tomase en serio lo que le diría. —Mañana tienes que presentarte en Oikashi en la dirección que te daré en casa, al mediodía. Ni un minuto más ni un minuto menos. Tendrás que ir sola y desarmada, allí te esperará mi hermana. Te ha comprado, y necesita prepararte mentalmente para el trabajo que tienes que hacer. No venderás tu cuerpo nunca más, pero tendrás que sacrificarte por ella, junto a mí. Ahora tú y yo somos compañeros— y probablemente uno de los dos necesitase más de una visita al psicólogo de la mafia para borrar  y superar traumas y visiones que ocurriesen frente a ambos,o para limpiarse la cabeza y las manos con tantos asesinatos. —Cobrarás al mes ciento dieciséis mil créditos, pero estarás día y noche para ella. Ahora eres su asesina a sueldo— le sentenció, bajando la cabeza en un movimiento de respeto hacia aquél hombre y dejándole irse. —No puedes negarte, Cass, o me temo que te devolverá al ERO. No tienes ni idea de lo cruel que puede ser Kaida ante una traición, si no es que toma contra ti tradiciones de los yakuzas y te mutila el cuerpo por faltarle el respeto y burlarte de su confianza— añadió, levantándose la camiseta para mostrar quemaduras en el abdomen ya tapadas por tatuajes en manos del cuidado de Agnes. —Ésto me lo hizo ella, y soy su propio hermano. Imagínate lo que te haría a ti, que no compartes su sangre— murmuró, suspirando y señalando al ERO. —Vamos a liberare, anda. Ya es hora de que te traten como a una persona y no como un trozo de carne.
 




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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Vie Feb 15, 2019 6:38 pm

Ella lo sabía, de sobra, en realidad, los dos sabían que aquello no podía salir bien. Y si lo sabían, ¿por qué insistían en seguir adelante? Bueno, porque algunas cosas simplemente eran inevitables. Incluso para una esclava que no es mas que una herramienta, no, precisamente para una esclava como ella todo era de una forma u otra, inevitable. Y si quería lo único que deseaba, la libertad para poder elegir, tendría que sacrificarla tarde o temprano en algún ámbito. Así que sí, aquello había sido algo inesquivable. Dejó que le abrazara, pues aunque no quería confesarlo, aunque no quería decirlo en realidad sí que estaba algo asustada, quizás era porque se había acostumbrado muy rápidamente a la sensación de calidez que le aportaba el varón y no quería deshacerse de esa compañía por fugaz que fuera su ausencia.

Por supuesto, eso no quitaba que se quedó donde le dijo mientras él hacía algo con ese hombre. No era consciente de lo que hacían, pese a que estaba a su lado  quería fingir que ella no escucha supuso que solo intercambiar palabras, quizás un apretón de manos en señal de acuerdo. Intentó no fijarse en aquello porque aunque lo hiciera también estaba el pequeño detalle de que hablaban un idioma que ella ni entendía así que era mejor no mirar a ningún lado antes que hacer un contacto visual directo. Cuando le oyó notó primeramente la severidad de sus palabras, aunque le sorprendió lo que decía, porque ella nunca había sido impuntual (ventajas de que fueran a recogerla siempre pues no podía salir del ERO) ni tampoco era peligrosa porque el único arma que lo tenia no era suyo, se lo daban realmente a ella antes de que fuera a disparar a nadie. -No tengo armas, no tendría tampoco donde guardarla. -no sabía si le había dicho como ella ejecutaba a sus objetivos pero no sonaba ni romántico ni precisamente honroso el que usara un arma como esa. Quizás porque era una forma de matar muy fría, sin implicarse, aunque el hecho de tener una mirilla que hacía zoom en la expresión calavérica de una víctima no era precisamente agradable tampoco. -Lo único que me alegra es no tener que venderme, preferiría no haberte arrastrado a ti conmigo, Alan. -luego aquello le pilló desprevenida. -¿Que qué? -murmuró sorprendida, frunció el ceño incluso antes de negar con la cabeza como si no fuera capaz de concebir algo tan simple como lo que dijo.

-¿Me va a pagar? Pensé que mi pago por la deuda era lo único que tendría. -y que seguiría objetivamente sin nada, por lo que seguiría teniendo que depender de Alan. Eran buenas noticias, por supuesto, pero estaba muy sorprendida, aquello...aquello casi parecía diametralmente opuesto a lo que decía que era Kaida. Y no estaba confiada en ella, lo mas mínimo sabiendo que quería usarla de asesina particular algo que ella simplemente no era. Pero al menos, quizás había hueco para la esperanza. -Pero allí estaré, lo último que nunca he querido es el darte problemas, bastante te has sacrificado por mi -le dijo, girándose hacia él mientras llevaba su diestra al rostro ajeno, acariciándolo lentamente.

Sintió odio y pena, odio hacia Kaida y pena por aquel trauma que tuvo que soportar y no era capaz de concebir una sola razón para hacerle eso a alguien de tu familia o a alguien. Sí, aquello era terrible. Le sujetó con firmeza pero no con brusquedad y miró sus orbes antes de hablar. -No te preocupes, estaré bien, no permitiré que sufras por mi, créeme. -y caminó a su lado hacia el ERO entrando dentro del mismo y simplemente guiándole por aquellos caminos que había recorrido tantas veces, aunque no es que ella fuera a ese mostrador, no. A ella le correspondían otros lugares. Se sentía nerviosa, casi traicionada, como si el mero hecho de caminar en aquella dirección le diera nauseas. Recordaba aquella vez hace casi ocho años que esperó a que aquel caballero blanco la rescatara, pero él le pidió en esa ocasión que simplemente fuera con el a un lugar y luego ya la compraría. Puedes dilucidar que efectivamente nunca la compró y que donde la llevó no era un buen lugar. -Se supone que solo tú debes de hablar, ya sabes, aquí no tenemos ni voz ni voto. -le detuvo a unos cuantos pasos. -Recógeme el pelo por la nuca, ahí tengo mi marca, veras unos números, escanearlo con tu pulsera y tienes mi identificación, es lo que te pedirán para que puedas comprarme. -y dudaba de si aun pagarían por ella esos cinco millones o dos con cinco, pero en cualquier caso era más dinero del que ella nunca vería.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Sáb Feb 16, 2019 2:38 am

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Él no tenía asegurado que aquella mujer, una vez fuese liberada, quisiera seguir junto a él,ni siquiera si mantendrían un contacto cada cierto tiempo aunque fuese para saber de ella. Era un idiota por creer ciegamente en Cassiopea y en un cuento bastante alejado de la realidad, por darlo todo por y para una mujer de la que se había enamorado sin evitarlo, ni sin saberlo. Él siempre quería mantener en pie que no era ningún caballero blanco, ni ese príncipe azul que muchas ansiaban. Él siempre era la rana o el capullo que decía nunca cambiar por ninguna fémina, el que se acuesta contigo una noche y antes de que amanezca se ha olvidado de ti y te está echando de su casa, o vistiéndose para irse sin siquiera mirarla una última vez, como si no valiesen nada. No sabía qué le estaba ocurriendo, tampoco por qué ahora pensaba de otra forma, pero la culpable de todo era Cassiopea, aunque ni siquiera ella lo supiese.

No quería buscar excusas, tampoco ponerle otro nombre. Era un hombre directo, y era consciente de que estaba jodidamente enamorado de ella, quizás de su fragilidad, porque se sentía su protector. De sus ojos oliva, porque le recordaban a los campos noruegos en la llegada de la primavera, allí donde se crió por años. Por su dulce tono de voz, que contrastaba con aquella dureza que ella demostraba con sus palabras y actos, o porque ella en conjunto estaba creada para volarle la cabeza, para demostrarle que aquél prototipo de mujer que Alan tenía no era su hermana, sino ella. —Cass, me importa tanto todo una mierda que sería capaz de ofrecer mi propia vida— confesó al oír sus palabras, aquellas que le aseguraban no querer meterle en problemas. —Lo único que quiero es que seas libre y feliz por fin, porque estoy jodidamente enamorado de ti, y sólo me importas tú y tu felicidad— añadió, revolviéndole las hebras y sonriendo un poco para quitar peso al asunto. —Y sé que quizás soy un gilipollas por darlo todo por una mujer que quizás no quiere nada de mi, pero soy el gilipollas más feliz sabiendo que estoy ayudándote a ser por fin una persona libre, como mereces. Por ayudar a la única mujer que quiero— continuó bajando el tono de voz, bajando la mano al pómulo de la chica y repasándolo con el dorso para pellizcarle el moflete de forma cariñosa, usando los nudillos.

Le alzó las hebras que escapaban del recogido y los palillos que sostenían todo el pelo de la chica en lo alto de su cráneo, memorizando los dígitos y soltándolas con suavidad, disfrutando del tacto agradable de aquellos mechones. Le hizo caso, pues sabía que su memoria era profunda, pero a veces no duraba demasiado cuando andaba en tanta tensión como ahora, escaneando aquellos dígitos y apoyando la mano en su cintura al parar frente al mostrador, señalando a la chica con el mentón en un ladeo rápido de cabeza y frunciendo el ceño al hombre encargado de aquél empleo. —Quiero a Cassiopea Lindholm— sentenció, aunque él pareció no entenderle, o querer hacerse el tonto creyendo que la necesitaba aquella noche. Le vio rebuscando las llaves de una habitación con número, supuso que de un motel cercano, y bufó de forma grave antes de apartar de un manotazo aquella tarjeta. —Quiero comprarla— aclaró, sacando los fajos de dentro de la gabardina y empujándoselos. —Cinco millones. Me da igual que sobren. Pago su deuda y el que dejéis de molestarla. Ella ya no os pertenece— y querría amenazar para que no volviesen a ponerle la mano encima, pero el hombre le miró con aquellos ojos cansados tras unas gafas de cristal, se retiró unos segundos sin refutar nada y volviendo con papeleo, el pasaporte de la joven y su identificación. Firmó las hojas señaladas, empujándolas hacia él, como si no quisiera tocar nada más de aquél podrido mundo que era la trata de blancas que ejercían, mirándola a ella de soslayo. —Sube a por tus cosas— ordenó con suavidad, sonriéndole un poco. —Ahora iré contigo, no quiero que vuelvan a hacerte daño por estar sola o se aprovechen de ti.




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