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Mensaje por Chaos Bloom el Mar Abr 23, 2019 5:02 pm


 
La música ensordecedora quemaba sus oídos, reventaba su cráneo en un incesante palpitar de canciones que danzaban alrededor de ella, logrando que la mujer se contoneara entre cuerpos jadeantes y sudorosos, hundiéndose entre auras sucias y ocultando la suya propia entre todas, avanzando a ciegas mientras jugaba con su pelo, alzándolo, removiéndolo con sus manos dando el aspecto salvaje que tanto caracterizaba a aquella francesa. Sus labios se movían cantando aquella canción americana que tan de moda se había puesto las últimas semanas y escuchaba en bucle cada vez que la obligaban a salir en busca de presas que timar, queriendo amoldar sus contoneos al ritmo pegadizo de ésta. La adolescente llegó al lugar por invitación de un cliente, realmente desconocía las intenciones de éste, pero no le había visto en toda la noche y, aunque aquello le erizó la piel las primeras horas, ahora le daba igual, le aliviaba. Prefería que aquello siguiese así y volver al ERO sin otro abuso sobre ella.

Las correas negras en forma de pentágono recorrían su escote, ocultándose bajo la suelta tela del vestido gris desgastado que tantos usos le había dado por no tener nada más de ropa que usar para salir de aquél lugar que consideraba su prisión de cristal. Las medias rotas de sus muslos se deslizaban hacia abajo en cada movimiento sinuoso de la adolescente, tomando un aspecto más descuidado al resbalar por aquellas torneadas piernas pálidas, comenzando a rasguñarse cada vez más aquellas finas telas por cada roce de sus afiladas uñas o el paso de las manos de los varones que danzaban junto a su cuerpo agotado y acelerado. Quizás toda aquella droga y alcohol habían logrado bajar sus defensas, tomarla desprevenida ante todo, que no pudiera olerse nada de lo que ocurría a su alrededor.

En un momento de la noche, Chaost se desplazó por entre la masa de gente en solitario, ascendiendo unas escaleras entre tumbos mareados, agotada, sintiendo las náuseas golpear su garganta y estómago, queriendo vomitar, deshacerse de toda la pesadez que horas atrás no habían hecho acto de aparición. Buscaba alguna ventana donde poder recibir la brisa contra su rostro enrojecido por el sudor y la temperatura de la planta inferior, avanzando de forma torpe mientras su cuerpo daba vaivenes hacia los lados, apoyándose en la madera oscura de la pared hasta adentrarse a una planta superior totalmente a oscuras, desconocida para ella. Aún sus labios se movían cantando la canción que resonaba en su cabeza, de forma torpe, equivocándose en cada palabra algo más complicada que las demás.

Se detuvo al oír pasos sobre el parqué tras ella, alertándose y avanzando más rápido. Sus sentidos la obligaban a detenerse y dar media vuelta, pero su necesidad de aire la tentó a seguir andando en busca de la ventana, con la mirada perdida. Finalmente, tras no encontrar ninguna abierta o sin seguro, se volteó a mirar a la persona que entró en la buhardilla tras ella. Se paralizó por unos segundos, mostrando una estúpida sonrisa antes de emanar una carcajada fruto del alcohol y las drogas, alzando ambas manos desnudas en alto y moviendo la cabeza de forma torpe hacia los lados, casi adormilada. — … yo sólo buscaba una ventana— se sentía estúpida, sin poder hilar frases con sentido. Una risilla tonta escapó de entre sus labios oscuros, relamiéndolos y cerrando los ojos con suavidad antes de chasquear la lengua.

Busco una ventana— avanzó a tumbos hacia el desconocido, casi rodeándole con sus brazos y recargando el peso de su cuerpo sobre el desconocido. Aunque el estar sola y frente a una persona que no sabía si era de fiar o no, a cualquier otra chica le había hecho sudar frío y alarmarse, ella se mantuvo en calma. —Ayúdame a  abrir una ventana y aliviarme— murmuró en su oído, frunciendo el ceño de forma torpe y dejando una sonrisa tonta en sus labios. —Necesito aire. Y un cigarro— continuó, avanzando aún aferrada a él, a ciegas, en busca de la brisa fresca de alguna ventana. —Llama… llama a Derek y dile que no podré rendir esta noche. Dile que estoy demasiado borracha como para tirármelo, pero que vuelva otro día al ERO— una risa idiota creó eco en aquella planta, soltándose de su cuerpo para apoyarse en un mueble y sentarse en él, con cuidado, sintiendo todo darle vueltas en su cabeza. 



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Aunque el post es de libre uso, me reservo el derecho de decidir si postear con la persona que lo tome o no.

Me es indiferente si lo toma una mujer o un hombre, puedo editarlo dependiendo de quién vaya a tomarlo.

Si lo quieres pillar, mándame un MP primero, por favor.


Última edición por Chaos Bloom el Miér Mayo 01, 2019 8:12 pm, editado 3 veces
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Mensaje por Ashley Luschek el Mar Abr 30, 2019 4:18 am


Me relamo los labios de manera fugaz y sueno mi cuello de forma instantánea antes de tomar la cerveza que me es entregada por un "igual". Éste me sonríe y comienza a bailar levemente, intentando no ensuciar su caro traje carmesí con su propia bebida. Debería de considerarlo un igual a él y al resto de los trajeados que están en éste tugurio pero no puedo hacerlo. Veo hombres en extremo ambiciosos en un muy mal sentido, codiciosos más no poder, voraces y despiadados con tal de conseguir lo que desean, de verdad, casi nada puede interponerse entre ellos y sus deseos más bajos, carnales.

Pero lo cierto es que ésto no es más que una especie de tienda de dulces, una juguetería. Una carnicería en donde altos cargos de megacorps se pasean para obtener el caramelo más delicioso, el juguete más divertido y el corte de carne más jugoso con el cual experimentar. No es ningún secreto, todo el mundo tarde o temprano ha pensado en eso, las megacorps experimentan con humanos, desde luego, utilizan voluntarios y otros... bueno, son cazados en lugares como éste. Nadie lograría creerme si juro por mi vida misma que NeoTech no caza a incautos, que utiliza voluntarios conscientes y en pleno uso de sus sentidos para firmar los papeles pertinentes, no los cupo, claro que no. Será por eso mismo que no les considero iguales, son bestias en traje que devoran humanos sin dudarlo, casi no poseen humanidad.

Suspiro y me centro en bailar un poco al ritmo de la música aunque no me resultan sonidos muy agradables a decir verdad, de hecho es un ruido muy poco armonioso que lo único que logra hacer es entorpecer mis sentidos, me hace sentir aturdido y oh, ¿el ambiente tan cargado? Sudor ajeno, gritos de éxtasis, el humo de cigarro y otras drogas, no, ésto no me resulta nada agradable. Y a pesar de todo mis ojos se centran en ella, en su figura, en sus movimientos torpes ascendiendo aquellas escaleras. Su silueta desaparece de mi campo de visión y observo unos pocos segundos más las escaleras pero nadie sube, nadie sigue su rastro. Observo a los trajeados y niego con la cabeza, bebo un largo trago de mi cerveza y yo también asciendo por las mismas, necesito un pequeño respiro, aire fresco y ver cómo se encuentra ella además de lo evidente, ebria y drogada. Me importa poco lo que piensen de mí, el director, el líder de NeoTech, Ashley Luschek siguiendo a una mujer ebria hacia algún cuarto privado, me importa poco y nada.

Agudizo un poco mis sentidos en mi intento por buscarla y la tarea no se me dificulta casi nada. La escucho cantar o mejor dicho, intentar pronunciar las palabras en inglés que posee esa canción americana que de un día para el otro se volvió en extremo popular. Logra hacer florecer sobre mis labios una pequeña sonrisa con esos intentos. Al percatarse de mi presencia ella parece avanzar más rápido pero no se gira hacia mi dirección, no, intenta abrir una ventana y luego otra, y otra... —Qué coincidencia, yo también busco una— puede parecer que estoy de broma pero voy en serio, necesito algo de aire fresco luego del ambiente tan denso, difícil de procesar que hay allí bajo nuestros pies. La mujer avanza de forma torpe hacia mí y extiendo mis brazos hacia ella, casi soltando la botella de cerveza. El peso repentino de su cuerpo me obliga a retroceder un paso pero la sostengo muy bien con mi diestra posada, sostenida sobre su cintura. Asiento levemente con la cabeza ante su petición, sí, está sumamente ebria —Pobre Derek, se entristecerá cuando sepa que no podrá divertirse ésta noche— respondo de forma jocosa y con una pizca de sarcasmo cuando ésta se aparta de mí. Así que tiene una deuda importante y está pagándola poco a poco ofreciendo sus servicios bajo la mirada rigurosa del ERO, lamentable. Derek, por otro lado, es una de las hienas trajeadas que organizó ésta fiesta.

Haciendo caso a su petición, me alejo de ella de forma momentánea para intentar abrir una de las ventanas de la buhardilla y tras unos pocos segundos y con algo de esfuerzo soy capaz de hacerlo —Fue algo gracioso y tierno escuchar como intentabas cantar en inglés— palabras que brotan de mi boca antes de tomar una enorme bocanada de aire fresco nocturno, es un alivio como muy pocos. Me giro y comienzo a caminar lentamente hacia ella luego de dejar la botella de cerveza casi vacía sobre el borde de la ventana. Busco en los bolsillos de mi traje mi pequeño reproductor de música, un fiel compañero que ha logrado transportar mi mente a lugares mejores, lejos de momentos solitarios, aburridos y estresantes. Finalmente lo encuentro próximo a la caja de cigarros, retiro ambas cosas de mi bolsillo.

—Si te gusta la música americana, entonces te gustará mi lista de reproducción— me acerco unos pasos más a la mujer la cual yace sentada sobre un mueble. La examino de pies a cabeza antes de, finalmente, apegarme un poco a ella para acomodar un auricular en su oído y el otro en el mío. Le arrojo una pequeña sonrisa antes de buscar la canción que deseo enseñarle en cuestión, luego de eso compartiré un cigarro con ella.

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Mensaje por Chaos Bloom el Miér Mayo 01, 2019 8:31 pm


 
La pantera llevaba más alcohol en su cuerpo en una noche que en toda su adolescencia. Su boca se movía hablando sola, cantando en balbuceos aquella canción y balanceando la cabeza en aquél sofá, sintiéndose torpe, sintiéndose fuera de sí misma. Casi que ignoraba las palabras y las acciones de aquél hombre, como si no le importaran o como si no estuviera consciente de todo lo que la rodeaba en aquellos momentos. Le observaba, sí, pero su mirada seguía borrosa y doble, mirándole con ojos curiosos, apoyando la mano tras ella en el respaldo del sofá y tratando de incorporarse con torpeza.  Ni siquiera podía oírle, sólo leer sus labios en intentos torpes por hablar y moverse, hasta que finalmente sonrió; acababa de hilar palabras y pudo conseguir entender a aquél peliblanco que se había dignado a hacerle compañía.

El chico emanaba un aroma que le engatusaba, uno que la obligaba a seguir junto a él, a querer oírle  más porque aquella voz era como música para sus oídos, irónicamente, porque estaba harta de la que sonaba abajo y de los gritos de aquella planta. Cerró los ojos, relajada, echando la cabeza hacia atrás mientras se sentía mareada, flotando en una nube, acelerada de pronto. Era un cúmulo de sensaciones que la aturdía cada vez más, añadiéndose la brisa que golpeó su rostro y sacudió las hebras rojizas que caían por sus hombros. —Yo no soy inglesa—  se defendió, con un bastante marcado acento francés. — Perdóname si parecí a que estaba burlándome del idioma—  continuó, cerrando los ojos suavemente, agotada, sin abandonar la sonrisa.

Con descaro, tomó la botella de cerveza que él depositó sobre el mueble, inclinándola hacia sus labios para beber sedienta, embriagando cada vez más sus venas, volviéndose cada vez más y más brusca en sus tragos y dejando que el líquido manchase su cuello y comisuras de los labios por las prisas, porque ni siquiera ganaba tiempo para tragar todo lo que contenía aquella botella de alcohol. —No se lo digas a nadie, pero creo que me han timado— habló, abriéndose a él. Cualquiera supondría que era el alcohol quien hablaba por ella, y no que en realidad, aunque Chaos estuviese más pisando la línea del coma etílico que el del momento sobrio, seguía siendo observadora y se estaba percatando de todo lo que se había estado moviendo a su alrededor. —Me prometieron operarme y quitarme la tuberculosis que me está matando, pero les he oído hablar sobre usarme como una rata de laboratorio— continuó.

Dejó caer la botella vacía al suelo, quebrándose en pedazos de cristal y mostrando un mohín en el rostro, molesta por el agudo sonido que retumbó en sus oídos. —Lo siento, te invitaré a otra— prometió, y aunque no tuviese dinero en esos momentos para lograr darle una nueva botella de cerveza, ella siempre cumplía con su palabra. Se acercó a él cuando habló sobre la música americana, sonriendo ilusionada como una niña pequeña y apoyando su cabeza contra la suya para mantenerse cerca de él, queriendo escuchar aquellas melodías. —¿Sabes? En el ERO no nos dejan oír música. Es la primera vez que escucho ésta— y ya la había bautizado como la canción que le recordaría a aquél hombre cada vez que pudiese escaparse de entre aquellas cuatro paredes y la oyese en cualquier lugar, o en la misma radio en la sala de espera. —Ponme otra más— pidió, inocente, sin llegar a terminar de escuchar la primera.

Se aferró al brazo de Ashley como una niña, ensanchando la sonrisa que reveló sus hoyuelos en aquella cara redondeada y fina y carcajeando animada, como si se hubiese olvidado de todo lo que escuchó en la planta de abajo, como si su vida no estuviese corriendo peligro. —No vas a dejar que Derek me encierre en un laboratorio para hacer pruebas con mi cuerpo y matarme cuando ya no le sirva, ¿Verdad?— estaba esperanzada, quizás, aferrándose a la única persona desconocida que se había dignado a conocerla o hablarle sin querer nada a cambio. Pero sabía que le perdería, y volvería a estar sola una vez llegase la hora de volver al ERO. Ahora sí, su voz tomó un tono más serio, alejado de la embriaguez. Sus ojos se tornaron preocupados, buscando los del desconocido y tragando saliva, aterrada. —No quiero que te separes de mi en toda la noche, por favor. Mi vida corre peligro.


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Mensaje por Ashley Luschek el Jue Mayo 02, 2019 4:26 am

¿Que si me ha parecido que se estaba burlando del idioma? Para nada, solamente he escuchado a una francesa disfrutar a su manera de una canción americana y aunque se estuviera burlando no podría enfadarme, su inconfundible acento es en verdad una auténtica delicia auditiva. No obstante me veo obligado a observarla algo confundido a los ojos cuando menciona que ha sido timada pero ésta confusión se desvanece rápidamente cuando se da a explicar. Suelto un gran suspiro cuando parece ser completamente consciente de lo que es en realidad éste disfraz de fiesta —Ésta no es más que una excusa de fiesta, ésto es una zona de caza para hienas de traje que atraen y engañan con falsas promesas— la cruda y horrible realidad se escapa de entre mis labios o más bien la dejo libre sin tacto alguno. No está lo suficientemente ebria ni drogada para ser una completa ilusa, hay que darle cierto mérito.

—No te preocupes por eso— pronuncio de forma casi inexpresiva ante el accidente con mi botella de cerveza, me la entregaron gratis y además estoy pensando en el gran problema en el cual ella se ha visto envuelta y del cual es muy consciente. Me trae nuevamente a la realidad, apartando pensamientos turbios y crueles simplemente con apoyar su cabeza contra la mía. Me saca una sonrisa y le escucho mientras arrojo una mirada furtiva a la pantalla de mi pequeño reproductor, buscando más canciones que enseñarle —La música a veces sirve como chispa para encender rebeliones, es normal que el ERO la prohiba— me doy a explicar. Seguramente tendrán otros motivos pero es innegable que la música genera ciertos comportamientos de insubordinación en mentes privadas de libertad.

Me limito a asentir levemente con la cabeza ante su petición pues tengo en mente una de mis favoritas que de seguro le gustará. Nuevamente ella me trae a la realidad con un abrazo repentino sobre mi brazo y con unas palabras sombrías, Derek, una lacra, intento fallido de ser humano responsable de haber organizado ésta cacería para tener carne fresca con la cual experimentar. La observo de forma fija a los ojos mientras la canción comienza su intro de fondo —Ey, ey, disfruta de la canción, ¿de acuerdo? Es vieja pero es de mis favoritas— me obligo a mí mismo a esbozar una sonrisa. No es que sus problemas valgan nada para mí, sé muy bien en qué clase de situación se encuentra y en la que me encontraré yo si intervengo pero ya tengo un plan o dos, tres o cuatro tal vez.

—Hey lil' girl is your daddy home?— comienzo a cantar casi en un susurro mientras elevo mi diestra para acariciar de forma suave su mejilla izquierda y elevar sutilmente con la yema de mi dedo anular su párpado superior para apreciar un poco mejor el estado de su pupila, comprobar de forma eficaz si se encuentra bajo efectos de ciertos narcóticos —Did he go and leave you all alone? I got a bad desire— continúo apartando mi mano de forma lenta de su rostro. ¿Alcohol y drogas? Mala combinación, puede complicar las cosas afectando su comportamiento pero puedo hacerme cargo. Por otra parte, bajo otras circunstancias creo que podría permitirme el perder unos cuantos minutos apreciando su rostro, acariciando un poco más su suave piel, perderme casi por completo en sus ojos. Lamentablemente ésta "fiesta" no se presta para algo así  —Ohh, ohh, ohh I'm on fire en silencio dejo que la canción hable por sí misma mientras observo sus dos ventanas al alma. ¿Estoy dispuesto a jugar mis cartas por la vida de una desconocida? Qué pregunta tonta, siempre lo estoy —¿Quieres quedártelo? No tienes permitido escuchar música pero puedes venderlo y ganar un buen dinero si dices que el presidente de NeoTech te lo entregó— no me molesta en absoluto regalarle un simple reproductor de música con una pequeña cámara incorporada, lo complicado sería probar que fue pertenencia de Ashley Luschek pero la cámara soluciona ese inconveniente.

Su cabeza yace apoyada sobre la mía pero me aparto de forma momentánea, breve para apartar la mirada hacia la botella de cerveza rota, como si me hubiera percatado ahora mismo del pequeño incidente. Al final evalúo mis ideas y asiento una sola vez, decidido a llevarlo a cabo —Te subirás a un taxi conmigo antes de que salga el sol y podrás enseñarle tu dedo corazón desde el otro lado de la ventanilla a ese basura— suelto una pequeña risa ante aquella imagen mental que me hago de toda la situación. Es uno de los tantos planes que se me ocurrieron en menos de un minuto y es sólido. Nadie puede apartarla de mí si es el presidente de NeoTech mismo quien se la está llevando. Yo mismo me encargaré de dejarla ante las puertas del ERO, ella no exhalará su último aliento en algún laboratorio subterráneo.

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Mensaje por Chaos Bloom el Lun Mayo 06, 2019 1:47 pm


 
Toda su vida se había sentido atrapada, tratada como un trozo de carne y despreciada incluso por sus propias compañeras, con las que se suponía que debía sentirse protegida y en compañía. Sin embargo, aquella noche, justo aquél momento, ella se encontraba en paz, como si su alma por fin hubiese hallado descanso tras años de lucha y dolor, con una persona que la comprendía, cuidaba pese a todo y necesitaba verla alegre. No supo quién era aquél hombre, probablemente él se olvidara de ella a la mañana siguiente, pero Chaos le recordaría y estaría en deuda con él todo lo que le quedase de vida. Se sentía como una niña, indefensa, ilusionada y mirando con ojos curiosos y atentos la boca de aquél hombre recitando aquella melodía a la par que la música de su auricular. Se ruborizaba como una niña, reía de forma delicada y se abrazaba con más fuerza a él, porque a su lado ella se creía una guerrera capaz de derrotar a cualquier cosa, y sabía que cuando se alejase de aquél hombre, volvería a ser Chaos; la mujer tuberculosa que nadie quiere mas que para usar de atracción turística y timar bolsillos de ricos.

Pero lo que él mencionó le pareció un sacrilegio. Se puso alerta en seguida, abriendo los ojos de par en par y abrazando contra su pecho aquél reproductor de música. —¡No!—, se había alterado, estaba agitada. La mujer había dado un pequeño brinco, saliendo de aquél mundo ideal que se había creado en su propia cabeza con sólo aquella música, las caricias del hombre y el sonido de su voz acariciando sus oídos. —No podría deshacerme de algo que me recordaría a la única persona que me ha ayudado, es lo único que tendré a mi lado para recordarte cada día de mi miserable vida, para tener presente a la única persona que me ha tratado bien— confesó con la voz quebrada, tragando saliva para desatar el nudo de su garganta y retirar los ojos de los de él. —Lo guardaré como si fuese un trozo de tu corazón. Lo cuidaré con mucho cariño y siempre lo tendré junto a mí— y aquello era una sentencia firme; ella no dejaría que nadie le arrebatase aquello. Ni los superiores del ERO, ni ninguna mujer que como ella, querría el dinero para pagar parte de la deuda.

Pero Chaos sabía que aquello era una locura. Era demasiado dinero lo que debía, y aquello no valdría demasiado en créditos, pero para ella, ya valía más de lo que cualquier persona podría pagar. Alzó la mirada de nuevo a sus ojos y se paralizó ante la idea, sonriendo levemente y aferrándose a su brazo con fuerza, como si no quisiera que jamás le apartasen de él. —¿Harías eso por mi, de verdad? ¿Por una desconocida?— y cayó en su enfermedad, y se apartó rápidamente. Probablemente le hubiese contagiado y, a diferencia de otros clientes que les daba igual arruinarles la vida y matarles lentamente si no se daban cuenta de lo que ocurría, a él no quería hacerle daño. Él había sido bueno con ella, y no se merecía nada de aquello. —Oye… presidente— ni siquiera conocía su nombre para recitarlo con cariño y llamar su atención —, quiero que te alejes de mi. Podrías morir por mi culpa. Necesito que vayas a un médico en cuanto te apartes de éste cuerpo roñoso y delgado que tienes delante—. Apenas la alimentaban, ni siquiera tenía agua caliente y la ducha era cronometrada para que nadie se excediera. —Podrías tener tuberculosis por mi culpa, no quiero que te mueras— en su cabeza, era una enfermedad que no tenía solución, porque jamás tuvo el dinero ni los conocimientos suficientes como para saber que, a día de hoy, ya no era mortal. Para ella, seguían en la época en la que la gente moría por la calle tosiendo su propio pulmón.

Y aunque no quería volver al ERO, aquella idea le pareció la mejor de todas, pese a todo. Sonrió de nuevo, bajando de aquél mueble y volviendo a acomodarse la ropa para estar lo más decente posible a sus ojos; no se permitiría que viesen al presidente con una mujer que no valía nada, quería estar lo  mejor posible, porque no quería que su estatus bajase por culpa de ella. —Gracias por esto, presidente— mencionó, saliendo de su corazón, realmente agradecida. Y realmente, se sentía como aquella geisha de un libro que leyó hacía años, aquell que conoció a un verdadero presidente y, pese a todo, haría todo lo posible por volver a reencontrarse con él, por ser la niña de sus ojos. Y justo aquella noche se hizo la promesa a sí misma de volver a encontrarle, de enamorarle, de volver a sentir la alegría naciendo en su pecho, las carcajadas de felicidad brotar de su garganta e ilusionarse de nuevo.

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Mensaje por Ashley Luschek el Mar Mayo 07, 2019 3:41 am

Su reacción tan repentina respecto a mis palabras para vender el reproductor de música me resulta completamente inesperada, sorpresiva incluso. Momentáneamente abro los ojos de par en par, aprecio como comprime el reproductor contra su pecho casi como si su vida dependiera de ello. Sin embargo muy pronto entiendo el por qué de su reaccionar tan alterado, para mí aquello no es más que un reproductor de música común y corriente que me ha transportado a lugares maravillosos de vez en cuando, una herramienta en la que he guardado muchas canciones favoritas y con la cual me he tomado alguna que otra fotografía, es algo fácilmente reemplazable pero para ella un aparato tan sencillo ha marcado un antes y un después, le ha traído felicidad y sus palabras logran conmoverme —I see...— me limito a murmurar en mi lengua natal, lengua a la que recurro sin percatarme, perdido en mis pensamientos o en la situación.

—Cuidalo muy bien entonces, esas canciones son una caricia al alma— es la magia de la música, si para ella significa tanto entonces quiero que lo conserve, estoy seguro de que todas esas melodías pueden traer cierta paz a su corazón. Esbozo una pequeña sonrisa cuando se aferra a mi brazo y me arroja ese par de preguntas, asiento con la cabeza —Puede que seas la desconocida con más humanidad que hay en éste edificio, me atrevo a decir que vale la pena tomarse unas molestias por ti— y aún así, si me encontrara con otra persona totalmente distinta a ella y con su mismo problema, también me la jugaría, simplemente nadie merece ser privado de su libertad para morir en algún laboratorio en el cual solamente Dios sabe de qué forma exhalaría su último aliento.

Cuando ella decide apartarse de mí tomo la oportunidad para tomar mi caja de cigarros y sacar uno de su interior, no es para mí, no estoy lo suficientemente nervioso ni estresado como para fumarme un cigarro o dos, es para ella, me lo ha pedido y puede que el fumar también la relaje un poco —Hablas como si estuvieras enferma con la infame peste negra— niego con la cabeza con una sonrisa que crece a paso agigantados. Ella se baja del mueble y yo me acerco un poco más a la mujer para tomarla con suavidad del mentón y acomodar con mi diestra el cigarro entre sus labios. Aparto mi izquierda no sin antes acariciar suave, fugazmente su mejilla derecha con la yema de mi pulgar —No te preocupes ante esa posibilidad, hoy en día es fácilmente tratable, créeme— aunque parece ser que ella ignoraba eso, puede que haya estado viviendo atada a las cadenas del ERO más tiempo del que parece, allí los hombres y mujeres caen involuntariamente bajo la ignorancia. Eso sí, su honestidad y preocupación hacia mi persona me conmueve y es de agradecer.

Tomo rápidamente mi encendedor y enciendo el cigarro que yace entre sus labios —No, nada de presidente a secas, tú puedes llamarme Ashley— presidente a secas no es de mi agrado a pesar de que técnicamente estoy allí arriba en la jerarquía y en la cadena alimenticia de ésta ciudad, el país y el mundo, simplemente no me agrada, no me agrada que se dirijan hacia mí utilizando mi rango, cargo, etcétera. Quiero que ella vea a Ashley Luschek, no al rostro que lidera NeoTech —Si quieres darme las gracias, podrías hacerlo diciéndome tu nombre— mis labios forman una gran media sonrisa, aparto la mirada de sus ojos de forma breve, ¿es momento acaso de arrojar la bomba? Vamos a ello —Me será útil saberlo para cuando vaya a buscarte al ERO así visitamos un doctor— pronuncio sin más. Ahora mismo muchos pensarían que me estoy tomando demasiadas molestias con una chica del ERO, que debería centrarme en cosas infinitamente "más importantes", para mí, marcar un antes y un después en la vida de alguien es algo importante, lo he dicho mil veces y lo diré hasta que finalmente la fría muerte me reclame. Por otra parte, puedo utilizar mis propios créditos en su tratamiento o puedo jugar mis cartas y colocar al ERO en una posición comprometedora con la ley teniendo a su servicio chicos y chicas enfermos y que son entregados sin más a figuras relevantes de las megacorps, hay varias formas de conseguir lo que quiero.

—Sería buena idea quitarnos las bacterias de los pulmones, ¿no crees?— bromeo con ella acariciando con mi diestra su costado izquierdo, alisando la prenda desgastada de color gris, una prenda que ha visto días mejores y que contrarresta mucho con las que yo estoy utilizando. Y aún así, a pesar de presentar un aspecto algo precario, la francesa logra despertar cierto interés en mí, pocas personas logran cautivar todos mis sentidos de ésta manera —Nos iremos cuando termines el cigarro, ¿cómo te encuentras?— mi voz y mis facciones se tornan serias, aparto los pensamientos previos para pensar en lo siguiente: nos iremos un poco antes de lo previsto, antes de que las hienas consuman más alcohol y éstas pierdan el uso de la razón.

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Mensaje por Chaos Bloom el Vie Mayo 10, 2019 1:41 am


 
 Puede que para cualquier otra persona, un nombre podría ser olvidadizo, sobre todo si ese susodicho no te importa demasiado o sabes que jamás volverás a verle, pero para Chaos, aquél nombre se quedó clavado en su mente. Era como conocer el nombre de un salvador, una persona que marcó un antes y un después en tu vida, y ella aseguraba jamás olvidarse de él. — Yo… me llamaba Brigitte, pero cuando entré al ERO me cambié el nombre— confesó. Aquella francesa había muerto, su inocencia, su vida, sus hobbies. Quien fue Brigitte desapareció hacía años, ahora ella era otra mujer, otra persona. — Llámame Chaos—  y se bautizó así misma por una palabra que creía que fue creada sólo para ella, “Ramé”. Algo hermoso que a la vez era caótico, justo como ella, una cara bonita, un buen físico y una mujer bélica que era capaz de enfrentar ejércitos por una mera caricia de sus labios, una rebelde que no se conformaba con cualquier cosa.

Él reveló algo que para ella fue chocante, como si te estrujasen el corazón, pero no en el mal sentido. No hasta dejarlo paralizado y frío por falta de vida, sino un abrazo cálido, reconfortante; él quería volver a verla, no para lo que ella quisiera, pero aquél gesto era algo más hermoso que lo que su imaginación podía desear. — Gracias, por todo—  susurró, con una sonrisa tímida. — Pero quizás, esa ayuda la necesita alguien más importante que yo, alguien que vaya a cambiar el mundo o te sea crucial en tu vida. Yo no soy más que una mera cortesana sin futuro, no deberías malgastar tus créditos en mí de esta forma—  añadió, torciendo el gesto y suspirando, muy a su pesar.

Dio una profunda calada a aquél cigarro. ¿Qué más daba teñir de negro sus maltratados pulmones si ya estaban dañados por una enfermedad que ni siquiera ella se provocó en sí misma? Acelerar el momento de su muerte ya no era un problema para ella; lo deseaba con fuerzas, sólo para no seguir ni un día más en aquél lugar, en aquella cárcel de cristal que ahogaba sus sentimientos y fuerzas, donde la obligaban a comer poco para no malgastar alimentos, donde se cronometraba la ducha y donde jamás podías tener información del exterior a no ser que te la diesen clientes. Allí no podías tener visita, ni amigos. Te educaban desde el primer día para creer que todos en aquél lugar eran tus enemigos, jamás compañeros donde apoyarte. Que la chica de la celda de al lado te arrebatará todos los créditos y clientes y te hundirá aún más en la miseria, que el joven que te sonríe en la biblioteca del ERO no es más que el demonio que va a revelar tus secretos a los superiores, tus sueños por salir de allí, y entonces te añadirán más cargos de créditos. Allí sólo te tenías a ti mismo, y a nadie mas.

Aquél contacto en su costado. Oh, aquella maldita caricia. Removió su piel, la erizó, crispó los vellos de su nuca y arrancó un suspiro cargado de humo de entre sus labios destintados de carmín, con éste manchando sus comisuras y parte de la barbilla por la bebida y los roces de su mano por borrarse la saliva de ajenos de éstos pese a recordarles todo el tiempo que no tenía permitido aquél contacto con nadie. Aquél gesto en ella le pareció lo más delicado que jamás un hombre le regaló en años, y le removió el corazón, le dio un vuelco y creyó que por la fuerza y velocidad de sus latidos, acabaría quebrando la presa de sus huesos para saltar directamente a las manos vacías del caballero y suplicarle que lo cuidara, que era suyo. — Puedo acabármelo rápido. Me llamaban la locomotora—  bromeó, dando una calada profunda y soltando el humo hacia arriba en una columna al juntar sus labios, emanando de forma infantil la onomatopeya de la bocina del tren, moviendo la mano derecha en el aire a la altura de su cabeza como si sostuviese la cuerda de la que tiraban los conductores para hacerle rugir.

Rió suavemente, ruborizando. Quizás había dado la imagen de una mujer infantil a sus ojos, y ella no se consideraba así, pero estaba feliz, se sentía una niña a su lado. — Lo siento—  carraspeó y tiró las cenizas por la ventana, relamiéndose los labio y suspirando. — Hace tiempo que no soy tan feliz por la compañía de alguien, que me sentía tan humana y querida—  continuó, encogiendo los hombros. — Supongo que me encuentro genial, eufórica. ¿Cómo te encuentras tú?—  le animó a hablar, quería oír aún más su voz, aquella melodía que nacía de sus cuerdas vocales acariciando sus oídos una vez más. — Te prometo que tardaré poco y podremos irnos antes de que se den cuenta de que no estoy ahí abajo—  añadió. Las caladas fueron rápidas, queriendo consumir aquél mal vicio cuanto antes, y entonces arrojó la colilla restante por la ventana, sacudiéndose las manos al golpear las palmas un par de veces y apoyar los puños en sus caderas. — Listo, podemos irnos, señor pres… Ashley—  se corrigió, volviendo a sonreírle y atreviéndose a ponerse de puntillas para besarle la punta de la nariz, como un gesto de cariño que nació desde lo más profundo de su corazón.

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Mensaje por Ashley Luschek el Dom Mayo 12, 2019 8:46 pm

La miro al rostro con gran curiosidad e interés —Brigitte...— repito para mí mismo, es un nombre que me resulta agradable de pronunciar, bonito y por supuesto según se dice el mismo nombre posee un significado más profundo pues las mujeres que portan tal nombre tienen la fama de ser revolucionarias, mujeres pensativas, siempre poderosas. Es una pena que haya cambiado su nombre por el que lleva actualmente pero no hace falta que me lo diga ni una sola vez, su vida cambió enormemente en cuanto ingresó al ERO, se convirtió en otra persona y Brigitte quedó en el pasado casi sin manera alguna de volver.

—Créeme— suelto una pequeña risa y niego con la cabeza —Hoy en día parece que nadie está dispuesto a cambiar el mundo para bien y en cuanto a personas cruciales en mi vida...— frunzo el ceño con una pequeña sonrisa, pasados unos pocos segundos acabo encogiéndome de hombros en respuesta, no, no hay nadie así en mi vida. Papá se encuentra en un sueño profundo, mamá tranquilamente asentada en mi tierra natal. ¿La Jueza Morgan Black? Tal vez, dejando de lado lo odiosa que es y su problema con la bebida es una gran amiga —Si no deseas la ayuda lo entenderé y no insistiré— añado finalmente con un semblante un poco más serio. Si ella de verdad desea que sus pulmones se consuman, toser sus restos hasta que éstos desaparezcan por completo y finalmente exhale su último suspiro, es su decisión, una decisión con la cual no estoy de acuerdo pero en la cual tampoco tengo derecho a entrometerme.

Abandono ese semblante para esbozar una sonrisa —¿Locomotora? Un apodo intimidante, sin duda alguna— sigo brevemente su broma antes de asentir con la cabeza. Desde luego, lo mejor será que se lo acabe rápido para poder largarnos de éste lugar tan despreciable. Aún así hay algo que no me termina de agradar, no es el hecho de irnos de aquí, para sentirnos más seguros, para que ella se sienta mil veces más segura alejada de tantos depredadores cortos de mente y humanidad, lo que me molesta es el hecho de que es posible de que no la vuelva a ver. Si ésta hubiera sido una fiesta normal, risas, bebidas, baile y no una condenada zona de caza, seguramente habríamos compartido un momento más ameno —Algo nervioso, feliz tal vez, un poco ridículo inclusive. Es difícil de explicar— admito con una tonta media sonrisa. No encuentro las palabras exactas para expresar el cómo me siento realmente ahora mismo, con la situación, con la mujer que he compartido un momento en el que por primera vez y de forma breve, logré olvidarme incluso que soy el presidente de NeoTech. Me sentí como un adolescente que comparte canciones y fuma un cigarro a escondidas de las autoridades escolares con su chica, algo tonto, infantil pero a su vez agradable y único.

La imagen de la colilla del cigarro salir despedida por la ventana y sus palabras haciendo eco en el interior de mi mente, finalmente me traen a la realidad para girar la cabeza hacia ella y encontrarme de repente con un inesperado beso sobre la punta de mi nariz. Un gesto tan inesperado que plasman sobre mi rostro una sonrisa demasiado sincera que intento borrar con algo de verguenza. Yo la he hecho sentir de una forma pero ella también logró hacerme sentir distinto, como si por momentos no llevara traje, como si no fuera un rostro emblemático de una megacorporación —Muy bien, ésto será simple— carraspeo fugazmente antes de pasar a explicar qué es lo que ella debe hacer si de verdad desea abandonar éste sitio —No mires a ninguno de ellos a la cara, no te voltees aunque escuches tu nombre, sígueme el ritmo y no dejes de caminar, pero más importante aún— me relamo los labios y un suspiro se escapa entre los mismos, mi diestra toma fuertemente su mano —Que ni se te ocurra apartarte de mí, ¿lo entiendes Chaos?— clavo mis ojos sobre los suyos buscando en los mismos una respuesta afirmativa. Lo cierto es que se debe de ser muy estúpido y tenerlos bien puestos para quitarle "algo" al rostro líder de cualquier megacorp pero el alcohol, las drogas y la codicia nublan los sentidos, son combustible altamente inflamable, ingredientes para tragedias —Vamos, un taxi nos espera y puede que unas canciones por el camino— con esas palabras y regalando una sonrisa tranquilizadora la aliento a caminar rápidamente a mi lado, no soporto éste lugar ni las intenciones de los organizadores.

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Mensaje por Chaos Bloom el Mar Mayo 14, 2019 2:21 pm


 
No supo qué responder. ¿Estaba segura de que quería que la dejase morir o necesitaba aceptar aquella ayuda? Prefería dejar la respuesta para último momento, cuando lo pensase mucho mejor; aunque fuese sólo una excusa el salvar sus pulmones para volver a verle, porque sabía que si se negaba, no volvería a ver aquél rostro nunca más. Aun así, sonrió al oír que se encontraba nervioso. ¿En serio? ¿Por qué? ¿Por qué él, si fue el causante de que la mujer se encontrase ruborizada y torpe todo el tiempo? ¿Por qué él nervioso, si era el principal criminal que había robado su órgano más vital y ahora colgaba de sus manos, haciendo de ella una muñeca que ni siquiera sabía cómo reaccionar o moverse sin parecer desesperada?

Rodeó su mano con más fuerza cuando él buscó la suya. Era el momento perfecto para compartir algo más de contacto físico, algo que ella estaba buscando sedienta desde que le prestó atención. Necesitaba saber cómo era el calor de su cuerpo, la suavidad de aquellas extremidades, acariciar sus dedos con las yemas de forma disimulada y apretarla con tanta fuerza que tuvieran que mutilar su muñeca para separarla de él. Asintió de forma rápida a su confirmación, dedicándole una pequeña sonrisa y abrazándose al brazo ajeno, como una niña en busca de la protección de su padre, queriendo sentirse más segura y acompañada pese a todo.

¿Y qué pasaría si me agarran?— se dignó a preguntar, con miedo, alzando la vista hacia él y torciendo el gesto a un puchero digno de una niña triste. —¿O qué pasaría si te cogen a ti por proteger a su presa y te hacen daño?— insistió, con miedo, clavando con más fuerza las yemas de los dedos en el brazo del varón. —No quiero más peleas, no quiero ver más golpes— suplicó. No había que ser muy inteligente para darse cuenta del trauma que la chiquilla tenía con aquellos ambientes violentos, fruto del ERO, del trato de los superiores a los esclavos. Le tembló el labio inferior, parando en seco en mitad del pasillo y tirando de la manga de la chaqueta del varón para hacerle detenerse y mirarla, bajando el rostro junto con la vista, de forma avergonzada. —Podrías...— carraspeó, queriendo aclarar su garganta, tomando aire para llenar sus maltratados pulmones —, ¿podrías prestarme tu chaqueta? Tengo frío, Ash— mencionó aquél apodo con cariño, curvando las comisuras finalmente mientras se frotaba los muslos desnudos con las palmas de las manos para calentar la carne. —Te estaría muy agradecida. Lo último que necesitan mis pulmones ahora es un catarro— bromeó, riendo suavemente. Ya hacía años que había dejado de tomarse en serio su enfermedad, porque eso le costó depresiones y múltiples intentos de suicidio. Ahora quería tomárselo todo como si no fuese una enfermedad que, a una persona pobre como ella, fuera mortal, o como si un mínimo catarro no fuese a ser peligroso en ella.

Esperó unos segundos antes de tomar el abrigo del varón, envolviéndose en él, riendo un poco por la longitud de las mangas que sobrepasaban sus manos, o cuyo largo caía mucho más abajo de sus rodillas. No sabía si se sentía una niña ahora o uno de esos maniquíes que veía en escaparates cuando la dejaban salir a la ciudad, tan delgados que cuando colocabas una prenda muchísimo mayor a su talla, se veían ridículos, tan abultados, como si no tuviesen apenas piernas por estar ocultas bajo la tela. —¿Vas a llevarme a tu casa?— preguntó ilusionada. Cualquier cosa que no fuese el ERO, para ella era un palacio. —¿A un hotel? ¿A un parque? Quiero ver la ciudad— habló animada, dando pasitos rápidos a su lado, sin dejar de mirarle con una sonrisa. —No quiero volver a mi celda, Ash. Habré llegado tan pronto que me venderían a otro hombre— pidió, borrando aquella mueca y mirándole con ojos lastimeros, cargados de súplicas.

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Mensaje por Ashley Luschek el Jue Mayo 16, 2019 12:06 am

Niego con la cabeza un par de veces y no más antes de dignarme a responder de forma tajante —Eso no pasará— sentencio de manera firme girando el rostro hacia ella. Basta solamente con que ella mantenga cierta imagen y no se separe de mí, basta con que todo su ser exprese que es propiedad de Ashley Luschek y de Neotech, solamente eso basta para que esté a salvo y cualquiera en su sano juicio mantendría la distancia y no se atrevería a tocarla, no se atreverían al verla firmemente aferrada a mí. Por otra parte, supongo que me he pasado con las advertencias y puede que aquello mismo haya ejercido un efecto negativo en ella pero no hay nada de qué preocuparse siempre y cuando siga unas simples instrucciones, solamente eso es necesario para que no acabe en un laboratorio de alguna megacorp rival —Si el plan no funciona, pensaré en otro, simple— y si hay algo que me caracteriza es que siempre tengo planes para todo tipo de situación, ésta no es la excepción.

Suspiro levemente cuando ella se frena y yo junto a ella, sin embargo muestro mis facciones serenas cuando vuelvo a voltearme para verla y escucharla. ¿Mi chaqueta? No me extraña que tenga frío, no importa en qué estación del año nos encontremos, las cortesanas como ella suelen salir vestidas con vestimentas ligeras y escasas para atraer a la clientela —Primero te he dado mi reproductor de música— comienzo a pronunciar mientras me desprendo de la misma, riendo un poco con su pequeña broma de sus pulmones y el catarro, desde luego, esos pulmones necesitan todo el cuidado y cariño posible —¿Y ahora he de darte mi chaqueta?— brota aquella pregunta entre mis labios con un falso tono de molestia dando a entender que estoy bromeando con ella. Me tomo unos segundos para subir el cierre hasta arriba y acomodar el cuello con ambas manos. Por supuesto que no es de su talle y eso la hace ver un poco chistosa pero servirá para abrigar buena parte de su cuerpo.

Retomo el camino y tiro de ella con suavidad para alentarla a seguirme los pasos. Creo que no me sentiré del todo a gusto hasta que haya abandonado ésta lamentable zona de casa, excusa de fiesta para llevarse pobres seres incautos al matadero. No obstante, tras unos cuantos pasos rápidos ella logra hacer que me detenga en seco para mirar sus dos ventanas al alma —Quieres ir a mi casa— suelto casi en un suspiro. No es ninguna pregunta, repito de forma incrédula lo que pasa por mi cabeza —La ciudad no es nada amable por la noche— me obligo a mí mismo a esbozar una media sonrisa tras aquellas palabras. Ella seguro lo tiene más claro que yo. Tiro con delicadeza para atraerla un poco más hacia mí antes de volver a caminar, aquí viene la parte "difícil" pero con que ella cumpla al pie de la letra con mis instrucciones, se subirá conmigo a un taxi con un destino desconocido pues no sé qué hacer con ella. Ashley Luschek por primera vez en su vida no sabe cómo proceder, no sabe qué camino tomar.

Bajamos los escalones con cuidado de no tropezar a causa de esas fastidiosas luces psicodélicas, serpenteantes y parpadeantes que adornan el ambiente tan cargado y pintan toda silueta que se encuentra en el lugar. Mantengo mi rostro serio, inexpresivo mientras observo a mi alrededor la enorme cantidad de rostros desconocidos que hay en el piso. Siento miradas ajenas sobre mi figura, sobre la de ella. Mis ojos se topan con otros ajenos, mantengo la mirada unos cuantos segundos de forma desafiante antes de apartarla de manera altanera. Mi cuerpo cumple con su tarea, su papel, pero en mi mente hacen eco las palabras de la mujer. Me provoca una molestia, un desagrado antinatural el hecho de pensar siquiera que al regresar al ERO, ella será arrojada a los brazos de otro hombre o mujer, no logro comprenderlo.

A un metro de la puerta principal escucho que llaman a Luschek —Corre hacia uno de los taxis y espérame— indico en un susurro a Chaos sobre uno de sus oídos. Abro la puerta para que ésta cumpla con su parte y sin pensarlo demasiado, me giro. Mi mirada se posa sobre tres individuos en traje, claramente ebrios y también confundidos, incrédulos porque parece que me estoy llevando la propiedad de alguien. Me quedo inmóvil como una estatua hasta que me encojo de hombros y sonrío antes de largarme, no habrá pelea, las megacorps libran una guerra fría en la que nadie desea dar el primer paso hacia una destrucción masiva, no importa qué tan drogados ni ebrios estén, ninguno de éstos chicos malos abrirá la caja de pandora.

Dejo atrás ese edificio con la adrenalina deslizándose por todo mi cuerpo, sintiéndome victorioso. El frío nocturno me devora y provoca unos escalofríos que dibujan una placentera sonrisa sobre mis labios. No me cuesta nada ubicar el taxi con la chica en el interior del vehículo. Casi me arrojo a su lado pero pronto estoy estrechando fuertemente su mano de manera inconsciente y dando instrucciones al taxista sobre dónde quiero, no, queremos ir. No, no es el ERO, es la dirección de uno de mis apartamentos —Pasarás la noche conmigo pero deberás cumplir con unas pequeñas condiciones— giro el rostro hacia el encuentro del ajeno, sonriente. Siento que el corazón se me saldrá del pecho con todo ésto vivido. Llamaré al ERO luego e informaré de lo sucedido. Querrán créditos por quedármela ésta noche, por supuesto pero eso es lo de menos. Puedo escuchar a papá y a la Jueza Black llamándome estúpido por consentirla, pero hago desaparecer esas voces recostando cómodamente mi cuerpo en el asiento. Suspiro y acaricio suavemente su mano con la yema de mi pulgar.

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Mensaje por Chaos Bloom el Jue Mayo 16, 2019 4:24 pm


 
 Chaos apretó los labios. Aquella broma ella al principio se lo tomó a pecho, bajando la cabeza y frotándose el brazo tras pedir aquella chaqueta. —Lo sien...—, se quedó callada cuando él cedió a darle la prenda de buena forma, riendo en un suspiro y golpeándole suavemente el brazo con el puño derecho, sin querer dañarle, sólo hacerle desplazarse un poco a un lado. —No seas así, Ash… casi me lo creo— ensanchó la sonrisa, dejándole acomodar el abrigo y abrazándose con una mano a éste, acariciando la tela de la prenda y suspirando. —Lamento si luego tu ropa huele a mujer— no, no lo lamentaba. De hecho, quería que su perfume sutil y femenino se impregnase en aquellas capas, que aunque no estuviese ella allí presente, siguiese teniéndola junto a él por el mero aroma de su colonia.

Ella encogió los hombros, arrugando los labios como si no fuese nada malo. En su cabeza, todo sonaba bien. —Me vale cualquier sitio con tal de no estar en el ERO de nuevo y que me hagan trabajar yéndome con otra persona. A tu lado estoy segura, sé que no abusarás de mí ni me harás daño— aclaró, no quería sonar desesperada, tampoco mal. La francesa sólo quería descansar y estar en buena compañía, nada más. —Si te pilla mal, puedes devolverme— continuó, torciendo la sonrisa y encogiendo los hombros. —Me siento tan a gusto a tu lado que no quiero que éste momento acabe, sólo eso—. Siguió caminando junto a él, abrazándose a su brazo tras soltar la prenda que la cubría y bajando la mirada al suelo; si no mantienes contacto visual con nadie, no podrán hacerte daño, quiso convencerse.

No quiso alejarse de él, pero cuando vio aquellos cuerpos los reconoció, y todo su ser se paralizó y se puso frío. Le miró una última vez y soltó su brazo pese a que no quisiera. —No tardes mucho, por favor— suplicó, sonriendo de forma delicada y acercándose apresurada a la puerta del vehículo, refugiándose allí y acurrucándose en aquél abrigo, resbalando la espalda por el asiento hasta encontrarse cómoda. Le observó tras el cristal tintado, con el ceño fruncido preocupada y atenta a cualquier cosa que pudiera pasar. Ella era débil en aquellos momentos; fue una mujer fuerte que podría defenderse de cualquier abuso o trifulca, pero con tan poco alimento en su cuerpo y vitaminas, aunque saliese a ayudarle si las cosas se tornaban feas, era consciente de que sólo bastaría un empujón leve para derribarla contra el suelo y que no pudiera levantarse de allí.

Esperó impaciente, con las manos temblorosas apoyadas en la ventana y haciéndose a un lado cuando le vio ir hacia el coche, retomando la sonrisa. —¿Fue todo bien?— preguntó, dejándole hueco suficiente para que se sentase junto a ella y cruzando los muslos, dejando uno apoyado sobre el otro y sus manos entrelazadas sobre la rodilla superior, sin quitarle la mirada de los ojos. Se quedó callada unos segundos, bajando la mirada y asintiendo con la cabeza. —Claro, las condiciones que sean. Soy de las que se portan bien, una auténtica niña buena—recitó, como solía hacer con sus clientes cuando la contrataban, una mala costumbre que había adoptado después de tantos años en aquél oficio. Volvió a virar la vista al exterior tras aquél cristal y tragó saliva con nerviosismo. —No quería decir eso, lo siento— añadió bajando el tono de voz, emanando un suspiro. —Me vale con dormir en el sofá, seguro que es más cómodo que el colchón de mi celda— aclaró. —Es tu casa, tú mandas allí, no tienes por qué tratarme como una invitada VIP. Para mí, la más mínima cosa será mucho mejor que todo lo que tengo en el ERO.

Bajó la mirada a la mano del varón cuando comenzó a acariciar la suya, volviendo a sonreír con cariño y moviéndose un poco para recostar el perfil de su cuerpo contra el suyo, apoyando la cabeza contra la del mandamás y cerrando los ojos, agotada. —No quiero que ésta sea la última vez que nos veamos, Ashley— reveló en un susurro, aferrándose a su mano con necesidad y atreviéndose a girarse lo suficiente como para estar de cara hacia el perfil del mayor, rodeándole con los brazos buscando su calor y cariño y apoyando la frente en el hombro ajeno. —Pero tampoco quiero que pagues por una cortesana como yo. Intentaré buscarte siempre que me den un día de libertad al mes. No quiero romper éste momento que hemos creado esta noche, ni que nunca se acabe o sea el último de mi vida.

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Mensaje por Ashley Luschek el Jue Mayo 16, 2019 7:05 pm

Mi corazón poco a poco vuelve a su ritmo estable, normal y pacífico. Paz, por fin un momento de paz luego de sentirme rodeado de bestias salvajes aparentando ser personas, seres humanos, lobos con pieles de cordero. A su pregunta la respondo con un suave asentimiento y una fina media sonrisa. Todo salió bien, no hubo golpes, eso sería impensable, tampoco hubo amenazas, advertencias ni nada por el estilo. Solamente se llevó a cabo un cruce de miradas entre potencias mega corporativas, un gesto lo suficientemente fuerte que valió más que mil palabras. Seguramente no olvidarán el cómo me entrometí en sus asuntos y robé la presa que estaba destinada a yacer sobre sus mesas pero ya no hay marcha atrás y cuando giro el rostro hacia ella, sé que valió la pena sentir el calor de las brasas muy cerca de mi mano.

—No te preocupes— le resto importancia a las palabras de la ajena con unas muy suaves por mi parte y apoyando mi mano sobre una de las suyas. Eso me ha sonado a una especie de monólogo que recita delante de sus clientes, dejarles en claro que está para servir y cumplir todas las fantasías y perversiones que se les pueda ocurrir tras contratarla. No son pensamientos agradables pero me encargo de que mis pensamientos naveguen por otras aguas más tranquilas—Te he consentido muchísimo sin conocerte apenas, ¿cuál es el problema con que seas mi invitada VIP por ésta noche?— mi sonrisa se ensancha un poco más. Una ducha caliente, alguna cosa simple pero deliciosa para comer y un lugar cómodo en el cual arrojarse a los brazos de Morfeo. Simpleza y felicidad, lo que ella busca y sin ser nada del otro mundo, ¿o si? Para ella seguro lo es.

Nuevamente, la mujer se lleva toda mi atención, algo que ha hecho toda la noche y con una relativa facilidad que me es difícil de explicar. No hace falta sentir su tacto, su voz es... Tampoco, solamente con sentir su presencia es suficiente para hacer que me voltee en su búsqueda. En parte, el llevarla a ver un especialista médico y el que iniciara un tratamiento para su afección era una excusa con la cual podía escudarme para sacarla de su mundo y para poder verla un poco más. Parece ser que no soy el único con ese deseo y me alegra más de lo que me gustaría —Un día de libertad al mes— recito en un leve susurro tras escucharla. Es poco, es muy poco. ¿Por qué no permitirme pagar por una noche y una mañana por ella? Puede que mi imagen se vea dañada cuando el mundo vea al cerebrito de NeoTech pagar por los "servicios" de una cortesana esclava, no me importa, es el pan de cada día para otros con mi misma jerarquía o similar, no veo el problema con que yo haga algo similar.

—Disfrutemos el momento— dejo fluir aquellas palabras de entre mis labios, buscando un rastro de su mirada con la mía —Luego podremos planear otro encuentro, uno asegurado, tú y yo, ¿te parece?— y así sin más estoy admitiendo de forma abierta de que no, no me dejo cegar por la diferencia abismal que hay en cuanto a estatus social se refiere. Es como si la hubiera conocido en una fiesta cualquiera, que ella y yo poseemos un trabajo cualquiera y simplemente compartimos un momento más que agradable juntos y eso es motivo suficiente para volver a encontrarnos. Lo admito, deseo volver a verla, punto.
Me aparto levemente de su lado cuando el taxi se detiene justo delante del gran edificio compuesto por casi incontables apartamentos, residencias. Allí, en lo alto, casi en la cima del mismo se encuentra uno de los tantos pisos bajo mi nombre y apellido.

Deposito los créditos pertinentes al taxista más un pequeño plus por básicamente haberse encontrado en el lugar apropiado en el momento más oportuno. Soy el primero en salir del vehículo para abrirle la puerta a la mujer y tomarla de la mano. Por momentos, cuando un escalofrío me invade, siento envidia de esa cómoda y abrigada chaqueta que ella está utilizando pero al ingresar al enorme edificio, tras saludar con un escueto ademán de cabeza a las recepcionistas y tomar el elevador, el frío abandona mi cuerpo. Aparto mi mano de la suya, ésta vez decido rodearla con mi brazo y apegarla suavemente a mí —Sabes, desde mi piso se puede ver el monte Fuji a lo lejos. Sorprendentemente aún no lo he visitado— le arrojo un pequeño dato curioso. Tantos años viviendo aquí y no he podido ir en persona, la escasez de tiempo y motivación, supongo —¿Tomarás un baño caliente? Oh, por cierto ¿Te gusta el mac and cheese, Brigitte?— pregunto girando mi rostro adornado con una pequeña sonrisa —Es una de las condiciones— comienzo a explicarme ante ella —Me gusta ese nombre, suena bonito, Brigitte— y aún abrazada contra mí, sobo su brazo repetidas veces. Vaya noche.

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Mensaje por Chaos Bloom el Miér Mayo 22, 2019 12:15 pm


 
 Ella estaba acostumbrada a viajar en un coche negro de ventanas tintadas. Uno con guardias sentados a cada lado de ella sosteniéndola de los brazos para evitar que huyese al tirarse en marcha, que la soltasen frente a la casa o el lugar indicado que el cliente pidió y pasar a recogerla seguidamente. Aquél viaje tan tranquilo en un coche distinto, donde más bien sólo tenía caricias del mayor y buenas palabras y donde se sentía bien, en paz, sin el temblor en sus manos de otras veces le sentó bien. Y tenía miedo, porque sabía que se estaba acostumbrando a eso, a la vida normal, a la buena donde nadie sufría maltrato ni llevaba un chip en la nuca que te rastreaba como a un perro, que si te lo intentabas quitar explotaría y te dejaría en el acto.

Trabajar para el ERO era una mierda, y ella no le deseaba aquello a nadie; ni a su peor enemigo. Bajó del coche, aferrada a su mano y volviendo a abrazarse a su brazo. No quería alejarse de él, dejar de realizar el gesto más pequeño pero que demostrase cariño y agradecimiento por su parte hacia el albino. Comentó unas palabras que llenaron de ilusión y brillo los ojos de la mujer, quien empezó a revolverse en el ascensor como si pudiese ver tras los cristales aquél paisaje. —A mí me encanta el monte Fuji— admitió, poniéndose de puntillas; cualquier cosa le valía para poder intentar ver tras los opacos cristales de aquél ascensor externo, agarrándole de la mano y tirando de ella tratando de sacarle del lugar para ver la casa, aunque sólo quisiera una ventana para ver aquél lugar en el que siempre soñó ir, sentir libertad y saber que jamás tendría que volver al ERO. —Quiero ser libre, como un pajarito, y volar por encima de ese lugar. Sentir la brisa y observarlo cada día de mi vida. Recordarme que estoy en libertad y ya no tengo cadenas que aprisionen mis alas dentro de una  jaula— continuó, de forma hiperactiva. Había pasado de ser una borracha ante sus ojos, a una mujer infantil, y eso a ella no le gustaba. Necesitaba impresionarle, necesitaba atarle a su corazón, pero le costaba bastante cuando estaba tan feliz como en aquél momento.

¿Podría? Allí me cronometran la ducha y a partir del minuto sale el agua congelada— pidió, apoyándose en una baranda y mirando embelesada el paisaje, sin siquiera prestar demasiado atención al muchacho hasta que la llamó por su nombre. Sonrió , con una de esas sonrisas que tiene un enamorado tímido que trataba de ocultar sus sentimientos; hasta su maldito nombre sonaba hermoso saliendo de sus labios. —Es mi comida favorita, Ashley— continuó, pronunciando su nombre con cariño, de forma más calmada. Se giró para avanzar hacia él, rodeándole el cuello con los brazos y deteniendo su rostro a escasos centímetros del suyo. —¿Puedo ayudarte a prepararlo? Quiero sentirme útil— le dedicó una pequeña sonrisa, suspirando finalmente y en lugar de buscar sus labios pese a morirse por hacerlo, sus acciones viraron a abrazarle con fuerza y apoyar la cabeza en su hombro, necesitando su calor y contacto. —Eres la persona más hermosa que ha aparecido en mi vida, Ash. Para mí eres como un salvador, como un ángel. Quiero protegerte pase lo que pase, aunque no pueda hacer mucho por ti.

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Mensaje por Ashley Luschek el Miér Mayo 22, 2019 10:34 pm

En ningún momento me habría imaginado que lo que para mí es una atracción turística natural, una que atrae cientos de miles, no, millones de miradas curiosas al año, para ella parece ser un símbolo de paz lamentablemente casi inalcanzable dada la situación en la que se encuentra. Le observo hipnotizado casi mientras escucho sus palabras y aprecio cada gesticulación que efectúa su cuerpo. Irradia una felicidad algo inocente, infantil y es esa misma felicidad la que me vale como herramienta para crear planes. En silencio me prometo a mí mismo que la próxima vez que nuestras miradas se crucen, que la tenga delante de mí, le quitaré el aliento con algunas sorpresas.

La sigo con paso lento y calmado hacia el extenso jardín que adorna la terraza con mis ojos siempre fijos sobre su figura, apreciando cada mínimo detalle de la misma y de los movimientos que ésta efectúa. Si bien soy incapaz de apreciar su rostro pues ésta me da la espalda, algo perdida en un mundo de fantasía, apreciando el paisaje que éste piso tan elevado puede proveer, sé muy bien los efectos que tiene sobre ella algo tan simple como la pronunciación de su nombre. Soy capaz de reclamar toda su atención, de reclamar su cercanía y también su tacto. Por unos momentos, la calidez de su tacto, las palabras que me dedica junto con su marcado acento francés, su perfume, su aroma a mujer y demás detalles únicos logran hacer que me olvide incluso de respirar. Mi labio inferior tiembla de forma leve y fugaz como sin pensarlo siquiera deseara nada más que apegarse sobre los de Brigitte para acariciarlos, sentir la suavidad de los mismos y consentirlos pero eso no ocurre.

Cierro los ojos y suspiro cuando ésta al final me abraza fuertemente. Me muerdo el labio inferior maldiciendo que eso no se haya cumplido pero por otra parte... —Yo no diría que sea un salvador o un ángel— comienzo a murmurar con ella entre mis brazos pues su simple tacto me resulta embriagador —Pero si tan solamente te hubieras visto con mis ojos; parecías una niña indefensa, estabas asustada, sabíamos lo que pasaría y no pude voltearme y darte la espalda. Sentí la necesidad irrefrenable de interponerme y hacer algo al respecto aunque eso tuviera consecuencias— no podría haber vuelto a casa con la consciencia tranquila sabiendo que pude haber hecho algo por ella, que mientras yo estaba en mi cómoda cama cubierto con mantas, ella yacía en un frío laboratorio rodeada por desconocidas manos enguantadas —Compartí unas canciones contigo, te hice reír un poco...— enumero las pequeñas acciones, logros que llevé a cabo con ella y las cuales crearon un momento único entre ambos con un tono calmado, muy relajado —Además no podía permitir que te llevaran con mi chaqueta— bromeo y ésta vez la estrecho fuertemente antes de posar ambas manos sobre sus hombros.

—Prepararé la comida mientras tomas una ducha y luego me das una mano, ¿te parece?— le arrojo la idea mientras le tomo de la mano y le guío nuevamente hacia el interior del piso. Con la mirada y un leve movimiento de cabeza le señalo el pasillo que lleva hasta mi cuarto, el baño y la sala de descanso —Es el único cuarto a la izquierda, tómate tu tiempo— seguro que disfrutará de más de un minuto de agua caliente y productos de limpieza recorriendo su cuerpo, no se le puede culpar. Me aparto de ella y comienzo a arremangar mi camisa antes de adentrarme a la cocina —Trae un cepillo cuando termines, te ayudaré a cepillarte el cabello— le indico con extraña naturalidad, como si la conociera desde hace un buen tiempo. Tras aquellas palabras recuerdo cuando era pequeño y me tomaba unos minutos a escondidas para cepillar el cabello de las criadas más jóvenes, las más ancianas se enfadaban conmigo por perder el tiempo con aquellos gestos infantiles. A mi me gustaba, era relajante y ellas lo apreciaban. Seguramente encontrará algo que ponerse, Eva, mi androide doméstica siempre deja ropa pronta en el baño, cómodas prendas para andar por casa.
Abro la nevera para buscar los ingredientes clave para crear una salsa simple y deliciosa. Tengo mantequilla, leche, queso cheddar y supongo que puedo utilizar algo de... Definitivamente, la androide no escatima en gastos a la hora de mantener ésta nevera repleta.

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Mensaje por Chaos Bloom el Lun Jun 03, 2019 11:26 am


 
 Ella se había sentido toda su vida desde que llegó al ERO como un perro al que sólo le querían cuando era un cachorro y luego lanzaron al abismo de las calles oscuras y solitarias de la ciudad. La habían arrancado de los brazos de su familia, no sabía dónde estaban, se encontraba completamente sola y las únicas manos que se acercaban a ella eran para menospreciarla y ni siquiera tratarla como se merece todo ser humano. La tenían sucia allí metida, sin una buena alimentación y sólo le permitían una ducha más extensa o el mínimo capricho de perfumarse cuando un cliente la necesitaba. Con él se sentía como en casa. Tenía un techo donde resguardarse del frío, unos brazos que calentaban su cuerpo y brindaban cariño y apoyo a la mujer, ropa limpia y un baño sin cronómetro donde podría quedarse dormida si quisiera hasta que todo su cuerpo se arrugase por el agua. Aquello sí era vida, y eso sí lo quería ella. Chaos quería volver a la vida normal, quería volver a sentirse persona, quería volver a sentirse humana, y Ashley lo estaba consiguiendo a paso agigantado.

Hace años que no cocino— reveló, apartando el rostro del pecho del hombre para mirarle a los ojos y sonreírle —, pero intentaré ser una buena cocinera a tu lado y que te sientas orgulloso de mí— continuó, ensanchando aquella mueca cargada de felicidad y esperanza, apoyándose en la punta de los pies para besar su nariz y separarse a duras penas de él para entrar al baño y desvestirse. Encendió el grifo de la bañera cuando colocó el tapón para que ésta comenzara a llenarse de agua cálida, mirando abrazada a su cuerpo desnudo la ropa colocada sobre una balda y acercándose a curiosearla; ropa limpia, sin agujeros, sin manchas, sin estar pasada de moda; eso jamás pudo tenerlo ella dentro del ERO.

Se metió en el agua con cuidado de no quemarse ni resbalar, tumbándose finalmente y hundiendo la cabeza unos segundos bajo ésta para humedecer su pelo y relajarse, conteniendo la respiración hasta salir a flote de nuevo, frotándose las hebras con un champú cualquiera de aquella balda y el cuerpo, volviendo a sentir su piel suave, recuperando un aroma perfumado a miel que ella había añorado por años. Salió de allí minutos después, quitando el tapón de la bañera para que el agua se fuese lentamente por el desagüe mientras se secaba y vestía con aquellas ropas más cómodas, rebuscando en un cajón del lavamanos el cepillo que Ashley le pidió y volviendo a él con una amplia sonrisa antes de tendérselo y sentarse en uno de los taburetes de la cocina, dándole la espalda y echándose el pelo semi-mojado sobre su espalda.

Si no te detienes pronto, ésto va a ser muy malo para los dos— comenzó con voz tenue, bajando la mirada al suelo. —Yo me enamoraré de un hombre rico que jamás podré tener entre mis brazos, y tú de una esclava que jamás podrá salir de esa prisión y que morirá pronto— susurró, acariciándose uno de los brazos al descubierto por aquella camiseta de mangas cortas. —Lo digo en serio, Ash— continuó, arrugando un poco la nariz y girándose para mirarle. —Yo no quiero sufrir, y veo venir que ésto llegará demasiado pronto y no podré hacer nada por evitarlo— insistió, torciendo la sonrisa y dejando escapar un suspiro al aire. —Eres el único hombre que me ha tratado con respeto en muchos años, y me asusta el cómo está reaccionando mi corazón ésta noche contigo. Me prohibí el enamorarme de alguien que no sea yo misma en el momento en el que entré a ese ERO, y haré lo necesario por  no hacerlo mientras esté ahí dentro. Estoy rompiendo mi juramento, por ti.

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Mensaje por Ashley Luschek el Jue Jun 06, 2019 6:21 pm

Me resulta como mínimo algo graciosa la situación. ¿Quién podría creer que el presidente de NeoTech se llevó a una chica del ERO a su apartamento para cenar mac and cheese con ella? Muy pocos serían capaces de creer semejante cosa pero ha ocurrido. Me encargo de reunir rápidamente los ingredientes que pienso utilizar para hacer la deliciosa salsa que mezclaremos con los macarrones. Queso cheddar, mantequilla, leche concentrada y una pizca de pimienta negra. Hace mucho que no preparo el platillo he de decir, de la cocina se encarga la androide pero aún recuerdo muy bien la receta americana con la que algunas sirvientas me sorprendían y deleitaban, la magia jamás se pierde.

Me encargo de colocar agua con sal en una cacerola y luego los macarrones para hervirlos a fuego lento. Regreso a la nevera una vez más pero ésta vez simplemente para tomar una lata de cerveza. Había olvidado lo sediento que toda la situación vivida junto a ella me había dejado, demasiadas situaciones límites en tan poco tiempo. Tras dar un largo sorbo a mi bebida me giro y mis ojos se topan con su figura envuelta con algunas de mis prendas. Esbozo una media sonrisa, definitivamente todo cambia luego de un buen baño caliente y cambiarán para mejor luego de que lleve algo delicioso a su estómago. Permito que tome asiento sobre uno de los taburetes y tomo el cepillo que me ha traído siguiendo mi indicación, sin embargo mi sonrisa se desvanece apenas tomo su cabello y comienzo a cepillarlo.

—Brigitte...— su nombre se escapa de entre mis labios tras escuchar esas inesperadas palabras brotar de su boca aunque la tarea de mimar su cabello no se detiene. En ningún momento se me olvidó que de forma injusta ella y yo somos muy diferentes, provenimos de lugares distintos y nuestras situaciones también lo son. Ella gira el rostro para verme a la cara pero yo estoy demasiado concentrado en mi tarea y a la vez siento una sensación molesta en mi pecho y garganta pero nada de ésto me impide hablar —Pensé que querías que nos volviéramos a encontrar en algún momento, es decir— hago una pequeña pausa, una muy breve en la cual me relamo los labios y clavo mis ojos sobre los suyos dejando atrás los cariños a su cabello —Tenía la esperanza de que aceptarías la ayuda médica gratuita y yo podría tomarme unos días libres para dibujarte una sonrisa pero por momentos parece que estás dispuesta a entregarte a los brazos de la muerte— dejo el cepillo sobre la mesada pero no aparto mis ojos de los suyos.

—No me gustan las promesas ni los juramentos, son tan frágiles que una simple canción o una suave caricias son capaces de romperlos— ella sabe bien a lo que me refiero y si bien en un principio estaba dispuesto a respetar su decisión de simplemente dejarse morir, ahora mismo desprecio esa opción —Las promesas y juramentos son una mierda, Brigitte— me encojo de hombros y sonrío, casi suelto una pequeña risita incrédula —El único juramento que hice fue cuando papá la palmó y yo, su único hijo tuvo que tomar su cargo. He entregado mi cuerpo y alma a NeoTech pero hazme caso— suelto un sonoro suspiro y relajo mis facciones —Aunque suene irracional, ridículo, puedo hacer espacio para alguien especial en mi vida— la señalo a ella con el mentón antes de proseguir —Te lo dice alguien que no mantiene una mega corporación con fantasías ni cuentos de hadas— y podría proseguir pero no lo hago, no es mi intención presionarla ni obligarla a tomar decisiones que no son de su agrado. Sin embargo, puedo crear un sol en su vida aunque sea uno artificial.

—Me gusta tu cabello, es muy bonito— una sonrisa pequeña pero sincera se dibuja en mi rostro intentando dejar atrás el asunto a menos que ella quiera volver a tocarlo y volvería a abordarlo sin problemas —Aunque necesita que le den cariño— y soy realmente culpable pues siento un pequeño deseo de acariciar su mejilla con la yema de mi pulgar y animarla a sonreír pero no lo hago, no siento que sea muy apropiado aunque de verdad desee sentir su cálido y suave tacto me contengo —¿Me ayudas con la salsa para los macarrones? Tienes los ingredientes delante sobre la mesada— señalo los mismos con la mirada antes de dedicarme a revolver la pasta para que ésta no se pegue en el fondo de la cacerola —Nada me agradaba más en su momento que volver de la escuela o de un viaje universitario y que las sirvientas me recibieran con ésta receta americana— podría hablar de mi infancia o adolescencia y no me aburriría. Deseo volver a esos tiempos sencillos. El presente sofoca, me mantiene atado y a veces pienso que no genero realmente un cambio positivo en nadie ni nada haga lo que yo haga.

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