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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 12:50 am

Recibió un primer golpe a puño cerrado, justo y directo a su pómulo izquierdo que sin ton ni son la hizo caer al suelo sin capacidad de contraatacar. Estaba aturdida y aún en su poca conciencia, sabía que se había metido en terreno peligroso aún cuando había sido entrenada para levantarse ante un mal paso, si de algo se sentía aliviada era de haberse encargado del mayor de sus problemas, el varón. Quizás era estúpido de su parte pensar que podía encargarse ambos vándalos sola, sin ayuda de una mano más pesada que la propia como la de Cedric pero en el fondo deseaba exteriorizar ese deseo de ser una mujer independiente que se valía por si sola, de sus navajas y el fuego.

Demonios. — Se quejó en voz baja, escupiendo hacia un lado saliva ensangrentada. No tuvo oportunidad de ponerse en guardia porque ella estaba sentada agresivamente sobre su pelvis, jadeando y llorando bajo esa cobarde máscara kabuki que ocultaba su anónima identidad al igual que el varón tendido en el suelo, muerto, por cierto. — Tu novio difunto golpea mejor. — Sus palabras salían como una mofa monótona y cliché, que tarde o temprano provocarían negativamente a la mujer. Los reflejos se hicieron presentes cuando más los necesitaba, dando apenas segundos de tiempo a mover su cabeza para que el puño ajeno golpeara directamente el asfalto del callejón.

Too late. — Sentenció.

La zurda tomó la mano ajena en el suelo gracias al golpe errado, ¿la diestra? se encargó de la mano libre de la fémina y de un solo impulso fue capaz de voltear la situación. Literalmente. Sus orbes rojizos eran tajantes observando la figura femenina ahora desde arriba, tan filosos como el cuchillo resguardado en su muslo herido en combate y que estaba pronto a tomar. ¿Debía perdonarle la vida? Se trataba solo de una mujer resentida con la vida, con la juez, con su miserable existencia y todo lo que fuese de la mano. Tal vez y sí, pero ella también estaba herida. — Que nunca se te olvide esta cara. — Espetó, soltando un golpe similar al recibido sobre la máscara, con la mayor cantidad de fuerza que podía reservar en un puñetazo.

No podía estar segura de si había sido suficiente para privar a la mujer de acciones más que un desmayo seguro, pero si debía dar certeza de algo, era de estar perdiendo el tiempo ahí. Se trataban barrio peligroso, de esos que no frecuentaría a menos de que fuese completamente necesario y podía dar fe de que alguien más vendría y más que dar otra golpiza, poco más y podría matarla. Para su mala suerte por más de que así lo deseara no podía regresar a su elegante y pacífico hogar en Neoarghia sin verlo a él, más allá de un tema romántico.

Un soplido de queja escapó de entre sus labios rotos imaginando lo patética que se veía sosteniéndose al caminar con el hombro sobre la pared y una palma tapando su herida en el costado. ¿Qué más podía pedir? Había recibido cuchillazos en el muslo, a un lado del torso y más golpes de los que hubiese querido tener en su delicado rostro. Pensarse a si misma la hacía querer desfallecer en cada paso pero el gusto doloroso la mantenía en pie, caminante, viva, ni siquiera entendió como fue capaz de tomar la pistola dada por el departamento para apuntar con su espantoso pulso a la cerradura y caer rendida sobre el sofá más cercano una vez entró, completamente a oscuras, quejándose complacidamente de dolor.

¿Qué iba a pensar él? No podía culparla... ¿O sí?


Última edición por Nirvana Knox el Jue Mar 07, 2019 7:48 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 1:31 am

Enojo, mucho enojo como era de esperarse cuando un trabajo no salía del todo bien. Lo que acababa de acontecer en la vida del pelinegro era algo no muy frecuente, el fallo en medio de un tema laboral. No es nada de otro mundo pero para Cedric el fallo no era una opción con la que podría conformarse, su caminar era furioso y si sus pies estuvieran en llamas, el piso estaría completamente cubierto de huellas que dejarían marcas en el asfalto húmedo por el rocío nocturno, un rocío que en cualquier momento podría ser reemplazado por la lluvia. Su mirada se dirigió al cielo y ahí se los podía ver: Chispazos, pequeños destellos que posteriormente se transformarían en relámpagos tan furiosos como él.

Pero ¿a qué se debía el enfado de Cedric? A una pista falsa, a un engaño que no estaba dispuesto a dejar así... Pronto rendiría cuentas con esa rata, ese informante del bajo mundo que al parecer no lo conocía lo suficiente para saber que con Cedric no había que jugar, escogió al peor de los posibles. Su puño golpeó la pared de un callejón mientras él pateaba algunas botellas, no intencionalmente sino más bien porque estaban en el momento equivocado, en el lugar equivocado. Tanteó sus bolsillos con ambas manos y chasqueó la lengua todavía más enojado al apretar con su mano diestra la caja de cigarrillos absolutamente vacía. ¿Algo más? No parecía ser el día para Cedric Grindenwald, ni tampoco la noche.

Su teléfono vibró, un contacto llamó al pelinegro buscando calmarlo para que no se aparezca en cualquier momento por donde él se encontraba para evitar que Cedric haga trizas el lugar al estallar en enojo, pero sorpresivamente Grindenwald lo único que dijo fue que no haría nada de momento, solo quería ir a su apartamento y dormir... Nada más. Lo que aquel hombre con la cicatriz en el rostro no sabía, es que tampoco podría dormir con tranquilidad ya que habría una visita inesperada en su casa. Sintió la vibración de su teléfono nuevamente, una de las alarmas territoriales había sido activada hace poco tiempo ¿un ladrón de poca monta quizás? No, no podía ser posible ¿quién del barrio bajo sabría forzar esa cerradura avanzada?

El pelinegro alcanzó su casa luego de unos cinco minutos caminando a paso rápido donde temporalmente olvidó su enojo hacia el falso informante para preparar la mente y estar listo con el único objetivo de darle una paliza a cualquiera que estuviera cerca. Afinó su olfato felino y reconoció un aroma... Esa fragancia pertenecía a alguien familiar ¿a quién? ¡Le sonaba de algún lado! ¿De dónde? Todavía tenía que averiguarlo. Caminó subiendo las escaleras que lo sacarían de los callejones para alcanzar su piso, un edificio entero mejor dicho. Llegó a la puerta principal e ingresó a su casa, notando que a oscuras su visión podía notar algo. A alguien, mejor dicho. Casi que gruñó, lo único que le faltaba ¿qué hacía esa chica en su casa? ¿Por qué estaba herida?

─¿Qué crees que haces aquí? ¿Cómo entraste y ... Qué carajo haces sangrando?


El pelinegro abandonó temporalmente esa habitación o sala lobby para dirigirse al baño donde al agacharse en un pequeño mueble buscó y buscó por un minuto para encontrar gasas, alcohol y un gel desinfectante/cicatrizante que podría darle una ayuda a esa chica. Caminó una vez más en dirección donde se encontraba la fémina y lanzó con cuidado las cosas a su lado. Cedric reconocía a esa mujer, ya la había visto anteriormente, había hablado con ella y a decir verdad le disgustaba "un poco menos" que la gran mayoría de esos que trabajaban con él o intentaban hacerlo. Ella era una potencial compañera a futuro, quizás esa fue la razón por la que decidió irrumpir en su casa pensando que no sería regañada.

─Usa eso y limpia tus heridas, sigo sin poder creer que entres a una casa sin permiso... A mí casa. ¿Qué demonios hiciste para terminar así? Mocosa irresponsable.
Invitado

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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 4:20 am

Jadeaba. Jadeaba y no sabía exactamente qué, además de dolor claro, sentía. Pensar con claridad en momentos como ese donde se debatía entre desmayarse y esperar tan solo un poco más a la llegada de su compañero era arduo para una Nirvana que conforme más movimiento físico hacía, más aún supuraba sangre sus heridas. Tuvo suerte cuando los pasos a través del pasillo se escucharon con esa determinante furia que entre mareos y aturdimientos pudo reconocer.

¿Quieres tan solo... Calmarte? — Le costaba trabajo vocalizar oraciones y por un segundo pensó que la iba a abandonar a su suerte. No le extrañaría. — ¿C-Cedric...? — Masculló a duras penas entre titubeos, buscándolo con la mirada hasta finalmente hallarlo con un equipamiento básico. No tenía la decencia de extenderselo o siquiera ayudarla, sencillamente lo había lanzado justo ahí al lado de su cuerpo inmóvil a punto de la reprimenda esperada, muy puntualmente esa que Knox no quería escuchar ahora.

Logró tomar asiento en el sofá, al tiempo en que se sacaba la blusa sin ningún tipo de vergüenza alguna al hacerlo, agradecía haber elegido un muy bonito sostén para no verse tan demacrada en ese instante. — Y pensar que así de malhumorado me atraes... — Susurró al tiempo que escuchaba la voz masculina regañarle tal y como si fuera una niña pequeña que no compartió los juguetes con su hermano pequeño. Tomó aire. Se relajó y... Acercó lentamente la gasa previamente empapada en alcohol hacia su herida en el costado de su torso, gimoteó y chilló muy tenue hasta acostumbrarse a esa sensación que tanto placer le regalaba. Limpió la herida varias veces hasta que la gasa húmeda goteaba sangre para poner finalmente el dichoso gel.

Arde como los mil demonios esta basura, ¿qué clase de mierda medicinal compras..? — Fue su primera respuesta frente al millón que tenía Cedric en su contra. — De camino a tu casa, me atacaron unos vándalos. Supongo es una pareja dentro de un grupo por la combinación de máscaras Fubuki y un tatuaje en el cuello con un número en color rojo. Deberías andar con cuidado por aquí, no me da buena espina. — Pero eso no era todo y lo sabía, sin embargo tendrían el tiempo suficiente para charlar hasta de lo que comerían para cenar. — No me gusta irrumpir en casas ajenas de no ser necesario, así que discúlpame... ¡A-Auch! — Nuevamente gimoteaba de ardor ahora con su herida en el muslo

Esto iba a ser eterno.

Al menos era capaz de decir que estaba aliviada con el hecho de tenerlo, aún a pesar de sus maltratos y respuestas tajantes poco le importaba si al menos podía verle fuera de horario extra laboral. — Sería más fácil si me dieras una mano. — Aunque ya esperaba un "no" frío por respuesta, aún cuando lo necesitaba. La boca del estómago estaba hecho un nudo aún cuando los mareos le provocaban unas irremediables ganas de vomitar la cantidad de sangre acumulada en su boca y que su labio segregaba al buen rojo vivo justo en medio del bermellón inferior.

Me quedé en las oficinas hasta tarde revisando unos expedientes, y para suerte de los jefes, o tuya, me enviaron a informarte de algo respecto a tu misión, más o menos es un tipo de precaución. Te estás metiendo en temas muy oscuros. — Sus palabras salían con naturalidad al tiempo de que sus manos se movían en una danza hipnotizante en la difícil limpieza del muslo sangrante.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 4:48 am



─Muy para tu suerte estoy calmado, muy calmado ─Y de verdad lo estaba, Cedric podría ser mucho más duro: Ella al ser su "compañera" probablemente lo sabía bastante bien. Alguien como él no tenía tapujos a la hora de mostrar abiertamente su enfado, su mal humor o cualquier tipo de malestar con una persona, una situación, con lo que sea. Ella no era la excepción a todo lo mencionado anteriormente, de todas maneras como se mencionó antes, le caía menos mal que el resto por lo que por esa vez... Solo por esa vez podría hacer una excepción y aguantar el hecho de que esa chica invada la tranquilidad de su hogar con todo lo que eso significa para alguien tan celoso de su propia casa como Cedric.

─Y no digas esas cosas, se ve que la paliza te dejó un poco confundida ¿no? ─Se quejó un poco en relación a todo eso de la atracción ¿qué patrañas le estaba diciendo esa mujer? ¿Acaso bromeaba con él? Cedric no estaba para juegos en ese momento, ni en ningún otro. A menos que la chica no esté bromeando, entonces ¿era el momento adecuado para ese tipo de charlas? A juzgar por el paupérrimo estado de esa chica, no era un buen momento para andarse con bromas o charlas amenas, primero había que darle una mano y él muy para su pesar sabía que esa fémina no podría arreglárselas por sí misma. Dejó de lado su propia terquedad para quitarse la chaqueta y quedar solo en camisa, una que arremangó para "trabajar" mejor.

El masculino chasqueó la lengua ante la mención de la chica al respecto de los elementos de primeros auxilios que él compraba para mantener equipada su casa para casos como ese, precisamente. Ese tipo de geles cicatrizantes eran condenadamente caros y ardían como los mil demonios, ella estaba en lo cierto al quejarse sobre eso, sin embargo: No había mejor opción en el mercado y ella probablemente agradecerá más tarde el hecho de que no solo el dolor se habrá ido, sino que también se irá toda posibilidad de que una cicatriz arruine su probablemente bella piel... A lo mejor Cedric hubiera agradecido una de esas para la cicatriz que le quedó en el rostro. Casi que ignoró el hecho de verla sin camisa, se acercó y ya.

"Darle una mano" ¿quién lo diría? Cedric casi de rodillas al lado de esa chica, ayudándola a limpiar esa herida con un gesto que eso sí, reflejaba un claro enfado... Pero bueno, ya bastante era para él eso de ayudar a una chica que acababa de irrumpir en su hogar. Desconocida no era, pero tampoco había tanta confianza para que invada la seguridad de su hogar, aunque al menos agradecía el hecho de que no haya ido a tomar de sus Coca-Cola, algo que por ahora no tenía tanta importancia. ─Deberías de tener más cuidado por donde caminas, mocosa. No habrá lugares donde esconderte en otras locaciones peligrosas, necesitas poner más atención y evitar enfrentamientos siempre que te sea posible... ─Mirada fija y voz calma, estaba concentrado.

Su concentración no era para la chica, ni siquiera la observaba a la cara, su enfoque era más bien en ser sutil ya que no quería causarle más dolor del que probablemente ya sentía. Negó repetidas veces con la cabeza debido a que un enojo notorio invadió sus pensamientos, no le gustaba la idea de que cobardemente dos basuras hayan golpeado a su compañera o asistente, como él la veía. Masticó toda esa bronca y no lo dijo, ni siquiera se le pasó por la cabeza hacer mención a ello... No era necesario aclarar que buscaría a los responsables si es que acaso siguen vivos para devolverles el favor de una manera mucho más hostil, después de todo "El Tigre" no tiene piedad ante basura como esa. El enfoque del pelinegro se vio interrumpido por algo, un trueno.

El fenómeno natural provocó la vibración de las paredes en aquel modesto y bastante ordenado salón, Cedric se giró para ver en dirección hacia fuera: Lluvia cayendo a montones cada vez más notorios. Suspiró con pesadez agradeciendo no tener que trabajar el día que sigue, pero algo no lo dejaba tranquilo y era el factor no menor de que esa chica no podía salir fuera en esas condiciones y mucho menos con la lluvia. Escuchó lo relacionado al trabajo y prefirió omitirlo, sin embargo necesitaba disimuladamente un tema de conversación para pasar al tema en cuestión ¿la dejaría quedarse ahí en su mismo techo? ─No quiero hablar de trabajo ahora, preocúpate por sanar tus heridas tan pronto como te sea posible...

Se levantó sin perder un segundo más y abandonó aquel sitio pasando a una habitación colindante, tardó aproximadamente un minuto hasta volver con una pequeña botella de alcohol bajo su axila ya que sus dos manos estaban ocupadas: Dos latas de Coca-Cola. Abrió una y se la extendió a la chica sin establecer contacto visual, manteniendo esa cara suya de pocas amistades.  ─Dormirás en mi habitación, yo usaré este sofá cuando termine de quitar la sangre. El pajarito no puede volar si tiene sus alas lastimadas, y no quiero que vengan a joderme la vida los de la jefatura por dejarte a tu cuenta en esas condiciones ─Ocupó asiento en el suelo y apoyó los brazos en sus rodillas, bebiendo el refresco.

Maldijo para sus adentros y aplastó la lata cuando terminó de tomar todo el líquido, con todo ese lío de la damisela herida no tuvo en cuenta que tenía bastante sed, una vez de pie nuevamente fue a tirar la lata y se acercó otra vez a la chica para cruzarse de brazos y mirarla. ─¿Ya estás mejor... O necesitas algo más, mocosa? ─Era curioso verlo aparentemente preocupado por la mujer aunque no haga mención directa, pero a su vez mantenga ese orgulloso status de tipo duro. La lluvia continuó cayendo impiadosa y los truenos también azotaron la superficie terrestre resonando en las paredes, así como resonaban en la cabeza del Tigre las palabras de la mujer... ¿De verdad alguien como él podría gustarle a una chica tan elegante y capaz?
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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 5:35 am

Nirvana Knox no era una mujer de tapujos, mucho menos de pelos en la lengua. Nunca había tenido problemas en admitir algo y mucho menos un error — por difícil que era creerlo — por esa misma razón jamás tuvo remordimientos una noche de tantas en confesarsele al mayor, aunque este probablemente pensaba que se trataba de una broma de mal gusto de una chiquilla de veinti tantos que ni siquiera sabía lo que quería o que seguro lo veía como un pasatiempo más. Para la mala suerte de Cedric, esto no era así pero ya se trataba de un problema del moreno el creerle o no, ella cumplió con contarlo aún sabiendo lo difícil que podía ser llamar su atención.

Se había perdido en sus pensamientos, recordando a la perfección las múltiples bromas de los compañeros de división "Ríndete, Knox. Ese dude no se interesa en nada más que su trabajo." ¡Y claro que lo sabía" sin embargo ese no era el problema. El grave dilema era que creyeran que ella intentaba hacer algo, la ojos rojos sabía bastante bien su posición en la vida de Cedric y no tenía aspiración alguna en ser rechazada de forma constante, cada vez más desagradable que la anterior. Sabía que era la menos irritante del departamento para ser su compañera, compañera casi secretaria y nada más pero esa misma situación no le impedía morderse el labio lastimado observándolo sin chaqueta y con la camisa vagamente remangada justo de rodillas ayudándola cuando menos creyó que lo haría.

Sí, tienes razón. — Admitió sin más. — Pero al menos tuve la suerte de tenerte y saber dónde vives. — Esbozó una sonrisa ladina que fue borrada con un gesto de dolor frente al tacto de las manos masculinas ayudándola en los cuidados necesarios de sus heridas. Era una sensación similar a constantes cuchilladas a lo largo y ancho de sus heridas a las que intentó hacerse la fuerte, estaba frente a él y en comparación a una mierda, ella estaba muchísimo peor que la mierda. Esto era difícil de asimilar y mantener para la fémina que siempre había buscado verse presentable, linda y agradable visualmente para el muchacho aunque claro, él no sabía y ni siquiera lo notaba.

El hermoso acto teatral de él ayudándola fue interrumpido por un penetrante trueno, había iluminado la habitación entera más que con la luz artificial de la bombilla y por supuesto, erizado los vellos de la mujer desde la espalda baja hasta la coronilla. — Mierda... — Se quejó entre dientes. — Esto no es bueno para mi kinésis... — Sus pensamientos se atravesaban en sus cuerdas bucales y ella no hizo más que ver la palma de su mano que intentaba evocar una pequeña chispa brillante y ardiente de forma banal, estaba débil. Estaba tan consumida en sus problemas personales de primer mundo que ni siquiera se había percatado de las palabras del moreno ni mucho menos su desaparición hasta que cayó en cuenta.

Pero esto es importante. — Exclamó, levantándose del sofá y recibiendo una estocada al segundo de dolor que la obligó a tomar asiento lentamente. — Mis heridas son secundarias, me preocupas tu y lo que te suceda, no sé ni siquiera en qué demonios te estás metiendo tanto y... — Poco a poco su tonalidad fue bajando las revoluciones y el volumen, viéndolo acercarse con un par de latas y alcohol. En silencio, aceptó la lata y exhaló sonoramente con una evidente angustia. Ni siquiera se preocupaba en sí mismo y de forma inmediata cambiaba el tema de conversación.

No quiero que hagas esto por la jefatura, de ser así puedo irme yo sola por donde vine. — La terquedad se apoderó de sus 1,65 cm de cuerpo, dispuesta a tomar su blusa rasgada y empapada de sangre para colocársela y retirarse cuanto más rápido podía del cálido hogar del mayor. Dispuesta a levantarse, tomó cierto impulso con sus fuerzas de quién-sabe-dónde y logró colocarse de pie, inclinada y adolorida, pero lo hizo. — Sí, me siento mucho mejor, gracias. — Mintió, pero según ella las razones eran válidas y necesarias. Podía venir exactamente por donde vino aún si la tormenta la afectaba en sus "poderes".

Llevó la lata fría de Coca Cola a su labio lastimado y con la blusa en tan horribles condiciones como ella bajo el brazo, procedió a arrastrar sus pies con muchísimas complicaciones en el proceso. — No era intención molestarte, tampoco te haré sentir incómodo en tu propio hogar durmiendo en un sofá, prefiero hacerlo yo. — A ese punto ya le daba la espalda mas le quedaba un recorrido tortuoso hasta la puerta. — Gracias por ayudarme.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 6:09 am

─Exacto, tuviste suerte... No deberías alegrarte por eso. Más bien deberías aprender a no depender de la suerte... Porque te puede faltar en otra ocasión similar y en ese caso no me tendrás atendiendo tus heridas, mocosa ─Y ahí estaba una vez más esa faceta suya que no podía estar un solo segundo sin regañar a la chica, pero bueno ¿querían que ella trabaje con él a como de lugar? Entonces él se manejaría como le plazca, hablaría en la tonalidad que se le ocurra siempre y cuando no afecte demasiado a la fémina ni se pase con insultos o faltas de respeto, y afortunadamente si bien Cedric era un hombre malhumorado, jamás se le pasaría por la cabeza faltarle el respeto a esa mujer ni a ninguna otra que no se lo gane.

Con la lluvia impiadosa cayendo ahora sin parar, daba la sensación de que las condiciones climatológicas no mejorarían sino hasta la mañana siguiente y eso era pecar de optimista ya que a esas alturas del año y en esa locación en particular, cuando la lluvia "atacaba" lo hacía en serio. De todas maneras y aunque la chica no lo tome en cuenta al probablemente no saberlo, contaba con suerte ya que ese hombre de muy malas pulgas y la gran cicatriz en el rostro, no permitiría que una chica indefensa caiga a manos de cualquier malnacido... Ya bastante había tenido con ese encontronazo que la dejó en ese estado que casi se acercaba a lo crítico. Nuevamente el pelinegro negó con la cabeza y esta vez miró a la chica.

La vio fijamente y por momentos también notó la sangre en el sofá, no era tanta pero claramente no se podía dormir en ese sitio... Punto a favor para compartir la cama, aunque no le guste en lo absoluto. La chica armó una especie de berrinche al ponerse de pie con una suerte de dificultades muy notorias, no hacía falta ser un genio de las ciencias médicas y de la salud para comprender con facilidad que esa mujer no estaba en condiciones ni siquiera de caminar. ¿Acaso quería mostrar terquedad frente al pelinegro? Si con ese estado de salud apenas y podría caminar desde aquel lobby la baño del pelinegro ¿qué pretendía hacer en ese estado contra la tormenta que se presentaba ahí fuera como un gran obstáculo?

─Suficiente ─Fue tajante, directo, felino y de forma literal al mostrar esa velocidad suya. Una velocidad silenciosa que no dejó siquiera oír el momento en el que se colocó al lado de la chica para sostenerla del brazo no herido con mucha sutileza, pero impidiéndole avanzar. ─En primer lugar, ya te dije que no quiero hablar de trabajo. En todo caso lo hablaremos mañana con más calma y un mejor humor de mi parte... Aunque sabemos que lo segundo no es muy probable ─Continuó observando fijamente, haciendo una leve pausa hasta continuar ─En segundo lugar, no engañas a nadie mocosa. ¿Quieres de verdad irte en ese estado? ¿Qué piensas hacer contra otros maleantes? Y por cierto, ese sofá está inutilizable por cierta sangre, de cierta persona.

Podía decirse que no estaba de muy buen humor y era ser reiterativos, pero de hecho Cedric se estaba tomando la situación con mucha calma... Hasta que decidió dejar de lado la paciencia para cometer algo impulsivo. Con mucha delicadeza levantó a la fémina, cargándola en brazos para llevarla rumbo a su habitación: Tuvo que abandonar el lobby, pasar por una pequeña cocina/comedor y seguir por un pasillo con escaleras en espiral al final, dichas escaleras fueron un obstáculo molesto ya que no era problema cargarla, el problema eran sus heridas. Acercándose a su habitación, abrió la puerta como pudo y la recostó en la cama con cuidado. ─Ni se te ocurra revisar nada, no colmes mi paciencia y espera aquí unos minutos.

Abandonó la habitación cerrando la puerta tras de sí y repitió el trayecto a la inversa, yendo a la puerta principal para cerrar con llave y apoyar la cabeza contra la madera de roble que componía su puerta para hablar consigo mismo brevemente ─¿Qué mierda estás haciendo, Cedric? ─Casi que gruñó al apartarse, apagando la luz del lobby y yendo a la cocina donde revisaría de mala gana una de sus alacenas para encontrar ahí dos pequeños recipientes con papel plástico envolviéndolos: Sopas Maruchan. Calentó agua en una gran pava eléctrica y preparó ambas sopas, llevándolas hacia su habitación y esperando que la chica no haya cometido ninguna idiotez ahi mismo. Apagó las luces y se marchó hacia ella.

Entró de mala cara a su habitación y le extendió la sopa a la chica, esperando que la tome para ocupar asiento en la cama y comenzar a cenar, sí: Esa era su cena en un día donde no tenía ganas de hacer absolutamente nada más. ─Cuando termines de comer, avisa si quieres agua o algo de eso y recuéstate. Y... Ni se te pase por la cabeza mencionar esto en la agencia, nadie debe enterarse ─Y no, no se refería de la falta de romanticismo que mostraba al traerle una sopa Maruchan a esa chica mientras cenaba -no- románticamente con ella, sino al hecho de que por esa noche compartirían cama fuera del horario laboral sin ningún tipo de obligación más que la ¿preocupación? De Cedric por que ella salga en ese estado.

Terminó su sopa, se levantó y fue rumbo al baño de esa habitación para cerrar la puerta, cepillarse los dientes y salir de ahí desabrochando los botones de su camisa para lanzarla a una esquina de la habitación y así dirigirse a la cama donde se recostaría con calma sosteniendo un libro que apoyaría contra su pecho para leer con calma, como si estuviera completamente solo. Sí, carecía de vergüenza o algún atisbo de preocupación por la chica que probablemente estaba viéndolo todo.

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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 6:48 am

Las palabras del moreno la hicieron detenerse en seco y más aún con su mano tomándola, odiaba no tener esa raza tan particular y diferenciada como Cedric pero odiaba más aún que tuviese razón en todo y cada una de las palabras con las que él manifestaba su coraje. Se había quedado muda, casi paralizada y solo alcanzó a asentir torpemente con su cabeza, como si eso hubiese bastado para los puntos expuestos por él aunque realmente no estaba conforme, en otro momento y en mejores estados de salud se hubiese mantenido en la posición estricta a la que había tomado desde que se levantó del sofá. Ahora era peligroso hacerlo.

Agachó cabeza como pequeña niña regañada, esperando una continua reprimenda mas fue sorprendida, gratamente claro. Su respiración se cortó en el momento que la levantó entre sus brazos como un caballero hasta su habitación, la delicadeza con la que le dejó reposando sobre el colchón le dejó más que asombrada y por ello mantuvo un silencio sepulcral hasta en la hora que se fue de la habitación con rumbo desconocido para la fémina. Aprovechó esos minutos de soledad para observar su alrededor con la curiosidad de un gato para nada incómoda con la idea de compartir habitación y mucho menos cama con el mayor, la sola idea la mantuvo petrificada y tensa, mirando la lata de Coca Cola entre sus manos y su pantalón rasgado.

No fue mala idea entonces hacer un esfuerzo aún más pesado para quitarse la prenda inferior, la confianza era suficiente para saber que él no haría un esfuerzo mínimo en verla con malicia, ni siquiera la miraría y estaba segura de ese hecho. — Que desastre... — Se miró en ropa interior, luego escondió el rostro entre sus palmas y se mantuvo así por unos minutos hasta que escuchó la puerta abrirse. Me necesito fuerte. Se dijo a si misma en pensamientos, aceptando la sopa con una expresión entre confusa y asustada, como si él siendo un tigre la fuera a devorar como ratón lleno de miedo.

Gracias... — Estaba hambrienta y no podía negarlo, aunque ella particularmente hubiese pedido un corte fino de carne de res, ensalada y un buen vino para acompañar. Pero eran mundos diferentes, vidas diferentes. Procuró no molestar ni en los sorbidos al líquido con especias artificiales que a decir verdad, le sabían a plástico pero que de todas maneras se tragó hasta el final; no quería hacerlo rabiar mucho más con sus gustos de niña rica que vivía en el penthouse del edificio más alto Neoarghia y con solo un chasquido, podía tener lo que se le viniera en gana... Menos a él.

Sopesó entonces qué la hacía más feliz, si él o su vida lujosa. ¿Cuánto daría por verle cada noche haciendo esa monótona actividad de cepillar sus dientes, sacarse la camisa dejando ver su cuerpo tonificado y cicatrizado, acostarse y darse un rato de lectura. Lucía tan calmo, tan pacífico... Tan poco él en ese estado que tuvo el estrepitoso impulso de besarlo, pero sería demasiado incómodo para ambos y deseaba un ambiente menos tenso no solo en la relación personal, sino laboral. No dejo de verlo ni un solo instante olvidándose del basado plástico del Maruchan en sus manos.

¿C... Cedric...? — Tartamudeó con torpeza, sus mejillas lucían tan carmesí como sus propios ojos; aprovechó entonces unos segundos de silencio para ubicar la basura justo a un lado de la cama en el suelo, luego se encargaría de eso. A decir verdad no tenía nada que decirle ni preguntarle, pero se le hizo lindo imaginar que tal vez esa sería su vida de noviazgo con él.

Lo siento... — Fue lo único capaz de dejar salir desde el fondo de su torpe corazón antes de dar la espalda al varón y recostarse de medio lado, observando la orilla de la cama y la oscuridad más allá de ella, soñando que ella era la que estaba recostada sobre su pecho y no precisamente el libro que descansaba plácidamente abierto en él. Tal vez estaba más sensible de lo normal y sentía que todo a su al rededor era lastimado por ella. — ¿Me puedes prometer que te cuidarás en lo que sea que estés trabajando...? No quiero que te suceda nada malo... — No era algo que él pudiera comprender con la facilidad que ella lo admitía, porque para el moreno, todos los sentimientos dulces y amorosos de Knox eran simples bromas.

Le dolía, alguna veces, y era difícil adaptar el masoquismo emocional a sus gustos.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 7:15 am



La lluvia ahí fuera resonaba con furia contra el tejado de esa planta alta en el apartamento del investigador, sin embargo ese sonido era extremadamente relajante para él ¿lo sería para la chica de igual manera o aquella fémina era de las que temían a las tormentas? Aunque suene poco creíble, se cuestionó eso durante unos instantes mostrando que no solo pasaban por sus pensamientos asuntos firmemente personales. Con la mirada firme en el libro, Cedric pensó «Creo que no tengo demasiadas ganas de leer ahora mismo» por lo que cerró el libro con calma y estiró su brazo izquierdo para dejar el libro encima de su mesita de luz para que descanse allí. Bajó un nivel de intensidad el la lámpara dejando una luz tenue.

Obviamente el pelinegro tenía muy buen oído, había escuchado sus disculpas y no las respondió sino hasta pasados unos pocos segundos, dejando una leve pausa entre la "conversación" que lejos estaba de parecer una charla amena. ─No te disculpes ─Su voz sonaba como si a cada final de las oraciones hubiera un punto directo, un punto que remarque la seriedad de sus palabras, sin embargo en aquel momento estaba bastante tranquilo y su mal humor había pasado a un segundo plano ¿se debía quizás a que estaba un poco cansado y su cama lo invitaba a relajarse? No sería fácil, tenía que ver que esa chica duerma en condiciones. Miró de reojo y ahí la vio, dándole la espalda... Difícil no mirar.

Vio la espalda semidesnuda de la fémina por unos instantes y apoyó acto seguido sus dos manos bajo la nuca propia, como una nueva almohada. Suspiró cerrando los ojos y se removió un poco, subiendo un pie encima del otro mientras escuchaba la lluvia caer. Había escuchado lo que ella dijo anteriormente con respecto a su preocupación por las misiones actuales del pelinegro, no mentiría: sí, eran encargos sumamente peligrosos y se adentraba cada vez más profundo en territorios repletos de amenazas incluso para alguien de su experiencia, pero él aprendió que un guerrero toma todo como un desafío, aunque suene temerario de su parte. Sin embargo, decidió responder a ello también: Muy a su manera: ─No puedo prometer eso, lo siento.

Hubo algo que generó un sentimiento extraño en él ¿culpa por responder así? ¿Qué era esa sensación? Sentía como si le debiera algo más a la chica, por eso parpadeó un poco y comentó algo más. ─Sin embargo... Siempre tengo cuidado con mi trabajo, deberías saberlo. Además no soy yo el que acabó moribundo en tu casa, pajarito ─Su voz ya no era tan autoritaria y no remarcaba ningún tipo de enojo sino más bien una gran tranquilidad, aunque esta vez exageró con el adjetivo: Gracias a todo lo sagrado esa chica no había llegado sino con algunas heridas, de estar moribunda entonces él no se lo estaría tomando con tanta calma. Y de la nada algo llegó a su mente en un momento probablemente inoportuno.

¿Hace cuánto no compartía la cama con una chica? ¿Un año? ¿Más? Porque era difícil no tener en cuenta que a su lado estaba una de las mujeres más hermosas en todo el departamento de investigación, y sí: Él lo tenía muy en cuenta. ¿Cuántos de sus "compañeros laborales" pagarían grandes sumas por intercambiar lugares con él ahora mismo? Con el solo hecho de ver la espalda semidesnuda de la chica y recostarse a su lado les sería suficiente ¿podría él aspirar a más? Se lo planteó, increíble pero cierto, se planteó algo así. Negó con la cabeza un par de veces y chasqueó la lengua girándose de lado para quedar en la misma posición que la chica, pero antes de eso apagó la luz para quedar completamente a oscuras.

─Tu lado es ese, este es el mío... No me hago cargo si te pateo en sueños, o si te muerdo ─Y ese era el detonante, si había un momento para que esos dos encuentren la excusa perfecta para dormir "cerca", era ese preciso momento en el que el pelinegro soló un comentario muy poco sutil y falto de cualquier mesura. Pero bueno, a esas alturas poco le importaba ya que después de todo ella había dicho algo incluso "peor" minutos antes ¿qué problema había con dormir una noche en compañía de la fémina? Después de todo la lluvia invitaba a dormir con tranquilidad y mucha calma, ella probablemente le daría la paz que no tenía durmiendo a solas donde a veces las pesadillas lo despiertan a mitad de la noche.
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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 7:46 am

¿Se suponía que esa tosca respuesta, indiferente y carente de sentimiento debía calmarla? La había sacado de sus cabales, más de lo que le hubiese gustado y estaba más molesta de lo que se había planteado estando en las oficinas, cuando el jefe se había acercado muy particularmente a ella como si todo se tratara de un asunto privado, que de hecho era. Quería golpearlo tan fuerte como el puñetazo a la mujer con máscara fubuki, o carbonizar medio cuerpo como al hombre fubuki pero él era él. Con solo levantar la mano para abofetearlo se sentía tan indefensa como un gatito bebé y se replanteaba si lo que hacía era bueno o malo. Nunca había podido desafiar a Cedric como a cualquier otro y supuso que parte de eso le atraía.

Finalmente entendió que él también se dio cuenta de sus palabras o más bien, error. Estúpida, así se sentía cuando cayó en cuenta de que en efecto había sido ella la inútil y dependiente que recurrió a él por una paliza, seguramente debía de estar creyendo que era inservible, nada a lo que su atención valiera. Había visto en contadas ocasiones como el varón pasaba de la gente aún cuando le dirigían la palabra por el sencillo hecho de que era una perdida de tiempo para él y la moral quedaba en segundo plano. — Eres increíblemente malo para estas cosas, pero admito que dentro de tus ásperos comentarios sigo sintiendo la misma confianza estúpida en ti. — Era una imbécil, pensando que podría dar su vida por protegerlo a él.

Aferró su mano a la sábana delgada que cubría el colchón, soportando las ganas de rabiar como nunca antes. Su amor por él era comparable al odio que sentía de su tonta y malhumorada forma de ser, no lo soportaba, y no se soportaba a ella tampoco. Cuatro divisiones distintas, todas con un buen y enorme equipo y ella había decidido fijarse en el lobo solitario que a duras penas le dirigía la palabra, o la cuidaba por mero acto profesional y no por ser algo importante. Era inútil intentar sacárselo de la cabeza o ignorar su existencia justo a sus espaldas porque de alguna forma, siempre estaba presente en su vida y en sus cinco sentidos.

Morder... — Se apropiaron de ella los pensamientos más oscuros, más perversos, era un desgraciado completo. — Hazlo. — Dijo sin pensar, segundos después se arrepintió. — Es decir, haz lo que quieras, me da igual. — Su yo interior se había golpeado la cara con la palma imaginaria de la mano, su respuesta ni siquiera era concisa, pero era mera culpa del varón. No la dejaba pensar con claridad sus movimientos y a no ser que se tratara de trabajo, era incapaz de concentrarse debidamente, no entendía hasta qué punto él era saludable en su vida.

O ella en la de él.

Meditó lo que estaba por hacer, aspirando el aroma impregnado del moreno en las sábanas. Al diablo. Decía su mente a lo que ella se giraba hacia él, deslizando una frágil mano al rededor del torso masculino, tocando con delicadeza las cicatrices que lo cubrían hasta que acercó las yemas al pecho y su nariz tocaba tiernamente el omóplato contrario. Esta era su única oportunidad de sentirle tan cercano a ella, física y emocionalmente, de forma especial la última a la que él no se abría con facilidad. Sentía miedo, miedo de que la apartara y se fuera, o de que la obligara a irse por tal acto que violentaba su espacio personal.

¿Podrías tan solo...? — Pero dejó la duda en el aire, no sabía como explayarse ni evitar que él se la sacara de encima sin quedar como una tonta ilusa que se sentía protegida bajo la calidez de la piel del pelinegro. Era lo único que quería hacer por el resto de su vida pero solo un mero romanticismo estúpido de niña, como soñar a los 8 años con la boda perfecta y un príncipe azul como marido. Estaba cansada de soñar, cansada de ir por una causa perdida que nunca, por más que así lo deseara, le daría lo que ella realmente quería.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 8:06 am



Había escuchado muy bien ¿acaso le dijo que era malo para esas situaciones? Porque sí, efectivamente lo era así que solamente chasqueó la lengua y continuó con lo que estaba pensando hacer, dormirse. Bueno, esa era la idea principal al menos en un comienzo, ya que era consciente de que sus palabras podían dirigir el plan inicial a uno completamente distinto pero que muy en el fondo... No le disgustaba en lo absoluto. Pero bueno, como certeza tenía el hecho de que todavía faltaban varios escalones para llegar a una situación como esa, de momento era firme su postura pero no sabía como reaccionaría ante una posible cercanía cargada con otro tipo de finalidad, en ese caso dependería firmemente de lo que pase por su cabeza en ese momento.

Para colmo aquella mujer no ayudaba en lo absoluto, pensó que diciéndole esas palabras a lo mejor ¿la espantaría? ¿La haría cambiar de opinión al respecto a cualquier idea de "esa cercanía" que pudiera tener? Porque de tener esas hipótesis en su cabeza, todas estarían completamente equivocadas. Comprobaría ese error al escucharla, escuchó claramente esas palabras ¿acaso lo estaba desafiando o algo así? El pelinegro mostró una mueca de duda en medio de la oscuridad al alzar una ceja como si no pudiera creer que de verdad estaban ambos tomando el rumbo hacia esa situación que cada vez parecía más y más cerca. ¿Quién diría que la parejita imposible estaba un paso más cerca de tener al menos una cercanía o un indicio que valide esas suposiciones?

Porque sí, él no tenía muchos amigos dentro de la organización por no decir que directamente no contaba con amistades ahí dentro, sin embargo eso no lo aislaba de los rumores que allí se mencionaban con respecto a su persona y a su nueva compañera. Varios de los altos cargos o gente de su misma escala jerárquica creyó que podían bromear con él al mencionar que con una compañera o asistente como esa no le faltarían ratos de "diversión" en la intimidad... Como si él tuviera ese tipo de pensamientos en el trabajo, parecían no tener en cuenta que el pelinegro se tomaba su trabajo muy en serio y no tenía tiempo para ese tipo de novelas adolescentes, muchísimo menos a su edad. Sin embargo, olvidaba un detalle: Estaba en su casa, en su cama, con ella...

No estaba en el trabajo así que debía actuar con cuidado, estaba en terreno desconocido con esa mujer que ahora no era su compañera sino eso, una mujer que bien podría ser una de las pocas que compartieron momentos íntimos con él... ¿Podría serlo? Nuevamente había que mencionarlo, debía esperar. Ya era tarde para dar marcha atrás. ─Créeme, no quieres que te muerda... Así que compórtate, pajarito ─Ese apodo que podría molestar a la contraria ya era casi una fija a la hora de dirigirse hacia ella, pero esa advertencia pareció carecer de fuerza por lo que el hombre de la cicatriz notaría a continuación. La sintió cerca, muy cerca hasta que el contacto fue real. ¿Cómo reaccionar, qué hacer en ese caso por ahora desconocido para él tratándose de ella?

Podría haberla apartado, vaya si podría haberlo hecho. Sin embargo no se veía en la necesidad de hacerlo, no tenía ganas ni quería realizar tal acción que podría ser vista como una mala actitud, algo casi hostil. Suspiró casi con pesadez y la atrajo hacia él, con mucho cuidado recordando que esas heridas todavía estaban cicatrizando con el gel de rápida acción que le fue aplicado a la bella mujer minutos antes. La lluvia cayó con más intensidad como si el mismo choque de cuerpos o el simple contacto que ambos tuvieron hubiera generado esa reacción en las condiciones climáticas. Increíble pero cierto, ahí estaba Tigre: Acariciando a la chica con calma y paciencia... Pero hubo algo más ¿Instinto era? La abrazó con tintes de posesión, de dominio.

Su mirada se clavó hacia una esquina, sus brazos se mantenían en la cintura y espalda de la chica mientras un leve suspiro salió de su nariz. Estaba muy a gusto y no había vuelta atrás de eso ¿cómo le vería la cara al otro día y le reclamaría estar invadiendo su espacio personal basado en el territorio si ahora mismo la estaba abrazando como si fueran una pareja? Porque no, eso no es algo que se haga con cualquiera... Al menos no es algo que haría él, pero ya era tarde para arrepentimientos y si había algo que generaba una especie de disgusto en él era la confusión que sentía rondando sus pensamientos al no tener ningún tipo de arrepentimiento. ¿Qué demonios era esa bipolaridad tan repentina como inoportuna, pero a su vez agradable?


Eso no era lo peor, lo peor era el hecho de sentir a esa mujer... Suya. ¿Lo era?



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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 8:38 am

Y cayó en picada, como una actriz que se consumía en las adictivas drogas hasta perder su carrera, su fama, su todo. La lluvia en las afueras se intensificaba y no dejaba de preguntarse lo estúpida que hubiese sido si se marchaba exitosamente del recinto de Cedric, ni pensar en lo mucho que se estaría arrepintiendo en esos instantes donde la cercanía era palpable, su abdomen rozaba el del mayor con timidez una vez que fue atraída al cuerpo contrario. El corazón le palpitaba como si hubiese corrido una maratón por horas continuas y no tenía idea de como proseguir, ¿qué debía hacer?, ¿acaso decir algo era correcto? Porque no lo sabía ni entendía, en secreto tampoco quería porque el solo hecho de disfrutar su calidez le tranquilizaba el peor de los dolores que desaparecían prontamente.

Olvidó por instantes los horribles sentimientos de odio y amor, era evidente que no podía luchar contra los brazos protectores que la tomaban y proclamaban suya, lo que claramente era sin caer en la vulgaridad de ser llamada objeto o trofeo. Esos dedos largos, delgados y femeninos se aventuraron desde el pecho hasta el abdomen, casi como si comenzara a empujarlo de forma ligera hasta recostar la espalda contraria sobre el colchón y, sin soltarse del abrazo, permanecer sentada justo en el abdomen del pelinegro. Acomodada allí con sus piernas con los costados y rostro en su pecho se sentía más que plena, como si todo se tratara de un sueño del que pronto se iba a despertar.

No quería pensar que esos instantes se iban a acabar en algún punto de la noche, ya sea por incomodidad de él o porque las horas habían pasado velozmente y era tiempo de ir al trabajo, ese que compartía con él... ¿Sería horrible para él el día de mañana? Su mente se embriagaba en un horrible mar de dudas de qué pensaba él al respecto y claro, de si estaba seguro de lo que hacía. Fue entonces cuando elevó un poco su espalda para observarle desde arriba, con el rostro a escasos centímetros del moreno.

Una vez más te lo repito. — Masculló. La diestra acariciaba la mejilla cicatrizada con cariño, intentando ignorar la tensión en el ambiente para nada inocente.— Yo no bromeo con mis sentimientos, y lo que quiero espero tenerlo. — Su tono reflejaba recelo, moría por tenerlo para ella y que de esa forma, las demás féminas que fantaseaban con el felino tuvieran el respeto suficiente para saber que era suyo y de nadie más. — No eres un premio, pero si algo que deseo desde hace mucho tiempo, tienes tiempo de arrepentirte en todo caso, no me molestaré si decides marcharte de Tokyo.

Entonces entendió lo áspero de las palabras de Cedric cuando las decía, pues en ningún momento chistó en reflejo de broma, su rostro era severo y su voz concordaba en perfecta armonía con el y lo que deseaba expresar aunque de una forma más suave a la que ella naturalmente podría hacerlo. No deseaba asustarlo, pero si persuadirlo, le bastaba hasta un simple beso con sabor a hierro y las ansias de un claro deseo de mucho tiempo, de ella, por supuesto. Ahora era cuando más necesitaba un cigarrillo entre sus labios para olvidarse de la tentación de quien tenía aprisionado debajo de su cuerpo.

Resistirse era difícil si se mantenía inmóvil a escasos centímetros de diferencia de los suaves labios ajenos y los suyos, que demandaban un cuidado inmediato de besos por parte del varón. Si se arrepentía era capaz de incendiar todo aquel que osara cruzarse su camino pasada la noche, donde seguramente ella debía conciliar el sueño en el ensangrentado sofá. Pero por ahora no deseaba mover sus manos para acariciarlo y no incitar al caos, no con él por ahora.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 8:58 am



El tiempo para juegos había quedado muy atrás, ya no había lugar para ese tipo de acciones o sentimientos. También había pasado ya el lapso en el que el pelinegro podría mostrar arrepentimiento en relación a lo que ambos estaban haciendo ─que tampoco era nada del otro mundo viendo y considerando que solamente estaban abrazándose─ ya que en cuestión de unos pocos segundos la cosa cambiaría gradualmente. El abrazo donde Cedric demandó la cercanía y donde por al menos ese rato la declararía como suya se vería interrumpido por la fémina quien sutilmente lo fue empujando y él gustoso, se dejó caer de espalda al colchón con mucha tranquilidad mientras el contacto se reanudaba con una apuesta mayor por parte de la fémina.

Cuando la notó encima suyo no hizo más que sorprenderse pero de forma grata, la sensación era agradable y el calor que la chica emanaba para compartir con su cuerpo era sin duda alguna una experiencia que valía la pena estar viviendo, una experiencia nueva para el pelinegro que de momento ubicaba las manos a costados de su propio cuerpo sin intención de tocar un poco más, para eso esperaría un poco. No pudo evitarlo, al paso de unos pocos segundos la fémina habló con una tonalidad desafiante dejando notar esa actitud fuerte que tiene, una actitud que al menos a Cedric le cayó bien desde un comienzo por más de que nunca se lo haya hecho saber. ¿Cómo reaccionó ante eso? Sutilmente acomodó sus manos en la cintura contraria y la acomodó mejor encima suyo.

─¿Me escuchaste decir que estás bromeando, mocosa? ─Su voz casi transformada en un susurro acompañó la suave caricia que le regaló a la cintura de su acompañante en esa noche, una sola caricia de momento. Algo que escuchó y por más de que suene egocéntrico no le sorprendió en lo absoluto fue eso de que la muchacha declaró abiertamente que lo deseaba, ante eso no hizo más que alzar una ceja a oscuras y apegarla un poco más a él, demandando cercanía. ─¿Y crees que alguien como yo puede tener una dueña? De ser así... ¿Pretendes ser tú quien pueda ocupar ese lugar, mocosa? ─Con mucho cuidado susurró en su oído derecho, más la tentación lo invitó a hacer algo más y subir la apuesta: Haría que los rumores tengan razón de una buena vez por todas.

Inevitablemente siguió su instinto felino y gruñó un poco, acercándose al cuello de la chica para dejar un beso corto, beso que se transformó gradualmente en una mordida suave donde tiraría sutilmente de la piel contraria y luego suspiraría, olfateando su perfume para familiarizarse más con la idea de que esa chica ahora era algo más que una simple compañía en esa noche. Sus manos acariciaron la cintura contraria y los besos siguieron, pero los interrumpió para hablar ─Creo que te haré competencia, y tú serás mía... Además te advertí que si te acercabas demasiado, podría morderte ─Y acto seguido, una nueva mordida más en la que cerraría los ojos para disfutar, porque sentía que lo merecía después de un largo día: Estar a solas con una belleza como ella.

Los besos en el cuello no eran suficiente para él, a esas alturas ya estaba prendiéndose fuego parcialmente por culpa de esa mujer... Él quería incendiarse por completo, total el "daño" ya estaba hecho y ambos habían aceptado correr el riesgo, después de todo ¿quién más que ellos sabía lo que acontecía o acontecerá en esa habitación? Nadie más. Con mucha sutileza buscó el rostro de la chica para morder su labio inferior, tirando sutilmente de este para luego atraparlo con sus dos labios y liberarlo así, no por mucho tiempo ya que chocaría su boca contra la ajena para fundirse en un beso sonoro, chasquidos que podrían competir con los truenos y su lengua invadiéndola sin permiso alguno. ¿Quería fuego? Ahí lo tenía. El beso se frenó al paso de dos minutos y él habló.

─Estás a tiempo para darte media vuelta y dormirte.

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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 9:48 am

Muchas veces había palpado el peligro con sus propias manos, pero él era completamente diferente a ese tipo de riesgos a los que estaba costumbrada, uno muchísimo peor. Tocar a Cedric era casi lo mismo a meter sin piedad las manos a una intensa fogata y poco más y consumiría el cuerpo entero de quien osara hacerlo, y a ella le encantaba casi tanto como la propia piromanía. — No lo asumo, solo es lo que me demuestras y de lo que tanto te burlas como si lo mío fuera un capricho cualquiera. — Y quizás podía serlo, pero se trataba de algo tiempo completo, ¿finalmente tendría la oportunidad de regocijarse en la cara de otros jueces al respecto de su relación con él? O mejor aún, marcarlo como ella mejor podía/sabía hacerlo.

El aliento caliente y refrescante contra su oído la hizo temblar de placer, conteniéndose de atacar justo ahí con el constante cosquilleo libidinoso que la presionaba. — ¿Dudas tanto de que pueda domar a un tigre? Te he dejado bastante en claro que me arriesgo a cualquier cosa y que por cierto, si algo quiero yo lo obtengo. — Sentenció con un esbozo de sonrisa pícara, su mente no dejaba de fantasear con el mayor como tantas otras veces lo había hecho, tal vez de una forma más inocente a la actual. — Me preocupa en mayor medida de que no seas capaz de satisfacer justo eso que yo quiero... Tal vez no seas suficiente...

La mofa se cortó inmediatamente con esa atención tan especial en su cuello, quizás él no lo sabía, pero tocaba terreno peligroso con una acción tan simplona como esa. Se deleitó con la sensación de la dentadura morder y juguetear como ella tanto disfrutaba, estaba segura de poder devolver la paga con un A+ en calificación. — ¿Se te olvida que pedí que lo hicieras? No pareces prestar mucha atención... Empiezas con el pie izquierdo. — Rió, burlona. El varón consiguió arreglar perfectamente la situación en un ferviente beso al cuál ella cedió en un suspiro placentero.

Su lengua jugueteaba traviesamente con la ajena en una constante danza que intentaba descifrar quién era el dominante, ¿ambos quizás? Nirvana no se iba a dejar vencer tan fácil, no en esa contienda tan gloriosa que estaba dispuesta a enfrentar. — Si me doy vuelta ahora mismo, no sería exactamente para encontrar una posición de sueño. — Enfatizó la última línea de la oración con un tono de comprometedor, esperaba que supiera a qué se refería. — Si me lo permites, te bajaré las tensiones del día de una por una, no quiero un no por respuesta. — Y sonrió, como si eso siquiera fuese posible a esas alturas de la noche.

Se relamió entonces los labios, especialmente el cicatrizado antes de atacar fieramente esas comisuras tan adictivas del pelinegro, fue entonces instantes después que cortó ese vínculo abruptamente por pura diversión, tenía la única finalidad de abrirse en un camino de besos hasta el cuello, se dio la delicadeza de aplicar pequeñas succiones a lo largo de esta dejando en claro quién le pertenecía a quién. Sus movimientos eran lentos y tortuosos, al final era como ella más disfrutaba jugar y se tomaría la noche entera para disfrutar cada centímetro de Cedric.

Pero que tierno gatito domado. — Musitó en cercanía al oído opuesto, atrapando con sus dientes el lóbulo hasta jalarlo y regresarlo a su posición con una lamida de regalo. — Esperaba más esfuerzo de tu parte. — ¿Jugar con fuego? Le encantaba, y él lo sabía. Especialmente hacer arder a otros en sus propias llamas.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 6:36 pm



─Domar un tigre... Lo dices como si fuera algo que pudieras hacer, mocosa ─El juego que ambos proponían era cuanto menos, bastante curioso. Nuevamente ¿quién pensaría que esos dos ahora mismo estarían compartiendo la misma cama y no solo eso? También estaban tomándose el atrevimiento de conocerse un poco más. Las palabras de la fémina asombraban un poco al tigre, más este no admitía abiertamente ni hacía menciones vagas al respecto, se guardaría esa información para sí mismo mientras continuaba escuchando las palabras que ella tenía para decirle, sin ningún tipo de miedo alguno  si es que lo hubo alguna vez. ─¿Quieres que te muestre como no puedes conseguirme a mí o prefieres cerrar el pico?...

El pelinegro alzó una ceja a oscuras y casi que gruñó cuando escuchó lo que su compañera dijo al respecto de que no podría complacerla ¿ella que sabía? No conocía del todo a Cedric como para sacar esas conclusiones, y esa vez no se guardó la opinión del tema. ─¿Suficiente? No me conoces del todo, pajarito. No soy como el resto de idiotas que día a día buscan cortejarte, tampoco me asemejo a los pobres diablos que lo hayan conseguido... No te conviene tentar a la suerte, mocosa ─ Los besos y forcejeos por ver quien dominaba en esa situación continuaron, ella estaba equivocada si pensaba que alguien como Cedric se iba a rendir tan pronto ante sus encantos... Le costaría un poco más que eso, tenía que saberlo.

─No te mordí por hacerte caso, obedezco a mi propio instinto y eso solo si tengo ganas de hacerlo ─Nuevamente decidió tomar el protagonismo al atraer a la chica un poco más cerca para volver a reanudar los "ataques" a su cuello. ¿Quería mordidas? Ahí las tenía, el tigre estaba devolviéndole el favor al marcarla suavemente, aunque la suavidad podía ponerse en discusión al escucharse los chasquidos sonoros de cada beso en la piel contraria que probablemente tendría una buena cantidad de marcas al otro día y poco tendrían que ver con las heridas del combate anterior contra esos dos maleantes. La mención sobre si darse vuelta tendría otros resultados, hizo que Cedric decida avanzar un poco más y poner manos en el asunto, literalmente.

Sus manos reposaron en las nalgas de la fémina mientras los ojos del tigre permanecían completamente cerrados, estaba temporalmente suspendido en el aire gracias a esos besos, mordidas y susurros de la chica. Escuchaba todas las palabras que esta le decía y en su mente preparaba un contraataque acorde a todo eso, le cobraría todas y cada una de las menciones. Suspiró negando levemente y murmuró bajo ─Dominado, dice la mocosa... Te gustaría dominarme, pero no pasará ─Con sutileza pero a la vez sin perder tiempo, el pelinegro la volteó para dejarla recostada boca arriba y sin perder un segundo más, se ubicó entre sus piernas para ejercer un poco de presión con su propio cuerpo, con la entrepierna más precisamente.

La mano izquierda servía para sostenerse al mantenerla apoyada en el colchón ¿la derecha? Acariciaba la mejilla de la chica mientras de paso, le daba un pequeño pellizco acompañado de otro empujón "sin querer" contra la entrepierna de la fémina. Buscaba tentarla, pero la sensación era muy agradable incluso para alguien como él. ─Esto es dominio, y no está cerca de lo que pareces pretender para esta noche. Mi pregunta es ¿debería concederte el gusto o debería apartarme, darte la espalda y dormir? ─Claro, como si algo como eso pudiera llegar a pasar a esas alturas... Ninguno de los dos quería dar media vuelta. El pelinegro dijo eso y se acercó a la chica para buscar su cuello, besando con lentitud mientras ejercía presión contra su cuerpo.

Los movimientos eran lentos y cuidadosos, pero cada uno de ellos tenía el objetivo de volver loca a esa mujer y demostrarle que no estaba ni cerca de poder dominar a alguien como él, la tenía aprisionada contra su cuerpo pero a la vez era sutilmente cuidadoso con las heridas de la chica ya que la única presión "fuerte" era la de su entrepierna contra la de ella. Un suave movimiento hacia adelante hizo que el pelinegro roce una vez más su entrepierna con la de la chica, fue entonces cuando habló. ─¿Acaso te gustaría una posición como esta para ser sometida ante mí? ¿O prefieres darme la espalda para que mis garras se claven en tus hombros? ─No estaba dispuesto a clavar sus garras en ella, tenía otro tipo de planes un poco más... Placenteros.
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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 7:48 pm

Le impresionaba que aún a esas alturas del juego tuviese el descaro de contradecirla, de pensar que no estaba capacitada para algo que se sentía bastante segura. Sabía en todo caso que domar a la bestia no iba a ser suficiente para sus deseos, se trataba de encapricharlo, ¿la quería? que lo demostrara, que lo hiciera lucir. Quería ser alardeada de boca ajena y lo iba a conseguir a toda costa, aún si debía venir cada noche a complacerlo de las mil y una formas que a él se le ocurrieran para que eso sucediera. Juraba sentirse en la boca del lobo a punto de cometer el posible error de su vida y aún así, estaba dispuesta a perder su sanidad mental para entregarsele, era ahora o nunca porque al final... Eso era lo que ella siempre había querido, ¿no?

Fue inevitable entonces exponer su risa divertida escuchando la contestación, como si se tratara de una especie de apuesta en la que él tenía las de ganar. No hacía falta obviar que era suficiente para ella, ni siquiera le hacía falta comprobarlo con un juego previo. — No me gusta subir el ego a la gente, mucho menos a ti, pero si te hace sentir bien de alguna forma, eres la primera persona capaz de ponerme a temblar con solo susurrarme al oído, vas por buen camino y... ¿Yo? Prefiero seguir tentando esa suerte hasta ver dónde me puedes llevar. — No era el prototipo de mujer que se acostaba con quien tuviese al frente, en lo absoluto, era reservada en cuanto a su intimidad, pocos habían gozado de admirarla desnuda y mucho menos satisfacerse con ella. Sin embargo siempre acababa de la misma forma, con una disconformidad que ningún hombre había logrado saciar, esperaba que Cedric fuese el primero y el último en lograrlo aunque eso iba a tener consecuencias negativas para ella.

¿Dónde encontraría otro Cedric si este se iba de su vida luego? La consciencia la azotaba con fuerza mientras que ahí estaba ella, gimiendo de placer como quien no quería la cosa en un intento de escabullirse constantemente de sus pensamientos más melancólicos. Los cosquilleos de placer en cada acción carente de inocencia jugaban un buen papel esfumando las negatividades, sus pensamientos a futuro de los cuales no tenía ni idea de cómo serían. — Enséñame qué más tiene tu instinto para mí. — ¿Dónde había quedado la fingida inocencia, el "respeto" que ambos se tenían como compañeros de trabajo? No podía evitar preguntarse cómo jugaba el destino para ponerlos en la misma cama, justo de esa manera.

Un jadeo escapó en señal de asombro más que placer, en cuestión de pocos segundos su cuerpo ligeramente adolorido estaba atrapado bajo el moreno. — Eso... No es justo. — Copió la común acción del pelinegro chasqueando la lengua, avergonzada de su propia falta de carácter en esos instantes donde más lo necesitaba. No quería gemir tan sutil como lo hacía con la presión del miembro resguardado bajo la ropa contra su entrepierna pero no tenía opción tampoco más que planear su siguiente ataque, no tenía problemas con el dominio del varón pero... Necesitaba dejar una marca en él, despertarlo de ese letargo suyo y sacudir sus hombros para decir "Aquí estoy maldita sea, esperando por ti".

Oh. — Exclamó en un monosílabo suave más de burla que otra cosa, se tomó el tiempo de acomodarse apoyada sus codos sobre el colchón y de ese modo elevar un poco su espalda. Con la mejilla recostada plácidamente sobre el hombro y esa sonrisa que lo incitaba a las peores cosas daba la impresión de ver a una pintura modernista de Klimt que implicaba la sensualidad en todas las pinceladas. — No creo que lo que tienes dentro de los pantalones quede contento con la idea de que te des la vuelta y vayas a dormir. — Un lento movimiento a lo largo del miembro le dio a entender ese mismo punto. — ¿Se asustó el gatito acaso...? — La sola idea le daba risa y entre ellas, tan solo ladeó el rostro para darle un camino claro y directo a su cuello, irguiéndose lo suficiente desde abajo para sentir con mayor gusto la dichosa presión estimulante.

El efecto era muchísima mejor que una noche en el Blue Ram con un par de tequilas en la mente y las luces de colores parpadeantes moviéndose al ritmo de la canción, quería embriagarse de él y lo iba a conseguir pero eso no era suficiente, necesitaba más. — Me gustaría decidirme por una, pero quiero ambas. — Sus vellos se erizaron con la mera idea de él tomándola con fuerza, era mejor de lo que había pensado, muchísimo mejor. — Pero estoy cansada de estos juegos pausados. — La diestra se aproximó al inicio de su prenda inferior, el dedo índice reposaba sobre el pantalón ajeno al tiempo que lo jalaba y con el, el elástico del bóxer. Necesito destreza y un segundo para desabrochar el botón que la separaba de eso que tanto estaba buscando con una calma envidiable.

¿No te parece más divertido así? — Inquirió en un hilo de voz, deshaciéndose del pantalón ajeno hasta deslizar la mano dentro de la última prenda y acariciar con las yemas la punta del miembro. — Podemos hacerlo menos tortuoso para ambos, si tu quieres que sea así. — Las caricias pasaron a jugar un papel importante y sus intenciones las dejó sobre la mesa con su lengua relamiéndose los labios.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 8:36 pm



─Nadie te pidió que me subas el ego, o lo que sea que quieras subir... Además de todos modos lo harás ¿No es así, mocosa terca? ─Ambos seguían con el juego de no ceder un solo centímetro, aquella mujer que en un comienzo aparentó ser sumisa no era más que fuego puro, un fuego que podría envolverlo en llamas y quemarlo hasta la médula si se descuidaba un solo instante, si la subestimaba. Sin embargo, Cedric nunca fue una persona afín a tener miedo o a sentirse minimizado, esa vez no sería la excepción a tal regla. Sin embargo, le hecho de saber por boca de la contraria que estaba yendo por buen camino, lo hizo esbozar algo parecido a una sonrisa.

Afuera la lluvia caía con intensidad, pero ahí dentro de esas cuatro paredes las cosas estaban en llamas, y por lo que se estaba viendo el calor podría ir aumentando gradualmente hasta temperaturas muchísimo más intensas que las provocadas por un simple roce entre ambos cuerpos, por unos besos simples. "Lo que tenía dentro de sus pantalones" todavía estaba bajo control y muy tranquilo, aunque ciertamente estaba despertándose ya que Cedric podría ser malhumorado y borde pero ante todo, hombre. No podía negarse a sus propios instintos, tener a esa hembra debajo suyo y tan aparentemente entregada a él despertó sus más claros instintos animales.

─Como si una mocosa como tú pudiera asustarme... ─La mordió a nueva cuenta y besó su cuello con lentitud, hundiendo un poco el rostro para embriagarse momentáneamente con su aroma ¿esa mujer era la misma que día a día trabajaba con él salvo en contadas excepciones como el día que acababa de pasar? Porque parecía una fémina completamente distinta, y eso era algo que le gustaba a Cedric quien en el fondo sabía que esa chica seguía siendo la misma sólo que él se había dejado de juegos al dejar apartado su ego para admitir que sí, tenía algunos intereses en esa mujer... No por algo le caía "menos mal" que el resto de personas que veía a diario.

Lo que la fémina mencionó sobre las posiciones no hizo más que excitarlo un poco más, a esas alturas ya no había más control con respecto a ese asunto y parecía ser que ambos estaban de acuerdo con que no había vuelta atrás... Y se notaba por la mano de la fémina que poco a poco se adentraba en territorios peligrosos, todo bajo su propia voluntad sin que el pelinegro haya dicho nada. Tampoco se quejó en lo absoluto, la dejó desabrochar su pantalón de jean hasta que la chica adentró su mano para tocar directamente "lo que estaba dentro de su pantalón". Él no se quedaría quieto o de brazos cruzados de ninguna manera.

Su contraataque se basó en acercarse y desabrochar el sostén de la fémina, dejándola desnuda de torso y absolutamente para él, no tardó un segundo en acercar la boca hacia los pechos de la chica que sin duda alguna eran una de sus facciones más interesantes. ¿Quién no hubiera deseado estar en su lugar aquel instante? Su boca se paseaba por el pezón del seno derecho y con mucho cuidado mordía lentamente, apenas dejando su aliento al apartar la boca. ─Veo que tienes las manos inquietas, no sé quien te dio permiso de tocar... Pero ahora no se te ocurra detenerte, porque me voy a enfadar mucho ─Dicho eso, reanudó "su cena".



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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 9:49 pm

Debía admitir que guardaba con recelo su temor frente a él, no trataba con el mayor de los idiotas incompetentes del departamento, trataba con Cedric Grindenwald. ¿Cuántas veces le había visto esbozar un intento de sonrisa? Era de esas pocas veces en las que podía alardear de verlo sonreír aún en ese semblante tan severo e intolerante a la estupidez, hubiese deseado una mejor iluminación que solo relámpagos apareciendo y desapareciendo arbitrariamente en la espesa tormenta, no tenía esa oportunidad de verle como a ella personalmente le hubiese gustado, como jamás lo había visto en el tiempo que llevaba de conocerlo.

Permaneció estoica por unos instantes en los que él se adentraba a su cuello y la marcaba como suya, le hubiese encantado escuchar de su propia boca que lo dijera, más sonoro, más directo, quería conformarse con las acciones del pelinegro pero siempre estaba el ego creando una enorme división entre lo que ella quería escuchar y lo que él no haría a menos de que fuese absolutamente necesario. Se sintió una completa imbécil interponiendo sus caprichos más ¿humanos? en una situación que la complacía gratamente. — Te odio. — Susurró al tiempo que ladeaba el rostro evitando el contacto visual directo a pesar de que este parecía entretenido en otras áreas, no tenía ya más nada que decir. Tan solo hacer.

El par de senos cayeron dispuestos únicamente para él, expectantes de recibir su atención con los brazos abiertos. Se erizó, y con ello tensó la mandíbula con las sensación caliente y húmeda de su boca juguetear tan descaradamente, no quería detener su mano que acariciaba con mayor fiereza de arriba a abajo, pero le costaba trabajo mantener la concentración en tantas cosas a la vez entre gemidos ahogados. — Quiero que lo hagas. — Atrevida y para mal, eso es lo que era. — ¿Y mi castigo? — No lucía preocupada por lo que podría venir a continuación con su mano suspendida y sin movimientos sobre él, tan solo tomó el mentón ajeno con el dedo índice de la mano libre hasta levantarlo de su placentero trabajo más como una obligación por su parte.

Realizó un puchero que fingía la poca inocencia del caso, como si no supiera que había desobedecido órdenes a conveniencia propia y que ahora solo se dedicaba a dar recorridos por el tronco sin estimular como a él le gustaría que lo hiciera. Deseaba tener la diversión en sus manos y jugar como nunca nadie lo había hecho con él ¿a qué costo jugaba a ser el pez de oro en un cardumen común y corriente?, ¿podía llegar acaso a cumplir más de las expectativas? Sentía un peso terriblemente fatigoso en sus hombros con algo que solo debía dejar fluir y disfrutar.

Actuaba como una neurótica en sus adentros y por suerte él no podría leer su mente porque de otro modo le hablaría a regañadientes con un "mocosa" cada vez más tosco que el anterior. — ¿Debo pedir permiso para hacer más que solo tocarte? — Cuestionó, se estaba entreteniendo gustosamente jugando con la paciencia del varón sin reconocer el peligro inminente, ¿qué cosa tan mala podía pasar? Él no lo sabía de esos temas cerrados a la privacidad, pero las acciones bruscas en el acto eran lo que más la hacía chillar de regocijo.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 10:13 pm



Los truenos seguían haciendo de las suyas, destellos luminosos momentáneamente privaban de penumbras a esa habitación donde los que hace unas horas no eran más que compañeros de trabajo y solo eso, ahora pasaban a aparentar ser la típica parejita de la novela adolescente. Él ignoraba por completo todos esos detalles ya que estaba bastante ocupado con cierto asunto, con dos asuntos a decir verdad. Su boca se mantenía callada en cuanto a palabras, más los chasquidos y besos sonoros que depositaba sobre la superficie de esos pechos hablaban por sí mismos, demostrando que Cedric la estaba pasando aparentemente bien.

La mano ajena tanteando su zona sensible no hizo más que excitarlo un poco más, y con cierta malicia decidió mordisquear sutilmente el pezón derecho de la fémina hasta que esta lo levantó privándolo de continuar saboreando aquel sitio al que ya le estaba agarrando el gusto, literalmente. ¿Acaso se había enojado por la mordida o algo así? Porque de ser ese el caso entonces era raro, porque Cedric no aplicó tanta fuerza en la mordida. El hecho de que la chica no haya expresado nada en relación a lo mencionado anteriormente le hizo entender a Cedric que no había problema con ello, pero entonces ¿qué pasaba para detenerlo así?

Todo indicaba que aquella pobre muchachita herida ahora mostraba una actitud sobresaliente en contra del pelinegro que la observaba a oscuras, aprovechando que tenía una mejor visión que la media gracias a sus dotes felinos. ─Ya rompiste las reglas al no pedir permiso. ¿Acaso dices que vas a pedir permiso para lo que viene? Porque lo dudo, de hecho tampoco pienso pedir permiso ─Y no, Cedric no mentía en lo absoluto. Se "cansó" de que la chica lo tenga contra las cuerdas así que nuevamente se apartó un poco solo para guiar su mano hacia la entrepierna de la chica, esquivando toda ropa que sirva de obstáculo.

La mano del pelinegro se paseó por la entrepierna de la chica y acarició con lentitud, más sus dedos decidieron hacer una visita hacia la zona íntima de la chica, introduciéndose con lentitud el hombre de la cicatriz mantuvo su oído atento para saber si lo que hacía resultaba provechoso para la chica o si por el contrario, quería detenerlo. Por momentos no escuchaba ninguna negativa así que nuevamente acercó la boca hacia el cuello de la chica donde besaría a la vez que su mano continuaría con ciertos "mimos" que a lo mejor la fémina disfrutaba. ─Te dije que no pediría permiso para nada, mucho menos para dominarte... Mocosa. ¿Alguna queja? ...

... Porque esta noche eres mía.

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Mensaje por Nirvana Knox Jue Mar 07, 2019 11:03 pm

Tus reglas no me significan nada, puedo romperlas cuanto quiera. — Y él con las propias de la mujer, quien realmente no tenía tapujos para la intimidad y mucho menos con Cedric si la cosa continuaba tan bien como el inicio. Cedió, entonces, a los movimientos constantes que subían gradualmente de tono y velocidad, casi como si su muñeca hiciera una especie de danza que conforme la música pasaba al estribillo rápido, con mayor gracia y dinamismo ella se movía acariciando el miembro. Los jugueteos habían pasado a un segundo plano del cual quería olvidarse, porque el entretenimiento previo la estaba sofocando frente a las ganas provocadas por el pelinegro.

No esperó esa terrible agilidad del moreno para con su entrepierna y quiso negarse por unos instantes, pensando que quizás no estaba bien... ¿Desde cuándo eso le importó? No tendría por qué hacerlo ahora que caía rendida con el tacto de los dedos fríos acariciar su zona tan especial, inesperado cuanto menos. — Cédric... — Gimoteó su nombre, echando la cabeza hacia atrás en pleno goce, el hilo de besos en el cuello jugaban un papel tan importante que en cuestión de nada provoco una serie de jadeos que buscaban subir aún más la temperatura. Peligroso para la kinética de la mujer fuego.

No señor... — Su vocecita era inestable y suave frente a los gemidos placenteros, adoptó la posición sumisa sin haberse percatado y realmente se sentía agradecida de ello. Su mano ocupada jaló con fuerza el bóxer de sus caderas como si suplicara más de lo que estaba obteniendo, la soberbia se la comía viva en instantes donde su mente se perdía y la mano libre se enredaba en los cabellos oscuros de la nuca; estaba invadida en la lujuria que las últimas palabras del varón iniciaron. Sí, era suya, esa noche y todas las demás si continuaban, si dejaba de tratarse de una noche sola de pasión y quizás, solo quizás llegaban a ser algo más que compañeros de trabajo.

Acarició entonces desde la nuca hasta la espalda en un descenso mimoso, hasta que sus uñas se clavaron sin compasión en la carne sobre las cicatrices del lomo del tigre. No le atraía la imploración pero sus labios mascullaban una y otra vez un muy tenue "más" cada vez que los mordía y soltaba para gemir nuevamente. Era cuanto menos todo lo que había fantaseado con el hombre sobre ella y más de lo que sus expectativas soñaban constantemente. No podía pensar en ese punto, tan solo accionar y dejarse llevar abriendo un poco más sus piernas con tan poca decencia y cayendo casi en la vulgaridad.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 07, 2019 11:56 pm



Él dudaba fervientemente que la fémina pudiera romper sus reglas, no en ese estado de entrega total, al menos durante ese instante. Resultaba irónico para el pelinegro el hecho de estar haciendo eso que en la oficina no eran más que rumores ¿sin sentido? No, tenían todo el sentido del mundo y las acciones llevadas a cabo en esa habitación eran las que le otorgaban dicho sentido a lo que en un comienzo eran voces malintencionadas que lo único que querían era dejar mal parado el profesionalismo del tigre y de su compañera, pero a la mierda el profesionalismo y la ética laboral en un momento como ese, a la mierda el mundo entero.

Le importaba muy poco todo lo mencionado antes, su único objetivo actualmente era disfrutar del momento aunque no haga mención directa, de todas maneras quien lo acompañaba en la cama no era ninguna idiota y muy probablemente comprendería que aquel pelinegro estaba disfrutando de saborear sus pechos por ejemplo. No solo eso, sino que también el hombre de la cicatriz disfrutaba de tentar a la chica al pasear su mano en la zona sensible, la intimidad contraria. Los gemidos en aquel momento no hacían más que excitarlo todavía más, si acaso eso era posible teniendo en cuenta que por culpa de la mano ajena su miembro ya estaba "despierto".

Las uñas que se clavaron en su espalda estaban lejos de asemejarse a las garras que él mismo podría desprender para desgarrar vilmente la carne o el acero de sus contrincantes, pero sin embargo dolían. Ese tipo de dolor no era del todo malo sino más bien algo casi placentero, sentía como si la mujer estuviera reclamándolo, marcándolo. La idea no le disgustaba en lo absoluto, hasta alcanzó a recordar que esa fémina había marcado su cuello y esa zona tardaría en "sanarse" por lo que alguien podría notar dichas marcas y pensar que el fin de semana de Cedric no estuvo tan aburrido. De repente, se detuvo para apartarse. ¿Qué tramaba?

A esas alturas de la noche cualquier jugueteo previo estaba completamente de más ¿para qué seguir tentándose ambos si podían pasar de una buena vez por todas a lo interesante? Al menos eso fue lo que pensó el pelinegro que se desvistió sin perder más tiempo, apartándose de la cama se puso de pie para quitarse el pantalón, el bóxer y así quedar completamente desnudo con toda una imagen que a oscuras no podría verse del todo, pero esa fémina la sentiría bastante bien. Sin perder un solo instante más, se acercó a la chica de forma dominante para retirar cualquier prenda que se entrometa entre el contacto y conexión de ambos cuerpos.

Retiró delicadamente el pantalón de la fémina y luego su ropa interior, no importaba donde dejaría dichas prendas porque eso ya lo solucionarían después. A oscuras, abrió las piernas de su compañera, una compañera que por esa noche no era algo laboral sino más personal. Un secreto entre ambos estaba por acontecer esa noche en la que la lluvia caía pero donde ese cuarto seguía en llamas, el calor iba aumentando cada vez más pero ese tigre nunca tuvo miedo al fuego ni a las quemaduras. El riesgo ahí estaba, pero ¿qué diría? ¿"Voy a comprar protección, ya vuelvo"? Claro que no, era un hombre y aceptaría las consecuencias llegado el caso.

La penetró de forma lenta hasta alcanzar la mayor profundidad posible, si aquella mujer quería detenerlo era ese el momento.

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Mensaje por Nirvana Knox Vie Mar 08, 2019 2:35 am

¡Ah! Que problema. ¿Por qué no había sucedido nada de esto antes?, ¿por qué él debía hacer las cosas tan difíciles desde el inicio como si realmente nada le importara? No entendía y le molestaba, no era una mujer paciente y esperaba que él lo tuviera en cuenta. Por otro lado, aprovechaba que ahora ambas estaban libres para hacer con ellas lo que quisiera y si quería, desquitarse. Pero en ese justo momento que más lo deseaba, se apartó y por segundos tuvo miedo; porque ahí estaba ella sola, semi desnuda y ardiendo en calor, deseándolo entre sus piernas e incapaz de percibir su figura bajo la oscuridad de la noche o como mínimo ser capaz de tocarlo.

Se sintió tonta, como si le hubieran dado un dulce y se lo hubieran arrebatado y solo sintió calma una vez este regresó con una clara intención de retirar las pocas prendas que le quedaban a la fémina hasta abrir sus muslos. Finalmente podía sentir como se abría paso en su cavidad vaginal, irguiéndola hasta soltar un largo y profundo suspiro de mero gusto, tenía la certeza que al mayor le agradaría la estrechez de su intimidad y su lentitud no significaba un comienzo tranquilo para una costumbre de primeriza en el tema. — Espera. — Espetó. Nuevamente se alzó con los codos en el colchón hasta levantarse como pudo y empujarlo de forma ligera.

No buscaba recostarlo, tan solo obligar a sentarlo aún si eso significaba que él saliera de dentro de ella. — Perfecto... — Sonrió de rodillas, apegándose al cuerpo de él mientras deslizaba las manos por el cuello hasta abrazarlo. El rostro ajeno quedaba a la altura de sus pechos hasta que ella misma descendió lentamente en busca de sentir una vez más la escalofriante y gustosa penetración. Estaba lista y tan solo se lo indicó con una risa suave acompañada de un mordisco al mentón del muchacho y un par de besos en sus labios, uno más largo que el anterior, con mayor deseo que el otro.

Sin embargo no le apetecía iniciar sin su consentimiento, ¿quería llevar la batuta en la cama a partir de ahora? Adelante, pero ella quería notar ese esfuerzo, buscaba medirlo y saber que lo que estaba a punto de pasar tendría más ganancias y pros que contras. Las yemas de los dedos se aferraron a la piel de la parte superior de la espalda, encarnando las uñas hasta que su energía no pudo contenerse por más tiempo, el moreno tenía suerte de que en el ambiente no existía la más mínima llama en el ambiente porque de otro modo, sus manos estarían marcando la piel a punta de cicatrices con su afamada kinética.

Me gustas, torpe.
Nirvana Knox
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Mensaje por Invitado Vie Mar 08, 2019 2:50 am




Peligro, absoluto peligro. No había vuelta atrás y eso era un hecho innegable, sin embargo él sentía una ligera culpa. En primera instancia, culpa por penetrarla sin protección alguna, no creía que aquella fémina pudiera tener alguna enfermedad sexual, sin embargo ¿qué pasaría en caso de un potencial embarazo? No se veía capaz de ser padre, no de momento. La otra instancia era debido al que dirán, aunque eso le importaba muy poco en lo personal ¿la chica estaría conforme con lo que podría decirse? "Va ganando rangos no por esfuerzo laboral, sino por esfuerzo en la cama" es algo que le podrían decir con tal de hostigarla y hacerla sentir menos, eso preocupaba al individuo.

Tomaría cartas en el asunto si algún hijo de p*ta buscaba molestarla, pero en un instante pensó ¿qué hacía pensando en eso? ¿Acaso le importaba esa mujer? Sí, le importaba pero ya hablarían de eso en otra ocasión. Ahora quería concentrarse en lo placentero, quería olvidarse temporalmente del mundo que lo rodeaba para enfocarse de lleno en esa mujer y estaba a punto de comenzar hasta que... Fue detenido por la fémina. Chasqueó la lengua denotando una clara molestia, casi un berrinche al ser empujado sutilmente. Se dejó guiar y mostró una mueca de disgusto porque justo cuando estaba comenzando el placer, ella lo detuvo... De todos modos sabía que era temporal la pausa.

A oscuras pudo distinguir esa silueta subiéndose encima suyo ¿de verdad aquella fémina se tomaba el atrevimiento de querer ponerlo contra las cuerdas de esa manera? No diría nada de momento, pero más tarde tomaría cartas en el asunto, más tarde y con paciencia. Sus manos se ubicaron "de mala gana" en la cintura contraria y bajaron hacia las nalgas de la chica mientras esta se acomodaba nuevamente, reanudando la conexión entre ambos cuerpos. El hecho de penetrarla una vez más provocó un suspiro en el pelinegro, se sentía bien y no podía disimularlo. Apretó sutilmente el trasero de la chica y correspondió ese beso sin ningún tipo de dudas, ya estaba "de humor" para ello.

El nuevo rasguño provocó otro chasquido por parte del hombre repleto de cicatrices, este decidió ponerle un alto a tanta espera y comenzó a moverse en un vaivén lento y paciente, algo para comenzar estaba bien. El escuchar esas palabras provocó que alce una ceja y responda bajo ─Me alegra, no lo había notado... Decir eso no te salvará de que te lleves un castigo. Mocosa insolente... Igual, bah te lo diré después ─El tiempo para hablar definitivamente había llegado temporalmente a su fin, ahora era momento para que esa pareja temporal disfrute de un buen rato, un placentero momento para ambos. Sin embargo ¿pareja temporal o... Pareja en proceso?

No se lo diría aún, pero ella lo traía loco.

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Mensaje por Nirvana Knox Vie Mar 08, 2019 3:43 am

No hacía falta verlo para saber que lo había hecho molestar, naturalmente y como era de esperar para la ojos rojos. — Ven aquí. — Le habló como una madre a su hijo pequeño, antes de jalar su mentón y depositar otra serie de besos más suaves y tiernos que los dos cuando descendió, iba en completa incongruencia con el calor del momento y lo sabía, pero había aprendido a tratarle con delicadeza aún en los momentos más tensos por los que ella misma aceptaba que era válido su enojo. ¿Se suponía que debía estar nerviosa? Fuera del enojo que apaciguó y que dejaba de ser una molestia, era su primera vez con el mayor en un acto tan profundo porque ella aquello no lo veía como sexo casual, sino la romántica idea de hacer el amor. Tal cuál.

Sonrió ladina con el cinismo de su frase inicial, así como también esperaba atentamente al momento exacto de su castigo esperando que valiese la pena. — Dímelo ahora. — Demandó con suavidad contra el oído del pelinegro, aprovechando la cercanía para gemir provocativamente mientras su dentadura atrapaba el lóbulo una vez más. Fuera lo que fuera, aún si era malo, deseaba escucharlo, ¿qué tenía que perder? Se había aventurado a penetrarla sin condón — cosa que aceptó sin chistar, no era estúpida — ¿y ahora se quedaba con las palabras en la boca?

Cualquiera que conociera un poco a la chiquilla sabía que su humor fácilmente cambiaba si era provocada con facilidad y para mala suerte de Cedric, no había hecho más que rellenar el saco de Nirvana con enojo tras enojo. En aquella posición, mientras sus caderas seguían las del varón como el movimiento de la marea, fue capaz de deslizar sus labios a través de la mandíbula — la cuál mordió acompañado de un ronroneo placentero — hasta llegar al cuello. Lo iba a marcar para que nadie tuviese duda de que él era única mente de ella, aún si esto podía generar dolor físico para el moreno.

Un mordisco a su clavícula y una succión larga bastaban para colorear marcas con firma de Nirvana en la piel ajena, no hubo compasión en los mordiscos venideros conforme creaba una segunda ruta de chupetones, quería que se quejara porque ese era el castigo que tenía para él, ¿era suficiente? La verdad no. Su cadera se aventuró a un movimiento continuo y que con el paso de los minutos resultaba hasta hipnótico para ella, no lo catalogaría rápido, pero ella iba a ser la encargada de regular eso porque... Sí, ella era la que estaba arriba, iba a domarlo.

La sola fantasía de eso la hacía jadear sin ningún tipo de vergüenza, buscando entre centímetros de piel marcada en el cuello los carnosos labios masculinos para su atención, quería besarlos, morderlos y jalarlos a gusto y complacencia mientras sus senos se aprisionaban en el pecho ajeno al erguir la espalda. Que difícil era contenerse con alguien como él.
Nirvana Knox
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Mensaje por Invitado Vie Mar 08, 2019 5:31 am



Había que aclararlo nuevamente, diez veces y las que hagan falta: Era increíble que ese par estuviera haciendo lo que estaban haciendo, valga la redundancia. Era impensable que Cedric termine acostándose con quien sería su compañera al menos durante los próximos años, y eso resultaba problemático por un tema que de momento no había pensado fríamente... Pero que más adelante sería temática de charla para ambos ya que probablemente la fémina tendría el mismo sentimiento en relación a ese tema: El profesionalismo, alejar los sentimientos del trabajo y pensar fríamente aunque el corazón dicte otra sentencia. Cedric podría perder la cabeza si alguien la lastima, sin duda.

Por un momento se distrajo pensando en eso, pero la fémina demandaba sus atenciones y no se molestaba en ser sutil u ocultarlo, de hecho lo atraía como si tuvieran toda la confianza del mundo y como si esa no fuera la primera vez en la que ambos estuvieran haciendo el amor. Porque sí, eso era hacer el amor: Muy distinto era para Cedric el hecho de estar con esa mujer, una chica con la que era indiferente la mayoría del tiempo pero que muy en el fondo a veces disfrutaba de tomar un desayuno en la oficina, con quien disfrutaba de salir a patrullar los barrios bajos por más de que reiteradas veces le haya dicho que no era más que una carga para él. Nuevamente, se debía a eso: Protegerla.

Una sutil mordida lo devolvió nuevamente a la realidad ¿era necesario pensar en eso durante precisamente esos instantes? Cualquiera consideraría que no, cualquiera con medio gramo de neuronas diría que teniendo semejante mujer en la cama, lo mínimo sería darle las atenciones que merece y no quedar pensando con la mente en blanco por un minuto o los que fueren. La cercanía era tal que los pechos contrarios chocaban contra el suyo, él por su parte apoyaba ambas manos sobre la espalda de la chica y comenzaba a repartir pequeñas caricias, quién diría que el tigre también sabía mimar: Tosco, sí... Pero eran mimos a fin de cuenta y por algo debía de empezar.

El movimiento del pelinegro no se detenía por más de que la fémina estuviera mordiendo, succionando y marcando su cuello con unos claros tintes territoriales, el placer que sentía en esos instantes le impedía calmarse y se notaba que poco a poco las buenas sensaciones ocupaban su mente dejando de lado otro tipo de pensamientos para más tarde. Nuevamente habló, pero esta vez en un tono más bajo que los anteriores al estar concentrado en otros asuntos. ─Veo que quieres marcarme... ¿Es tanta tu inseguridad? Deberías saber que no hago esto con cualquier mujer. Y sí, pecaré de egocéntrico pero deberías sentirte especial... O me encargaré de hacértelo saber.

─Te quiero para mí, solo para mí ─Masculló bajo y gruñó, durante ese mismo momento se odió a sí mismo por no saber ser más ¿directo? en esas ocasiones. Sin embargo, ahí estaba toda su verdad dicha a oídos de la fémina... Pero eso no era todo. Cerró los ojos y continuó con unos movimientos un poco más reiterativos, el sonido de la cama ya era otro protagonista más en la banda sonora de aquel momento tan candente, acompañando a la lluvia la madera del marco de esa cama golpeteaba contra la pared ante cada movimiento realizado por esos cuerpos. Por última vez al menos en ese instante, Cedric habló nuevamente y diría algo importante ─Sé mi mujer.

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Mensaje por Nirvana Knox Vie Mar 08, 2019 6:57 am

Moría por ver la cara de los demás jueces en el departamento si llegasen a enterarse de la obvia tensión entre los dos individuos, para nadie sería un secreto las marcas en el cuello de ambos y el seguro cambio en los tratos de cada uno por separado. Evidentemente de ser así, Grindenwald sería quien más llamaría la atención en comparación a Nirvana, quien siempre había mantenido un trato amistoso y dulce únicamente con él, solo por el hecho de gustarle y ya, pero... Quizás ella pensaba más allá y en la mente del moreno no existía un destello o posibilidad de una relación ¿tal vez? No quería etiquetarlo tan rápido por miedo a que su corazón se rompiera.

¿Era una tonta? Se sentía así de algún modo vagando en su nube blanca de pensamientos mientras que en la realidad, sus jadeos, el rechinar de la cama y la tormenta hacían una espectacular función de música. Quizás lo era, ahí estaba ella sobre él, conquistando tierras que la mayoría de mujeres en el departamento de investigación deseaban y no podían tener. ¿Por qué ella entonces?, ¿las palabras que salían de su boca eran mero teatro o reflejaban sinceridad? Entendía ser de las pocas personas que el varón consideraba para un acto tan simplón como dirigir la palabra, ¿pero para esto? Quería estallar y no determinaba si se trataba de placer o de confusión.

Las palabras del pelinegro llamaron su atención mientras se consumía en la nube espesa y sus dientes hacían de las suyas mordiendo la mandíbula. — No es inseguridad. — Sonrió con picardía. — Me gusta pensar que si sales de aquí, sepan que eres mío y de nadie más, aún si se trata de solo una noche... Ser diferente a esas con las que aparentas haber tenido el gusto y fueron tan especiales como yo. — Pero deseaba que se lo hiciera saber, aunque no lo dijo para evitar sentirse como una zorra cualquiera. Seguramente así la verían en el departamento y ¡ding, ding, ding, correcto! Le importaba una mierda.

¿Cuánto no se había hablado de ella en sus inicios? Intentó sobresalir por su inteligencia y perspicacia, pero siempre caía en el estereotipo de mujer con vida fácil, ser adoptada por los Knox la dotó de educación, rectitud, dinero y posición, entendía perfectamente el resentimiento o envidia de aquellos que se valieron por ellos mismos para llegar a donde estaban, ella no hubiese pensado de esa forma en el orfanato. ¡Que hablasen cuanto quisieran! Al final, quien gozaba de tener a Cedric moviéndose en un vaivén a placer era ella.

Su mente se mantuvo en blanco con lo que el moreno admitía, ¿él le estaba diciendo eso?, ¿justo él? Era surrealista y se pellizcó a si misma con las manos en la espalda del varón para percatarse si era un sueño o realidad. — Cédric... — Estaba conmocionada y con golpes de placer en los últimos movimientos que dejaban sus piernas temblando hasta que un par de gemidos se escabulleron de sus labios mientras su mejilla reposaba sobre el hombro ajeno y el rostro se escondía en el cuello marcado. Una vez más repitió el nombre del pelinegro, segundos antes de las palabras finales, esas que la dejaron en silencio por minutos hasta que encontró el habla entre jadeos.

¿Tu mujer? — Inquirió atónita, saliendo de su refugio en él para regresar cara a cara, rozando los labios contrarios. — ¿Estás seguro de eso...? — Moría por responder con una afirmación, pero ni siquiera estaba segura de la veracidad de sus palabras.
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