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Mensaje por Alan Duskwatch el Sáb Mar 09, 2019 5:36 pm



 
hurts like hell

 
 
No quería volver a la vida que antaño tan mala fama le dio, y por más que luchó contra ello, el criminal acabó cayendo en un pozo sin fondo. Años de terapia contra la desintoxicación y de ayuda para alcohólicos no sirvió de nada aquella noche. Eran las siete de la tarde cuando recibió unas cenizas falsas que aseguraban ser de su hermana, y él, iluso, se lo creyó.

¿Sabes ese sentimiento de soledad y pérdida tan dolorosa que simulan cuchillas hundiéndose entre tus costillas para llegar a tus órganos más vitales y sensibles? Un fuego parecido inundaba su pecho, compungido por las lágrimas y sin poder respirar sin que sus pulmones le sangraran por culpa de la nicotina de tantas cajetillas consumidas en menos de una hora. Según la modelo, cuando muriese quería que sus cenizas diesen vida a un árbol, que éste creciera junto a su historia y recuerdo, y la tierra en sus manos delataba que había escarbado en la tierra con éstas para volcar allí los restos de quien pensaba que era su hermana.

Ocho y media de la tarde y ya andaba camino a un coma etílico. Las botellas vacías frente a él en la barra del bar delataban que su hígado cada vez se iba destrozando más y más, lentamente, como Alan. Las copas y vasos llenos de anís, whisky o hielo derritiéndose cada vez se vaciaban más, consumiéndose como el cigarrillo que sostenía entre dos de sus dedos amoratados por descargar ira y rabia contra una pared o llenos de barro por la tierra de un jardín junto al campo santo. Ya no sabía quién era, dónde estaba ni qué narices estaba haciendo; sólo podía sentir que su dolor se apaciguaba lentamente por la droga que consumía en aquél cigarrillo mal liado repleto de marihuana o por el cristal que circulaba por sus venas junto al alcohol. Probablemente él se estuviese cavando su propia tumba aquella noche, pero ya nada le importaba si le arrebataban a la mujer que más amaba sin poder ayudarla. Y se culpaba por todo aquello, por no haber protegido a su pequeña, por llegar a casa y no recibir el aroma a vainillas danzando por el salón descalza y con vestidos nuevos, por no sentir aquella manta azulada que eran sus hebras rozar sus brazos cuando caía dormida en su pecho o sobre su hombro a la luz de una televisión. Por no poder notar más aquellos labios dejar la marca roja de su más preciado maquillaje contra su cuello.

Tres de la mañana. Recién acababa de salir dando tumbos de un local de mala muerte. No pensaba desfogarse con ninguna mujer; de hecho, más de una se acercó a aquél muchacho ebrio con intenciones de sacarle el dinero y el tiempo, y algo más probablemente. Pero él se limitaba a rechazar, torpemente con la cabeza, y mencionar con voz ronca que se apartasen de él antes de que se desatara como un toro bravo y cargase contra alguien que osara eliminar la esencia de su hermana de su cuerpo o mente. Deambulaba por las calles nocturnas de aquél lugar al que llamaban paraíso, pero para él dejó de serlo cuando el corazón de la mujer dejó de latir. Le sangraba la nariz por un mal golpe de un varón anónimo en una pelea de bar, tenía las venas del brazo derecho llenas de pinchazos y la gabardina empapada en licor volcado sobre sí mismo en algún empujón o intento de sostener la copa con la mano temblorosa. De sus dedos zurdos colgaban unas llaves, decoradas con llaveros caseros que la muchacha le otorgó cuando ella no era más que una adolescente que se ganaba la vida desintoxicándose y realizando aquellas manualidades en una terapia para despejarse de todos los problemas.

Embistió la puerta de casa de malas formas para entrar en ella, tropezando sobre sus propios pies y recomponiéndose, irguiéndose torpemente sin dejar de avanzar con los ojos enrojecidos y vidriosos hacia el sofá, dejándose caer allí cubriéndose el rostro con el brazo tatuado diestro. Escuchó unos pasitos descender desde la planta superior, frunciendo el ceño y balbuceando una orden en noruego; incluso los idiomas se le mezclaban a ratos, no era dueño de sí mismo. —Vuélvete a la cama— sentenció arrugando la nariz, cerrando los ojos por unos segundos y suspirando agotado, física y mentalmente. —No me hagas ir a por ti para llevarte, petarda.






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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Dom Mar 10, 2019 11:21 pm

Lo unico que oyó a las siete de la mañanas fue como la puerta se cerraba de sopetón, y para cuando Cassiopea percibió que pasaba, o que no pasaba, Alan ya no estaba ahí, al lado. Los ultimos dias habian sido muy muy duros, especialmente el ultimo donde simplemente llegó, no le dijo una sola palabra. Asi habia estado el dia posterior, sentada en el sofa, preocupada mirando el reloj de su pulsera holografica, fingiendo que realmente estaba viendo la tele preguntandose que habia pasado y donde estaria su pareja. Y las horas no se pasaban fácilmente cuando uno estaba preocupado, mas bien todo lo contrario porque lo habia intentado llamar, hasta en cinco ocasiones a lo largo de las casi veinticuatro horas que estuvo fuera y nunca respondía. No quería resultar pesada ni parecer que estaba queriendo acosarlo pero ¿que otra forma tenia de demostrar que estaba preocupada? ¿Dar vueltas por la casa iba a ayudar? No. La unica forma de demostrarlo era intentando hablar con el.

Apenas comió, ni siquiera prestó atencion a su estomago aunque evidentemente era imposible que no comiera, acabó con un par de yogures en el estomago y espero. Y espero. Y espero. Al final acabó por subirse al cuarto a dormir, preguntandose si es que ella habria hecho algo mal. Llegó hasta intentar llamar a Kaida pero no le respondio siquiera, lo cual agradeció porque no soportaba aquella opresión que le ausaba desde la ultima vez que la vio, que fue solo la primera. Aquella impresion se le quedo grabada en el corazón. Y no fue hasta...dios sabe que hora para cuando la puerta se cerró de otro golpe que, sobresaltada despertó de golpe y bajó de la habitación hasta detenerse en las escaleras que llevaban al piso inferior, intentando vislumbrar al joven. Ella tenía una manta sobre los hombros, cubriendola como una capa y bostezó por impulso antes de comenzar a bajar las escaleras. -¿Alan? ¿Donde....donde has estado? -le preguntó bajando hasta los ultimos peldaños. E iba a preguntar que estaba haciendo simplemente pero se ahorró la pregunta, sorprendida al escuchar aquello.

No solo no hizo lo que dijo sino que se tomó su tiempo para, de forma llamativa para demostrarle que ahora mismo no estaba para volver a dejarle salirse con la suya y tenerla preocupada. -Oh no, no me vas a mandar a la cama despues de que te vayas y desaparezcas todo el dia. -se acercó a el, posando sus manos en el rostro ajeno, percibiendo un fuerte hedor a licor, no olor, sino hedor y notó un polvo blanco enla comisura de su nariz lo cual ató cabos y desató su ira, una ira de preocupacion. -Sientate, ahora. -le ordenó. -¿se puede saber que has tomad? Joder -su tono sonaba preocupado y si el empezaba a mezclar los idiomas y le temblaban los ojos a ella empezaba a temblarle. -Llevo todo el dia intentando saber de ti, ¿Que...que diablos ha pasado Alan? -le preguntó temblorosa,al borde casi de las lagrimas no solo por como veia al varón sino por ese temor que habia emergido en ella de nuevo, de perderlo todo por esa mierda de drogay ese temor era culpa de Alan quien le habia entregado el preciado regalo y maldicion de la libertad, pues ahora siempre estaria ese miedo de perderla y perderlo a él. Se sentó a su lado en aquel sofa antes de tenderle un paño caliente que apoyar en su nuca porque sabia que si no hacia algo asi entonces podria darle una sobredosis, era algo que le habia visto hacer a su madre y ahora lo odiaba un poco mas por traerle esos recuerdos.

-Y no intentes ordenarme nada
-le advirtió señalandole con el dedo. -con la cara que tienes lo ultimo que voy a hacer es irme a la cama y dejarte solo. -y esa era una forma rara de decir que se preocupaba por él pero...¿como podia expresarlo mejor alguien que apenas habia sentido eso por nadie durante toda su vida? -Asi que hablame o estare mirandote con cara de enfado y preocupacion hasta que te duermas.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Miér Mar 13, 2019 2:19 pm



 
hurts like hell

 
 
Si por algo se conocía a Alan era por su tozudez. Le dio una orden, ella no cumplió, eso significaba una cosa; cumplir con la advertencia dada junto a aquellas palabras. Se puso de pie de forma brusca, tocando el costado de la mujer y tratando de cargar con ella, chasqueando la lengua agotado por sus comentarios. —Cass, te juro por mi difunta hermana que si no cierras la boca y te vuelves a dormir, me iré de esta casa— amenazó, mas sus palabras no sonaron duras ni frías, sino cansadas, agotadas y rendidas. Sus piernas no soportaron el peso de la contraria; él era un hombre fuerte pese a ser de complexión delgada, pero cuando bebes de más y te pasas con sustancias prohibidas, tu cuerpo nunca responderá de la forma que cuando estás totalmente limpio. Él se dejó caer hacia atrás en el sofá aún con ella entre sus brazos, apoyando la cabeza en el respaldo y siseando.

Alan la miró con la vista cansada, los párpados caídos y las escleróticas enrojecidas por la falta de sueño y todo lo que llevaba metido en vena, encogiendo los hombros con indiferencia volviendo a apoyar la cabeza en el respaldo y cerrar los ojos, suspirando. —Un poco de todo— confesó, haciendo un mohín con los labios y respirando de forma dificultosa. Se buscó en la chaqueta la cajetilla de cigarros, sacando uno y encendiéndolo una vez el filtro tocó sus labios. —Entonces puedes quedarte horas mirándome así, Cass, me da igual. Te he dicho que te vayas a dormir, no te incumbe lo que ha pasado— porque conocía el odio de su hermana hacia ella, y supuso que Cassiopea no sentía ningún tipo de afecto hacia la peliazul.

Se levantó de forma torpe, dirigiéndose al baño para retirarse la sangre seca de la nariz, manos y parte del rostro, con cuidado de no empapar el cigarro que colgaba de sus labios y sacudiendo las extremidades para secarlas. —Cass, vuélvete a la cama— volvió a insistir, ésta vez de forma más autoritaria, parándose en el marco de la entrada que llevaba al salón. Cruzó los brazos bajo el pecho, y no pudo evitar sentir una punzada de dolor al ver a la mujer recostada en el lugar del sofá donde siempre solía estar Agnes con una taza de té caliente, sólo que en lugar de tener los ojos clavados en él, ella siempre estaba mirando concentrada algún documental de la tele o alguna serie de moda.

Apretó los labios, tragando saliva y dejando caer las cenizas del pitillo al suelo, cediendo ante los ojos de su pareja. —Han encontrado a mi hermana Agnes muerta— confesó, dirigiéndose al sofá, apoyándose con los antebrazos en el respaldo tras ella y suspirando. —La han hallado tirada en un descampado, degollada y mutilada. Ni siquiera el forense era capaz de reconocerla. Ni siquiera yo cuando me llamaron a la morgue— continuó, bajando la mirada y mordiéndose el labio para evitar que temblase. —Esta mañana me dieron sus cenizas. No te imaginas cómo sienta que te den los restos del cuerpo de la mujer que más has amado y saber que no volverás a verla.

 







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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Vie Mar 15, 2019 9:24 pm

Su amenaza, pronunciada como un suspiro cansado, agotado y sin vida no le preocuparon por el hecho de que, quizás, fuera a cumplir su amenaza. No. Le preocupó por como dijo aquello y mas importante: por lo que había dicho. -¿Que? -preguntó con voz suave, como un susurro en mitad de la noche mas silenciosa temerosa de aquello que había escuchado. Para Cassiopea, que no pudo conocerla personalmente a la susodicha no podía decir que su perdida fuera un trauma que superar o eso dirían las personas sanas pero algo, por alguna razón le hacia sentir que pese a todo era como si una hermana que nunca tuvo aparecía muerta, de repente. Ella sabia que había desaparecido pero nunca llegó a imaginar que hubiera tenido ese desenlace. Siempre había querido conocerla: aun le debía explicaciones sobre porque ella había terminado por vestir uno de sus vestidos, que había oído muchas cosas de ella antes siquiera de cruzarse con su hermano y que le debía, pese a todo, una sincera disculpa porque, por su culpa, había quedado como que ella le había robado o algo así y ya no podría siquiera pedirle perdón.

-Me incumbe desde antes de conocerte siquiera. -le avisó, aunque en realidad no debía de ser así de estricta con él, y su corazón le pedía que en realidad se compadeciera porque aunque no podía imaginar el dolor que él sentía sabía que era por mucho más que aquella ráfaga de ardor que pareció sentir en el pecho cuando le dijo aquello. -No me iré. -le contestó de nuevo cuando se levantó y desapareció, ella sabía de sobra que Alan no era de los que iban a la cama para dormir así que lo esperó, acurrucada contra aquellos cojines, pensando siquiera que poder decir para aliviarle su dolo. Nada, probablemente. -Que dices-sorprendida abrió los ojos, horrorizada, incluso se sintió aun peor, se la imaginó tirada en aquel lugar, hecha trizas y sintió las mismas náuseas que la primera vez que tuvo que matar a alguien, cuando no apartó la mirada de aquella mira telescópica y vio con horror como la carne se desparramaba contra el suelo. Le costó dormir aquella noche y las tres siguientes, y ahora volvía a revivir recuerdos que pensó que había dejado atrás, pero mucho peor. Mucho. -Lo siento, muchísimo, cariño.

Ella no malentendió su expresión, imaginaba que los hermanos se quieran debía de ser algo normal, aunque ella fuera ajena a ese sentimiento pues el único remanente de amor desinteresado que había tenido en décadas se lo había dado y estaba dando aquel joven frente a ella. Con las mantas un cubriéndola se aferró a el, atrayendolo a su lado y sin decir nada, queriendo consolarlo de la única forma que sabía. -Yo...no imagino por lo que has tenido que estar pasando, Alan. -decir que entendía lo que era que alguien a quien querías muriera o desapareciera para siempre era algo que no era ni cierto, ni justo ni le haría sentir mejor, que era lo que Cass quería por encima de todo. -Y entiendo que hayas querido olvidarte de todo de esta forma. -tomo aquel pañuelo húmedo que el había usado para quitarse la sangre y repasó su rostro aun entre la penumbra. -¿Sabes quien...pudo haberle hecho eso? -temía preguntar, probablemente lo ultimo que él quería era simplemente hablar de algo tan terrible. -Y sé que ahora todo te parecerá una mierda, y lo odiaras todo y mas a mi por decírtelo pero las cosas irán mejor, ¿vale? Y yo estoy aquí para ti, para todo lo que necesites, y no pienses que voy a volver a dejarte a irte todo el día y volver con este aspecto, no solo tu estas preocupado ni mal. -y no quería que se sintiera solo porque si lo hacia se aislaría.

Lo abrazó contra el, aferrándolo, atrayendo el rostro ajeno a su pecho, sujetando de sus cabellos y manteniendo su boca contra sus cabellos lo beso, y le acarició para que supiera que sus palabras no eran 'solo palabras'. -No se si podré ayudarte en algo, pero si hay algo que necesites, y que te haga sentirte mejor dímelo. Incluso si es algo tan tonto como que quieres agua o una pastilla para dormir.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Sáb Mar 16, 2019 8:05 pm



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Para Alan, cada vez era más difícil seguir en pie, tanto por su organismo retrasado y adormilado por las cantidades de droga ingerida como todas las pérdidas que no hacía más que tener. Cría que ya no le quedaba nada en el mundo, ni siquiera Cassiopea, porque estaba seguro de que le abandonaría tan pronto como encontrase a alguien con más estatus económico y mejor vida que un ex criminal que no hacía más que saltar de terapia en terapia de grupo como de pelea en pelea, porque nada le servía para ayudarle a olvidar ni dejar la mala vida que una vez llevó, arrastrando tras él como una bola de hierro atado al tobillo de un preso. Rio de forma escéptica y burlona, sin ganas, asintiendo con la cabeza ante aquella respuesta y cerrando los ojos, agotado. — No te incumbe nada, Cassiopea. No te interesa nada de mi familia, y lo entiendo— murmuró, apoyando las manos en la zona acolchada del sofá de cuero, encogiendo los hombros. — Eres como cualquier otra persona. Dices que la familia ajena te importa y te apena, pero en el fondo te causa indiferencia. En el fondo te da igual todo lo que ha ocurrido.

Se dejó arrastrar sin oponer resistencia, tampoco tenía fuerzas suficientes como para apartarla o levantarse y marcharse a la habitación. Su rostro se apoyó en la clavícula de la mujer, acariciando su espalda de forma lenta y torpe, respirando agitado y con dificultad, con la mirada baja y agotada. Encogió los hombros, para él, era la única persona capaz de matar a aquella mujer; también porque era el único que tenía relación con ella y hasta el último momento, estuvo presente a su lado. — El capullo de su psicólogo. Pero déjale, tiene los días contados— amenazó, levantándose un poco la camiseta blanca, plagada de manchas de sangre seca, licor y agujeros por una mala pelea para enseñar la culata del arma negra guardada en el interior de la cintura del pantalón. — Pensaba ir a por él esta noche, pero quería respetar el entierro de mi hermana con paz. Ya se hará justicia mañana—.

La miró de reojo, hablando de forma ahogada por tener su boca contra la piel tersa y bañada por el sol de su albina. — ¿Podrías prepararme algo caliente, Cass? Tengo el estómago vacío desde ayer por la tarde— pidió, forzando una sonrisa. — Me encuentro mareado, y no quiero que seas tú la que cargue con un niñato borracho hasta la cama porque me desplome aquí mismo— trató de bromea un poco para quitarle peso a la situación, pero ni siquiera le salía una carcajada, por más que quisiera forzarla. Se limitó a curvar brevemente las comisuras y clavar sus ojos apenados en los de Cassiopea, acercándose para besarla de forma corta y reclinarse en el sofá para descansar. —Gracias por todo, pequeña. Y no me tomes en cuenta los comentarios de antes, sabes que eres lo único que me mantiene con vida y fuerzas para seguir adelante.









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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Dom Mar 17, 2019 12:42 am

Oh no, Alan había dicho palabras que en otra ocasión habrían sido imperdonables, porque si algo no toleraba Cassiopea era que la trataran como algo que no era. No toleraría que nadie dijera que era una prostituta cuando no follaba por dinero o que era una egoísta que buscaba de su pareja solo la oportunidad de ser libre, porque estando a su lado era mas feliz sí, pero también se arriesgaba a perder aún mas. Amándolo podía sufrir su perdida, su temor todas las noches que desaparecía o salia a trabajar en aquel odioso trabajo suyo (el mismo que ella tenia que realizar por su deuda con Kaida) así que no iba a aceptar eso. -No vuelvas a atreverte a decirme eso. -le sentenció con un bofetón directo a su rostro. -Lo único que tengo en mi vida ni siquiera es mio, es tuyo. -ella no tenia familia, ni amigos, su único amigo era su pareja, su único conocido era ella y su único amor era él así que más le valía empezar a darse cuenta del hecho de que para ella era lo único que tenia. Pese a todo, lo abrazó al instante, volviendo a besarle la cabeza repetidas veces, contra él, sin dejar que se separara porque una podía estar molesta por lo que le había dicho pero no por ello iba a odiarlo y no consolarlo o quererlo, eran cosas diferentes e incluso simultáneas.

-¿De verdad? Dios, nunca...hubiera podido pensar que alguien así hiciera eso. -se suponía que los médicos ayudaban a los demás, no los mataban ni tampoco hacían esa bestialidad, la mera imagen aún la horrorizaba. -Y sabes que no quiero pedírtelo pero si crees que es el notificalo a los jueces, pero ella no querría que te pusieras en peligro, ni yo tampoco, ya te metiste en problemas por mi culpa, ya sabes por lo del vestido. -y no quería que se malinterpretara: ella quería ver al cabrón que le hizo aquello a su hermana pero ahora solo podía preocuparse por quien tenia frente a él. Se apartó lentamente de él para besarle la frente de forma sonora, apoyando las manos de su espalda a sus mejillas, acariciándola lentamente antes de apoyar la suya contra la de el. Inspiró, cálidamente intentando tranquilizarlo, intentando hacerle sentir en casa hasta que finalmente se separó de él, tomando el arma para quitársela de encima y dejarla sobre la mesa. -Nada de armas en la casa, lo sabes de sobra, pero por hoy te lo dejaré pasar. -la meto en el cajón bajo aquella mesa en el salón y le miró de reojo alzando una ceja.

Que tuviera apetito era bueno así que se levantó suavemente y su expresión de incierto pasó posteriormente a una sonrisa complaciente. -Podría cargar contigo si hace falta, y más te vale no obligarme a ello. -ahora mismo Cassiopea debía de ser lo equivalente a una mujer molesta pero comprensible y complaciente y negó con la cabeza cuando le dijo aquello. -Alan, soportaría de ti cualquier cosa, ¿sabes? -le anunció como si eso fuera incapaz de comprenderlo, aunque en realidad debía de ser lo mas entendible del mundo. -Te preparare un buen plato de pasta, se que te gusta bastante, con mucho queso. -ella nunca había sido buena cocinando pero las veces que estaba en casa sola se ponía a mirar programas de cocina, si no podía hacer nada importante fuera de casa, dada una falta de estudios notoria y con un trabajo que seguramente no hiciera que él se enorgulleciera de ella y quería que al menos cuando llegara a casa encontrara un buen plato caliente que le hiciera olvidarse las penas y sentirse como en casa.

Encendió el fuego, metió la pasta a hervir y muy rápidamente preparó aquella salsa de queso, leche y huevo antes de seguir hablando con el. -Sé que probablemente no querrás hablar mas del tema -murmuró acercándose al sofá sin perder cuenta de la olla ardiente y burbujeante. -pero...¿harás algo con sus cenizas? -quizás era demasiado pronto, era cierto que ella no la conocía pero le habría gustado hacerlo y ahora le dolía de una forma diferente a la que él no podría comprender nunca: había perdido a alguien que ni siquiera había podido conocer, de la que le habría encantado  saberlo todo. -Una vez leí de un ritual que.. -pero suponía que le cortaría aunque intentó proseguir-consistía en dejar las cenizas en una maceta y poner un bonsai, así era una forma de tenerla siempre en el mundo. -quizás no como ninguno de los dos quería pero mejor que dejar que se fuera con el viento y desapareciera del todo. Al menos ella lo prefería así, y cuidaría esa planta con su vida. Se separó y sacó aquella pasta, bañándola con la salsa de queso y cociéndola brevemente para reducirla hasta lo mas mínimo pero sin secarla del todo. Lo apartó en un lateral antes de echarlo en un plato, cogió unos cubiertos y se lo dejó en la mesa. -Aquí lo tienes, y para beber solo hay agua o algún refresco, ya tienes demasiado licor en en el cuerpo del que me gustaría.

Regresó con aquello, y un vaso y se sentó a su lado.-Espero que esté bien, es lo primero que he cocinado por mi cuenta desde... -pero no supo poner una cifra, una década y dos años, o tres, ya no recordaba cuando estuvo libre antes de unirse al ERO obligatoriamente. -Al menos no es el primer intento, no comí este medio día por la depresión de que se me hubiera quedado hasta dura la pasta.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Mar Mar 19, 2019 1:38 pm



 
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Era la primera vez que su pareja le golpeaba. Cualquiera la tacharía de maltratadora por aquél simple golpe para que cerrase la boca, él la veía como una mujer dura de roer y con carácter. Se quedó callado y quieto por unos segundos, apoyando la mano sobre la zona rojiza de su pómulo, con los ojos clavados en los suyos, amenazantes, y no pudo evitar sonreír con cariño tras aquello. Le acarició la espalda en lentos movimientos, tratando de relajarse para calmarla a ella y dejándola querer acurrucarlo entre sus brazos, acudiendo a ella sin poder evitarlo. No iba a ponerse duro ahora y a resistirse cuando lo que más necesitaba era su apoyo y su cariño. —Cass, voy a hacerlo yo— avisó, y no quería quejas de vueltas, la decisión había sido tomada desde el día que fue a la morgue a reconocer el cuerpo.

No sé si será buena idea tanta comida grasienta para las condiciones en las que me tienes— rió un poco sin ganas, dejándose caer en el sofá y cubriéndose los ojos con el brazo para evitar molestarse con la luz del salón —, pero adelante petarda— continuó, dejando ver una media sonrisa. Encogió los hombros a su pregunta, y aun así, le pareció la mujer más tierna y adorable del planeta, incapaz de dañar a alguien pese a ser una mujer de sangre fría en el trabajo, pese a causarte respeto con su mera presencia. —Enterré las cenizas a pie de un árbol. En el mismo lugar donde nos conocimos— informó, mirándola de reojo tras apartar el antebrazo un poco, viendo la sombra de la mujer en el pasillo corretear por la cocina de un lado a otro. —Podría llevarte y así te despides de ella, Cass— porque sabía que tenían asuntos pendientes, y ella quería pedirle perdón por aquella tontería del vestido. —Estoy seguro de que habría querido conocerte.

Se incorporó al verla regresar minutos después, acariciándole la espalda con torpeza y bostezando agotado, apoyando el plato en la mesa frente al sofá y deteniéndose a mirarla a los ojos, sin cortar aquellas caricias. —Gracias, Cass— murmuró, realmente agradecido —, por todo lo que haces por este borracho— añadió, suspirando. —No tienes idea del gran apoyo que eres para mi en estos momentos— porque de Kaida se iba olvidando si quería ayuda o buenas palabras de su parte. Desde la aparición de Agnes en su vida, la relación con su hermana pequeña se torció hasta irse en picado. Tomó aire para hinchar sus pulmones, maltratados por toda la nicotina ingerida en una sola noche, ardiéndole el pecho y costándole respirar sin que su garganta silbase sola, sonriendo cuando escuchó sus palabras. —Tranquila, si aparezco envenenado, todos sabrán que fue por tu comida— bromeó, acercándose para besarle la frente y coger el tenedor para comer un poco. Pero sabía que apenas serían un par de bocados porque su estómago estaba tan cerrado que no le dejaría comer apenas.

Quería que ella probase primero la comida, que degustara su manjar. Le acercó el tenedor a los labios, sonriendo con pesadez y encogiendo los hombros. —Me parece bien, he bebido tanto vino y alcohol que si me echaras una cerilla, pasaría días ardiendo— se burló, y no pudo evitar callarse de golpe al recordar el cuerpo de su hermana entrando en el crematorio. —Olvida eso, Cass.
 







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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Miér Mar 20, 2019 9:09 pm

-Tú disfruta y come -por supuesto ella sabía de sobra que no le apetecería demasiado comer unos espaguetis con queso embadurnado, por suerte había mentido un poco, no era todo queso, sino también huevo y leche, lo cual ayudaba a diluir el queso y hacia que fueran bastante mas tragables que una masa densa de queso -la primera lección de ese programa de cocina hablaba de pasta, la siguiente son verduras asadas -pero era mas complicado evidentemente cortar, limpiar y preparar unas verduras que simplemente meter pasta en una olla y esperar. Lo del queso había sido incorporación de ella, porque le gustaba mucho el queso, era algo de lo que no se cansaría aunque la obligaran a comer aquello durante mucho mucho tiempo. Al tenderle el plato y los cubiertos pensó en aquello, en la muerte. Durante mucho tiempo ella había pensado que morir era un alivio, sobretodo durante los años en los que trató de suicidarse, que todo se terminaba por fin pero no era cierto, en realidad era una forma de aceptar que nadie le rendiría tributo, que nadie se acordaría de ella y prefería simple y llanamente acelerar el proceso.

-Sí, me gustaría mucho. Le dejaré incluso unas flores, aunque no se cuales le gustarían.-con sinceridad le miró a los ojos sentándose a su lado y casi esperando que al menos lo catara durante una vez y le gustara, luego, al menos quizás habría ganado su estomago durante un segundo. -Estoy segura de que tuvo que ser un momento que nunca olvidarás. Y seguro que fue importantisimo. -ella no podría experimentar algo así pero suponía que siendo su hermana a la que se había reencontrado después de saber cuantos años. -Aunque yo también querría haberla conocido. -ya se lo había comentado, aunque en realidad nunca habían tenido realmente oportunidad de presentarlos, para cuando ella fue libre y la situación con Alan se estabilizó (el mudarse, el compaginar su preocupación por Cassiopea y encima conseguirle un trabajo en la teteria de su familia) la tragedia les golpeó y todo había sido demasiado tarde. Ella siempre llegaba tarde, muy probablemente.

Su comentario le causo una breve sonrisa, pero tras pensar que había dicho y por qué se disculpara. Se produjo un incómodo silencio, pero ella no quería que pensara en ese mal momento y tampoco iba a contarle un chiste (no solo no funcionaría sino que además ella carecía de gracia) así que le lanzó uno de los cojines a la espalda, con algo de fuerza pero no para que se enfadara. -Oye. -le soltó orgullosa. -como vuelvas a hablar así de la persona que me dio mas de lo que jamás merecí -en ese momento sus ojos se medio encharcaron pero no iba a llorar aunque no podía evitar sentirse la mujer mas afortunada del mundo pese a todo -te lanzaré otro cojin. ¿Entendido? -le preguntó frunciendo el ceño antes de mirar la comida e inclinarse lentamente. -¿Te gusta o me salio muy mal? -le preguntó relamiéndose al mirar el propio plato, su estomago llegó a rugirle, al fin y al cabo ella no había comido nada con el disgusto. -Lo siento. -se disculpó como si aquello hubiera sido imperdonable cuando en  realidad era lo mas normal del mundo. -Oye...¿Kaida sabe algo de lo que le ha pasado a tu hermana? -porque no quería decirle nada si él no se lo había dicho, no era algo de lo que pudiera hablar, porque en realidad ese asunto no era suyo y solo podía saberlo su familia y ella no tenia derecho a difundirlo.


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Mensaje por Alan Duskwatch el Dom Mar 24, 2019 9:36 pm



 
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Incluso allí, concentrada, preocupada y tratando de alzarle los ánimos con comentarios inocentes sobre programas de cocina o sobre la cena que recién había preparado, le parecía la mujer más inocente y dulce que se había encontrado en su vida, y ahora quería protegerla como no pudo con su hermana, y evitar que incluso una mera palabra la dañase. La quería consigo, viva, riendo y siendo el ser de luz que era, porque pese a haber oído de palabras de Kaida que era una de las mujeres más mortíferas de NeoArghia y saber su historia antes del ERO y dentro de éste, no la consideraba dañina, tampoco peligrosa o terrorífica. Sino una mujer temerosa del mundo exterior, que recibió tanto daño en un pasado que se protegió aislándose en sí misma, mostrando una malla espinada que dañaría a cualquiera que le tocase o hiriera de cualquier forma.

Le encantaban los centauros azules—  confesó, comiendo poco a poco de aquél plato; no tenía demasiada hambre, pero tampoco quería rechazar aquél gesto por su parte. — También las hortensias de ese mismo color. Tenía una extraña obsesión por él—  añadió, sonriendo un poco y negando con la cabeza lentamente. — No habría sido una buena idea que te conociera, era posesiva, y celosa. Cualquier mujer que se acercase a mí sería su objetivo de odio—  y con razón, aún no superó aquella ruptura. Se movió un poco al recibir aquél cojín contra su espalda, sonriendo con ternura sin poder evitarlo y girándose a tomarla entre sus brazos y tumbarla sobre sus muslos, acariciándole el pómulo. — Nunca dejes de ser así, por favor—  pidió en una súplica, inclinándose para besarla brevemente y sonreír, en un vago intento de olvidar por lo que quedaba de noche lo ocurrido, por no agobiarla ni entristecerla con su malestar. — Tranquila, cocinas muy bien, Cass— halagó, acariciando sus costados con suavidad, incorporándola un poco y echándose hacia atrás en el sofá para sentarse con la espalda pegada al respaldo, sin retirarla de su muslo.

No quiero que nadie sepa la verdad, Cass. He dicho que está de viaje, no quiero destrozar su imagen, tampoco que su triunfo desaparezca—  confesó, acariciando la barbilla de la mujer con el pulgar y sonriendo un poco. — Es un secreto, sólo lo sabes tú, yo, y su asesino—  aunque aquellas últimas palabras las mencionó con rabia, controlándose para no apretar su barbilla en un intento de descargar ésta. —Pero yo me encargaré de que no abra nunca más la boca, y que la vida de mi hermana siga intacta incluso después de muerta—.

Tomó la manta para envolverla en ésta, cubriéndola para que no pasase frío y sin detener las caricias por su rostro, clavando la mirada en sus ojos y sonriendo, porque pese a estar mal, ella siempre era su cura, su motivo para seguir adelante y ser feliz. — ¿No tienes sueño, pequeña?—  preguntó, apoyando la frente contra la suya y calmando su respiración. — Deberías descansar, llevas toda la noche despierta esperándome.
 







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Mensaje por Cassiopea Lindholm el Lun Mar 25, 2019 12:13 am

-Le buscare alguna de esas flores aunque... -murmuró, pensativa. Ella no conocía apenas nada del mundo exterior, puede que hubiera vivido y recorrido las mismas calles que Alan en su infancia pero había una clara diferencia entre ambos: cuando encierras a un pájaro en una jaula se olvida tarde o temprano de para qué servían sus alas. Y eso le pasó a ella. El único contacto real mas allá de las paredes del ERO eran las historias ficticias de las novelas que leía y de ellas había pasado horas y horas aprendiendo hasta que simplemente los recuerdos se entremezclaban con la realidad. -...si encuentro lo que quiero creo que podría haberle gustado mucho, y que le gustará. -aunque ya no estuviera, ella no había pensado realmente en la muerte, no en la ajena porque para qué iba a preocuparse por algo que realmente no le afectaba: los demás morían, los demás tenían familias que debían de ser quienes guardaran sus recuerdos pero nunca se había visto en ese espectro, y ¿que era la muerte? ¿Descansaría Agnes en la oscuridad más absoluta pese a que había sido alguien que trajo felicidad a la vida de su pareja? ¿Le esperaría una vida mejor ascendiendo en la linea del karma? ¿Seria simplemente olvidada? Cassiopea no quería que aquello le pasara a Agnes así que iba a hacer un pequeño memorial, se gastaría el poco dinero ahorrado en el mes que llevaba junto a Alan trabajando gracias a él en esa teteria. -Ya lo veras cuando lo tenga.

Ella frunció el ceño a lo que decía, en su defensa Alan jamás le había explicado cuales eran los lazos que la unían a su hermanastra así que pensaba que eran bueno, solo familiares. ¿Como si no iban a serlos? -No lo creo, bueno, sí, probablemente me odiara y culpara por que le hayan robado el vestido pero aunque suene raro no se, siempre pensé que seriamos amigas. Ella parecía el tipo de persona que podía causar la sensación de llevarse toda la atención. -algo así a cuando entraba ella en cualquier sitio, salvo que en su caso era por su cuerpo de escándalo y en el de Agnes, según el vestido, debía de ser precisamente por su presencia, que iba mucho mas allá de la mera presencia, algo que ella claramente no tenia. Pese a todo Cassiopea rió suavemente antes de negar con la cabeza. -Tu tampoco cambies, me gusta saber que mientes mal, pero que lo haces de forma sincera. -porque ella no confiaba en que cocinara bien, podía cocinar algo comestible pero no bien. -Y que me trates como si fuera tu niña pequeña. -le dijo acercando su rostro al cuello ajeno, casi ronroneandole en el mismo mientras sus manos le acariciaban la espalda lenta pero melosamente.

-Alan, por favor, no seas tu otra mano ejecutora, nos hemos manchado las manos demasiado, tu hermana seguro que no querría eso.
-no querría que alguien de su familia terminara en la cárcel, o pudiera terminar allí, por querer ayudarla de esa forma, cuando ya no la ayudaba de alguna forma. Si sabia quien era debía denunciarlo. -Ya no hablamos de un simple vestido. -porque una venganza para evitar que le hicieran algo tenia sentido, pero si ya la habían roto lo mejor era que la sociedad le destruyera de vuelta, no que él lo hiciera. -Sabes que soy una tumba -miró las orbes azuladas del contrario y sonrió suavemente antes de besarle la frente -y por respetar y mantener su memoria ella podría jurar, mentir y decir que fue a la luna misma con toda la creencia del mundo. -aseguró con una sonrisa amplia antes de besar sus labios como un sí absoluto.

En cuanto dijo aquello la verdad es que su cuerpo se le había hecho de repente mucho mas pesado, como si sus parpados y su cerebro quisieran decirle que si. -No te mentiré, me encantaría dormir, pero no subiré arriba si no es contigo. -le sentenció, bostezando, estirándose antes de juguetear con sus uñas contra la espalda ajena. -No quiero separarme de ti, y menos sabiendo que puede darte un amarillo de noche, no quiero que te pase a ti nada tampoco, ¿sabes?[/b]


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