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Mensaje por Ayumu & Nemuri el Jue Jun 06, 2019 1:14 am

Click, clock, click, clock…

Era el gracioso sonido de su lengua chasqueando con la parte superior de su boca y contra sus dientes. Recién había descubierto que podía hacer ese sonido, y era gracioso. Casi parecía el sonido de una bomba de goma de mascar explotando por el exceso de aire.

Click, click, clock…

Se entretenía creando nuevas sinfonías con ese chasquido, mientras sus pies descalzos se apoyaban despreocupadamente de uno de los soportes del elevador. Sus ojos se concentraban en la lectura que tenía entre sus manos y sus oídos se entretenían con el eco extraño que provocada su chasquido en medio de aquella grieta oscura y desolada. Pasó una de las páginas, divirtiendo su vista con las ilustraciones que mostraba aquella edición. Un hombre de ropajes graciosos, abriendo las vísceras de un inocente lobito para dejar salir a una moribunda anciana apestosa.

No es justo… — Murmura quedamente la chica de largos cabellos de ébano. — El lobo-danna solo obedecía sus instintos naturales de alimentación. ¿Por qué castigarlo por eso? Además, es una anciana. Morirá mas temprano que tarde, ¿Para qué retrasar el resultado?

Te dije que no trajeras eso… — Se escucha una voz grave, masculina al otro lado del dispositivo ajustado en su delicada oreja.

Necesito algo en qué entretenerme mientras haces tu parte. ¿Te falta mucho?

Casi llego… ¿De qué se trata esta vez?

—  Una Danna-sama que le gusta vestirse de rojo visita a su abuela, pero se encuentra con un lobo. El lobo-danna se come a la abuela y trata de comerse a la Danna-sama de rojo pero un cazador lo asesina y saca a la abuela de sus entrañas. ¿Puedes creerlo?

No es justo…

¡Lo sé!

Y tampoco tiene sentido… ¿Por qué alguien querría sacar el cadáver de una anciana de las entrañas de un lobo?

No. La anciana esta viva.

Eso tiene menos sentido aun…

No tiene que tener sentido, Yume… — Y por eso le encantaban. Todo era posible en los cuentos. — Solo tienes que disfrutarlo. — Miró de nuevo el pequeño libro entre sus manos, mientras la alegría y la satisfacción se materializaban en forma de una sonrisa en su rostro. Era una historia mediocre, pero aun así le gustaba. No era demasiado exigente cuando se trataba de leer. — Gracias por conseguirlo.

Imaginé que te gustaría… Ya estoy frente al panel.

Justo a tiempo, pues el elevador había empezado a moverse. Se levantó, poniendo todos sus sentidos en alerta mientras guardaba el pequeño librito en kimono. La función estaba a punto de comenzar y ella estaba estrenando un nuevo kimono rojo con flores de sakura para la ocasión. Observó con atención entre las penumbras de aquel túnel, vislumbrando el número de los pisos mientras ascendía a ritmo constante. Piso 12… Piso 13… Piso 14… Así hasta subir al vigésimo piso. Era aquí. De acuerdo a la información que había conseguido, su presa se hallaba en una reunión en nivel veinte de aquel luminoso hotel. Algo sobre un intercambio de drogas. ¿O era pago de drogas? Quizás era prueba de drogas… Era algo con drogas. Eso no era lo importante. — Estoy en el nivel 20. — Habló en tono más neutro, más severo que el de antes. — Empezamos en 30 segundos… ¿Qué dijo Megumi-danna del objetivo?

Es el más HDP de todos… Aunque no sé lo que significa. — Respondió su hermano al otro lado de la línea.

HDP son las siglas para “Hijo De Puta”… ¿Recuerdas cuales eran la H, la D y la P?

No empieces con eso ahora, Nemu. — Se saboreaba cierto tono de disgusto en su voz. Ella sonrió con ternura. — El sistema es diferente al que dibujaste.

¿Necesitas ayuda?

Nah… — Se oyeron dos disparos al otro lado de la comunicación, e inmediatamente el elevador paró en seco. Todo el edificio se había sumido en la oscuridad y las luces rojizas de emergencia se activaron rápidamente. — Tenemos 7 minutos. Estaré allá en 3.

Entendido. — Fue lo último que dijo antes de cortar la comunicación con su hermano… Era hora de trabajar.

Abrió la compuerta de emergencia del elevador y miró en el interior. Era grande, de un inmaculado color blanco que ahora era iluminado por el rojizo apagado del sistema de iluminación de emergencia, y una de las paredes era un enorme espejo que reflejaba a los pasajeros del ascensor. Tres hombres trajeados, dos de ellos con un mínimo de dos metros cada uno y otro más delgado, arreglado; de cabello peinado con exceso de fijador hacia atrás y una cicatriz en la mejilla. También había una mujer… De ojos tan brillantes como el oro.

Buenas noches. — Anunció su presencia con un cordial saludo y una encantadora sonrisa. Dejó caer una pequeña bolita metálica al interior del elevador, dejando que esta expulsara un espeso humo blanquecino apenas al entrar en contacto con el suelo. En menos de cinco segundos no se podía ver nada dentro de aquella pequeña estancia, solo sombras que representaban las siluetas de los que estaban adentro. Nemuri saltó dentro finalmente, aprovechando la conmoción del interior usó la empuñadura de su katana para asestar dos golpes certeros en cada cuello de ambos mastodontes vestidos de pingüinos. El sonido de ambos cuerpos cayendo inconscientes al suelo la hizo ensanchar apenas un poco más su sonrisa, pero inmediatamente volvió a afilar sus pupilas en orden de divisar a quien debía ser su presa esa noche. — Danzou-danna. — Llamó al último hombre en pie, el cual permanecía en frente de la mujer con intención de protegerla. El humo estaba empezando a disiparse, así que pudo ver con cierta claridad su expresión de confusión. Como si no creyera que semejante jaleo iba dirigido hacía él. — Su esposa le envía un mensaje.

Lo siguiente que se vio fue un destello, un movimiento tan rápido y fluido como un rayo. El sonido de una katana desenvainada y un corte limpio contra una yugular. — “Púdrete.” — Dice para finalmente dar la estocada de gracia. Su espada atravesó el pecho del hombre, justo en el corazón, saliendo tan fácilmente por la espalda como si lo que acabase de atravesar fuese una barra de mantequilla en lugar de un cuerpo.

Tomó del cabello a su presa para guiar su caída hasta quedar encima de uno de los dos hombres que permanecían inconscientes en el suelo. De esta forma la sangre no mancharía el suelo. Sacó la espada rápidamente del cadáver y posó el filo ensangrentado contra el cuello de la mujer que aun quedaba en pie. — Agradecería inmensamente que no se moviera. — Su voz es un suave murmullo, tan dulce y amenazador como una rosa con sus espinas. — Danna-sama solo deberá permanecer en este elevador por unos 6 minutos más hasta que el personal de seguridad abra la puerta. Luego de eso puede volver a su vida normal. Puede decirle a sus subordinados que Danzou-danna renunció a sus responsabilidades como guardaespaldas y simplemente se marchó al bar del hotel para beber con sus hombres. Nadie tiene que enterarse de lo que esta pasando aquí… — Observó con detalle a la mujer frente a ella. Tenía el cabello tan claro como la nieve, o mejor dicho, como las cenizas al recién arder. Sus ojos eran brillantes y amarillentos, como dos soles destacando en el ambiente enrojecido. Era bastante bonita. — Danna-sama es traficante, ¿verdad? — Comentó sin apartar la katana del cuello ajeno. — Megumi-danna dijo que era bonita... Creo que se quedó corta. — Dulce sonrisa, encantadoras palabras, perfecta muñeca entrenada para la simpatía y los modales. ¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo ofrecerle un halago a quien tienes amenazado con una espada malditamente afilada al cuello?
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Mensaje por Hellen Jäger el Jue Jun 06, 2019 9:03 am

Observo de reojo a los hombres que me acompañan en éste encuentro, peligrosos, demasiado pero tengo una buena fe puesta en el escolta que contraté especialmente para éste encuentro tan beneficioso para mí. Me habían encargado una remesa muy importante para la ocasión, algo pequeña pero muy cara. De más está decir que me la pasé enfrascada en el laboratorio oculto bajo los suelos de mi propio hogar para crear un producto excelente con gran pureza, como casi todo lo que mis manos y mi cerebro orquestan a la hora de crear algo utilizando la química.

Mi escolta se voltea el rostro hacia mí para enseñarme una pequeña sonrisa a la cual respondo frunciendo el ceño levemente y esbozando otra media sonrisa. Me había costado unos cuantos créditos encontrar alguien que me inspirara confianza pero encontrar un mínimo de lealtad en éste mundo criminal en el que me encuentro sumergida y no tengo la más diminuta intención de escapar del mismo. La confianza, la lealtad es clave pero muy difícil encontrar y los individuos que la ofrecen no son nada baratos pero si cierro éste pequeño asunto de negocios todo irá sobre ruedas para mí, mis arcas se agrandarán con créditos y todo sacrificio habrá valido la pena.

Al menos eso es lo que pienso antes de que la situación tome un rumbo totalmente inesperado y sumamente desagradable e irritable para mí. El elevador se detiene casi en un parpadeo y lo único que ilumina las siluetas de los tres hombres y la mía no es más que una insignificante luz rojiza de emergencia. ¿Jueces? No podía ser que un soplón haya corrido la voz del encuentro, ¿verdad? Me veo a mí misma en una celda subterránea bajo el Centro de Justicia. Muerdo fuertemente la mandíbula, antes de pudrirme en una celda preferiría clavarme una cuchara sopera en el cuello y ahogarme en mi propia sangre. Tengo una maleta repleta de mercadería de primera firmemente aferrada en cada mano y en mi mente solamente soy capaz de elaborar ocho planes de escape y medios en apenas cinco segundos, lamentable.

Esperaba Jueces, tal vez un grupo de expertos asesinos pagados por algún criminal poderoso pero cuando escucho esa voz femenina tan particular, extrañamente delicada y mis ojos se posan sobre los suyos casi siento el irrefrenable deseo de ordenar que abran fuego contra ella de inmediato pero actúa rápido y siembra el desconcierto, el caos en el interior del elevador. Apenas puedo ver algo con el humo que desprende aquella y lo único que puedo hacer es dejar caer las maletas y esperar lo peor. Aprecio el sonido de dos golpes certeros y dos golpes cayendo al suelo. Mi protector retrocede cubriéndome con su cuerpo pero niego levemente con la cabeza y cierro los ojos, nos han pillado por sorpresa y ésto es un jaque mate. Tras unas pocas palabras mi protector cae muerto al suelo y yo abro nuevamente los ojos. En silencio examino a la figura que tengo delante de mí, tan joven de apariencia y aún así, a pesar de esa imagen inocente que enseña al mundo ha acabado como si nada con tres hombres y a mi me mantiene contra las cuerdas con una espada afilada sobre mi garganta.

Suelto un sonoro suspiro pero no efectúo ni un movimiento brusco. Simplemente frunzo el ceño, parece que no soy el objetivo de asesinato pero ella, ésta niña ha arruinado una oportunidad de negocios importante y yo no puedo hacer nada al respecto, absolutamente nada. La sangre de la espada gotea y cae sobre mi delgado abrigo y otras más sobre uno de mis blanquecinos muslos que mi gabardina azul oscuro no es capaz de cubrir, la sangre caliente de un hombre muerto, una sensación rara y difícil de definir, la sangre caliente de un idiota que murió sin oponerse casi a las garras de la muerte —Lo soy— respondo intentando sofocar la rabia que me devora, soy una narcotraficante, claro que lo soy —¿De verdad piensas eso? Hasta me ruborizaría de no ser porque tengo el filo de una espada sobre mi cuello— me relamo los labios y me esfuerzo en entregarle una pequeña sonrisa, mejor será no pasarme de lista, no estoy en condiciones para semejante cosa.

—No paro de sorprenderme. Una linda muñeca en kimono y armada con una espada ha matado mi escolta y frustrado mis planes. ¿Qué puedo decir? Bien jugado— ésta vez mis facciones se relajan, intento serenarme todo lo que puedo e intento contener mi afilada lengua. Cierro los ojos dos segundos y suspiro antes de volver a abrirlos. No tengo deseos de hablar demasiado, creo que no hay mucho que decir desde ésta tan incómoda posición en la que me encuentro —Tan joven y tan letal, debes llevar un buen rato en éste negocio o simplemente aprendes muy rápido y se te da de maravilla— tiene su mérito. Ella posee una apariencia tan engañosa, frágil y bella, nadie jamás sospecharía que una muchacha como ella sería tan talentosa a la hora de segar vidas, apagar sus llamas.
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Mensaje por Ayumu & Nemuri el Vie Jun 07, 2019 9:40 pm

Sus pupilas se rasgaron ligeramente, percatándose de la tensión en todo el cuerpo de la mujer que mantenía inmóvil frente suyo. Estaba enojada, eso se veía bien. Cerró sus propios ojos e inclinó ligeramente su cabeza para regalarle la más encantadora de sus sonrisas, una que  era imposible que perteneciera a semejante monstruo como ella. — Danna-sama sonrojada… Seguro es un regalo divino para los ojos que se glorifiquen con semejante honor. — La miró atentamente, mutando su sonrisa en una más siniestra, más letal. — ¿Acaso una impía como yo es merecedora de semejante obsequio? — Movió su espada, pero sin apartarla ni un solo milímetro de su piel. Solo la cambió de posición hasta  colocar la punta del filo justo en el centro de su cuello.

Una ligera risilla se escapo de sus vástagos labios al oír semejante elogio hacia su profesión, así que cubrió si boca con su mano siniestra, con la manga de su kimono en un gesto tan elegante como primoroso. — Llevamos un tiempo en esto, sí. — Sonrió, mostrando el filo de sus colmillos. — Más que muchos otros que son mayores que nosotros… Pero eso no importa. — Hizo una ligera pausa por algunos segundos. Sin hablar, sin moverse, sin apartar la espada del cuello ajeno… Solo se atrevió a hablar cuando un efímero pensamiento se cruzo por su cabeza. ¿Qué había dicho la cliente que los había contratado? Algo de solo querer a su marido muerto… ¿Y otra cosa…? ¿Qué era…? — Si le sirve de consuelo. — Ya lo recordaría una vez Yume llegara. Mientras tanto, tenía que entretenerse con algo, ¿no? — Danna-sama solo iba a desperdiciar su dinero con estas personas. — Con un movimiento ligero de cabeza, señaló al cadáver y a los otros dos gorilas dormilones detrás de ella. — Es decir, todo el mundo sabe que si apenas el elevador se detiene, debes apuntar todas tus armas a los posibles puntos de entradas; como la puerta o la rendija de emergencia en la parte de arriba… También tuvieron un intervalo de tres segundos una vez escucharon el seguro de la compuerta una vez empecé a abrirla. Se tardaron mucho en reaccionar. — Justo al terminar de decir eso último, un enorme estruendo sacudió todo el elevador. Como su un enorme peso hubiera caído sobre ellas de repente… Nemu ni se inmuto. — Eso es diferente. — Por si acaso.

¿Qué cosa es diferente? — Unos ojos tan claros como la plata se asomaron de cabeza del techo del ascensor. Ayumu miró a su alrededor, verificando que su hermana había hecho su parte del trabajo. — Es bonita. — Dice apenas percatarse de la mujer que era amenazada por el filo de la katana.

Lo sé. — La sonrisa de la chica se ensancho una vez su hermano apareció en escena. — ¿Qué fue lo que dijo Megumi-danna con respecto al trabajo?

¿No estabas prestando atención? — El rostro dl joven permanece tan sereno, tan inexpresivo. Como si ese tipo de cosas fueran tan regulares en su vida como comprar el pan. — Dijo que no quería ningún escándalo. Que matáramos a master Danzou y ya… Y que le lleváramos su cabeza y sus testículos como prueba de que hicimos bien el encargo. — El chico habla con tono neutro, mientras se encarga de cargar con absurda facilidad a los dos hombres inconscientes en el suelo y el cadáver a la vez, solo para subirlos al techo del elevador. Dejando solo a los gemelos y a la traficante entre las cuatro paredes del ascensor. — Te toca. — Espetó una vez terminado su tarea, solo para inmediatamente sacar un arma de su cinturón y apuntar directamente entre las cejas de la albina.

Es que… — La joven apartó su katana del cuello ajeno. — Danna-sama dice que frustramos sus planes. — La chica empieza a sacar una especie de bolsa de plástico de entre la manga de su kimono, mientras sube con natural facilidad también a la parte de arriba del elevador. — Danna-sama es narcotraficante, ¿sabes? — La voz de Nemuri se escucha en un tono más alto debido a las distancias. Ayumu por su parte, no aparta el cañón de su arma de su objetivo para asegurar su inmovilidad. — Y si no hace su trabajo… ¿No sería escandaloso? — Mientras la chica habla, el sonido de la katana cortando un cuerpo se escucha entre sus palabras.

Mmh… — Mientras tanto, el rostro del joven permanece fijo en los ojos dorados de la mujer frente a el. — Siento mucho si le causamos alguna molestia, Master. — Lo sentía de verdad. Eran asesinos, pero nunca querían molestar a nadie. Si de ellos dependiera… Hacía años que hubiesen abandonado la ciudad, o la vida misma. Pero no se los tenía permitido.

¡Estaba pensando…! — Seguían los sonidos extraños de la katana cortando carne, a la par que el característico ruido de una bolsa de plástico desdoblándose.

Cuando piensas es peligroso.

Danna-sama debe completar su trabajo también, ¿verdad?

No es asunto nuestro.

Por nuestra culpa Danna-sama esta enojada. Nuestro trabajo es precisamente lo contrario.

Todo el edifico se quedo sin energía. Cualquiera que hubiese estado aquí por razones ilegales ya se estará largando.

No si los alcanzamos antes de que se vayan. — Sonidos de tela desordenándose. — Velo de este modo. No tenemos otra cosa que hacer antes del toque de queda, ¿verdad? — Una bolsa de plástico manchada en sangre cayó al interior del elevador, seguido por un kimono arruinado por las mismas manchas. Nemuri no tardó en bajar también, pero sus ropajes habían sido reemplazados por un uniforme de colegiala inmaculadamente blanco. — ¿Qué opina usted, Danna-sama? — De nuevo la chica recuperó su posición original, con el filo de su espada amenazando el cuello de la mujer. Ayumu dejó de apuntarle con el arma para ir a guardar la bolsa y el kimono dentro de su mochila. — ¿Nos dejaría mostrarle el trabajo de un verdadero escolta?

¿Desde cuando somos escoltas? — Pregunta el varón  mientras cierra la mochila y la acomoda nuevamente en su espalda.

¿Tan pronto quieres volver a casa?

Realmente no…

Entonces somos escoltas por una noche. — La sonrisa de la chica era alegre, jovial. Incluso cuando envainó su espada para demostrar sus “buenas” intenciones, aquella sonrisa jamás se apagó. — ¿Danna-sama? — Ofreció su mano en un delicado movimiento para cerrar el trato.


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Mensaje por Hellen Jäger el Sáb Jun 08, 2019 1:54 pm

¿Llevan un buen tiempo en eso? Por supuesto, ilusa yo, sería demasiado trabajo para una niña como ella el llevar a cabo semejante golpe para cumplir una tarea de asesinato como ésta de manera tan limpia, es un equipo, claro está. Mis ojos se posan en su sonrisa y acto seguido en esos colmillos relucientes, una vampirita con un impecable talento a la hora de segar vidas, ¿quién lo diría? Nadie en su sano juicio vería por la calle a ésta chica y podría pensar sin conocerla que es una especie de asesina profesional pero vamos, las apariencias engañan. Aparto la mirada de esos colmillos de depredador para centrarme en sus dos ojos y en sus palabras, su explicación del por qué yo iba a desperdiciar mi tiempo y dinero con éstos individuos y ésta vez yo esbozo una sonrisita enseñando de manera parcial mi perfecta dentadura —Tú eres la experta asesina aquí, supongo que tienes razón— a pesar de haber sido un ataque sorpresa todos ellos reaccionaron de manera tan lenta y al final sucedió lo que sucedió.

Algo o alguien pesado cae sobre el elevador y el mismo se estremece un poco pero yo ni me inmuto pues un leve movimiento por mi parte puede ser suficiente para que acabe con la garganta cercenada en el interior de éste patético cuarto pequeño. Una voz masculina y desconocida se hace presente y finalmente soy capaz de apreciar su figura. Son un dúo particular, un hombre y una mujer. El primero de casi dos metros que con mi metro sesenta y siete me hace sentir como un condenado gnomo de jardín. Presenta buena condición física pero no resulta en exceso intimidante y luego está ella. Una chica de aspecto frágil cual muñeca de porcelana pero no es más que un aspecto engañoso.

La espada es reemplazada por el cañón de una pistola sobre mi frente pero nuevamente, no me inmuto y si he de ser sincera prefiero exhalar mi último aliento tras un disparo a mi cabeza que morir con la garganta rebanada, ahogada con mi propia sangre —Danna-sama y master, jamás vi un dúo de asesinos con unos modales tan exquisitos— pronuncio sin sarcasmo alguno, completa sinceridad. Me relamo los labios con mis ojos fijos sobre las ventanas al alma del varón que me tiene arrinconada con su pistola —No se preocupen demasiado, cada vez que intento llevar a cabo mis planes cuento con que alguien intentará joderlos— suelto una diminuta risita. Sí, ya sean Jueces, otros criminales o vaya Dios a saber quién o qué, son los gajes del oficio.

Escucho más atenta a la conversación entre ambos. Hablan sobre mí, mi oficio y los problemas que me han causado. Han creado un pequeño agujero en mi cuenta bancaria ubicada en el mundo criminal y eso me pone de un humor de putos perros pero no es nada que no se pueda solucionar tal y como ella dice. Ambos poseen un comportamiento extraño, son realmente raros y me pregunto si ésto es una especie de broma por parte del dúo. ¿Una verdadera ayuda para solucionar la metida de pata de ambos? —Yo...— pronuncio dubitativa y observo la mano. ¿Qué tengo que perder? Es una oportunidad, ¿no? —Creo que se han dirigido a los estacionamientos subterráneos— estrecho la mano de la niña aceptando así la ayuda. Definitivamente, no hay otra opción para los criminales que deambulaban por el edificio —Pero debemos apresurarnos pues han agitado el avispero y dentro de nada pueden caernos encima las fuerzas de la ley— no pierdo demasiado el tiempo y tomo ambas maletas repletas de mercadería —Usted— señalo con el mentón al hombre y le entrego una de ellas para que la lleve ya que parece que solamente lleva una pistola encima y no le estorbará, yo llevo la otra —Encárguense de llevarme allí abajo y créanme que recompensaré éste detalle— siempre lo hago y siempre lo he hecho, me gusta mantener a mis empleados bien recompensados —Los Jäger siempre pagamos nuestras deudas— aseguro con voz firme observando un rostro y luego el otro. Sí, papá me enseñó a hacerlo.
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Mensaje por Ayumu & Nemuri el Dom Jun 09, 2019 4:33 pm

¿En qué líos los estaba metiendo su hermana esta vez? Ayumu observó con desconfianza a su gemela, buscando las intenciones ocultas detrás de esa bella sonrisa y sus gruesas pestañas. Nemuri tenía la peligrosa costumbre de actuar por su cuenta en mitad de los trabajos, todo con segundas y hasta terceras intenciones que siempre mantenía ocultas, hasta para él mismo. Cual serpiente pactando un trato con un astuto y escurridizo murciélago, el joven de mechones azabaches observa como la Master de cabellos albinos y su hermana cierran el trato con un apretón de manos. La chica de cabello ébano ensancha su sonrisa, al tiempo que se toma el atrevimiento de besar el dorso de la delicada mano ajena en un gesto bastante… Caballeroso.

Mmh… — El chico solo se dedica a emitir ese suspiro de duda, por no decir resignación. Cuando a su hermana se le pasaba algo por la cabeza no había forma de convencerla de lo contrario. Cerró sus ojos para buscarle el lado positivo a todo esto… Pues sí, ciertamente esto les daría algo que hacer antes de volver al ERO. La verdad es que la idea de volver a su habitación no le hacía mucha gracia tampoco. — ¿Eh? — Parpadeó con desconcierto al escuchar la voz de la Master.

¡Mrhj…! — La chica, por su parte, aguanta una carcajada que se le escapa ligeramente en forma de ronquido. Incluso tiene que taparse la boca con la mano para evitar que la risa se le escape por completo. — Usted”… — Murmura con gracia, como si le hubiesen contado un buen chiste o dicho una palabra graciosa como “pedo”. Nemu deja salir una pequeña risilla de genuina diversión mientras observa de reojo a su hermano. Por su parte, Yume no puede sino ruborizarse ligeramente por la situación. Nadie, nunca, jamás le había tratado de “usted” en toda su vida.

Master… — Su rostro permanece tan inexpresivo como siempre, pero la mirada del azabache permanece fija en el suelo, ocultando su vergüenza. — Le ruego, por favor, no desperdicie sus palabras de respeto en alguien como yo. — El no era nadie, el no era nada. El solo era un muñeco que servía para complacer y matar a la gente, nada más. Así le han adoctrinado toda su vida, y así debía ser.

Yume-danna está avergonzado. — Por supuesto, la hembra del dúo no podía dejar pasar la oportunidad de retorcer la llaga con esa sonrisa tan característica suya.

Cállate. — Tomó la maleta, notando el aroma extraño que desprendía de ella. Tenía que tener cuidado de no olerla demasiado.

El joven avanzó hasta la puerta del elevador, usando apenas una de sus manos para abrirla en su totalidad. Su fuerza hercúlea era útil para este tipo de cosas, aunque debía practicar el control y la delicadeza pues había dejado una pequeña abolladura en el frío metálico por la marca de sus dedos. El elevador de había detenido entre dos pisos, así que salió el primero por abajo para tenderle su mano a la albina y ayudarla a salir. Nemuri salió por su cuenta una vez acomodó su katana enfundada en su espalda. La chica observó el sombrío pasillo alumbrado por unas pocas luces de emergencia. Estaban solos, no se escuchaba nada más que el murmullo de los huéspedes bajando por las escaleras de emergencia. — Nos vemos abajo, Yume. — Dice escuetamente, dedicándole una mirada significativa a su hermano. Eran gemelos, habían vivido y sufrido juntos toda la vida. Sabían perfectamente lo que el otro estaba pensando, y lo que Ayumu seguramente estaba planeando para bajar al estacionamiento no era ni por asomo algo agradable para Nemuri. — Danna-sama. — Con una delicada y exquisita reverencia, se despide por el momento de su nueva ama para inmediatamente salir por la puerta en dirección a las escaleras de emergencia, dejando a su hermano solo con la mujer.

Master Jäger. — La voz serena del joven resonó como un discreto murmullo en el silencioso pasillo. — Por favor, permítame. — Sin esperar respuesta alguna, el hombre tomó entre sus brazos cual princesa a la mujer con una facilidad tal que pareciera estar cargando una ligera muñeca. Era liviana, y ahora que la tenía cerca, podía distinguir un agradable aroma viniendo de ella. Sonrió de manera suave, discreta. — Me gusta su perfume… — Murmuró para la albina, como si fuese un secreto que no quería que nadie más escuchara a pesar de que estaban solos. — Sujétese bien y no se mueva en ningún momento. — Sin dar explicaciones, o tan siquiera una maldita advertencia, el vampírico saltó por el espacio que había dejado el elevador en mitad de los pisos, entrando nuevamente al túnel oscuro pero esta vez en puta caída libre. La caída fue larga, precipitada. Con su mano diestra se sujetaba e los cables del elevador mientras que con la zurda aferraba a la Master y a la maleta a su cuerpo en son de protegerlas, y ahora que lo pensaba, tenía que agradecerle a Nemu por recordarle el traer guantes para ese trabajo, pues de lo contrario hubiera tenido que usar su mano desnuda y eso le iba a doler un puto mundo.

Afianzó el agarre al cable en cuanto se percató que estaban llegando a los pisos más bajos para ralentizar a la gravedad. Su entrecejo se frunció como única muestra del dolor que le estaba causando el agarrar el cable, pues a pesar de estar protegido por el guante, este se estaba calentando y desgastando rápidamente debido a la caída. Se soltó finalmente para aterrizar de lleno con sus piernas flexionadas en el duro suelo una vez divisó el final del camino.

Bajo delicadamente a la albina y suspiró con notorio alivio. ¿Quería llegar rápido? Pues ala, habían llegado rápido. — ¿Se encuentra bien? — La genuina preocupación se refleja en los ojos claros cual platino del joven. ¿Había sido demasiado brusco? ¿La había asustado? Quizás hubiese sido mejor usar las escaleras como Nemu, pero ella quería llegar rápido y esta era la forma más rápida y eficaz.


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Mensaje por Hellen Jäger el Lun Jun 10, 2019 4:01 pm

Observo algo curiosa el gesto de la chica al besar mi mano tras cerrar el acuerdo y luego el rostro del ajeno tras referirme a él de manera respetuosa, simplemente educada. Parece algo avergonzado ante una muy simple palabra y me ruega que no desperdicie saliva en él de esa manera. La chica encuentra la situación graciosa y por fin me convenzo de que me encuentro ante un dúo de asesinos de lo más particular, asesinos infantiles y a la vez profesionales que parecen llevar a cabo un trabajo de forma efectiva y casi sin complicaciones.

Me mantengo al margen de la interacción entre ambos hasta que la chica se marcha por las escaleras por cuenta propia antes que mantenerse con nosotros dos. No cuestiono su actuar pues nuevamente, los expertos asesinos son ellos, yo no soy más que una usuaria de mente y lengua ágiles. Me giro hacia el hombre, Yume, así le había llamado la chica y me toma por completa sorpresa el agarre que ejerce en mí. Me toma entre sus brazos como si no pesara más de lo que pesa una simple muñeca de trapo —Ésto n-no es...— no es necesario, eso deseaba decirle pero me centro más en hacer desaparecer el rubor que ha pintado ambas mejillas mías, no logro recordar la última vez que nadie ganó el privilegio de tomarme en sus brazos de ésta manera —Debes tener un olfato muy agudo porque he salido sin rociarme una gota de perfume para ésta reunión— intento responder con total naturalidad ignorando el hecho de que aparto la mirada de la suya y me abrazo fuertemente a mi maletín. Por dentro agradezco ese pequeño cumplido, solamente no sé reaccionar de forma apropiada a los mismos y menos aún a lo siguiente.

Si en algún momento pensé que emplearíamos las escaleras de emergencia me equivoqué enormemente pues lo que él tiene planeado para ambos es algo extremo, demasiado para mi gusto inclusive. Me sujeto bien a él rodeando su cuello con mis brazos y oculto mi rostro contra su pecho. Sé bien lo que tiene en mente en cuanto nos adentramos al túnel por el cual solía viajar ese elevador, una caída rápida, precipitada para cumplir mi petición de llegar hasta los estacionamientos subterráneos, mi único objetivo en éste momento y también el de éstos dos asesinos. No pronuncio palabra alguna aunque le maldigo en silencio por ni siquiera arrojarme una advertencia, prepararme mentalmente. Lo único que hago es abrazarme a él como si fuera un pequeño koala que no desea ser apartado de su árbol por culpa de un enorme vendaval.

Pasan algunos segundos que me resultan eternos hasta que finalmente él toca suelo y me aparto del mismo para que mis botas con tacones hagan lo mismo, es un alivio, un enorme alivio. Le observo con cara de pocos amigos por un muy breve momento. Su rostro puede parecer inexpresivo, tal vez frío pero sus palabras y en sus ojos se puede ver una preocupación honesta hacia mi persona —No soy fanática de éstas cosas, agradecería una maldita advertencia para la próxima— respondo con un ligero tono severo en mi voz y arrojo una fugaz mirada a su mano,  ¿se la habrá herido en el descenso hacia ésta zona del edificio? Más que dispuesto a herirse con cumplir con mi petición, me agrada demasiado su actuar.

—Hay disparos en la zona del estacionamiento— observo en dirección a los mismos. Es probable que las fuerzas de seguridad del edificio hayan dado con el resto de criminales, con ese grupo el cual yo deseaba cerrar un jugoso trato y ahora estén arrinconados y llevando a cabo una balacera con tal de salir con vida del lugar. Tiro de su antebrazo invitándole a avanzar —Ven, no perdamos el tiempo debemos ir y...— no soy capaz de finalizar la frase pues tres uniformados hacen acto de presencia tras surgir de una esquina. Uno nos señala y los otros dos elevan las armas hacia nosotros. Un estruendoso disparo y un proyectil pasa a escasos centímetros de mi oído, desvaneciendo por completo algunos de mis cabellos. Un pequeño grito se escapa de entre mis labios a causa de aquello y caigo al suelo pero gateo y retrocedo hasta quedarme atrás de mi escolta —¡Ábrete camino a disparos, mátalos!— le ordeno sin pensármelo. Si tan dedicado es a la hora de cumplir con los deseos y las órdenes de su master, entonces que mate a éstos hijos de puta para protegerme y llegar a nuestro destino. ¿Dónde estará la chica y qué estará haciendo?
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Mensaje por Ayumu & Nemuri el Mar Jun 11, 2019 6:36 pm

Estaba bien. Encabronada como toda una mujer de carácter puede estarlo, pero estaba bien. El joven escolta se limitó a cerrar los ojos y hacer una ligera reverencia ante la dama frente a él. — Me disculpo. — No volverá a suceder, pensaba a sus adentros. La palabra del amo era su ley, y esta mujer era su dueña en esos momentos. Eficiencia y absoluta obediencia eran las cualidades por las que él y su hermana eran conocidos… Que buscaran la vuelta a la tuerca una que otra ocasión era otra cosa.

Fijó sus platinados orbes sobre su mano. El guante se había arruinado y la piel de su palma había recibido una herida bastante antiestética, no muy grave, pero la verdad es que se veía peor de lo que estaba. Uso sus colmillos para despojarse del guante al jalarlo por uno de los extremos, pues su otra mano tenía la encomienda de vigilar la maleta con la mercancía de su Master y era su deber cuidar tanto a la maleta como a ella con su vida. Ya luego atendería su mano apropiadamente.

El sonido de disparos a la distancia alertaron todos sus sentidos. Las autoridades seguramente ya habían entrado en el edificio y ese alboroto seguramente atraería más. La albina tenía razón. Tenían que salir rápidamente de ese lugar si no querían verse rodeados por los fastidiosos uniformados. Sintió el agarre de la señorita Jäger, pero inmediatamente percibió el peligroso aroma de la pólvora y la sangre acercarse hacia ellos. — ¡Master! — Gracias al cielo aquellos guardias tenían una pésima puntería, pues uno de los proyectiles solo le había rozado una de sus mejillas al azabache, provocándole un rasguño que no tardo en sangrar. Iba a tomarla de nuevo en brazos y buscar refugio, pero la siguiente orden de la femenina llegó a sus oídos. Sonrió. La orden de la esposa de Danzou era que hubiera solo una muerte por su mano, la de su esposo. Eso complicaba inmensamente su trabajo. Pero su nueva Master le había facilitado mucho las cosas de ahora en adelante. Su sonrisa se ensancho de tal forma, que el filo de sus colmillos brillaba peligrosamente en la oscuridad de la estancia. — Como ordene. — Sacó su arma. Tres disparos; tres balas; tres cabezas. Aquellos hombres iban protegidos con armaduras especiales, pero da igual el grosor de la coraza, siempre había un punto más blandengue para que una bala pudiera penetrarla: los ojos.

Los tres cuerpos cayeron uno tras otros. La puntería de Ayumu era famosa no solo en el ERO, así como su fuerza y su olfato. Miró a su espalda, asegurándose de que su señora estuviese bien. — Master Jäger. — Llamó a la mujer mientras revisaba la munición que le quedaba. — ¿Cómo es la persona con la que debe reunirse? — No le quedaban suficientes balas para la fiesta que se escuchaba poco más adelante. Escuchaba la descripción atentamente al tiempo que recargaba el único cartucho de repuesto que se trajo para el trabajo. Guardó el arma en la funda de su cintura y avanzó a paso calmo hasta los cadáveres. Seguro a ninguno de ellos les molestaría su tomaba una de sus armas prestada. — Nemu. — Llamó a su hermana a través del comunicador. No hubo respuesta alguna, ¿estaría en problemas? — Nemu. — Llamó de nuevo, esta vez con más insistencia. — ¡Nemuri!

¡Estoy ocupada! — No se oía feliz. Al otro alado de la línea se escuchaban disparos, quejidos ajenos a la voz femenina de su gemela y una que otra palabra malsonante dirigida hacia ella. Nemuri se había encontrado con su propio problema en medio de la balacera entre criminales y justicieros.

¿Estas bien?

¡Sí…! — Realmente no. Esto de abrirse paso sin matar a nadie era más complicado de lo que pensaba.

Nemu. — Llamó de nuevo a la chica para obtener su atención. — ¿Escuchaste a Master Jäger?  

Sí. Te veo en el-- ¡Hijo de…! — “Te veo en el estacionamiento”, era lo que iba a decir. Pero un uniformado trataba de someterla a la fuerza.

Nemu. — Suspiró. — Master Jäger dio permiso de matar a quien sea para abrirnos paso. —Casi podía visualizar la sonrisa de su hermana luego de decir eso.

Ouh… — Se escuchó la resonancia del filo de una espada, seguido de un quejido agónico de dolor. — Eso facilita mucho las cosas.

Lo sé.

Nos vemos en el estacionamiento. — Fin de la llamada.

Ya sabía lo que tenía que hacer. En la otra ala del estacionamiento estaba la hecatombe, como también la salida más rápida del edificio. Tomó dos pistolas de calibre pequeño de los cadáveres que recién había despachado, acomodando una en su cinturón y la otra sujetándola en su mano herida; también tomó un fusil de asalto, acomodando este último en su espalda junto a su mochila. — Master. — Se giró para verla nuevamente, pero esta vez extendió la maleta hacia ella. Necesitaba las dos manos para lo que iba a hacer. — Aférrese a mí y no se suelte. Le pediría que se quede aquí y se esconda, pero no sabemos si alguien más podría venir y apresarla mientras me encargo del tiroteo. —Con suma delicadeza, sujetó la cintura de la mujer para aferrarla a su cuerpo tanto como fuera posible. — Avanzaré poco a poco, así que no se separe… — Una suave sonrisa apareció en su rostro, dedicada para la albina en pro de sembrarle un poco de seguridad. — No se preocupe. No dejaré que nada la lastime. — Primero tendrían que matarlo a él para permitir que nada le sucediera a ella. Era su escolta después de todo.

Del bolsillo de su pantalón sacó cuatro pequeñas bolitas platinadas, de las mismas que usó su hermana para encargarse de los ex escoltas de la Master en el ascensor. Las agitó en su mano y respiró profundo una última vez para despejar su mente. Avanzó a paso lento pero firme hasta la siguiente ala del estacionamiento, y no tardó en ver a criminales atrincherados tras unos vehículos a un lado mientras que los uniformados se refugiaban tras sus patrullas en el otro. Cuando lanzó las bombas de humo en medio del campo de guerra, no pasaron ni diez segundos cuando la confusión total se apoderó del sitio.

Sus pupilas se rasgaron cual animal a punto de ir contra su presa, sacó otra de las pistolas de su cinto y comenzó a avanzar en medio de la bruma, disparando a cuanta cabeza lograra distinguir entra las sombras. No podía ver sus caras ni distinguir de que bando eran, pero daba igual. Todos eran enemigos de su señora y podía distinguirlos, así que su objetivo era ultimar hasta el último de ellos. De vez en cuando se detenía para asegurarse de que su Master se mantuviera con él, pero cuando sintió una mano enemiga sujetar la chaqueta de la albina, un gruñido gutural se escapo de su garganta. Cual perro guardián que no perdona a quien se acerque a su señora, Ayumu tomó al individuo, importándole poco si era hombre o mujer, y lo usó como proyectil humano contra un grupo que disparaban a ciegas contra todo lo que se moviera. La fuerza fue tal que no solo derrumbó a los tiradores, sino que logro azotar con considerable intensidad el vehículo que estaba tras ellos. Cuando las pistolas se quedaron sin munición, la masacre siguió inmediatamente con el fusil de asalto. Lento pero seguro, el azabache avanzaba de forma que el humo no se disipara demasiado en su posición. De vez en cuando las balas rosaban sus ropas y su rostro, pero en todo momento la seguridad de su Master fue su prioridad. Poco a poco los disparos fueron disminuyendo, hasta que finalmente estuvo lo suficientemente cerca del último de los informados para finiquitar el asunto con un golpe certero que termino por romperle el cuello y retorcer su cabeza hacia atrás.

El humo por fin se esfumó… Y un manto de cadáveres quedó tras ellos.

—  Esperaremos aquí mientras Nemu llega, así que busque dónde refugiarse… —  Su mirada platinada no se aparta del campo de batalla a su alrededor. Otro enemigo podía aparecer en cualquier momento. — Master. — Tomó con delicadeza el mentón de la mujer para poder ver su rostro. — ¿Esta vez le advertí de forma apropiada?


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Mensaje por Hellen Jäger el Mar Jun 11, 2019 9:37 pm

Las cosas se habían torcido, mis planes de llevar a cabo una pequeña reunión de negocios para enriquecernos entre ambas partes habían tomado un rumbo completamente inesperado. Se habían jodido casi en un parpadeo pero de repente, los que jodieron mis planes se están encargando de enmendar el error. Esos tres disparos, esos tres cuerpos que caen pesadamente sobre el frío suelo con sus cráneos perforados a causa de los proyectiles son la prueba de ello. Son capaces de herirse así mismos, de derramar la sangre ajena con una sonrisa en sus rostros y sin que el pulso les tiemble y honestamente ha pasado un buen tiempo desde que me encontré con ésta clase de individuos.

—Es una mujer, pelirroja, pocas pulgas— respondo a su pregunta mientras me paro a su lado pero no le veo al rostro, sostengo la mirada en aquellos cuerpos que momentos antes estaban llenos de vida, abriendo fuego contra nosotros, qué fácil resultó ser para él. Me volteo hacia él, habla con aquella chica, su hermana. Le informa que he dado luz verde para matar a todo el que pretenda bloquear nuestro paso y tras aquello la comunicación se corta.
Escucho la petición del ajeno y sin rechistar accedo a cumplir con la misma. Mis dos manos llevan una maleta pero no me es impedimento para apegarme a él y posar un brazo alrededor de su cintura —Te tomo la palabra, ábrete paso y encárgate de que no me llenen de agujeros como a un colador— lo veo capaz, más que dedicado a ser un escudo humano llegado el momento oportuno, se puede decir que deposito un buen nivel de confianza en él y en su hermana ahora mismo.

Una vez rapiñados los cuerpos sin vida y él bien equipado nos arrojamos sin más a la boca del lobo, al encuentro con aquella mujer y su séquito de matones y por supuesto que también con las fuerzas del orden y la ley, tan oportunos como siempre. Y finalmente a paso lento nos acercamos al tiroteo, por un lado una banda de criminales atrincherados tras unos vehículos, abriendo fuego contra los uniformados y claro, éstos últimos también devuelven los disparos. Mi escolta actúa arrojando las granadas de humo y en cero coma la confusión se apodera del campo de batalla. Nuevamente ésto no me lo esperaba, no esperaba que él me invitaría a bailar un vals de sangre y fuego porque eso es justamente lo que es. Se desenvuelve de forma natural entre el caos de la situación, abriendo fuego, acabando con aquellas vidas como si su único propósito, su única tarea en éste mundo fuera aquello, sembrar la muerte.

Una mano desconocida, vigorosa y envuelta en un guante táctico me toma bruscamente de mi abrigo y amenaza con apartarme de mi escolta pero mi guardián responde ante semejante ofensa tomando y utilizando a aquella chica, figura de la ley como un proyectil siendo arrojada hacia sus compañeros. Habría preferido quedarme escondida tras algún coche con mi mercadería y esperando a que todo el alboroto pasara, no deseaba verme envuelta en éste aluvión de proyectiles pero pronto la tempestad pasa cuando el último uniformado cae exhalando su último aliento. Por fin el caos se da por finalizado y puedo permitirme volver a respirar con normalidad luego de éstas situaciones límite en las que me he adentrado. Me cuesta apartarme de él, es como si mi vida dependiera de ello pero lo hago, intentando retomar la compostura. Suelto un sonoro suspiro cuando éste me toma con gran delicadeza del mentón para que le mire a los ojos —Sí...— pronuncio casi en un susurro —Lo hiciste bien, estuviste excelente— aparto el rostro lentamente tras susurrar aquello y en cuanto observo a nuestro alrededor me percato de que él ha sido la caballería que los criminales necesitaban en éste enfrentamiento.

—Vayamos con ellos mientras esperamos a la chica— ordeno a la vez que le señalo con el mentón a las maltrechas filas de criminales que plantaron cara a las autoridades. Me aparto para avanzar a paso ligero hacia ellos con ambas maletas en cada mano —¿Jäger? Eres una maldita demente por aparecer de esa forma— la pelirroja ordena a sus matones que bajen las armas, yo por mi parte no puedo hacer más que regalarle una gran sonrisa antes de recostar ambas maletas sobre el capó perforado de uno de los coches y abrirlos ante ella —En ningún momento mencioné estar cuerda. Se supone que íbamos a cerrar un trato ésta noche, ¿no es así? Aquí tengo el pedido si tienes el efectivo— me volteo hacia ella con los brazos cruzados. Me observa incrédula antes de soltar una risita y con un ademán de cabeza uno de sus hombres me hace entrega de un maletín antes de enseñarme el contenido del mismo, billetes, muchos billetes que pienso invertir de forma sabia en los próximos minutos —Nos iremos de aquí en breves, deberías de hacer lo mismo si aprecias un poco tu vida— me dedica aquellas últimas palabras antes de darme la espalda. Razón no le falta, no debería de perder más el tiempo en éste lugar.

Abrazada a la maleta repleta de dinero avanzo entusiasmada, feliz inclusive de haber cerrado semejante transacción a pesar del baño de sangre del que me he escapado ilesa —Usted— llamo su atención —La chica, ¿en dónde está?— no la he visto desde que decidió bajar las escaleras por su cuenta y en solitario. No dudo en que se haya encontrado resistencia pero hay un asunto que deseo tratar y es mejor si ella también está presente —Quiero hacer una compra de último momento antes de que nos larguemos de éste cementerio— esbozo una pequeña sonrisa, fina y delicada —Quiero comprar a un muñeco y una muñeca y llevármelos a casa, no me importa el precio, los quiero a ambos— entrecierro los ojos. Quiero al dúo, me hacen falta en mi vida.
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Mensaje por Ayumu & Nemuri el Sáb Jun 15, 2019 7:16 pm

La perenne serenidad del rostro del varón no fue perturbada, pero cerró sus ojos y dejo salir un ligero respiro de satisfacción ante las palabras de congratulaciones de su nueva señora hacia sus acciones. Eficiencia y discreción. Esas eran su firma… Aunque juzgando por el manto de cuerpos tras ellos, solo había cumplido una de las dos en esta ocasión. Pero bueno, la primera valía más que la segunda.

Su entrecejo se arrugó ligeramente al notar que no todo había muerto en ese estacionamiento. Aun quedaban algunos criminales vivos, y estaba más que dispuesto a volver a sacar su arma para fulminar a cualquiera que arremetiera contra su señora, pero al escuchar la fémina voz de la albina, sus instintos se controlaron instintivamente. Su orden era su ley, pero como buen perro guardián, desconfiaba hasta de los insectos que revolotearan alrededor de su Master. Vio a la mujer apartarse para ir al encuentro de los sobrevivientes. Ayumu solo se limitó a seguirla de cerca, vigilante ante cualquier movimiento extraño.

Llegaron al encuentro de una mujer pelirroja. Guapa, sí, pero le gustaba más el porte osado y elegante de su Master; además, su cabello era más bonito. — Mmh. — Deja salir un refunfuño ligero luego de oír semejantes palabras malsonantes dirigidas hacia la Master Jäger. No iba a arremeter contra la dama, pero como hiciera algo más para ofender a su señora no iba a quedarse tranquilo. Era un escolta después de todo. Su deber era proteger a su Master de lo que fuera, por muy ligero e insignificante que fuese.

Ambas mujeres cerraron su convenio sin mayores preámbulos o complicaciones. El joven de mirada platinada solo se limita a observar desde cierta distancia. Apartó el rostro cuando la albina abrió la maleta para dejar ver el cargamento de droga en el interior. No es que le impresionara, pero todo asunto que involucrase drogas no se le daba bien. Su olfato era demasiado sensible y tenía que tener sumo cuidado cuando estaba cerca de ese tipo de cosas. Por lo demás todo fue rápido y sin formalidades superfluas. Intercambiaron maletas, y ahora la peste del dinero en efectivo penetró sus fosas nasales. El negocio estaba hecho. Ahora quedaba el asunto de salir de ese agujero.

¿Eh? — Parpadeó un par de veces luego de que lo llamaran. De nuevo, lo habían llamado de “usted” y esto lo cohibió un poco. El ligero rubor de antes volvió a hacerse presente. — Master, le dije que… — La frase quedó en el aire luego de que la mujer preguntara por su hermana. Cierto, aun debía reunirse con ellos. También mencionó algo de una última transacción antes de salir del sitio, algo de unos muñecos que quería a cualquier costo… ¿No se refería a…? Cerró los parpados, llamando a la lógica. Era imposible. No valía la pena ilusionarse, así que apartó cualquier ápice de ingenua esperanza de sus pensamientos. Nemu. Debía centrarse en Nemu. — No debe tardar en llegar. Seguro fue a buscar una vía de escape para nosotros. — Es lo que él haría, y ambos eran dos partes de uno solo. Los gemelos tenían esa cualidad misteriosa, ¿no?

¡Patrulla! — Gritó uno de los hombres bajo las órdenes de la mujer que recibió la droga. Efectivamente, una patrulla de las fuerzas de paz se acercaba a ellos. Venía de forma lenta y las luces frontales parpadeaban intermitentemente. Ayumu supo de inmediato de qué se trataba, así que sacó su arma rápidamente para apuntar hacia la cabeza del sujeto que advirtió sobre el vehículo. Como él o cualquiera apuntaba contra esa patrulla, le perforaría los sesos hasta dejarlos irreconocibles.

Es mía. — Fue su escueta declaración. La confusión se vio presente en los rostros de los criminales, pero le daba soberanamente igual. Se giró hacia su señora con una expresión tranquila en su rostro. — Master Jäger. — Dice mientras camina con suma normalidad hasta la patrulla, y con un gesto sumamente caballeroso y servicial, abre una de las puertas traseras para que la fémina entrase cómodamente, cual fiel mayordomo en espera de que su reina entrara a su carruaje.

Esperó que su Master entrara en el vehículo antes de dar la vuelta y entrar por el otro lado. Adentro estaba su hermana ya acomodada en el asiento del copiloto, amenazando a un tembloroso y aterrado uniformado. Las manos del pobre hombre se hallaban esposadas al volante, mientras el filo ensangrentado de la espada de Nemuri se hallaba peligrosamente aferrado a su yugular. Tenía sentido que tomara aquella pobre alma como rehén. Después de todo, ninguno de los dos sabía conducir.

¡¿Pero qué demonios te pasó?! — dijeron los gemelos al unisonó una vez se vieron finalmente el uno al otro. Ayumu no estaba en sus mejores condiciones con su ropa rasgada por las balas que volaban a su alrededor y ese rasguño ensangrentado en su mejilla, pero Nemuri tampoco se veía muy bien con las manchas rojizas en su uniforme rasgado y ese rastro de sangre emanando de su frente, manchando la mitad de su rostro. Ambos se miraron con genuina preocupación y angustia por el otro. Era gracioso. Les importaba un bledo lo que les pudiera pasar a ellos mismos, pero cuando se trataba del otro se volvían unas fieras sobre protectoras. Para él, lo único bueno en la vida era ella. Para ella, lo único por lo que valía la pena vivir era él. El resto no importaba.

¡Eh! — El filo de la hembra del dúo se afianzó peligrosamente al cuello del oficial. Había sentido un movimiento extraño de su parte. — Mueves un solo músculo y te corto los testículos. ¿Estamos? — No obtuvo mayor respuesta que algunos gimoteos de terror y un tembloroso movimiento de cabeza. — Bien. Ahora conduce. Despacio. Como si no tuvieras a dos asesinos amenazándote con una dolorosa castración.

Yo no lo he amenazado con eso.

Vale. ¿Con qué lo amenazas tú?

Aplastarle el cráneo con mis manos.

Pues eso. Ahora conduce. — El pobre hombre obedeció entre suplicas inentendibles debido a los gimoteos de desesperación y terror. Es natural luego de ver a esa chica en uniforme de colegiala masacrar a todo su escuadrón. — ¡Danna-sama…! — El rostro frío e inclemente de la asesina fue reemplazado por las facciones suaves y aliviadas de la escolta. Jäger-danna estaba ilesa y eso la alegraba inmensamente. — ¿Esta usted bien? ¿Logró completar su trabajo? Yume no la asusto mucho, ¿o sí? Se ve pálida. Esta temblando. ¡¿Qué le hiciste, Yume?!

Nada. — Responde con cierto tono ofendido ante la acusación. Técnicamente era cierto. Él solo seguía órdenes… De una forma poco ortodoxa, sí, pero solo seguía órdenes. — Hice mi trabajo.

Sí, ¿pero de qué forma? — El entrecejo severo de Nemuri delataba que conocía demasiado bien a su hermano. ¡Era un bruto, por todos los cielos! A saber qué hizo para provocarle algún trauma psicológico a su señora. — Quita esta rendija. Necesito revisar a Jäger-danna. — Hablaba de la clásica rejilla que se interponía entre un recluso y el oficial dentro de la patrulla.

¿C-Cómo va a quitar…? — El oficial dejo de hablar para dedicarse a chillar cuando el joven arrancó la barrera como si fuese un fastidioso pedazo de papel. ¡¿De dónde demonios habían salido estos sujetos?!

Cuando Yume acomodó la rendija en el suelo del vehículo para que no estorbara, Nemu se pasó a la parte de atrás de la patrulla para reunirse con su nueva Danna-sama, dejándola en medio de los dos gemelos. Por supuesto, Yume sacó su pistola para continuar la labor que había empezado la katana de su gemela. Como el sujeto al volante tratara algo extraño, le reventaría los sesos de un tiro. Por su parte, Nemuri tomó con suma delicadeza el rostro pálido de la albina entre sus suaves manos, dedicándole una genuina mirada de preocupación por su integridad psicológica. — De verdad lamento mucho si mi hermano le provocó alguna molestia. Es mi culpa. D-Debí advertirle que Yume tiene esta forma de actuar. L-Lo siento tanto, Danna-sama. — Dice mientras se dedica a revisarla para asegurarse de que no tuviese ningún rasguño.

Hablas como si fuese un animal. — ¡Y eso le ofendía! ¡Mucho! Pero inmediatamente recuperó la concentración cuando sintió un movimiento no autorizado de la cabeza del oficial. Gruñó cual perro guardián dispuesto a matar sin miramientos, controlando así al rehén/chofer.

¡Lo eres! — Dice la chica mientras tomaba a su pobre Danna-sama entre sus brazos, abrazándola contra su pecho. Danna-sama era más bajita, así que no era difícil rodearla entre sus brazos para protegerla con su metro setenta y cinco. — Eres un bruto que no considera que Danna-sama es una hermosa dama que merece ser tratada con delicadeza. ¡Debiste ser más cuidadoso!

Oye no es justo. Yo también quiero abrazarla. — Pero no podía porque tenía que mantener controlado al chofer… Realmente era injusto.


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Mensaje por Hellen Jäger el Dom Jun 16, 2019 1:27 am

¿Se puede decir que me observa algo confundido luego de escuchar mis palabras, mis intenciones de comprar a su hermana y a él? Puede que lo esté pero no veo motivos del por qué, son capaces, son más que capaces de llevar a cabo trabajos jodidos, verse envueltos en situaciones en las cuales muy pocos podrían salir con vida y por lo menos el muchacho lo ha hecho y conmigo en brazos. Los quiero para mí. Mientras tanto me encojo de hombros, supongo que esperaremos a su hermana para comunicarle que deseo comprarlos a ambos, luego realizaré la compra oficial, no importa el precio, los quiero para mí.

En un breve momento de confusión aparece un patrullero, refuerzos es la única palabra que se me viene a la mente y siento cierto impulso de salir corriendo de aquí, de verdad que no deseo que ni un maldito Juez me ponga las manos encima y me condene a pudrirme en en los calabozos que posee el centro de justicia. Pero no, resulta que es un vehículo para mi escolta y para mí, la chica es inteligente y logró apresar a un uniformado para que sea nuestro chofer —Ingeniosa, me agrada, muy bien hecho— pronuncio una vez tomo asiento en el interior del transporte de Jueces. Lo más sensato ahora mismo sería ir a los barrios oscuros o mejor aún, Oikashi, allí las autoridades no se atreverían a pisar ni de coña, los uniformados son alimento para las hienas que rondan en la oscuridad de ese lugar.

Estoy ahogada entre un mar de pensamientos, distintas posibilidades de que nos puedan dar caza y muchas más con planes para lograr birlar a la justicia de forma efectiva. Puede que no me haya percatado de nada hasta que sus manos toman mi rostro y me traen a la realidad. Me tiembla el pulso, demasiado pero no es de extrañar, no luego del vals de plomo y sangre en el que me vi obligada a participar con su hermano, nada de opciones para mí —Estoy bien, yo solamente...— comienzo a pronunciar apartando lentamente mi rostro del suave tacto que proporcionan las manos de la chica. Ésta, por otro lado, no desea apartarse de mí, parece demostrar genuina preocupación por mi integridad física y mental y me toma entre sus brazos, estrechándome contra su pecho. No soy capaz de recordar cuando fue la última vez que me abrazaron de ésta manera, no se puede decir que eso sea bueno pero me siento muy rara con todo ésto.

—Estoy bien, lo peor ya ha pasado— me digo para mí misma más que para el dúo de asesinos —Necesito unos pocos minutos de calma para serenarme y pensar con claridad— demasiadas cosas en un lapso de tiempo tan reducido pero sin embargo logré sellar mis negocios de manera efectiva, ahora solamente toca desaparecer sin dejar rastro alguno, eso es todo —Vamos a Oikashi, si logramos pasar desapercibidos conservarás tu vida, espero que olvides mi rostro y todo lo que ha sucedido ésta noche— amenazo al uniformado que nos sirve de chofer. Lo más sensato sería matarlo una vez el vehículo se pierda en aquel lugar, ha visto mi rostro, no me olvidará, ni a mí ni a ellos.

Sueno mi cuello de forma estruendosa antes de carraspear y tomar a la ajena del mentón para que se centre en mí, vuelvo a arremeter con palabras —Quiero llevarme a dos muñecos a casa— murmuro con voz suave, calma —Tu hermano y tú han hecho un trabajo fantástico, no me impresiono fácilmente pero...— esbozo una pequeña, filosa sonrisa antes de sisear nuevamente —Me han dejado sin palabras y los quiero para mí, no me importa el precio, ustedes me pueden ser de utilidad y lo que ustedes quieran se los daré— acaricio su mejilla suave, delicadamente con la yema de mi pulgar, mi diestra se aferra a la maleta repleta de efectivo —¿Qué dicen?— mi mirada se clava sobre su hermano. Es impensable volver a casa sin ellos.

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Mensaje por Ayumu & Nemuri el Dom Jun 16, 2019 3:01 am

Nemuri no estaba del todo convencida de las palabras de Jäger-danna; especialmente porque el susurro de su voz sonaba inseguro y alterado. ¡Yume era un idiota! Le dedicó una última mirada de reproche al varón de cabellos azabache, a lo que este solo se limitó a contestar rodando los ojos. Nemu era toda una histerica a veces…

Ya oíste a la Master. Conduce. — Su voz más parecía un gruñido autoritario. Y para agregar más peso a las palabras de su señora, aferró en su totalidad el cañón del arma al cuero cabelludo del chofer. Los rastros de materia gris dejarían un patrón divertido si llegasen a impactar contra la ventana.

La chica, por su lado, solo suspiró con suma resignación. Estando allí, todavía en medio de un trabajo, seguro que su hermano menor no le haría mucho caso. A veces Yume tenía la odiosa costumbre de creerse el mayor solo porque era más fuerte y más alto… Y porque tenía pene. Infló una de sus mejillas con notoria molestia al pensar en eso último. Ya se desquitaría cuando volvieran al ERO… Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando de repente sintió un agarre sutil en su mentón. Sus orbes oscuros como la noche se encontraron frente a frente con dos astros dorados. La femenina voz de su nueva señora era un murmullo suave, casi un seductor siseo.

¿Eh? — Parpadeó con suma confusión al oír sus palabras. ¿Muñecos? ¿Acaso irían a una juguetería a estas horas? Pero sus dudas fueron aclaradas en cuanto siguió escuchando la hechizante voz de la albina. Hablaba de ellos. Ella y su hermano eran los muñecos…

Quería comprarlos.

La incertidumbre se apoderó de las facciones de Nemuri, al mismo tiempo que la preocupación poseía la mirada de Ayumu. Entonces no se equivocaba. Master Jäger realmente hablaba de comprarlos a ellos… Ambos gemelos se miraron entre sí en un significativo silencio. Como si con solo mirarse se comunicaran todo lo que querían decir. ¿Cómo podían explicarlo? ¿Qué palabras eran las correctas para expresar esto que les presionaba en el pecho? La fémina apartó su mirada al suelo del vehículo, mientras el varón se rascaba la nuca con su mano libre con cierta incomodidad.

Master./Danna-sama. — Hablaron al mismo tiempo. Se miraron. Nemu alzó las manos y cerró sus parpados en un gesto para cederle la palabra a su hermano. Sacó nuevamente su espada para regresar a su trabajo original de mantener controlado al rehén a punta de amenazas, esta vez desde atrás.

Master… — Esta vez el joven azabache tomó la palabra. Bajó el arma y se acomodó de forma que pudiera ver a la mujer frente a frente. — Nosotros no queremos nada. — No se les permitía tener nada. Mr. Bunny y Wolfy eran una excepción a la regla porque eran inofensivos y, monetariamente hablando, no valían nada. — Si fuera por nosotros, nos iríamos con usted sin pedir nada a cambio… Pero no es a nosotros a quien debe pagarle…

Tampoco sabemos cuanto valemos. — Agregó su hermana sin desatender su filo contra la garganta del chofer. — Siempre que preguntamos en el ERO nunca nos responden claramente.

No me jodas. ¡¿Son solo esclavos del ERO?!

¿Quién te dio permiso de hablar? — La muerte se asomaba por los ojos platinados del chico mientras su arma se unía para hacerle compañía a la espada de su hermana. No le gustaba que les llamaran así, y menos en ese tono. ¿”Solo esclavos del ERO”? Sonaba como si para el resto del mundo, lo que salía del ERO era inútil e inservible… Eran esclavos, sí, pero tenían cierto orgullo que los mantenía cuerdos.

Jäger-danna no es la primera interesada en comprarnos. — Continuó la chica. Esta vez bajó la espada para observar atentamente a la albina. Darle toda su atención. — Han habido muchos, muchos amos que han querido llevarnos a Yume y a mí. — Desde que tenían cinco años. Hombres; hombres; mujeres; una vez incluso un sujeto de piel azul y tentáculos en la cabeza trató de comprarlos. — Pero siempre que van al ERO para hacer la transacción, salen de la oficina riéndose y sin haber comprado nada. Solo nos siguen alquilando ocasionalmente hasta que se aburren. — Y así una y otra y otra vez. Era la rutina de nunca acabar.

Cuando preguntamos, nunca nos contestan. — Y era frustrante. — Solo nos dicen que, si llegamos a tener hijos, ellos deberán seguir pagando nuestra deuda… Bueno, nuestra no.

De nuestros padres. —La chica suspiró con cierta resignación. Hacia años que la injusticia de toda la situación había dejado de alterarle. Era lo que le tocó, así que debía aguantárselo. — O al menos es lo que nos dicen.

Yume guardó silencio. Él sabía que la deuda era principalmente por culpa de la madre de ambos, de hecho lo sabía desde hace años… Pero jamás le contó nada a su hermana. Jamás supo el porqué, pero simplemente había algo que lo cohibía a hablarle de eso.

Salir del ERO es un anhelo que siempre hemos tenido…

Pero ya nos hicimos a la idea de que, así como nacimos ahí, moriremos ahí. — Y lo odiaban… ¿Pero que otra elección tenían?

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Omg, vas a hacer que me blushees <3 La verdad es que también me encanta rolear con Hellen o mejor dicho crisparle los nervios con las locuras de estos dos (?). ¡Con gusto te agrego al discord! En cuanto pueda (muy probablemente mañana porque ahorita DEBERÍA estar terminando un trabajo pero heme aquí) recibirás una notificación y así podremos seguir planeando tramas like villanos de disney (?). La verdad es que tengo algunas ideas que me muero por poner en la mesa <3 ¡Por mientras, me encanta como va quedando esto! >w<


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Mensaje por Hellen Jäger el Mar Jun 18, 2019 6:56 pm

Con su rostro tan cercano al mío puedo apreciar con sumo detalle esa confusión que se adueña de su mente y también de sus facciones, está confundida y su cerebro no sabe procesar con eficacia qué es lo que intento decir, al menos de primeras. ¿Acaso mis intenciones no son claras? Puede ser que les sorprenda que alguien intente comprarlos, contratarlos, como demonios sea que ellos prefieran llamarlo pero es que esa es mi intención. Los quiero en mi bolsillo, preparados para actuar ante cualquier trabajo que se me presente por delante y que éstos sepan afrontarlo con gran eficacia.

—¿El ERO?— así que son un par de hermanos que han sido esclavizados a causa de una deuda y es el ERO quien los tiene bajo su control. Honestamente, me da rabia saber que es el ERO quien posee semejantes joyitas en esas frías cuatro paredes que conforman el edificio. Tanto potencial, un dúo de asesinos que viven como esclavos allí. Si antes estaba decidida a comprarlos, ahora que me he enterado de que son propiedad del ERO no podré conciliar el sueño plácidamente hasta que se vengan conmigo.

No puedo evitar sonreír, reír un poco cuando ella me comenta lo sucedido con otros supuestos interesados en comprarlos. Individuos que se dieron la vuelta en cuanto les revelaron el precio verdadero de ese par de cabezas —Yo no soy como el resto de amos— comienzo a hablar tras mis pequeñas risas. Alterno la mirada entre ella y su hermano y prosigo —¿Saben algo? En los negocios se necesita algo más que una billetera gorda o una caja fuerte en el banco repleta de oro— sí, muchos se piensan que solamente con tener dinero pueden hacer lo que les plazca, pero el dinero no es más que la mitad de lo que realmente se necesita —Se necesita de una lengua afilada, de un carisma y mente ágiles para regatear y de esa forma te puedes llevar el mundo por delante. Dudo mucho que sus otros amos hayan poseído esas cualidades— mientras hablo me percato de que el coche patrulla de los uniformados se detiene en un oscuro callejón. Finalmente hemos llegado a Oikashi, me sorprende que no nos hayan acribillado nada más vislumbrar al patrullero entrar al distrito de hienas salvajes.

—A lo que voy es que, de una forma u otra, al final del día ustedes se vendrán conmigo— frunzo levemente el sueño. Cueste lo que cueste ellos serán de mi propiedad y no de unos pomposos ignorantes que conforman el directivo del ERO —Aunque deba endeudarme ustedes me servirán a mí, y sus hijos a los míos— ¿acaso no es eso lo que el ERO les ha dicho? Que ellos e incluso sus hijos deben de pagar una deuda. Efectivamente, pero yo soy muy distinta a esos esclavistas —Aunque las cosas como son, los Jäger somos jefes fenomenales y sabemos cuidar de los nuestros— me encojo de hombros y sonrío, orgullosa de mi nombre y apellido. Papá me enseñó a recompensar a quienes realizan un buen trabajo y su papá hizo lo mismo con él.

Me mantengo en silencio un par de segundos, no podemos quedarnos aquí en éste callejón, hay que actuar —Usted— llamo la atención del hombre —Le quiero muerto, sabe mi nombre, apellido y ha visto mi rostro. No puede salir con vida de aquí— y sin ver al uniformado ni perder el tiempo escuchando sus súplicas abro la puerta del vehículo para salir tomada de la mano de la chica. Era demasiado arriesgado dejarle vivo y como todo en la vida hay un momento para la piedad pero éste no lo había sido —Ustedes deberían volver al ERO. Yo tengo un asunto que atender aquí pero antes, respóndeme algo— hago una pausa, una muy breve en la que clavo mis ojos sobre los suyos, no los aparto ni un segundo —¿Tú y él se portarán bien si los compro o alquilo de por vida?— le pregunto sin más, ansiosa por escuchar qué es lo que ella me responderá —¿Me obedecerán al pie de la letra y cumplirán con todo lo que les pida?— si tan caros son quiero que lo valgan, quiero que valgan cada crédito que pueda llegar a invertir en ellos.
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Mensaje por Ayumu & Nemuri el Dom Jun 23, 2019 4:11 am

Nemuri parpadeó con soberano desconcierto una vez escuchó la grácil risilla de la albina salir de sus finos labios. ¿Acaso habían dicho algo gracioso? Quizás habían dicho un chiste sin darse cuenta. Una vez les pasó que dijeron una palabra que resultó ser una vulgaridad en otro idioma… ¿Será eso? Los gemelos se miraron. Yume se alzó de hombros como mera respuesta. Estaba tan confundido como su hermana ante la reacción de Master Jäger en respuesta a sus palabras, sus orígenes en el ERO y su desconocimiento sobre el valor totalitario de ambas cabezas… Pero la respuesta llega pronto a ellos.

Ciertamente, quizás se necesitase algo más que una asquerosa fortuna bañada de sangre para comprarlos a ambos, pero, ¿cómo saberlo? En el ERO los educaban solo lo necesario para saber fingir que no eran tan idiotas… Porque eran idiotas, ¿verdad? Eso es lo que les decían los amos del ERO… Entonces, si ambos no eran más que caras bonitas y sesos vacios… ¿Porqué esta mujer estaba tan dispuesta a sacarlos? ¿De dónde venía aquella determinación palpable en su voz? ¿Por qué ellos? En el ERO no paraban de decirles lo incompetentes que eran… Acaso… ¿Era mentira…? Yume trago grueso ante las palabras de la mujer, Nemu apretó sus puños en los bordes de su falda. ¿Realmente estaba pasando? No querían emocionarse pero había algo, algo diferente. Esta sensación de “ésta es la buena” que recorría el centro de sus estómagos hasta las puntas de sus dedos…

¿De verdad iban a salir?

En medio de sus meditaciones, los hermanos ni se percataron de que finalmente habían llegado al destino. Solo cuando la dama de ojos de serpiente sentenció la vida del pobre chofer fueron consciente de dónde estaban y en qué momento estaban. La hembra del dúo salió de la mano con su nueva señora, mientras el joven se quedó en el vehículo con una masa temblorosa y suplicante de miedo y desesperación.

¡Por favor, por favor no diré nada! — Gemía el uniformado. El rostro de Ayumu seguía tan impasible como siempre. — ¡Lo juro! ¡Juro que jamás diré lo que pasó, lo juro! Por favor, por lo que mas quieras, déjame ir. ¡Tengo una prometida…!

Un sonido desagradable fue el desencadenante del silencio en el interior de esa patrulla. Como si un melón hubiese sido aplastado contra la pared. El líquido carmesí salpico en su rostro y su mano se vio completamente bañada. Los orbes platinados del joven no expresaban nada particular. Ni odio, ni tristeza, ni lastima, ni felicidad… Nada. Porque ese hombre ya no era nada. Su Master había dado la orden. Aquella persona dejó de serlo una vez su señora sentenció su destino… Solo eso. Observó el desfigurado aspecto de quien fue su chofer ahora que su cráneo había sido aplastado entre sus manos. Era mejor así. Si usaba el arma haría mucho ruido, y hasta él entendía que no se podía hacer mucho escándalo en el sitio dónde estaba… Ahora…

Era una lástima desperdiciar una buena comida, ¿verdad?

Mientras tanto, la joven de orbes como la luna nueva observaba a su nueva señora. Quizás fuese la emoción del momento, pero por alguna extraña razón, Hellen Jäger le pareció la más hermosa de las criaturas que hubiesen tenido la desgracia de nacer en esta tierra. Claro que en ningún momento sus facciones o ademanes expresaron este pensamiento suyo. Se lo guardó para sí misma. A pesar de todo, Nemuri era una joven celosa de sus propios pensamientos…

Aquel ángel mutado en peligrosa mujer exigía obediencia, lealtad, excelencia. Más que esclavos, La albina pedía seguidores. Fieles a su imagen y pensamiento. Pobres impíos dispuestos a dar sus vidas por quien proclamarían como su nueva diosa. Su nuevo objeto de devoción ciega y férrea… No sonrió. En situaciones como estas, la chiquilla de cabellos ébano tendía a sonreír cual muñeca de porcelana, repitiendo una frase que tenía grabada en bucle para todos los Danna-sama que se cruzaban con ella… Pero esta vez no. Sus facciones parecieron tan serenas, tan serias, que podía rivalizar con la carta de presentación de su hermano. — Jäger-danna… — Había un ligero temblor en el hilo que era la voz de Nemuri. Un temblor que eran los intentos de su autocontrol por mantenerse calmada. — Su palabra es nuestra ley. Su enemigo es nuestra presa… — A pesar de que la peli negra era más alta, se sentía como si estuviese hablándole a un ente de sumo respeto. Más allá de un político o millonario, sentía que le hablaba a una deidad. — Cual sea su deseo, aun si es nuestras vidas…

Se las daremos sin dudarlo… — El joven azabache se reunió con ellas. Permaneciendo tan impasible y sereno, que eso solo agregaba un aire letal y despiadado al hecho de estar adornado con innumerables manchas de sangre. La más remarcable abarcaba toda la zona de su quijada. — Ten. — Dirigió el brillo platinado de sus ojos a su hermana. — La cena. — Dice mientras levanta una taza de café expreso, seguramente hurtada de la patrulla.

¡Uh! — Y la sonrisa primorosa de la chica regresó al semblante delicado de su dueña. ¡Su hermano era tan atento con ella! — No debiste molestarte. — Su uniforme ya estaba arruinado, ¿qué importaba mancharlo un poco más durante la comida?

No me gusta que comas como los otros. — El entrecejo del chico se arruga apenas un poco. Obviamente hablaba del resto de los vampiros. — O son muy grotescos o muy dramáticos. — O comían como coyotes salvajes o se pasaban de ridículos montándose una escena a lo Dracula. — Tú estas por encima de eso. — La suave sonrisa en sus labios enrojecidos solo se ve opacada por la calidez que despiden sus platinados ojos cuando observa a su hermana.

Eres un dulce… — Una tierna risilla se escapa de sus labios luego de oír semejante cursilería. Era gracioso como detrás de la mole de dos metros capaz de levantar un automóvil, había un alma dulce y atenta... Lo mismo pasaba con ella, pero ese no es el tema. Su hermano era un amor, y era suyo.

Y tú una idiota. — Pero la adoraba. Mientras dejaba que su hermana tomara su cena del vaso anteriormente del chofer, Yume tomó su sitio detrás de su gemela, solo para estrecharla entre sus brazos y apoyar el mentón en las hebras de seda negra que cubrían su cabeza femenina. Ya habían terminado de trabajar, así que tenía permitido abrazar a su hermana si quería. — Master Jäger… — Su mirada y su voz se dirigen hacia su nueva señora. — Fue divertido trabajar para usted. — La verdad es que sí. Además, la Master Jáger era bonita y olía dulce… La idea de servir a una mujer como ella le hacía mucha ilusión al chico. Sonrió apenas, pero el regocijo y la emoción casi destellaban de sus apacibles ojos. — La próxima vez prometo no ser tan brusco.

¡Mm! — La chica aparta el vaso de sus labios, interrumpiendo apenas su cena para ver a la albina. — La próxima vez déjenos cocinar para usted. ¡Como agradecimiento por esta noche! Hacía tanto tiempo que no nos movíamos tanto… ¡Y de paso conseguimos cena! — Dice en tono alegre, mientras alza su vaso y relame el rastro rojizo de sus labios.

Por ahora volveremos al ERO. — Aunque la idea no le causaba demasiada excitación. A ninguno de los dos, la verdad. — Esperamos verla pronto… — Dejó a su hermana libre del agarre de sus brazos, solo para limpiar su boca con la manga de su brazo y acercarse a su señora. — Master. — Dice para culminar con un ligero beso en la mejilla derecha de la albina.

Gracias por esta noche… — La chica, por su parte, camina junto a su gemelo para ubicarse en el flanco siniestro de su nueva señora. — Danna-sama. — Y con una tierna sonrisa, la chica imita en coordinación el accionar de su hermano, juntando sus labios en la tersa piel de la mejilla zurda de la mujer en un suave beso.

Ambos gemelos le sonrieron, permitiéndose solo entonces dejar salir un poco de la emoción que se los estaba comiendo por dentro. Tantos años, tanto dolor, tantas angustias, tantas lágrimas que nunca llegaron a ser derramadas... Todo, por fin, estaba a punto de llegar a su final... ¿Lo estaba? Una parte de ellos, una muy temerosa, se rehusaba a creer. Habían sufrido tantas decepciones a lo largo de sus vidas... ¿Y si esto era igual?

No valía la pena pensar en ello...

¿Crees que Megumi-danna nos deje comernos la cabeza? — Cierto, aun tenían algo que hacer antes de regresar al ERO; terminar el trabajo que los hizo encontrarse con aquella mujer en primer lugar. Tenían mucho que agradecerle a ese trabajo. Mientras ambos encaminaban sus pasos, Nemu observaba con cierta curiosidad la mochila abultada que llevaba su hermano en la espalda.

No lo creo... O tal vez. No sé. Todo depende de que tan feliz esté de verla. — Dice el varón mientras toma la mano de su gemela, entrelazando sus delicados dedos con los suyos.

Me pregunto qué hará con los testículos...

Creo que dijo algo de enviárselos a la... "Maldita zorra roba maridos"... Aunque no sé que es eso. — Y quizás era mejor que no lo supiera.

Ambos se marcharon mientras platicaban entre sí. Ambos con una nueva esperanza que los hacía sentir la emoción equivalente de un niño que está a punto de ir de excursión... Estaban aterrados también. Inseguros, dudosos, desconfiados... Pero aun así...

Sentía que había esperanza después de todo.


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